Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Los Signos del Zodíaco... ¿Enamorados? · de

Los Signos del Zodíaco... ¿Enamorados? — capítulo 28

¡Sinoe! -Exclamó Virgo rápidamente al ver que el joven empezaba a caer rápidamente y probablemente moriría, después de todo eso era lo que aquel joven esperaba-

¡En marcha! -Dijo Sinoe emprendiendo un veloz vuelo, en el trayecto se transformó en una prominente y hermosa ave blanca, irreconocible e invisible para los humanos, en unos segundos el joven que se encontraba con los ojos cerrados cayendo y cayendo estaba de nuevo sobre el puente, al entrar en contacto con el suelo y abrir los ojos rompió a llorar-

Yo no quería hacerlo -Afirmó entre lágrimas y gemidos, Virgo se acercó despacio hacia él-

Todo está bien -Dijo ella abrazándolo y acariciándole la cabeza en actitud maternal, él la abrazó con fuerza mientras sus ojos seguían llenos de lágrimas-

¿Cómo me salvé? -Preguntó el joven una vez que se había calmado-

Papá no quería que murieses -Afirmó Virgo sonriéndole- Nos envió a salvarte, aun tienes muchas cosas que hacer, no puedes decidir terminar con tu vida solo porque te dieron ganas de hacerlo, aunque hubiese algo que te afligiese demasiado tienes que pensarlo bien ¿Cómo vas a terminar tú con algo que no es tuyo? Este cuerpo no es tuyo, es solo un préstamo.

¿Cómo que papá? Tú no eres mi hermana y mi padre murió antes de que yo naciese -Contestó el joven notablemente afligido y molesto-

Tenemos un padre común con el que deseamos regresar y al que amamos más que a nadie, no puedes negarlo durante demasiado tiempo, no importa cómo lo llames, siempre sientes que hay alguien superior a ti ¿Verdad? Ese es papá -Afirmó Virgo mirando la luna que parecía estar al alcance de la mano-

Bueno, no lo sé -Contestó finalmente el joven después de unos instantes de silencio-

¿Por qué quisiste terminar con todo si la luna y el cielo son tan hermosos? Si el sol sale todas las mañanas, si estás sano, si puedes ver, oír, comer, hablar, respirar, si simplemente estás vivo ¿Por qué vas a desear morir? -Preguntó Virgo amablemente-

Porque ya no tengo a dónde ir, porque mi madre murió hace unos días, nos quitaron la casa, todo el mundo me dio la espalda ¿Qué esperan de mí? ¿Qué puedo hacer? -Preguntó nuevamente el joven con los ojos llenos de lágrimas-

La muerte es lo único que no tiene solución ¿No crees? Creo que tienes que buscar otra salida, estoy segura de que puedes conseguirlo, solo necesitas sentir amor, amor por lo que tú quieras, por el sol, la luna, las estrellas, por ti mismo, por la humanidad, no importa, el amor mueve montañas, como dicen, yo creo que eso es verdad, mi amigo y yo te ayudaremos a colocar las primeras piezas de tu nueva vida -Afirmó Virgo volteando hacia donde se encontraba Escorpio quien empezó a caminar hacia ellos-

No te preocupes amigo, estoy seguro de que todo se solucionará -Afirmó Escorpio colocándole una mano sobre el hombro para darle apoyo-

¿Quiénes son ustedes? -Preguntó el joven sin parecer alarmado, ya estaba bastante tranquilo y los miraba con admiración-

Somos tus ángeles de la guarda -Dijo Virgo rápidamente antes de que Escorpio contestase- Ángela y Ángel, te prometo que vamos a cuidarte y aunque no nos veas de aquí a un tiempo puedes estar seguro de que si nos necesitas acudiremos a ti -Afirmó ella con dulzura mientras lo tomaba de la mano como un niño pequeño, Escorpio la siguió y lo tomó por la otra mano-

Ya es bastante tarde pequeño, debemos ir a descansar -Dijo Escorpio una vez que empezaron a alejarse del puente-

No tengo a dónde ir -Afirmó el joven bajando la mirada-

Tu tranquilo, ya encontraremos -Afirmó Virgo mientras seguían caminando bajo la luna, pronto llegaron a un centro poblado, a pesar de lo tarde que era muchas personas tenían las luces de sus casas encendidas, era un poblado más o menos rural, las casas eran antiguas, al menos esa apariencia daban, quizás por dentro eran más modernas-

Miren, esa anciana parece necesitar ayuda -Dijo el joven soltando las manos de Escorpio y Virgo para acercarse a una viejecilla que llevaba dos baldes de agua desde el pozo en el centro del poblado, ya estaba encorvada, los años no le habían pasado en vano, aun así su espíritu seguía joven y no tenía cara de queja o amargo por tener que llevar ella misma el agua hasta su hogar-

¿La ayudo abuelita? -Preguntó el joven tomando uno de los baldes de agua, Escorpio se apresuró y tomó el agua-

¿Javier? -Preguntó la abuelita al voltear su cara y ver la de aquel joven que le estaba ofreciendo ayuda- ¿Eres tú nietecito? -Preguntó nuevamente la anciana-

No, yo no me llamo Javier, soy Alexandros -Dijo finalmente el joven- Pero no importa abuelita, igual podemos ayudarla ¿Dónde está su casa? -Preguntó levantando del suelo el balde de agua que había dejado reposar por unos instantes-

Vengan, por aquí -Dijo ella caminando lo más rápido que podía, los introdujo a una callejuela que no parecía llegar a ningún lugar, tras unos cuantos metros de recorrido llegaron a una gran parcela con una casa hermosa, estaba muy alejada de todas las demás casas, eso seguro dificultaba el transporte y la comunicación de la ancianita con los demás pueblerinos, tenía plantíos y animales, todo lo necesario para vivir solo de lo que da la naturaleza, que es de lo que en realidad deberían vivir todos los humanos-

Vaya abuelita, es difícil para usted traer el agua sola desde tan lejos -Dijo Alexandros una vez que estuvieron en frente de la parcela-

Así me distraigo un rato -Dijo la abuelita tranquilamente mientras abría con cuidado la puerta-

¿Dónde le dejamos el agua abuelita? -Preguntó Virgo que decidió ayudarla a abrir la puerta viendo lo mucho que le estaba costando-

Pasen, dentro de la casa por favor -Dijo ella entrando en la parcela, un caminillo de piedras iba desde la reja hasta la puerta de la casa, algunos arbustos florales se encontraban a la orilla del camino, pero estaban en proceso de secarse, seguramente la abuelita no podía encargarse de un terreno tan grande y estaba dejando desaparecer muchas plantas para solo dejar de las que necesitase vivir- Adelante -Dijo corriendo el pestillo y abriendo la puerta, la casa era aun más maravillosa por dentro que por fuera, llena de lujos y artilugios, nadie imaginaría que esa viejecilla tan humilde tuviese una casa tan prominente-

Abuelita que casa tan bonita tienes -Dijo Alexandros entrando inmediatamente después de ella, Virgo y Escorpio también se decidieron a entrar después de ellos porque empezaba a hacer frío en el exterior-

Gracias, es que quería tener muchos hijos -Afirmó ella sonriendo- Pasen a la cocina a calentarse y dejar el agua, tengo algo de comer por aquí -Dijo ella dirigiéndolos a la cocina, una vez allí se sentaron en unas sillas de madera que parecían estar hechas a mano con mucho amor-

¿Y qué pasó? ¿Por qué no los tuviste abuelita? -Preguntó Alexandros mientras ella sacaba algunas galletitas y un trozo de tarta probablemente del día anterior-

Tuve dos hijos, era muy feliz, cuando ya tenían diez y doce años cayeron enfermos y los vi morir entre mis manos, sé que esa era su misión de vida, yo solo los ayudé a cumplirla y estoy segura que en donde quiera que estén están felices -Dijo la viejecilla sentándose con ellos en la mesa y hurgando entre las galletitas que había colocado en la bandeja de acero-

Pero hace un rato dijiste que tenías un nietecito llamado Javier -Continuó Alexandros para tratar de animar a la abuelita-

Sí, tenía un nieto, cuando mis hijos murieron decidimos intentarlo de nuevo, tuvimos ahora una niña, ella si creció bien, se fue a estudiar y pronto se casó y tuvo un hijo, a pesar de todo éramos muy felices, un día decidieron ir a una provincia cercana de vacaciones porque Javiercito quería conocer un lugar nuevo, estaban muy entusiasmados porque iban a ser las primeras vacaciones de mi nietecito, en ese momento tenía ya siete añitos -Decía la abuelita, hizo entonces una pequeña pausa y luego continuó- En esas vacaciones perecieron los tres a causa de un trágico accidente de tránsito, un camionero venía borracho y colisionó con ellos de frente, murieron en el acto, el camionero se salvó -Dijo amargamente la abuelita quizás rememorando la cara de sus familiares en el momento del sepelio-

Abuelita, no te sientas mal, tú no podías hacer nada -Afirmó Alexandros tratando de consolarla, ella rápidamente se incorporó y su expresión de tristeza desapareció-

¿Ágata? -Preguntó una voz desde el pasillo contiguo a la cocina-

Si cariño pasa -Contestó la ancianita- Tenemos visitas -Dijo una vez que un hombre, también bastante mayor, se asomaba a la puerta de la cocina, probablemente era su esposo-

Pero cuanta gente joven ¡Bienvenidos! Van a quedarse ¿Verdad? -Preguntó el abuelito abrazándolos a todos de uno en uno- Este se parece a Javier ¿Verdad Ágata? -Dijo cuando se dispuso a abrazar a Alexandros-

Sí, lo mismo pensé yo -Contestó la abuelita-

Ya es tarde -Dijo Virgo- Será mejor que nos marchemos -Sugirió poniéndose de pie- Gracias por la comida y su hospitalidad -Dijo sonriéndole a Ágata-

¿Tienen a dónde ir? -Preguntó el abuelito al ver que Alexandros ponía mala cara-

La verdad no ¿Podemos quedarnos solo esta noche? -Preguntó Alexandros haciendo caso omiso de la sugerencia de Virgo de marcharse-

Pueden quedarse todo el tiempo que quieran ¿Verdad Ágata? -Dijo el viejecillo amablemente sin dejar de sonreír, su cuerpo podía estar lleno de arrugas y dolores de la edad, pero su alma, al igual que la de Ágata, estaba totalmente lozana, como la de un niño-

Les prepararé algo de cenar, deben tener hambre -Dijo Ágata poniéndose de pie, rápidamente peló unas patatas y se puso a freírlas junto con algunos trozos de pimientos, la cocina empezaba a llenarse de un delicioso aroma, estaba preparando una tradicional tortilla española, pronto los jóvenes estaban degustándola bastante animados, tenían ya bastante hambre-

Estuvo muy buena Ágata -Dijo Virgo una vez que terminó de comer-

Me alegro, si desean bañarse arriba hay cinco habitaciones, cada una tiene su propio baño, pueden utilizar la ropa que deseen, toda está limpia, siéntanse como en su propia casa -Dijo Ágata mientras que su esposo recogía los platos sucios de la mesa, las luces de la casa se apagaron pronto y ya todos estaban durmiendo, en la mañana Virgo y Escorpio se levantaron muy temprano, los viejecillos también estaban despiertos, Escorpio se fue a ayudar al abuelo en el corral y Virgo se fue con Ágata a la cocina para preparar el desayuno, después de un rato Escorpio y el abuelo fueron a llevar la leche recién ordeñada a la cocina-

Abuelos, necesitamos hablar con ustedes -Dijo Escorpio una vez que volcó la leche en una gran cacerola para ponerla a hervir-

Bien, sentémonos -Dijo Ágata tomando la iniciativa y sentándose, los demás la siguieron y también se sentaron-

Necesitamos que cuiden de Alexandros -Dijo finalmente Virgo-

¿Y ustedes? -Preguntó el abuelito-

Nosotros nos marcharemos pronto, adóptenlo como su hijo, su madre murió hace algunos días y había decidido terminar con su vida ayer -Dijo lentamente Escorpio para no producir un fuerte impacto en los abuelitos-

Antonio, quedémonoslo -Dijo Ágata alegremente a su esposo- Así no estaremos tan solos -Afirmó ella dulcemente tocándole la mano a su esposo-

Yo quería que se quedaran los tres, serían como nuestros tres hijos que ya partieron, pero con uno estoy feliz -Dijo Antonio con los ojos brillantes, como si fuese a llorar-

Él los ayudará en todo lo que ustedes quieran, es un buen chico y sé que ustedes son unas buenas personas, por eso se lo pedimos a ustedes -Afirmó Virgo sonriendo-

Lo haremos lo mejor que podamos -Afirmó Ágata poniéndose de pie para apagar la cacerola de la leche que ya había roto en hervor-

No tienen que fingir con nosotros, sabemos quiénes son -Dijo Escorpio sonriendo- Son iguales que nosotros pero han decidido no parecerlo, eso está bien -Afirmó soltando una risita-

Pensamos que no lo notarían -Comentó Antonio más jovial que nunca-

Lo sabemos desde un principio, es solo que Alexandros no puede saberlo, al menos no lo de nosotros, lo de ustedes no lo sé, las reglas son las reglas -Dijo Virgo vigilando la puerta para cerciorarse de que Alexandros no bajase-

Creo que ya está despertando, díganle a Alexandros que Ángela y Ángel siempre lo estarán cuidando, hasta otra oportunidad abuelos -Dijo Escorpio mientras desaparecían envueltos de una espiral energética rosácea-

¡Buenos días! ¿Los demás aun no se han despertado? -Preguntó Alexandros atravesando la puerta de la cocina-

Si, han tenido que marcharse, nos pidieron que te cuidásemos y que te dijéramos que Ángela y Ángel estarán siempre cuidándote -Dijo la abuelita abrazándolo suavemente contra su encorvado pecho-

Gracias abuelitos, gracias por recibirme. Ángela, Ángel, gracias por entregarme -Dijo mirando hacia arriba esperando que ellos pudiesen escucharle-