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Amantes y retorcidos — capítulo 3

Ella suspiraba, cuando Snape dormía a un lado de la cama. Se despertó, luego; con una sonrisa contrahecha. Ella estaba disfrutándolo tanto, que hasta se había olvidado de Rodolphus.

  • Tiene razón, hueles demasiado a mí- le dijo, mirándole a los ojos. Ella sonreía divertida.

  • Bueno, entre escorias nos reconocemos- le dijo, cuando un beso se posase sobre sus labios- Por supuesto, hasta ahora; no me incomoda tu aroma.

  • Es bueno saberlo- sonreía él, cuando las uñas de ella surcaban su anatomía- es bueno saber, que aprecias algo de mí.

  • Aprecio otras cosas, como cuando te mueves. No olvides eso. Lily nunca regresó, tal vez a ella no le gustaba así.

  • Nunca hice eso con ella.

  • Entonces, eres un imbécil.

  • Sólo cállate- le dijo, arqueando una ceja- no debes insultar a quien te dio cobije en su casa.

  • ¿No me lo recordarás para siempre?

  • Al menos, hasta que puedas pagarme.

  • Sabes que puedo.

Y ella sabía como, su pago era siempre entregársele de la forma más insana y cruenta que pudiera imaginar. Estaba acostumbrado y eso parecía gustarle, al final de cuentas. Era mujer, él un hombre; tenía sus debilidades.

El mejor sexo, siempre era el prohibido y Bella lo sabía. Con una sonrisa de lujuria, Bellatrix observaba a su amante sin algún tipo de ropa, que le entorpeciera la vista. Luego de observarlo, ella simplemente se dejaba hacer. Le gustaba, observar lo que tenía y lo que pronto sería suyo sin ningún tipo de dificultad. Era la única, que hacía gemir a Snape de dolor y de placer al mismo tiempo. Por eso no podía dejarla, era como una bebida fuerte que corroía su garganta pero que al final era dulce. En sentido literal.

Por su parte, Snape disfrutaba viendo a la exhausta Bella. Esa mujer exhausta, que apenas se pudiera mantener sobre sus pies, justo al terminar. Esa mujer, que intentaba valerse por sí sola pero que bajo su fuerza, no era nadie. Y siempre se lo recordaba.

  • Ya bájame de una vez- en su pared, desvestida, entre sus manos.

  • ¿Y si no qué? ¿Qué piensas hacer si no te dejo?

  • Te mataré.

  • Tu varita está en el sofá- sonrió él, exasperándola.

  • ¡Bájame, maldición!

  • Muy bien.

Y la soltaba, con un movimiento brusco. Bella, sonreía llena de insanidad y danzaba por la habitación. Su cuerpo desnudo, sólo evocaba otra sonrisa en él. Ella le llamaba, con un gesto de su dedo, con una copa entre sus manos. Lo era, Bella, era una bebida que no quería dejar.

Con una sonrisa suave, ella se apegaba a su cuerpo. Él sólo bebía, ella disfrutaba de la compañía. Muy pronto, se había quedado dormida. Habían sido, unos largos años en Azkaban. Snape, como siempre, permanecía en silencio esperando a que se despertara luego. ¿Qué otras opciones tenía para con su amante?

  • Maldición Bellatrix, ¿Por qué tenías que quedarte dormida sobre mí?- le criticó, en el oído. Pero ella, no le oía. O tal vez sí y jugaba con él.

Tiempo después, ella se despertaba. Se lo encontraba a él, durmiendo. Era tan típico, que hasta era divertido. Por supuesto, ella tenía mejores cosas que hacer. Siempre lo dejaba solo, luego de que él ya no tuviera nada que complacerle.

  • Adiós, amor- susurró con un pequeño beso- Nos veremos pronto. Me imagino.

Y se iba, nunca nadie podía atarla a un sólo lugar. Sí, olía a su amante, pero eso estaba bien. Snape la acompañaba y bien, podía echarle la culpa de todos los reclamos de su marido. Estaba bien, ser la amante de ese hombre tan tonto. Al que sólo ella, sabía dominar sin usar demasiada fuerza.