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Amantes y retorcidos — capítulo 4

Bellatrix no había vuelto a casa desde el incidente. En la habitación de Snape, permanecía, leyendo un libro. Snape por su parte, estaba sentado no muy lejos de ella, burlándose de sus expresiones y con una bebida en la mano. Bellatrix alzó la cabeza y le observó la sonrisa.

  • ¿Qué es lo que se te hace tan gracioso?

  • Que aún, no te hayas dado cuenta de que Rodolphus puede estarse retorciendo por no tener a su "amada" Bella.

  • Siquiera, él me llamaba de esa forma tan desagradable- dijo ella, volviendo a su lectura- Tan casanova que te crees, tan tonto que en verdad eres.

 - Muy poético- le comentó él, acercándose a la cama. Bellatrix giró sobre sí misma, estando recostada y se apartó de él.

Se levantó, dejándole solo y con una sonrisa mientras bebía. Ella, caminó lentamente por el salón y coincidió con su amante. Seguramente, Rodolphus se retorcía de los celos mientras ella estaba descansando entre los brazos de Snape. Bueno, así estaba bien.

Rodolphus, caminaba alrededor de su enorme casa con el entrecejo fruncido. Ya sabía donde estaba Bella, ya había dejado la estela del olor de Snape por toda la casa. Enfurecido, decidió irse. Ya habrían mujeres, que se lo merecerían más que Bellatrix y quizás, podría llenarla de celos a ella también.

Severus, había abandonado el cuarto y en ese instante estaba en la cocina. Bellatrix se había quedado en el sofá y continuaba leyendo sin percatarse de algo en absoluto. Snape por su parte, temía que el molesto Rodolphus se acordara de su hogar y viniera a incomodarle.

Muy pronto, Severus regresaba al salón con dos copas de vino. Bellatrix la recibía gustosa y se acomodaba en el sofá con su amante. Se besaron por un largo instante. Lenguas acariciándose, saboreando el vino en la boca del otro. Las piernas firmemente entrelazadas. Las manos buscando botones que deshacer, para introducirse y recorrer centímetros de piel. La ropa ya no era impedimento, ya no importaba demasiado.

Las copas en la mesa, una de ellas rodó y se derramó. La de Bellatrix se quebró en muchos fragmentos. Una sonrisa suave, mientras la mujer trata de resarcir el daño. Sostiene su mano, lame esas deliciosas gotas de bebida en su piel.

  • Te cobraré esa copa...

  • ¿Cuánto pudo costarte?- sonreía la mujer, relamiéndose los labios. Sabía que él amaba que hiciera eso.

  • Unos cuantos galeones, no demasiado. No tanto, como los cuadros que quebraste ayer...

  • Fue tú idea, la del sexo en la pared- sonreía la mujer- con un Reparo, Debio bastar- susurra, dentro de sus labios. Los muerde, los desea.

  • Sabes que la magia, no lo resuelve todo.

  • Vives en una comarca muggle; pero no lo eres- retó la mujer, colocando las masculinas manos de su amante en su espalda- ¿Qué tan rápido me lo puedes quitar?

  • Quizás lo rompería- sonreía él, besando sus cabellos.

  • Bueno, considera eso como deuda finiquitada. Tú lo rompes, yo no pago la copa...