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Mírame a los ojos — capítulo 32

Muchas gracias por todos los comentarios y me gustaría aclarar que han pasado 4 (casi 5) años desde el capítulo en el que Cata va a contar por qué mató a su hermana, pero hace tres años ocurrió algo en concreto.

Se agradece los comentarios^^

  • Daniel... (N/A: ¿acaso podía ser otro?¿Bob Sponja tal vez? xD) - Pronunciar su nombre después de tanto tiempo es como volver a respirar, aunque tenga miedo... pero me pueden las ganas de volver a esos días de amor clandestino en los que todo iba bien dentro del ojo de la tormenta donde todo es calma en medio de la tempestad que se va cerniendo sobre ti hasta que un día... No te hagas esto, no lo rememores otra vez, no eres capaz de aguantarlo...

Pero ya es tarde, mi mente me ha castigado con los recuerdos y todo por ver su reflejo...

Flash-back

" - Te amo.

- Lo sé - me contesta con orgullo. De repente se sale de la bañera -. No te muevas de aquí, ya vengo.

- Pero no tardes o te echaré de menos - le digo sin poder evitar una risa tonta al final.

Hemos tenido el palacio entero para nosotros solos y como siempre, ha conseguido hacerme sentir la mujer más especial de la tierra. Lo amo más que a nada en el mundo y cada vez que lo miro es como si el resto sólo fuera el decorado de nuestra historia.

Hoy es nuestro segundo aniversario. 26 de diciembre. ¡Ya llevamos dos años juntos! Haciendo un breve recuento debo reconocer que las cosas han ido bastante bien. Ante Alex e Ysa somos amigos y de vez en cuando nos vamos a tomar algo. Al principio se asombraron por nuestro cambio pero ahora ya están acostumbrados y viven felices e ilusos, y nosotros... nosotros simplemente vivimos el uno del otro. Soy feliz, totalmente feliz y además me está llendo genial en mi primer año de Universidad. Estoy estudiando aquí en Laubos y sigo en casa con mis padres y mi perrito Piña que ya parece un caballo de grande. Catalina viene de visita todos los martes y cada día con ella aprendo más cosas sobre lo que seré, porque ya no tengo marcha atrás: yo también tengo de su sangre tras el accidente que tuvimos en la nieve el año pasado, cuando se supone que ya había aprendido a esquiar. Pero no me importa nada de lo que pasara, mi vida es perfecta.

- ¿Ves? No me he movido ni un centímetro - le dije cuando volvió con una pequeña cajita en la mano. Se quitó la toalla y volvió conmigo a la bañera. Algo que sí es verdad que no termino de superar es ese cuerpo escultural que tiene.

- No sé si esto que voy a hacer es buena idea pero... ¿Quieres casarte conmigo? No ahora, claro, sino cuando pase el tiempo que tú creas necesario, o si es que quieres o a lo mejor debí suponer que...- Lo dejé hablar un poco más.

- Cállate y déjame decir que sí tranquilamente.

- ¿Seguro? - ¿Cómo podía estar indeciso con mi decisión?

- ¡Claro que sí! Y por la fecha... no me importaría coger un avión esta misma noche y casarme contigo en las Vegas. - Dije. Se lo había dado todo, igual que él a mí, ¿qué me importaba firmar un papel que dijera que era legal amarlo?

- Pero yo no quiero que sea así y en el fondo, tú tampoco. Además, tu padre me mataría si no lleva a su hija mayor al altar. Aunque eso sería lo mejor que podría pasarme, porque tu madre me descuartizaría si me caso con su hijita de 19 años.

- Ya sé por dónde vas y te doy la razón en lo de mi madre, pero ¿cómo quieres que hagamos una boda normal si vivimos en casi secreto?

- Bueno... en un año creo que podríamos decirles la verdad a Ysa y a Alex - hasta le he pegado lo de acortar los nombres... - y después, cuando se les pasara el ataque... pues...

- Lo conseguiríamos. - completé la frase.

- Claro que sí - me cogió el dedo y me puso el anillo. Era de plata con una perla negra engarzada.[img] http://www.louisvuitton.com/media/images/Jew/skus/S000Q9174A00N0.jpg [/img]

El resto de la noche, simplemente, fue magia.

La tarde siguiente había quedado con Ysa para ir a ver vestidos de nochevieja a ver qué encontrábamos. Llegué un poco tarde pero no me dijo nada, sólo me dijo que subiera al coche.

- Por aquí no se va al centro comercial, vamos hacia el desvío de la... - mierda. La he cagado.

- De la cabaña. Lo sé. - ¿Qué digo? Piensa, por dios, piensa rápido. - Precisamente hoy vamos allí - mejor no digo nada - Bonito anillo, muy al gusto de Daniel. - Esto no me está gustando nada.

Cogimos la carretera que subía hacia allí y aparcó en la puerta. Se bajó y de una patada rompió la cerradura. Entró.

El corazón me latía a mil por hora, me sudaban las manos y patosas, buscaban el móvil. Aquí estaba pasando algo o iba a pasar cuando Ysabel viera las fotos, viera todos y cada uno de los perfumes a los que huelo, notara nuestros olores mezclados y después... después me mataría sin más.

- Pasa, no te quedes en la puerta - parecía amable pero su mirada estaba borrosa y malévola. Entré temblando e intentando atinar con la tecla de la rellamada - Hasta hace doce horas pensaba que mi marido y mi ahora mejor amiga simplemente eran amigos, pero me picó la curiosidad por encontrar esta cabaña. Cosa que hasta ahora no me había sucedido. Tan sólo tenía que seguir el rastro de Daniel y listo... pero fíjate tú por dónde que desde casa terminé en la puerta de la tuya y después tú olor y el suyo se mezclaban hasta llegar aquí. Se me hizo raro pero intenté no darle más importancia de la necesaria. ¡Y cual fue mi sorpresa que al entrar aquí me encuentro fotos vuestras hechas hasta hace dos años en una playa besándos, e incluso algunas del sábado pasado cuando estuvisteis tomando algo en Varnes! Después de esa poco grata primera impresión, me di cuenta de que esto es nada más y nada menos que vuestro nidito de amor. ¿O me equivoco?

- Puedo explicártelo, esto no es lo que parece - ni esta la frase más original que puedo haberle dicho.

- Me da igual si sois pareja o compañeros en el circo pero TÚ vas a desaparecer de nuestras vidas. - Me susurró muy bajito en el oído pero totalmente encolerizada y sin saber de dónde me armé de valor.

- Efectivamente somos pareja, este anillo - le dije señalándome el dedo- es de compromiso y me lo dio anoche en la bañera de tu cuarto de baño preferido. Llevamos juntos desde hace dos años y nos amamos más de lo que nunca hayas podido imaginar, así que déjate de gilipolleces porque no me pienso separar de él JAMÁS, ¿me has oído? - Respiró hondo para intentar serenarse y cerró los ojos, después, los abrió y con una mirada que te helaba la sangre, siguió hablando.

- Si no te vas en el próximo cuatrimestre de Universidad, lo mato. Mío o de nadie.

Se me aflojaron las piernas y me caí al suelo. Me acurruqué en una esquina y empecé a llorar.

- No tengo nada más que decir, sabes que lo cumpliré. Alejandro no necesita pasar por esto. Esta noche lo dejas y como algún día volvais o se lo cuentes, ten por seguro que será el día en que a Daniel lo mate con mis propias manos. - ¿Cómo no voy a cumplir eso? Con mi vida puedo jugar, pero no con la suya.

Ysabel dió un portazo y se fue.

No sé cuántas horas pasé llorando pero por la noche llegó Daniel.

- Te he buscado por todas partes y el móvil lo tienes que tener lleno de llamadas perdidas de todo el mundo. Creímos que te había pasado algo... - Entonces cayó en la cuenta de mi estado. - ¿Qué te pasa? - Me levantó y nos sentamos en el sofá. Lo besé y después lo abracé con todas mis fuerzas mientras intentaba parar de llorar y que me entendiera lo que iba a decirle.

- Tenemos que hablar... "

Fin flash back

Esa noche dije cosas que no me perdonaré en la vida y por las que creí haber dejado de sentir, pero quizás Tábata tenía razón: cuando lo sientes todo, no diferencias nada.

Me giré lentamente, sin dejar de querer que desapareciera de mi vista y a la vez, queriendo recuperar mi anillo que esa noche a la cara le tiré.  

Leí en sus labios mi nombre.

  • Ana, Ana - sentí unos toquecitos en mi hombro. No me quiero volver, quiero perderme para siempre en sus ojos oscuros con destellos azules. - ¡Ana, ¿estás ahí?!

  • Sube, Avril te necesita. - No puedo añadir nada más. Me parece tan irrelevante el proyecto de Avril...

Daniel sonríe. Cruza la calle. Sube a la acera. Está justo delante de mí, a tan sólo un palmo.

Han pasado tres años.

  • Vete - me obligo a decir, pero no sale más que un susurro - Vete, Daniel, vete, por favor... - Lo que daría por besarlo...

  • No - noto que lo dice sonriendo. He escuchado tantas veces su voz mientras ríe... pero ahora miro al suelo, su sonrisa es demasiado perfecta para mi autodeterminación.

  • Vete - repito.

  • Cuando me lo digas sin llorar. - contesta. Cierto, otra vez estoy llorando.

  • Vete.

  • ¡Por favor Ana reacciona! ¡Soy yo! - exclama zarandeándome por los hombros.

  • Vete - ¡Cuántas veces he temido y deseado este momento...!

  • No. Esta vez no me iré. Puede que no comprenda porqué te alejaste de mí o porqué me echastes en cara todas esas cosas mientras me abrazabas llorando. Pero lo que sí sé es cuanto me amas y cuanto te amo. Por mucho que lo quieras negar.

  • Vete - ¿Cuántas veces me dijo esa maldita noche lo mucho que me amaba? ¿Cuánto me imploró de rodillas pidiéndome que no me fuera? Di un paso hacia atrás.

Él avanzó uno más hacia adelante.

  • Desde el 27 de diciembre de hace tres años me falta el aire y me noto más muerto que nunca. Sigo sin intender todo eso que me gritastes sobre que te había quitado la vida, que desde que estabas conmigo siempre tenías que mentir, que te había corrompido, que tu primera vez había sido con un monstruo, que por mi culpa tendrías que ver morir a toda tu familia... No creas que lo olvido, pero lo siento, no aguanto más. Paso de creerme esa mentira. Es imposible que no me ames y si me tengo que arrastrar para siempre y así conseguir que me cuentes la verdad, lo haré. Porque ya no aguanto ni un minuto más sin verte y soy incapaz de dejar de pensar en ti aunque sea una fracción de segundo. Te amo. - Mientras estuvo hablando, seguí mirando hacia el suelo pero cuando me ha dicho eso, me agarrado la mano y ha puesto algo sobre ella. Levanto un poco la cabeza y lo veo: mi anillo con la perla negra. - Esto es tuyo y nunca debió volver a mi bolsillo. Si no hubieras inventado ese cuento inútil que sólo ha conseguido hacernos sufrir a los dos, ahora mismo serías mi esposa...- Noté el desbocado latir de mi corazón, la sangre corriendo de nuevo por mis venas, el aire abrasador de un recuerdo que se repite sin cesar, la amenaza...

  • No fue un cuento inútil. - dije clavándole la mirada directamente - Fue tu vida lo que quería mantener y encontrándote aquí hoy, has firmado tu sentencia de muerte.