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Mírame a los ojos — capítulo 33
- Desde el 27 de diciembre de hace tres años me falta el aire y me noto más muerto que nunca. Sigo sin intender todo eso que me gritastes sobre que te había quitado la vida, que desde que estabas conmigo siempre tenías que mentir, que te había corrompido, que tu primera vez había sido con un monstruo, que por mi culpa tendrías que ver morir a toda tu familia... No creas que lo olvido, pero lo siento, no aguanto más. Paso de creerme esa mentira. Es imposible que no me ames y si me tengo que arrastrar para siempre y así conseguir que me cuentes la verdad, lo haré. Porque ya no aguanto ni un minuto más sin verte y soy incapaz de dejar de pensar en ti aunque sea una fracción de segundo. Te amo. - Mientras estuvo hablando, seguí mirando hacia el suelo pero cuando me ha dicho eso, me agarrado la mano y ha puesto algo sobre ella. Levanto un poco la cabeza y lo veo: mi anillo con la perla negra. - Esto es tuyo y nunca debió volver a mi bolsillo. Si no hubieras inventado ese cuento inútil que sólo ha conseguido hacernos sufrir a los dos, ahora mismo serías mi esposa...- Noté el desbocado latir de mi corazón, la sangre corriendo de nuevo por mis venas, el aire abrasador de un recuerdo que se repite sin cesar, la amenaza...
- No fue un cuento inútil. - dije clavándole la mirada directamente - Fue tu vida lo que quería mantener y encontrándote aquí hoy, has firmado tu sentencia de muerte.
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¡Ah, sí? ¿Cómo? - me dijo derrotado y cada vez más enfadado. - Mira, Ana, no sé por qué te inventas esto también, pero ya basta. Si no quieres estar conmigo me iré para siempre. Tú sabrás si quieres seguir sufriendo o no... - Su ausencia no me hace estar sufriendo, sino estar sin vida, ser una página en blanco donde antes había dibujos de vivos colores.
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¿En qué te basas para decir que sufro? Creo que hago todo lo que es normal en una chica de mi edad - Si antes lloraba a mares, ahora lloro a océanos. Todas las mentiras que le digo son traiciones a mí misma que no puedo soportar más. Quiero que esté conmigo y no se vaya jamás, pero si se queda, no habrá ningún jamás.
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¡JÁ! Por mucho que intentes negarlo, eres mi pareja y me amas tanto como yo a ti y si yo lo he pasado fatal, tú, también.
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No - Dejó caer otra amarga carcajada. La ira lo estaba cegando - Déjame en paz y vete de vuelta con tu eternamente joven esposa. Deja que nazcan mis arrugas y mi pelo canee. Deja que mi tiempo acabe. Por favor - Le rogué de nuevo sabiendo ya su respuesta.
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Volverás.
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Lo sé - Mi único consuelo era ese: volver y poder acabar con ella. - Ahora vete, sólo son unos... - no puedo decirlo. Hazlo. No. Sí. No. Ahora. -... setenta años - conseguí al menos susurrar tras mi debate interior. No más historias, sólo volver a sentir la velocidad y el aire en la cara mientras, abrazada a su chaqueta de cuero, recorremos el mundo en moto.
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¡70 años! - Se está volviendo loco con cada rechazo, me duele tanto verlo así. Desde que nos peleábamos en... ¡el instituto! ¡Por Dios, que no lo haga! ¡Me va a cambiar los sentimientos que cree que tengo! ¡Por eso parece tan loco! - No puedo más... perdóname por lo que voy a hacer.
Su rostro se descomponía en una expresión dominada por el delirio, carente de cordura. Mientras tanto, yo me sumía en el más profundo pánico a medida que iba notando los casi inadvertidos cambios. No queda mucho para que pierda el control.
-
¡No hagas esto, por favor! - grité con la poca sensatez que permanecía en mi ya casi descontrolado cerebro. - ¡¿Me estás oyendo?! - Me miró más fijamente.
-
No me volveré loco, te lo juro. - Aseguró con la voz casi irreconocible. Se nota que no se había alimentado en días y utilizar su poder le estaba costando muchísimo.
-
¡Pero si ya lo estás! ¡Pretendes hacer la más perturbada de todas las locuras y yo ya no puedo resisterme más! ¡RAZONA! - Catalina lo dejó muy claro: "Los poderes contra tu pareja pueden llevaros a ambos a la muerte".
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Te dije en su momento que estaba dispuesto a cualquier cosa. No tengo nada que perder, salvo a ti. Y no estoy dispuesto a ello.
Vi como alargaba lentamente el brazo para tocarme y cuando eso ocurriera, yo ya no sería responsable de mí misma.
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Bésame.
-
A sus órdenes, princesa.
POV Daniel
Esto está mal, muy mal.
Estoy débil para utilizar mi poder y mucho más para no sucumbir a él y hacer una locura. No puedo perder el control al cambiarle sus sentimientos y volverme loco. Mejor lo dejo y que ella decida.
[Esa misma noche]
Ahora que me doy cuenta... lo que he cambiado por deseo no ha sido rechazo... sino miedo. ¿Miedo a qué? ¿De mí, tal vez? No creo, pasara lo que pasara, ella sabe que no sería capaz de hacerle daño. Pero, ¿qué es lo que estoy haciendo ahora? Porque, ¿y si de verdad quería que me fuera? ¿Por qué querría eso? Aunque en realidad, es lo que me había estado gritando mientras los vecinos se iban asomando a la calle, cosa de la que ella seguro que no se ha dado cuenta. Pero después de que cesara mi "intervención senstimental", no me ha vuelto a echar. Seguramente cree que sigue bajo mi influjo.
Tiene que haber algún motivo para que quisiera que me fuera, y se supone que debe ser el mismo por el que me echó de su vida. Tanto a mí como a sus padres, Andrea, Ysabel, Catalina, Alejandro... ¡incluso a Piña!
No entendí nada hace 3 años y tampoco lo entiendo ahora. ¡Si hasta rajó todas las bolsas de sangre que había en la cabaña! Todo olía a grupos sanguíneos e incluso su olor era imperceptible. Parecía como si hubiera querido camuflar algún... olor...
- Ana, despierta - le dije suavemente al oído. Tampoco quería que le diera un infarto por escucharme a su lado después de tanto tiempo.
- No quiero. Si despierto, habrás desaparecido y mi vida seguirán siendo un fraude.
-
Te prometo que no me iré. Sobretodo si no vuelves a pedirme que me vaya.
-
Cuando dejes de influenciarme con tu magia potagia, volveré a pedírtelo. - Bien.
-
Hace mucho que dejé de hacerlo. - Ahora seguro que no me cree.
-
Mientes. - ¡Já, soy adivino!
-
De verdad que no. Dejé de hacerlo en cuanto cerrastes la puerta del cuarto.
-
Entonces...
-
Luego. Ahora tengo que preguntarte algo en lo que no había caído hasta este momento.
-
¿Qué? - preguntó abriendo por fin esos ojos que volvían a brillar acorde con la sonrisa, no como cuando la vi esta mañana, que parecía un muerto en vida.
-
¿Por qué rajastes las bolsas de sangre?
-
¿Qué bolsas? ¿De qué hablas? - conocía cada expresión de su rostro y ahora mismo era cierto que no tenía ni idea de lo que le hablaba.
-
Cuando me aband... cuando... - no sé cómo decirlo - Hace tres años, en la cabaña. Aquel día, cuando te encontré.
-
Yo no rajé nada.
-
¿Quién lo hizo entonces sino? - Por la forma en la que ha agachado la cabeza es que lo sabe. - ¿Quién, Ana?
-
No puedo decirlo.
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¿Por qué? ¿Por la tontería esa de sentencia de muerte que dijiste antes?
-
Sí. - Ya no necesito saber más. Alguien la ha estado chantageando con matarme si me acercaba a ella. Alguien que en aquella cabaña descubrió algo que no le convenía, algo que...
POV Ana
- Sí. - Ya no pretendo darle más detalles. Después volveré a rogarle que se vaya y no le cuente a absolutamente a nadie lo que ha pasado.
Pero... algo está pensando y algo malo porque se le está poniendo una cara... y parece que se le van a salir los ojos y se le han tensado los brazos y está apretando la mandíbula..
- Sí, ella - dije.
Muchísimas gracias por haber esperado tanto. No he tenido tiempo ni cabeza para escribir nada hasta hoy y tampoco es que haya salido nada espectacular... pero algo es algo, ¿no? Si hay faltas de ortografía, decídmelo por favor, que he escrito el capítulo medio dormida.
Espero que os guste y gracias por leer la historia. =)