Diario de un vampiro — capítulo 12
Día 12 Luz del sol *Día 12: Luz del sol Te miro y comprendo muchas cosas, al hacerlo. No eres mía, eres de ese ser despreciable, que arranca mi sangre, cada vez que nos enfrentamos en guerra. Eres de la luz del sol. Eres luz de sol que al iluminarme, mi piel escamas. No puedo permitírmelo. No puedo hacerte mía, puesto que tu vida es feliz con los rayos de sol. Puesto que tu vida y la mía, están en mundos distantes, que al tocarse, se destruyen. De todas formas, amarte es mi forma de vivir, mi deseo más profundo y eso, no puedo abandonarlo. Así, me traspases, con tus luces del sol.*Despertó con una terrible jaqueca y uno de sus brazos, entumecidos. Con un suspiro, miraba a su alrededor, y notaba que Hermione estaba atada a él en la misma mano, que él se ató al dosel de su cama. Estaba dormida, con su mano sobre su cabeza y le acariciaba los cabellos por inercia. ¿Qué había sucedido? ¿La habría mordido?
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Srta Granger. Despiértese- le decía, moviéndola ligeramente. Ella, hacía caso a lo mencionado y comenzaba a abrir los ojos.
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Profesor Snape, gracias a dios...- dijo ella, frotándose los ojos con las manos. Snape, no entendió el quejido.
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¿Qué sucedió? ¿Por qué esta aquí y atada a mí?
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Tuve que hacerlo. Usted, amenazaba con transformarse, con hacer actos violentos. Así que me amarré a usted y al dosel. Pero nunca me tocó, no hizo más que mirarme. ¡Tuve tanto miedo!
No podía entenderlo, pero algo sí era grave. Sus instintos, cada vez eran más difíciles de controlar y ello, estaba generando problemas hasta más no poder. Hermione ladeó la cabeza para despertar su cuello y con un suspiro, comenzó a desatarse. Ambos, tenían la mano, ligeramente morada.
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Gracias, por no dejarme ir- le dijo y Hermione, asintió con una sonrisa.
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De nada. Al menos, es un vampiro fácil de controlar- dijo con una sonrisa y pensaba levantarse. Severus, con un impulso se levantó, pero sintió un extraño ardor, cerca de su hombro. Soltó un quejido suave.
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No no, no debe moverse.
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¿Qué sucedió?
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Lo golpié- Severus la miró con estupefacción- ¡Tuve que hacerlo! ¡Quería morderme por un segundo! Le pedí disculpas y le pegué.
Severus no pudo evitar reírse de eso y asintiendo, la dejaba ir. Ella, antes de irse se inclinaba un poco y le daba un beso en la mejilla.
- Creo que se lo merece, luego de lo que sucedió anoche.