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Diario de un vampiro — capítulo 18

Eternidad

Día 18: Eternidad

*Tus besos, me devuelven a la vida. Eres la eternidad que me permite sentir, que me permite vivir aún cuando sentía, que estaba en el final de mis días. Eternidad es lo que necesito para amarte, para mi vida entregarte. Eternidad en tus labios, eternidad en tu cuerpo níveo y tan brillante. Eternidad, que quiero vivir. Eternidad, que sin ti me he de morir.*Acariciaba su rizado cabello, su cuerpo sobre el suyo. Sonreía, ante la desnuda figura que tenía envuelta entre sábanas, sobre él. Ladeaba la cabeza, para mirar al sol. pronto llegaría la hora. La acomodó suavemente en la cama y con mucha fascinación, la contempló. Descansaba, cuando él hubiese robado su virginidad. Sonreía, ante el recuerdo del olor de su sangre. Su mente daba tantas vueltas. Se miró en el espejo de un armario de pociones. Su otro yo, su yo vampiro, estaba mirándole.

  • No será tuya, aunque eso desees... Giró su rostro para mirarla. Ella lo buscaba entre las sombras de su almohada. No iba a encontrarla; debía dejarla allí. Ya había aceptado que la amaba y ahora, muchos peligros podrían acecharla. Sobretodo, con aquel vampiro. Su compañero de juegos. Se inclinó con suavidad, sobre el rostro de ella y plantó un beso en su frente. Su nombre estaba en sus labios, ella le buscaba incansablemente, pero en la cama él, no estaba. Él se iba. Él, debía dejarla.
  • Severus...- susurraba y él, estaba ensimismado. Una suave voz, casi un canto de sirena para sus oídos. Sus instintos insistían en que se marchara, en que se alejara. Pero...
  • Estoy aquí...- dijo. Ya no había marcha atrás. Su instinto humano, estaba presente en sus pensamientos.
  • ¿Puedo llamarle de esa forma o...?
  • Tu cuerpo y el mío, una sola sangre. Creo, que puedes denominarme de la forma en que te plazca- sonrió aquel hombre y ella sonrió también.
  • ¡Qué vergüenza!- le dijo, con las sábanas hasta el cuello- Lamento tanto, lo que vine a hacer.
  • ¿Lamentas algo, que arrancó gemidos de placer?- preguntó, acariciándole el cabello- Que fue fruto de mi deseo y el tuyo...
  • Soy una joven, usted un hombre...
  • Los corazones no son ancianos ni jóvenes- le dijo, con una sonrisa que mostraba sus desiguales dientes. Sus colmillos, aún ocultos entre aquellos sueños. Hermione esbozó una sonrisa tensa y se abrazó de su cuerpo. Con una sonrisa suave, Severus, la miraba y acariciaba su espina dorsal. Sus colmillos querían emerger. No lo lograrían.
  • La amo, Granger...