Diario de un vampiro — capítulo 19
Cristal
Día 19: Cristal
brillantes son tus manos, traslúcido es mi sentir. Quiero conquistarte, quiero abrir mi corazón y mente, y como cirstal, mostrarte todo lo que entre las sombras existe. Tuyos son mis labios, traslúcida es tu piel y en ella, mi reflejo. Nada puedes ocultar, yo nada puedo despreciar. Sé que me conoces, sé que me percibes. Que mis pasos escuchas. Ya soy obvio, ya me desvivo por ti.
Hermione permanecía abrazada de su profesor. Era mucho más alto y por ende, su cabeza descansaba en su torso. Las blancas sábanas, sólo cubrían la parte inferior de ambos. Hermione mantenía sus ojos cerrados, mientras Severus, acariciaba sus cabellos. El silencio, otorgaba un placer adicional. Ella alzaba la cabeza y Severus, detenía las caricias para mirarla. Sonriente, ella le observaba y él, permanecía en silencio. Apartaba los pocos y castaños cabellos de su rostro y lo tomaba con sus manos. Ella... La amaba tanto. Él la besaba, no podía evitarlo. Minutos de besos, no cubrirían su eternidad, deseándola. Se separó de ella y la cubrió lentamente con las sábanas. A sí mismo, también. - Profesor...- dijo, envenenándose con su aroma a sangre seca y su porte masculino- ¿Qué va a suceder ahora? - Shh- dijo, con su dedo en sus labios- los ahoras, mañanas y tardes, poco importan... - Profesor... yo... - Severus- le dijo él- ya que me he tomado la libertad, de hacerte mía. - Debo irme- le dijo ella y aquellas palabras, le desconcentraron. Asintió y la miró. Sólo podía ver su torso, pero no necesitaba nada más. Sus largos cabellos, que caían débilmente sobre el mismo. Uno que otro, tocaba sus sonrojados pezones. - Sí, antes de que te descubran en una curiosa actitud con tu profesor de pociones- le dijo, con una sonrisa. Ella asintió y se apartó del hombre. Con mucho cuidado, recogió su ropa y en el espejo del almacén de pociones; miró la cruz de oro. - ¿Me protegerán de...? - De mí. De cualquier vampiro que sepa, que ahora eres mía y quiera arrebatarte de mis manos. Severus sólo tenía puestos sus pantalones, cuando ella emergía de la enfermería. Aquel hombre alado, contemplaba la sangre en la cama. la acariciaba con sus manos. Era suya, era de su diosa plateada. Mientras recogía su ropa restante, una sombra se detenía tras él. Una larga mano, con largas uñas, se posaba en su hombro. Él no reaccionaba. Ya sabía quién era. - Lucius... - Compañero de sangre...- dijo, con una sonrisa- Parece, que has tenido una pésima noche. ¡No, un momento! ¡Estás enamorado! - ¿De qué hablas? - Mírate. no has comido en días. Se te nota en la piel, en tus movimientos. ¿A quién juraste proteger, por encima de todas las cosas? - Eso no te incumbe. Y no, no estoy enamorado. - Créeme, mi instinto no me falla. ¿Es tan hermosa, como parece? No necesitaba responder a semejante cosa. Hermione era muy hermosa, su deseo más profundo. Recordaba sus delicado cuerpo y el dulce sabor de su piel. - ¡Ah, sangre en las sábanas! ¿De quién te has alimentado? - Mi parte humana, encontró, que tiene un lado vampiro.