Diario de un vampiro — capítulo 21
Sangre
Día 21: Sangre
Soy Alexander, el siguiente al trono de rey de los vampiros. Pero, realmente mi nombre no importa. Solía ser Severus Snape, pero ahora, me desconosco. Lucius Malfoy pasaría a ser mi mano derecha. Él, sería Raphael, el vampiro de sangre pura. Kariel el vampiro más viejo, ¿Quién lo diría, que tengo un hermano? Pero no lo conosco y temo, que quiera presentarse ante mí. Pero ella, ella solo será mía. Mi amada diosa, solo puede tener un santuario edificado y ese, será con mi sangre.
Snape no podía pensar. Bien, el rey del clan vampírico quería convertirlo. Era poco lo que recordaba, mientras estaba en su cama. Hermione Granger, estaba allí, ayudándole con sus heridas. Ladeó la cabeza y la miró. Ella era tan diligente y aún así, no le tenía temor absoluto. Intentaba cuidar de su cuerpo y al moverse, podía mirar su cruz de oro.
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¿Aún la traes puesta?
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Dijiste, que me protegería.
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Sí, lo sé. Siendo de oro, podrías matar a cualquier vampiro con ella. Y me incluyo.
Hermione apartó el cuenco que tenía en sus manos, con vendajes llenos de sangre y miró al hombre, seriamente. Tenía que estar mintiendo, si pensaba que ella lo mataría. Hermione sonrió y miró a su alrededor, en busca de un poco de pomada. Severus, volvió a sus asuntos. A sus debates mentales.
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¿Y por qué un licántropo, querría atacarte?
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Por que huelo a sangre. Somos enemigos acérrimos.
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Cierto.
Ella, detuvo sus curaciones, cuando estuvo satisfecha. Snape, la miró con una sonrisa y acarició su rostro. Hermione no dijo nada ni reaccionó ante su toque. Severus meditó una vez más. ¿Por qué Hermione, era tan importante? Por que... ¿Hablaba de Hermione, cierto? Bueno, no podía precisarlo en lo más mínimo.
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¿Estás seguro, de que no has peleado con nadie?
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¿Pelear? ¿En estas condiciones?- sonrió y sus colmillos brillaron débilmente- Me derrotarían, seguramente.
Hermione asintió en silencio y Severus, se sentó en la cama con mucha dificultad. Ella sabía lo que seguía, pero no estaba segura de sí debía preguntárselo, o esperar a que él lo pidiera. De todas formas, él ya lo sabía y se lo esperaba. La miró por un corto segundo, antes de despegar los labios para hablarle.
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Hermione, ¿Estás pensando, en alimentarme?
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¿Eso quisieras?
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Normalmente, no le pregunto a mis vícitimas ese tipo de cosas. Así que, no sé si debería preguntarle a un ser humano, si quiere alimentarme.
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No tengo ningún inconveniente en- dijo, mirando un frasco de pomada vacío. Lo golpeó delicadamente contra la mesa y lo sostuvo en su mano- hacer esto...
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Si eso es lo que deseas.
La joven, deslizó el frío vidrio por su palma y abrió una herida lo suficientemente profunda, para que un poco de sangre pudiera salir de ella. Le miró, con un gesto de dolor y la alzó lentamente. Algunas gotas de sangre intermitentes, llegaron hasta sus labios. Por largo rato, lamió su palma, hasta que estuvo seguro, de que nada más saldría de ella.
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Bien, creo que eso debería bastar- le dijo y Snape, asintió lacónicamente. Necesitaba más que eso, pero no lastimaría a nadie para obtenerla. Le cubrió la mano con vendaje y alzó la vista para contemplarle.
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Estoy seguro, de que acá hay una criatura- mencionó Lupin, hacia Dumbledore- puedo oler una sangre diferente.
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¿Crees que...?
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¿Los alumnos estén en peligro? No lo sé. Pero presiento, que alguien esconde su verdadero yo.
Severus y Lucius se vieron por segunda vez. Snape, quería dilucidar, quién era su hermano. Con una sonrisa a medias, Lucius estaba sentado en su silla, con los pies sobre su escritorio. Snape meditaba.
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Sí, quieres encontrarlo, pero ni siquiera te alimentas. Morirás en cuanto aparezca.
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Presiento, que desea algo. Algo que le obligó a morderme...
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Kariel le pidió que te mordiera. A mí, no sé quién me mordió. Snape meditaba, cuando Lucius desapareció, antes de que Dumbledore entrara. Con una sonrisa a medias, el anciano le miró y Snape no dijo nada.
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Severus, Lupin dice que algo raro ocurre en Hogwarts. Percibe sangres que son muy diferentes de las que suele olfatear. Sangres secas, diferentes de las de un humano.
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Lupin está loco...
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No, dice que podría olerse como un vampiro...
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Entiendo. Verificaré.
Severus salió del despacho y caminó, hasta perderse tras unas columnas. Seguramente, el imbécil de Lupin, por su caracterísitica de licántropo le había olfateado la sangre de su camisa. Tenía que encontrar una forma de distraerlo. Con un suspiro, miró a su alrededor y recordó el asunto de su hermano. Quizá si se desaparecía para investigar, las sospechas acabarían. Como una ola de negrura, desapareció. Debía, encontrar a ese dichoso hermano que le había mordido.
Otro vampiro estaba bajo sus garras. Cualquier imbécil súbdito le servía de puente para la información. Pero estaba seguro, de que cada uno tenía información. Lo presentía aunque, no estaba del todo claro. El olor a sangre putrefacta, lo asqueaba. Vivían entre mortales y aprovechaban para moderlas y asesinarlas. Seguramente, ese era su forma de diversión. La diversión del vampiro más viejo de la humanidad. Como todos eran sus hijos.
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¡Yo no sé nada! ¡Yo no sé nada!
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¿Ah sí? ¡Estás seguro entonces!- dijo, golpeándole contra la pared. El vampiro menor chilló y Snape, clavó sus colmillos sobre su cuello. Sus blancuzcos ojos, brillaron junto a los de aquél súbdito.
Su mente tenía recuerdos diferentes, que viajaba como mareantes luces de colores. Alguien estaba parado tras él y le miraba con una sonrisa maligna. Sus pasos podía sentirlos, como un hálito frío sobre su nuca. Sus dientes se abrían sobre su piel desnuda, que había estado lamiendo con mucha delicadeza. Le gustaba, ese especímen le gustaba.
Severus despertó luego de un rato y aquel demonio menor, cayó al suelo. Eso no podía ser cierto. Aquel hombre misterioso, del cuál no logró ver nada, le había violado... ¿O sus ojos le engañaban? Miró al vampiro que estaba en el suelo y le escupió, antes de que sus alas se abrieran ante la fría brisa.