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Historia 38379 — capítulo 2

Maldita sea, ella solo quería pasar un verano tranquilo; ella solo esperaba que su madre se comprometiera con un hombre normal, pero esta vez volvía a fallarle.

Su madre se acercó a aquel hombre y besó su mejilla ayudandole con sus maletas. Granger estaba totalmente fantasmagórica, seguramente ahora estaba blanca y de buena gana se pondría una sabana blanca en la cabeza para salir volando de allí.

Era el hombre que ella jamás podría haber imaginado, era aquel hombre que siempre que podía la insultaba dejándola en ridículo delante de todo el mundo, era el hombre más sieso que había podido pasar por su pequeña cabeza de melena rizada, era el hombre que no tendría un hijo jamás, algo fallaba.

Acababa de patinarle la única neurona que debía de quedarle a su madre, ¿Realmente se había enamorada y pretendía vivir con Severus Snape?

-El es Severus Snape- su madre dio una palmada delante de su hija- Ella es mi hija Severus, ya la conocerás.

Aquel hombre de carácter frió se limitó a mostrar una sonrisa falsa a un lado de la cara.

-¿Y tu hijo?- preguntó Jennifer muy contenta- Dime, ¿se parece mucho a ti?.

Verdaderamente Hermione tenía ganas de saber de quien se trataba, no sabía quien podía ser el hijo de Severus, era la mayor incógnita.

-Ya te dije que no es hijo mio- aclaró su profesor de pociones sin quitarle la mirada- está quejándose allí fuera, cuando se calme pasará.

Golpes se oían fuera de la casa, arrastraban maletas, pegaban patadas y gruñían como verdaderos ogros; sorprendente que eso lo hiciera una sola persona.

-Mama...- susurro agarrando fuerte la muñeca de su madre- ¿Que has hecho?- dijo entre dientes disimulando una sonrisa.

-Dale una oportunidad por favor- le rogó.

!Esta bien¡ Lo peor ya estaba asumido, tendría que convivir con Snape, solo era eso, poco a poco se pasaría, además no era ella la que tenía que dormir con él; ya podrían pasar cosas que nada sería peor que aquello.

-Vaya bodrio de casa Severus- pasó un muchacho arrasando con todo a su paso.

Soltó sus maletas y miró con una mezcla de asco y odio; Granger pensaba que ese tipo se caería para atrás pero cuando eso ocurriera ella ya se habría adelantado.

¿Acababa de decir que nada peor podía pasar? !Pues bien¡ Ahora había llegado lo peor, no tendría que dormir con Severus pero si con su hijastro.

!Vamos ni siquiera era suyo¡ ¿Por que lo había llevado allí? ¿Donde estaba la broma?

Aquel chico pálido de cabellera rubia algo más alto que ella estaba allí plantado sin creerlo tampoco.

-¿Que significa esto Severus?- dijo enfadado.

-Comportate Draco- miró Snape a Hermione- saluda a Jennifer y su hija.

-Señora- sonrió falsamente y a Granger se limitó a observarla con recelo; un codazo de Severus lo hizo reaccionar- Hola.

La castaña no contestaba y aquello molestó a Draco Malfoy, a él nadie lo humillaba, le había saludado ¿ella le negaba el saludo? ¿Una asquerosa sangre sucia?. Un empujón de Jennifer mandó a la joven.

-Hola- dijo tan flojo como pudo.

-¿Perdona?- empezó Draco la bola- No te he ido ¿decías algo?.

-!Que hola¡- gritó ella con el ceño fruncido.

Severus cogió el brazo de la madre de Granger y la desplazó dejando a los dos jóvenes allí uno enfrente de otro perdonándose la vida con la mirada.

-Creo que no a sido una buena idea- rectificó Snape- tal vez deba llevar a Draco a el colegio de nuevo.

-Dales una oportunidad cariño- acarició aquella cara pálida y seria- aprenderán a llevarse bien.

Cuando giraron la vista pudieron ver a Draco Malfoy sacando su varita dispuesto a atacar a la castaña.

-Draco- le gruño su padrastro- entra tus cosas a tu cuarto, recto a la derecha.

El joven Malfoy cogió su maleta y continuó por aquel camino, pero no sin antes golpear en la rodilla de Granger con sus cosas.

Esta se quejó pero no puedo decir nada, se sentó en una silla de el comedor y llevó sus manos a la cabeza.

-Uno... dos... tres- susurraba la joven mirando el tablero de la mesa mientras los adultos la miraban extrañada.

-¿!Que demonios significa esto¡?- se oyó un grito en toda la casa.

-Bingo- se felicitó la castaña- ya lo a visto- sonrió a Severus.

-Ni un comentario Granger- la señaló su profesor con el dedo caminando a el cuarto.

Hermione se levantó de la mesa dando un golpe en ella con la palma de su mano; tuvo tiempo de mirar odiosamente a su madre. Abrió la puerta con todo su genio y pegó un portazo; pudo ver la ventana que estaba en su habitación, las cortinas dejaban lugar a la sombra de aquellos dos odiosos hombres, se alejó como pudo hacia abajo para no escuchar nada.

Se acomodó a la sombra de un pequeño arbusto y maldijo mil veces aquella situación ¿Porque se negó a ir a la Madriguera?; se pegó allí tirada horas arrancando hierbajos y mirando un lago cercano a su nueva morada.

-Pequeña- se sentó una mujer a su lado; era su madre- ¿Estas bien?- acarició su rodilla.

-Lo odio mama- le hizo saber sin mas preámbulos- odio a Draco Malfoy, ¿tienes idea de cuantas veces me a humillado?

-Dale una oportunidad- sonrió a su hija para que se calmara- tenéis que aceptaros, y quizás tu seas menos cabezota para dar tu brazo a torcer- sintió lastima por su madre y prometió intentarlo- Vamos a cenar.

Cogió la mano de su hija y se acompañaron hacia la casa.

Todos ayudaron a poner la mesa; Hermione cogía camino distinto a el de Draco para poner las cosas en la mesa.

Se sentaron Severus junto a Draco y enfrente las dos chicas; todo iba bien en la cena.

-¿Puedes pasarme la sal?- preguntó Hermione tranquila observando el bote al lado de Draco.

-Cógelo- la miró y ella frunció el ceño- esta entre tú y yo.

Severus Snape gruñó y le acercó el bote a la castaña; esta lo agradeció pero le dio el ultimo bocado a su plato y de disculpó de camino a su cuarto.

No pasaron ni tan solo dos minutos cuando la puerta de aquella habitación se abrió para dar paso a Draco Malfoy; la miraba como si fuera superior por encima de él hombro, llegaba la hora de dormir y no habían dos habitaciones diferentes, ahora venía lo más difícil. Ponerse de acuerdo.