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Historia 38379 — capítulo 20
¡Hola de nuevo! Aquí traigo el capítulo 20. Espero que lo disfruten. Como bien indica el título ahora es demasiado tarde, ahora empiezan más problemas. Espero que no me odien por muy gratis que sea.
Contesto todos los Reviews, perdonarme si me quedó alguno sin contestar en el capítulo 19. Ahora me pondré a ello puesto que intentaré actualizar ''El Guardaespaldas''.
Besos & Saludos.
-Septiembre-
Hermione caminaba a lo largo del pasillo esperando no toparse más con su hermanastro hasta llegar a casa. Cosa inevitable porque debían compartir vehículo, pero con la presencia de Severus todo estaba bien.
Se acercaba la hora cuando ella ya se había despedido de Ginny y esperaba con Draco en la puerta de Hogwarts sentados en las escaleras.
-Hola Hermione- dijo un chico amablemente que pasaba por allí. Draco levantó su vista y observó que era Cormac McLaggen.
-Buenos días Comarc- dijo ella sonriente.
-Una pregunta- el Gryffindor volvió dando pasos atrás- ¿Tienes algo que hacer hoy? Me gustaría invitarte a dar un paseo, si no es molestia.
-Lo siento mucho Cormac- se levantó de las escaleras y se lamentó verdaderamente- hoy debo ir a casa.
-No importa. El lunes, tal vez, ¿Podrías?.
-Si- titubeó un poco. No estaba muy convencida de ese chico- te veo en el desayuno.
-Yo siempre te veo- dijo el sonriendo y dándole un beso en la mejilla- Hasta el lunes Hermione.
-Eso, largate- Draco se había levantado y caminaba violento hacia él- Observador.
-¿Que mosca te a picado Malfoy?- preguntó el castaño con incredulidad.
-No importa Cormac- Hermione le puso la mano en el pecho a Draco y le sonrió a su compañero de casa- Nos vemos el lunes.
Cormac afirmó y se marchó con una sonrisa. Hermione no dudó en discutirle a su hermanastro sobre sus malas reacciones con la gente que se le acercaba.
-Según la forma en que se te acerquen- le regruñó él- ¿Te parece bonito? ¡Estaba aquí delante!.
-Es cierto- frunció su ceño- tal vez debí enrollarme con él ¿Es así como se hace?.
Agarró su bolsa y se situó unos metros más adelante de él. Cuando Draco iba a discutir Severus apareció para recogerles. La discusión se dio finalizada hasta llegar a casa.
El viaje fue demasiado tranquilo para Severus que no dejaba de observar a los adolescentes. Parecía haber pasado un huracán entre ellos. Mucho peor que cuando se encontraron por primera vez.
Llegaron a casa y Jennifer sonreía besando la mejilla de su hija.
-Mi niña- le abrazaba. Eran uña y carne- ¿Y esa carita? ¿A que viene?.
-No me agobies mama- Jennifer se quedó petrificada.
-¡Hay sí Jennifer! Que viene super estresada- Draco imitaba la voz de Hermione y para la sorpresa de Jennifer besaba su mejilla cosa que le alegro hasta el punto de darle un abrazo.
Hermione le miró ceñuda y se dirigió a el cuarto. Sin pensarlo dos veces se dedicó a hacer la tarea para evadirse de las situaciones.
Draco entró y la miraba junto a el lado, ella lo miraba de reojo y resoplaba. ¡Que insoportable!.
-Por cierto, me voy a copiar tus tareas ¿Vale?- decía cogiendo su cuadernos de Transformaciones.
Ella no le dijo nada, le dejó que se marchara con sus apuntes a el salón. En tal de tenerle lejos.
La hora de la comida llegó pronto y Hermione se dedicaba a poner la mesa sin dirigirle la palabra a nadie, se sentía vacía y angustiada. No quería seguir allí con los ataques de Draco Malfoy.
-¿Donde está Draco?- preguntó Severus al ver que el joven no salía a comer.
-En el cuarto- afirmó Hermione sentándose en la mesa.
-¡Draco!- gritaba otra vez Severus.
-¿Quieres dejarlo? Estará estudiando- le defendió Jennifer.
-Hermione está pasando lo mismo y bien que se examina, aprueba, estudia y come con su familia- Hermione resoplaba por ser el ejemplo de todo el mundo- ¡Draco!.
-¿¡Que!?- gritó el rubio desde el cuarto.
-¿Como que qué?- preguntó- Pedazo de merluzo que estamos comiendo.
Draco se decidió a salir y sentarse en la mesa. Comía mirando a su hermanastra que comía a la mayor velocidad que podía, terminó la primera y se levantó de la mesa sin pedir permiso y sin ningún respeto.
-¿Ya has terminado hija?- preguntó Jennifer sin alterarse por la actitud de mal criada que había cogido Hermione.
-Sí mama- dijo con malas formas- y dejame en paz.
-Ya está bien- su madre se levantó de la mesa- Me vas a explicar que te está pasando a ti con Draco y a Draco contigo. ¡Por Dios hijos, con lo bien que os marchasteis!.
-Eso a ti no te importa- Hermione dejó su plato con brusquedad encima de la encimera. Draco se miraba con Severus ante la primera discusión de las mujeres.- Y no te estreses que te sube la tensión.
-No me hinches las narices Hermione- le agarró de la muñeca- Explicame que pasa.
-Es una cosa entre Draco y yo, no te metas.
Hermione salió de la cocina y Draco la siguió.
-¡Para!- le ordenó. Severus y Jennifer se miraban sin saber que podía suceder entre los adolescentes.- Dile a Granger que pare- le rogó a Jennifer.
-Que pares hija.
-Dile al hurón que aprenda a caminar más rápido.
-Están insoportables, no se hablan, no me hacen caso, vamos a tener que hacer algo con ellos Severus- dijo Jennifer al quedarse solos.
Hermione entró a su cuarto y se tiró a la cama. Estrujaba su almohada con furia ¡Deseaba llorar, pero no podía hacerlo!. La puerta se abrió y miró hacia aquella dirección. Era Draco Malfoy de nuevo dispuesto a hablar con ella.
-Vas a escucharme- aseguró- No puedes tratar a tu madre así, ella no tiene la culpa de nada. La culpa es yo, Granger.
-Draco, no me encuentro bien. No se ni lo que quiero hacer ahora mismo, te aconsejo que lo dejes.
-¡No!- le agarró por las muñecas- no lo dejo por que te quiero. Sí, me equivoqué, me merecí lo que me hiciste delante de todos. Hize todo por miedo a que pensaran mal de mí. Pero me dí cuenta de que eso no me importá si la que piensa bien eres tú. Me dejé llevar por el miedo de que Severus pudiera enterarse y nos separará para siempre, si pudiera cambiarlo todo, se lo gritaría a el mundo. ¿Es eso lo que quieres? ¡Por que puedo hacerlo ahora mismo!.
-Draco- dijo ella envuelta en lágrimas por todo lo escuchado- Ahora mismo tengo que hacer un gran esfuerzo para contenerme, porque te daría de ostias...
-Pues dame- le soltó y le puso la cara para que empezara. Lo aguantaría, solo quería recuperarla a aquellas alturas.
-Es que si empiezo no paro- le aseguró cuando sus lágrimas ya habían salido resbalándose por sus mejillas.- ¡No tienes ni puta idea de el daño que me has hecho! ¡Te odio!- le gritó mirándole a los ojos- y aunque tenga ganas de pegarte, también tengo ganas de...-
-De matarme- le cortó él.
-¡No!- gritó. Sin saber por qué cogió el cuello de su camisa y hundió sus labios en los de él.
Draco recapacitó rápidamente cogiendo su rostro y besándolo con fuerza. Notaba las lágrimas saladas de su hermanastra resbalarse e incluso en algún momento el beso tenía ese toque de sal.
Cuando se separaron pasaron más de un minuto mirándose sin decir nada. Hermione salió de el cuarto y se hundió en el sofá del salón para el resto de el día.
Draco no tubo momento para charlar con ella, pero lucía más alegre. No sabía si aquello había arreglado todo pero mantenía la fe.
El lunes llegó para ambos volviendo a las clases. Hermione esquivó a su hermanastro todo lo posible, lo tenía fácil por el cambio de casa a Hogwarts y que ella era un Gryffindor.
En el desayuno Cormac invitó a la castaña a tomarlo con él cosa que aceptó gustosa. Charlaban, reían y jugaban con las tostadas delante de los ojos grises de Draco Malfoy.
A la tarde pasearon por los jardines como ella le había prometido al Gryffindor.
-Nunca creía que caminarías conmigo- decía el muchacho mirándole de reojo.
-No veo inconveniente. Eres muy agradable, un Gryffindor y bastante gracioso- reía la castaña cesando sus carcajadas cuando observó a su hermanastro cerca de allí con sus amigos. Preparada para otro ataque de celos.
-Yo te veo con muchas más cualidades, eres perfecta, buena estudiante y preciosa- Cormac frenó y se quedó mirándole. Ella se mantenía asustada.
-Se está haciendo un poco tarde. Creo que volveré Ginny debe estar desesperada por contarme algo- mintió.
-En ese caso, no te entretengo más por hoy. ¿Querrás venir a el partido de el jueves conmigo? Jugamos contra Slytherin- ¡Genial! Pensó la castaña, pero afirmó. Siempre iba, aunque fuera a ver a Ginny.- Cuidate mucho.
Ella sonrió y pasó lo impensable cuando quiso darse cuenta tenía a Cormac pegada a sus labios por unos instantes. Miró radicalmente a Draco Malfoy pero este ya caminaba velozmente hacia el castillo.
El Gryffindor la dejó allí antes de que pudiera discutirle. Hermione sin pensar en nada caminó hacia donde sabía que estaría Ginny. Se encontraba con Luna Lovegood en uno de los bancos.
-¿Que tal tu cita de paseo romántico?- preguntaba Ginny graciosamente.
-Me ha besado- decía con el gesto arrugado- ¿Por que me besa? Lo peor es que Draco estaba delante.
-¡Genial!- se alegró Ginny- en ese caso volverá a demostrar unos celos de caballo.
-¡No quiero más celos Ginny! Solo quiero que entienda que solo quiero que me quiera y sea lo suficiente sincero para confesarlo.
Dejó a su amiga allí abandonada con la boca entre abierta. Hermione se encontraba fatal por todo lo sucedido y lo notaban todos sus cercanos.
La semana pasaba rápida y sin encuentros pronunciados con Draco, los típicos vistazos en clase.
Era Jueves y Hermione se encontraba en la biblioteca. Cuando escribía creyendo que nada podía empeorar Draco Malfoy se sentó en su mesa.
-¿Podemos hablar?- le preguntó- Sí, sobre Cormac.
-No quiero hablar de él- se negó levantándose y llevando los libros a una estantería.
-¿Irás con él al partido esta tarde?- le preguntó sin subir el tono. Ella afirmó sin mirarle- informarme después de el resultado. No iré, tengo el examen con Minerva.
-¿Enserio?- preguntó preocupada- ¿Necesitas alguna ayuda?.
-No, estoy bien. Solamente eso, disfruta de el partido.
De nuevo la dejaba con el alma a los pies ¿Donde estaban los gritos, negaciones, empujones e insultos para que rotundamente no fuera a ese partido? Otra vez sus lágrimas se resbalaban entre tanto libro. Su habanna de la soledad, a la que tanto había dejado olvidada por un amor que no tenía sentido, su biblioteca.
La tarde llegó y todos se preparaban para el partido, ella caminaba por un pasillo cualquiera antes de encontrarse con el Gryffindor cuando antes de cruzar una esquina escuchó una voz familiar. Era Draco Malfoy ¿Iría a mentir de nuevo? ¡Seguro!.
-No tengo ganas Crabbe, aunque Minerva me pueda cambiar el examen para después no iré- hablaban de el partido.
-No es cuestión de ganas, es cuestión de honor. Ese Cormac quiere quitarte a tu chica.- Crabbe insistía en que Draco fuera a montar una típica escena.
-¡Dejale ya Crabbe! Hermione ni si quiera quiere hablar conmigo por que soy un imbécil, ese tipo de cosas solo lo hacen los imbéciles.
-¿Desde cuando la llamas Hermione?- se extrañó su amigo.
-Desde que le dije en la boda de nuestros padres que la quería. Sí, Crabbe y lo sigo haciendo, no iré a ese partido por que confío en que ella hará lo que de verdad quiere hacer.
-¿Estabas saliendo con Granger? ¿De enamorado?- preguntó Crabbe sorprendido por aquellas palabras. No había nadie, no tenia que disimular nada.
-Sí Crabbe y me arrepiento de que por mi culpa no siga ocurriendo. Ahora puedes ir a comunicarlo, yo me voy, tengo un examen.
Oyó los pasos de su hermanastro alejarse y ella se giró para volver por donde había venido antes de toparse con su amigo. Pronto estaba con el Gryffindor en el campo esperando a que empezara el partido.
-Cuando acabe baja, vamos a celebrarlo- decía Cormac con Ginny que afirmaba.
-Está bien- afirmó sonriente- mucha suerte a los dos.
Subió con Luna a un parco no muy alto para bajar después. Hermione no dejaba de mirar la entrada de el campo. No le dirigía la mirada a Cormac en ningún momento. Aquellas palabras de la boca de su hermanastro le concomían por dentro.
Gryffindor ganaba nuevamente con 60 puntos más y Harry había atrapado la Snicht. Hermione cogida de la mano de Luna bajó a toda prisa.
Abrazaban a Harry por su buen juego. Hermione miró de nuevo a la puerta y allí apoyado se encontraba Draco Malfoy, había acabado el examen.
Ella sin saber el por qué le sonreía radiante a lo que él se sorprendió y le sonrió también esperando que fuera con él.
Unas manos agarraban su cintura y en menos de dos segundos los labios de Cormac estaban en los de Hermione otra vez, esta vez con todo el campo celebrándolo.
Cuando logró separarse y miró hacia la puerta no había nadie. Draco se había marchado.
Al parecer lo que quedaba de Jueves y el Viernes entero Draco Malfoy era el que la evitaba a ella. Lo buscaba y no encontraba ni rastro de su hermanastro.
De nuevo volvían a casa con Severus.
Durante la cena de el viernes no dejaba de mirarle. Ni una palabra, ni un gesto, nada salía de el rubio y aquello le dolía a la castaña.
-Hija, come algo más- insistía Jennifer.
-No tengo estómago- se disculpó- Draco, ¿puedes pasarme el agua?.
Draco la agarró y estiró su mano para que la alcanzara. Aprovechando esto ella rozó todos sus dedos y lo miró preocupada.
El rubio volvió a su plato haciendo caso omiso. Hermione por su parte se levantó de la mesa y se salió a el jardín.
No dejaba de darle patadas disimuladamente a el árbol principal.
Notó una presencia tras ella y se giró bruscamente. Draco Malfoy se encontraba allí.
-Draco- sonrió.
-Me alegro mucho de que tengas algo con Cormac, ¿Es oficial?-preguntó simpático- Él se lo contó a todo el mundo en el campo. Supo hacer lo que yo no.
Ella arrugó el ceño y dándole un pequeño empujón se metió hacia la casa. Caminaba hacia el cuarto con aires furioso y Draco la seguía.
-Ya me extrañaba a mí- afirmó Severus mirándoles de reojo.
-Están fatal- decía Jennifer preocupada al verlos entrar con un portazo- Iré a llevarle los libros a Hermione y calmar el ambiente.
Hermione empezaba a quitar las sábanas de su cama. Por primera vez, dormiría muchas horas.
-¿Te molesta que te haga un comentario?- preguntó el rubio.
-¿Te molesta que esté con Cormac?- mintió. Ella no estaba con ese tipo ni mucho menos- Siempre resaltandote a ti. ¿No puedo ser feliz sin ti?.
-¿Sabes lo que pasa?- le gruñó él agarrándole del antebrazo- ¿Sabes por que estás así? ¡Por que cada vez que besas a Cormac estás pensando en mí!.
Ella lo miró y en tan solo un segundo él andaba besandole. Lo que más le dolía era que tenía razón, rodeó su cuello con los brazos y lo besó como si no hubiera mañana. La arrastró hasta la pared más cercana y continuó con su beso hasta un extraño golpe en el suelo.
Ambos miraron exaltados. Jennifer estaba mirándolos petrificada y los libros de su hija esparcidos por el suelo.