← Historia 38516 · de
Historia 38516 — capítulo 23
Cuando consiguió al fin salir del letargo impuesto a la fuerza por el veneno se encontró en el pero lugar que podía esperar y en la pero situación posible.
Todo seguía tan inmensamente negro como siempre en aquella maldita mazmorra que no había pretendido visitar otra vez en toda su eterna vida si es que no lo mataban por el camino, sin embargo ahí estaba tirado en un duro suelo que ni siquiera podía ver en un lugar donde todo sentido era inútil, ya fueses ángel o demonio o de cualquier raza aquel lugar te aria desesperar hasta rozar la locura, no veis y no oías ningún sonido ni si quiera los que tu mismo produjeses y solo podías deducir la forma de la estancia si la tanteabas con las manos cosa que si hacías provocaría enormes quemaduras en estas provocadas por un acido untado en las paredes, el aire estaba cargado y era casi imposiblemente de respirar.
Y para empeorar su situación podía sentir claramente el lacerante dolor en su hombro herido el cual aun sangraba pues podía sentir la cálida sangre correr hacía abajo sobre su piel además le habían atado las manos a la espalda de forma que sus brazo quedasen retorcidos para que cualquier intento de liberarlos diese como resultado dislocarse los hombros, también le había atado la piernas con un método similar impidiendo así que pudiese levantarse y por su puesto como método final de precaución habían grabado su garganta un símbolo que le impidiera usar conjuros aunque de todas formas no habría podido hacerlos su hermano se había asegurado de que recibiese la dosis adecuada de veneno para mantenerlo bajo control durante por los menos dos semanas.
Pero no era precisamente su difícil situación lo que le preocupaba sino el hecho de que su hermano, el tirano que mantenía sometido sheanar y la sombra el enemigo natural de la luz de sheanar, estuviese en esos momentos con Elis y Lein.
Eso si no se había deshecho también de el, pero no de ser así lo tendría de compañero de celda, el sabía bien que si la baza de la seducción no funcionaba para conquistar a Elis los utilizaría a ellos, amenazándola con darles muerte o algo mucho peor para mantenerla a su lado y bajo su control.
- Maldito bastardo- mascullo en voz alta a pesar de saber que no oiría nada salir de sus labios, si se atrevía a tocarla el mismo lo aria pedazos, ese maldito, que de seguro había usado alguno de sus trucos para confundir los sentidos mágicos de Elis y así hacerla creer que era el heredero pero lo peor no era el saber que ella estaba completamente expuesta a la maquiavélica mente de su hermano, lo peor era lo que había visto en los ojos de este y también lo que había oído cuando el la había nombrado.
Su hermano la quería de verdad, no solo la deseaba por su poder o su belleza, la quería sentía una irresistible atracción por ella y no le importaría nada con tal de tenerla con el, así era el amor de ciertos demonios, de aquellos que como su hermano ostentaban los máximos poderes, no solo quedaba unido a ella eternamente por ese insano amor que le profesaba sino que además le daría si esta era o no correspondido, si era necesario el la obligaría, le aria daño y solo pensar en eso hacía que la sangre le hirviese de una forma que nunca lo había hecho.
Si la tocaba…si le hacía daño le perseguiría hasta el mismísimo fin del universos para hacérselo pagar, lo sometería a le peor de la muertes, ¡y vaya que si lo aria! Aunque tardara toda su vida y su muerte lo aria por que Elis era solo suya, suya y de nadie mas y no permitiría que nadie la tocase nunca.
Y era suya por que la amaba y se lo diría, se lo diría todas las veces que hiciese falta y más.
Cuando saliera de allí la conquistaría y después… después acabarían con su hermano y los ancianos, encontrarían a ese escurridizo heredero y una vez hecho se la llevaría lejos y volvería a permitir que nada ni nadie la dañase, vivirían sus vidas eternas juntos se juro a si mismo.
- Por mi vida- juro a pesar de no oírse a si mismo.