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Memorias de Idhún IV HEREDEROS — capítulo 14

Gracias por los comentarios, aunque no han sido demasiados en estos últimos, así que espero que en este dejéis más, de verdad, esto se va poniendo mejor, jeje, xao.

Capítulo XIV Plan de confianza

  La lluvia seguía cayendo sobre la ciudad, y las gotas de agua golpeaban estrepitosamente sobre los cristales del coche.

  Christian conducía por las solitarias y oscuras calles de aquel día, pues ya oscurecía. Padre e hija estaban en silencio, pues Eva no quería hablar, y Christian no era demasiado bueno entablando conversaciones.

  Llegaron a su casa tras unos minutos, y entraron con lentitud en la casa. Christian dejó que su hija pasara primero y él cerró la puerta. Casi al instante aparecieron los demás habitantes, Victoria a la cabeza, y corrió hacia Eva, abrazándola con fuerza.

  Eva apenas se inmutó, y no correspondió al abrazo, cosa que todos se esperaban.

  -Lo siento, hija- se disculpó la mujer- sé que no debí darte aquella bofetada, pero no sé qué me pasó...

  -Te saqué de tus casillas- dijo Eva, con sencillez. Victoria no sabía qué decir.

  -Lo siento...

  -No te preocupes- le pidió Eva, con su voz impasible, separándose de su madre, sin darle más importancia al asunto- supongo que debo callarme lo que pienso.

  -No es eso Eva, es que...

  Pero no le dio tiempo a seguir hablando, porque Eva subió corriendo las escaleras para, finalmente, encerrarse en su habitación.

  Erik se quedó callado durante unos segundos, pero finalmente corrió en dirección al cuarto de su hermana, siendo seguido por Nanim.

  -No te preocupes- le pidió Christian- no está molesta contigo.

  Jack le miró, algo preocupado.

  -¿Aún no te perdona?- le preguntó, y Christian negó con la cabeza.

  -Creo que ya no me odia- le explicó- así que algo ha mejorado..., pero sigue demasiado resentida como para perdonarme y ganarme su confianza.

  Los cuatro se quedaron en silencio, y Christian decidió hacer algo que había pensado hacía días.

  -Victoria, Jack- les llamó, y los aludidos le miraron- debo hablar con vosotros. Quiero hacer algo, pero necesito vuestro consentimiento.

  Ambos asintieron, y los cuatro se marcharon al salón para hablar con más tranquilidad.

  Eva escuchó los golpes apresurados a su puerta, y esperó sentada en la cama pacientemente a que su hermano y Nanim entraran en el cuarto, cerrando la puerta y sentándose a su lado, mirándola fijamente.

  -¿Estás bien?- le preguntó el rubio, y Eva asintió.

  -Tampoco dolió tanto...

  -No me refería a eso- le dijo Erik, aunque Eva eso ya lo sabía.

  La chica suspiró.

  -Por lo menos le he dicho un par de cosas a la cara- le contó, y los dos la miraron, serios.

  -Eva- la llamó Nanim- debes aprender a perdonar..., es tu padre.

  -No empieces con eso, por favor- le pidió, cerrando los ojos con la cabeza hacia el techo.

  -Tiene razón Nanim, Eva.

  -¿Desde cuando estáis conpinchados contra mí?- les preguntó, de forma acusadora- no empecéis con eso otra vez...

  -Es la verdad- le contradijo Erik, algo molesto- no puedes pasarte la vida cabreada con él..., sabes que le importas, lo sabes, y no me digas que no..., además, te quiere mucho, a su manera, y tú a él..., no veo donde está el problema.

  -El problema está en que no quiero volver a encariñarme con alguien que no sé cuando le volveré a ver ni sé si va a estar cuatro años desaparecido- les espetó, empezando a molestarse, sin querer abrir los ojos, pues sabía que en ellos estaría reflejadas dos dagas de puro hielo.

  -Eva, por favor, escucha...- le pidió Erik.

  -¡No!- se negó ella en rotundo, abriendo los ojos y mirándoles a ambos de una manerda fulminante. Erik sintió como aquella esencia que tanto odiaba se hacía más presente que nunca. Miró a los ojos a su hermana, y sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, haciéndole estremecerse, y se tensó.

  Eva se percató de eso, y miró a Nanim, que estaba algo asustada, por lo que dejó de mirarles, y clavó su mirada en la pared, intentando tranquilizarse.

  -Lo siento, pero no puedo hacerlo.

  -Eva, escúchame- le pidió Nanim, colocándose en frente de ella, y haciendo uso de todo su valor para encarar sus ojos, que ya se habían tranquilizado un poco. La semiceleste cogió aire y lo expulsó con lentitud- sé que has sufrido mucho, y de que tu corazón está todavía dolido- Eva intentó evitar su mirada, pues sabía que tenía razón. Nanim la hizo mirarla a los ojos, y le sonrió con ternura- pero le quieres. Es una de las personas más importantes para ti, y no puedes negarlo.

  Los tres se quedaron en silencio, hasta que oyeron unos secos golpes a la puerta.

  Eva se tensó. Aquella esencia...

  Los dos intrusos se levantaron de la cama cuando vieron entrar a Christian, con su rostro impasible, como siempre.

  -¿Puedo hablar con Eva?- les preguntó a los dos, aunque mirando a su hija.

  -Claro- sonrió Erik, y Nanim le dio un codazo de forma suave.

  -Quiero hablar con ella- aseguró- a solas.

  Nanim cogió a Erik del brazo y lo sacó de la habitación, dejando a solas a padre e hija. Christian caminó hasta sentarse junto a su hija, y esperó unos segundos antes de hablar.

  -He hablado con tu madre- empezó a decirle- le he dicho algo que estaba pensando hace tiempo, y ella está de acuerdo.

  -¿Qué pasa?- preguntó Eva, sin mirarle.

  -Quedan cuatro días de clase para acabar el curso- recordó- y cuando acabes, he pensado en que te vengas unas semanas conmigo a Nueva York.

  Eva se quedó paralizada, sin saber muy bien qué decir. Sabía que dentro de poco su padre se iría, pero no imaginó que quisiera llevarla con él.

  -De pequeña me dijiste que querrías viajar a Nueva York- sonrió recordando el pasao- creo que es un buen momento. Aunque, no quier obligarte a nada. Es tu decisión- la miró- tú eliges.

  Eva al fin miró a su padre, pero desvió la mirada en cuestión de segundos. Suspiró. Lo cierto es que se estaba esforzado por arreglar las cosas, y, aunque aún no confiaba en él y estaba resentida..., le quería, eso no podía negarlo. Tendría que darle una oportunidad.

  -Ve sacando los billetes.

  Christian sonrió, y se levantó de la cama, aunque se quedó en frente de su hija, que le miró, sin saber a qué esperaba para irse.

  El hombre se agachó, hasta quedar a la altura de su hija, y se acercó a ella, dándole un beso en la frente, dejando a Eva estupefacta.

  Después, se levantó, y se fue, dejando a la joven todavía paralizada.

  Eva se llevó la mano a la frente, donde la había besado su padre. No la había besado en la frente desde que tenía ocho años..., y, no supo por qué, le gustó que lo volviera a hacer.

Gracias a todos por leer, dejad comentarios por favor, que esto ya se pone bien....

Cuidaos, besos