← Memorias de Idhún IV HEREDEROS · de
Memorias de Idhún IV HEREDEROS — capítulo 16
Gracias a todos por los comentarios, me animan mucho, y aquí está otro capítulo, es largo, no os podéis quejar, y además es muy interesante, muchos estaríais esperando este momento, cuidaos, besos
Capítulo XVI Padre e hija
Christian abrió la puerta del departamento, y cedió el paso a Eva, que entró en el espacioso y hermoso piso de Nueva York.
Eva pasó, y se quedó estática, dejando que un sentimiento de nostalgia la recorriera. Ya había estado allí, antes, de eso estaba segura. Oyó la puerta cerrarse y como su padre dejó la maleta en el suelo, quedando ambos en silencio.
-¿He estado aquí antes?- le preguntó, aunque ya sabía la respuesta.
-Sí- asintió su padre- cuando apenas eras un bebé.
Volvieron a quedar en silencio, hasta que Chistian se colocó a su lado, mirando el espacioso salón comedor de un estilo muy propio, con cocina americana, y tras puertas, una junto a la cocina y las otras dos estaban en el salón, una en frente de otra.
-La puerta de al lado de la cocina es el baño- le empezó a explicar- la que hay al lado del balcón es la mía, y la otra que está en frente es la tuya.
Christian cogió la maleta y caminó hacia la habitación de su hija, mostrándosela. Eva se quedó parada, observándola. Las paredes estaban pintadas de un azul muy claro, casi gélido. Tenía una gran cama de matrimonio de sábanas blancas u negras a juego con los cogines. Había una ventana de esas que tenían un hueco para una especie de sillón de color negro y con las persianas blancas. Al lado había un escritorio de madera clara con un ordenador portátil negro y una estantería de la misma madera. Era una habitación sin demasiados muebles, pero espaciosa, de buen gusto y con gran calidad.
-Gracias por la habitación- le dijo, casi en un susurro- es perfecta.
-Me alegra que te guste- sonrió su padre, y dejó la maleta en el suelo- ¿quieres que te ayude a instalarte?
-No, gracias- negó ella- prefiero hacerlo sola.
Él asintió, y salió del cuarto cerrando la puerta tras de sí, dándole intimidad a su hija, sabiendo a la perfección que era lo que ella quería.
Eva suspiró. Christian se estaba esforzando por arreglar las cosas, así que no podía ponerte tan cabezota. Ella también debía de poner un poco de su parte..., así que empezó a deshacer la maleta, después de dejar su guitarra sobre la cama.
Pasó media hora, y ya la maleta estaba vacía y en el armario.
Eva se encontraba sobre su cama, afinando las cuerdas de su guitarra, cuando sintió a su padre acercarse a su habitación y llamar a su puerta, pero no llegó a entrar, simplemente la habló desde el otro lado.
-La comida ya está lista- le oyó decir, y Eva se levantó, dirigiéndose a la mesa del salón comedor, sentándos en frente de su padre mientras comenzaba a comer. Los minutos trasncurrieron en silencio. Christian buscaba algún tema de conversación, pero tampoco quería que su hija se sintiera presionada.
Eva miró a su padre, y se sintió bastante culpable. Se veía que estaba esforzándose cada vez más, y suspiró.
-Me gustaría ir a Central Park- le comentó, entablando conversación por primera vez, mientras veía como su padre la miraba intentando que no notara su sorpresa. Suspiró de nuevo- a lo mejor quieres venir.
-Claro- asintió él, emitiendo una de sus medias sonrisas- si te apetece iremos esta tarde.
-Bien.
La conversación siguió transcurriendo en silencio, aunque ahora ambos pensaban en aquella tarde.
Cuando acabaron de comer Eva ayudó a su padre a recoger, a pesar de las negativas de él, pero no le hizo el menor caso, así que le ayudó a lavar los platos. Después, se volvió a encerrar en su habitación para escuchar música, dejando pasar las horas hasta que los ratos de máximo calor pasaron para dar lugar a una temperatura soportable en la calle.
Su padre llamó a la puerta, y, a pesar de que no le oyó por la música, sintió su esencia cerca, por lo que apagó su MP4. Esperó a que su padre entrara, y se sentó sobre la cama, mirándole.
-Si te apetece vamos a Central Park ahora- comentó, y Eva asintió, levantándose por completo y dirigiéndose a la puerta junto a su padre.
Ambos caminaban en silencio por las calles de Nueva York. Christian notaba como su hija se tensaba un poco al notar las vibraciones negativas de los humanos al pasar a su lado. Él estaba acostumbrado, pero al parecer a su hija todavía le molestaba un poco aquella actitud de miedo que sentía la gente.
No pudo evitar preocuparse, y levantó un poco su brazo, con la intención de abrazarla, pero lo dejó caer a su costado casi al instante. No creía que Eva aún confiara en él lo suficiente.
Llegaron a la zona más verde de Nueva York, aquel parque que era casi dos veces mayor que Mónaco y que aquel día curiosamente no estaba demasiado visitado.
Caminaron en silencio hasta toparse con un hermoso lago, y se sentaron en el suelo, con la espalda apoyada en el mismo tronco de un árbol gigantesco.
Se quedaron allí, mirando el hermoso paisaje de su alrededor y sintiendo la suave brisa veraniega recorrer sus cabellos. Christian no pudo evitar ponerse a pensar en otras cosas que no fueran su hija. Desde que se había ido de Nueva York no había vuelto a saber nada de Shizuko. Bueno, él había roto el acuerdo y dejó de trabajar para ella, pero nunca esperó que se quedara alejada sin más. Lo que de verdad pensó es que ella no se quedara callada e intentara hablar con Eva. Esa fue la razón que le dio a Victoria y a Jack para llevárse unas semanas a Nueva York, aunque también quería arreglar las cosas con su hija, por supuesto.
Por su parte, Eva también pensaba en Shizuko. Desde que la dijo que sabía que tan sólo deseaba utilizarla, no la había vuelto a ver. Pero su instinto le decía que la mujer no se iba a ir de su vida tan fácilmente. Estaba seguro que planeaba hacer algo, pero no sabía el qué.
Se mordió el labio inferior, indecisa. No sabía qué hacer. Tal vez su padre podría saber qué hacer si le contaba todo lo ocurrido en esos últimos cuatro años, pero...
Eva miró al suelo. No podía hacerlo..., no se sentía capaz de contar la verdad a su padre, a alguien que le había ocultado a ella una verdad aún más importante, su identidad.
-¿En qué piensas?- oyó preguntar a su padre, y se giró para mirarle. La observaba detenidamente, y Eva le miró directamente a los ojos, alegrándose en el fondo de que no apartara él la mirada.
-Nada importante- le contestó, sin quitar el contacto visual. Su padre suspiró, y volvió a mirar al lago- ¿qué te pasa?
-Me gustaría que confiaras en mí- le confesó.
-¿Tú confías en mí?- le preguntó de forma mordaz la chica, mirando también la lago. Deseaba que su padre le mintiera, que le dijera que sí confiaba en ella, aunque no fuera la verdad.
-Sí- sintió él. Eva se sorprendió, pues, aunque hubiera dicho lo que ella deseaba oír, no encontró ni un atisbo de mentira en sus palabras- y si me dejarás, podría ayudarte.
-Por favor- le suplicó la chica, agachando la mirada- quiero confiar en ti, pero para hacerlo, debo creer en tus palabras. Por favor, dime la verdad. Sé que me ocultas algo.
-Es complicado.
-A lo mejor lo entiendo mejor de lo que esperas- susurró la chica, y Christian suspiró, cerrando los ojos y pellizcándose el puente de la nariz con una mano- por favor, confía en mí...papá...
Christian abrió los ojos de par en par. No se esperaba aquello. Le había llamado papá..., no le había llamado así desde hacía cuatro años, no había escuchado esa palabra desde hacía tanto tiempo...
Miró a su hija, y supo que ella le necesitaba, que siempre lo había necesitado. Se sintió culpable por no haber estado esos años. Estiró su brazo para pasarlo por sus hombros y la acercó a él, haciéndola apoyar la cabeza en su hombro, de forma cariñosa, y él la abrazó con más fuerza.
-Te lo contaré, te lo prometo- le aseguró- sólo dame unos días.
-Está bien- asintió ella- unos días...
-Te quiero- le susurró él- eres una de las cosas más importantes de mi vida.
-Yo también te quiero- le susurró ella, cerrando los ojos, disfrutando del contacto. Y su padre también cerró los ojos. Victoria se iba a poner furiosa cuando le contara a Eva la verdad...
Los días pasaron, y ya casi llevaba una semana en aquella casa. Estaba extrañamente feliz. Casi todos los días paseaba por Central Park, pues estaba bastante cerca de su casa, y le encantaba la naturaleza. Su esencia de unicornio lo necesitaba.
En aquel momento se encontraba en el baño, a punto de ducharse. No pudo evitar mirarse al espejo. Hacía tanto tiempo que no veía aquel brillo en sus ojos..., aquel brillo que se había escondido desde hacía años..., aquella luz de unicornio en sus ojos.
No pudo evitar sonreír.
La relación con su padre cada día iba a mejor. Aún no le había contado la verdad, pero no había prisa. Y ella cada día estaba más convencida en que podría confiar en él, al menos de momento.
Estaba seguro que le iba a contar todo lo ocurrido en esos cuatro años, pero quería esperar a que él se lo dijera. Todo sería más sencillo.
Christian entró en el cuarto de su hija cuando oyó el grifo de la ducha. Entró sólo con la intención de dejar su MP4 sobre su cama, pues se lo había dejado olvidado en el salón.
Vio sobre la cama el blog de dibujo de su hija, y emitió una media sonrisa. La curiosidad se apoderó de él por un momento, y se acercó al blog, abriéndolo con lentitud, mientras se sentaba sobre su cama, mirando con atención los dibujos. Al principio, eran criaturas míticas normales de cualquier libro de ficción. Hadas, duendes, pegasos..., también había paisajes hermosos de lagos, montañas, bosques..., pero, en los últimos dibujos, su rostro se contrajo de seriedad, borrando su media sonrisa, mirando con atención al dibujo. Era un bosque, bajo la luz de tres lunas, con un precioso shek de color blanco, y, al fondo, oculto entre la maleza, un unicornio. No había más dibujos en ese blog, y fue al cajón de su mesilla de noche, donde la joven guardaba más dibujos que no estaban en el blog. La abrió, y supo en seguida por qué esos dibujos estaban aún más escondidos que el blog. Fue pasando dibujo por dibujo, y se fue encontrando con más sheks, una colonia entera, volvió a ver a aquel shek blanco de ojos gélidos azules, un unicornio de mismos ojos azules..., no era posible. Aquello no era una coincidencia. Eva debía saber la verdad..., vio otro dibujo, y apretó el puño con fuerza. En él estaban los trazados de un rostro. El de una mujer oriental...
-Shizuko...- susurró, furioso, y vio con horror el último dibujo. Era Eva, su hija, en un bosque, arrodillada sobre el suelo encharcado de sangre y con sus manos en el suelo, llorando, con heridas por todo el cuerpo, y con dos membranosas alas en su espalda- la primera transformación...
Gracias a todos por leer, jeje, dejad comentarios por favor, que el siguiente capítulo va a ser el muy interesante...