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Historia 38778 — capítulo 2

¿Estaba muerta? Eso creía. Entonces… ¿por qué seguía pensando?

Cerré un poco mi mano izquierda y descubrí que podía sentir mis dedos. Qué extraño…

Abrí los ojos de golpe. La luz era muy fuerte, o quizá era que me sentía muy débil.

Parpadeé, y luego me fui incorporando lentamente, con ayuda de mis manos sobre el piso de madera.

Registré la habitación y no la conocía. No estaba amoblada, sólo había un espejo. Me paré por completo y me dirigí hacia él, un tanto vacilante.

Estaba con la misma ropa con la que… hum… me había desmayado. Pues ahora comprendía que no podía haber muerto. ¿O estaba a punto de irme al infierno por haber sido tan pagada de mí misma? ¿Y si en este instante se abría un agujero en el suelo y me tragaba?

Me fui examinando lentamente. Tenía suciedad encima, como si no me hubiese lavado en días; algo que nunca en mi sano juicio habría permitido. Pero estaba claro que en este momento no estaba en mi sano juicio.

Las piernas me fallaron y me derrumbé. No le di importancia al hecho y me rasqué el cuello, pensativa. Mis uñas tropezaron con algo. Me toqué nuevamente. Otra vez. Y otra. No recordaba tener una marca allí.

-¿Te ayudo?- dijo una suave voz que me heló la sangre. Intuí que sonreía.

Me incorporé por segunda vez, rápidamente. Quizá demasiado rápido. Auch, me hice daño.

Al ver su rostro, una marea de recuerdos me pilló con la guardia baja. Aún así, le sostuve la mirada a esos hermosos ojos casi negros.

-Hola- me saludó como si nada- ¿cómo te sientes?

-¿Dónde estoy?- le solté entre dientes, ignorando su pregunta.

-Mmm… dejaré que lo adivines- su sonrisa se ensanchó, mostrando sus blancos dientes- Pero antes- se aproximó hacia mí- ¿recuerdas algo?

No retrocedí. Cielos, debían darme una placa de la chica más estúpida y con agallas del mundo.

Inconscientemente, como reacción a su pregunta, mi mano derecha aferró a la izquierda, la que me había tomado él hace… ¿cuánto?

-Creo que sí- soltó una risa y me acarició el cuello. Tragué saliva- Ah- sacudió la cabeza y rozó suavemente la marca que sobresalía levemente- ¿me creerías si te digo que lamento eso?

Negué enérgicamente con la cabeza.

-Haces bien- me respondió, pasando su mano por mis labios.

-No me toques- murmuré, apartando su mano de mi rostro, algo que no habría hecho antes si se me hubiese presentado la ocasión. Él obedeció, dejando caer la mano a un lado del cuerpo.

-¿Eso fue por orgullo o miedo, Julie?- me preguntó, parpadeando. De repente, estaba muy atento a mí.

-¿Miedo de ti? ¡Bah!- bufé.

¡No digas nada más! ¡Te matará como a la señora Flows! ¡No intentes ser tu misma, te despedazará!

-¿Cómo puedo tenerte miedo? Si lo peor que puedes hacer es matarme.

¿Acaso no tienes instinto de supervivencia, Julie?

-Oh, no. Créeme, puedo hacer cosas mucho peores.

-Todas con la misma finalidad. Acabar con mi vida- en esto de la última palabra, nadie podía vencerme.

¡Lo enfurecerás!

Cállate.

Will me miró fijamente. Luego de unos instantes, se mordió el labio inferior, y alzó la vista hacia el techo, como si no quisiera verme cuando pronunció las palabras:

-No quiero matarte- masculló, como si confesara una gran debilidad- Podría, pero no quiero.

Quedé pasmada, en el sentido literal de la palabra. No sólo por su frase, que tenía impresa una verdad tan empalagosa que mi hizo desviar la vista, sino por el efecto que tuvo en mí.

Sentí un cosquilleo por todo el cuerpo y mis labios temblaron. Solté todo el aire que tenía de pronto, y tuve el tonto e irrefrenable deseo de abrazarlo, de rodearlo con los brazos, e incluso de…

-¡William Hale!- bramó una voz masculina, que de pronto se materializó en el cuarto como un muchacho de nuestra edad, con el pelo rubio casi plateado, corto y levemente ondulado. Por lo demás, era igual a Will. Exactamente igual. Desde la punta de los pies, hasta la frente, desde su manera de andar hasta su voz.

-¿Eres…? ¿Acaso te volviste loco?- le chilló el rubio- ¡Me voy por unas semanas y…! ¿Qué hace esta- por poco escupió la palabra- aquí? ¡No creo que la hayas traído aquí sólo para alimentarte!

Me estremecí y Will me estrechó contra un costado de su cuerpo, como si temiera que el muchacho se me tirase encima de un momento a otro.

-Cálmate, David- respondió con suavidad- Y no, no traje a Julie aquí para…- vaciló, mirándome de reojo. Suspiró- No la traje aquí para satisfacer mis necesidades.

-No hace falta que hables así- le susurré, nada incómoda entre sus brazos- Sé que pasa, aunque no pueda creerlo… recuerdo lo que pasó- sentencié.

Me miró intensamente unos instantes. Observó al chico llamado David, que se encogió de hombros, resignado. Will, demasiado pronto, me soltó.

-¿Qué harás con ella?- le preguntó con desdén.

Fruncí el ceño.

-Oigan, yo no soy propiedad de nadie. No soy bienvenida aquí- posé la mirada especialmente en David- y de todas formas tampoco quiero serlo. Tengo una casa, una familia. Resumo, tengo una vida. Nos vemos- avancé hacia la puerta, pero antes de que siquiera pudiese tocar el poco, apareció el rubio delante de mí.

-Ah, no. Muchachita altanera, tú no te vas a ninguna parte.

-David…- le gruñó Will.

-¡Oh, vamos! ¡Sabes que no puede irse!

-Pero no hace falta que te le plantes a un palmo de distancia.

El aludido masculló algo incoherente y se alejó de mí. Los enfrenté a ambos.

No lo hagas, no lo hagas. Sólo obedece. No preguntes. Sólo obedece.

-¿Qué quieren decir con que no puedo irme?- pregunté con frialdad.

¡Maldición, Julie!

-Pues…- empezó el castaño- ¿Recuerdas todo lo que pasó? ¿Con lujo de detalles?

-¡Por supuesto! Mataste a la señora Flows, y luego me… mordiste. No es algo que se pueda olvidar con facilidad- puse los ojos en blanco.

-Bueno, ésta- David me arrojó un diario- es la versión de la policía.

El diario rezaba:

Misterioso accidente en biblioteca escolar

El martes por la mañana, se halló el cadáver de la bibliotecaria del Instituto Frawcett; aparentemente habría muerto por algo natural.

Lo confuso de este asunto, fue lo poco que se pudo decir. Lo víctima tenía unas marcas en el cuello, no muy graves, y había perdido mucha sangre. Es imposible que haya perdido tanta sangre por tan diminutas heridas. Se supone un mal funcionamiento de la circulación (…)

A todo esto, esa noche se encontraba una alumna en aquella biblioteca. No se la encontró, ni a ella ni algún rastro con el cual se la pueda hallar.

Si sabe algo de esta muchacha, llamada Julie Carson, de 17 años… (…)

Terminé la noticia y observé a los dos muchachos que tenía en frente.

-Esto no es nada- les devolví el diario- puedo volver a mi casa y fingir una liberación de un secuestro- me encogí de hombros.

-Eh… no es tan fácil, Julie- me dijo Will- Éste periódico de hace cuatro días. Tú moriste. "Hallaron"- hizo comillas con los dedos- tu cuerpo desfigurado en un pueblo cercano. Celebraron tu funeral y todo.

Me quedé con la boca abierta.

¿Estaba muerta? ¿La policía les mintió a todo el mundo? ¿No volvería a ver a mis padres, a mi hermano, a… Diana?

-Diana- gemí, sintiendo una angustia superior a cualquier otra por mi mejor amiga.

-Ah, sí. Diana- asintió David y sonrió- Ella estaba particularmente triste. No me costó demasiado consolarla.

Abrí los ojos con sorpresa y terror. Auténtico terror, por primera vez.

-Tranquila, Julie- me dijo Will. Lanzó una mirada furibunda a David- Él se acaba de enterar de esto y es un idiota. Además, no sale de esta casa casi nunca.

Volví a respirar con normalidad.

-¿Cuánto tiempo estuve… inconsciente?- pregunté, aparentando tranquilidad.

-Seis días- contestó David, mirando a Will, que asintió. Volvió su vista hacia mí- Nadie en la historia del ser humano ha dormido tanto sin estar en coma.

Le ignoré.

-Eso es, tú tan sólo no le hagas caso- me felicitó Will- como yo. Por cierto…- miró al rubio.

-Ya pillé la indirecta. Le traeré algo de beber a la terrícola- se burló como si fuera de otro planeta en vez de, bueno, no quiero decir la palabra, y se marchó en un abrir y cerrar de ojos.

Miré a Will, preguntándome por qué había hecho eso. Pero en lugar de eso otra pregunta brotó de mis labios:

-¿Ustedes son parientes?

-Somos hermanos. Gemelos, mejor dicho. Salvo por el cabello y algunas actitudes que seguro lograste notar, se nos podría llamar así- me contestó, pasándose la mano por el pelo castaño.

Yo asentí, agradeciendo más información. Me toqueteé la marca que aún no había podido ver distraídamente. Cuando alcé la vista, él me estaba estudiando silenciosamente.

-¿Qué?- le pregunté. Él se sobresalto.

-Nada- murmuró, evasivamente- Oye, ¿no quieres saber por qué no terminaste como la bibliotecaria? ¿Cómo pasó todo?

-Creo que por ahora esperaré. Demasiado por unos pocos momentos, ¿verdad? Quiero asearme un poco- le dije.

-Por supuesto- asintió él- Tercer cuarto a la derecha.

-Gracias- incliné la cabeza hacia delante y pasé por delante de él camino a la puerta. Me sonrojé un poco.

¿Cómo me podía haber resultado agresivo ese rostro?- pensé deliberadamente, mientras abría la puerta indicada.

Quizá porque intentó matarte, estúpida.

Pero no lo hizo, no quiere hacerlo.

El mismo lo dijo hace un rato, no se arrepiente de haberlo hecho.

Lo sé.

¿Y?

¿Qué puedo hacer? Toda la ciudad me cree muerta. Si tienes otra solución, házmela saber.

Por primera vez mi sentido común se quedó sin palabras.

Hola (:

Quería agradecer a nymphadora_lovegood

Por ser la primera y única comentarista.

En fin, si leen la historia, les pido que comenten...

Porque tengo 30 leídas y 3 comentarios de la misma persona.

¡Gracias!

  HermyGranger