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Historia 38814 — capítulo 11

-¿Tienes frío?

-No Rache, estoy bien déjate la cobija.

-Jane, no deberías tener tantas consideraciones conmigo, me vas a maleducar…

-Vamos, no digas incoherencias.

Esa noche, el cuarto recordaba la típica escena de una pijamada, a pesar de que solo dos chicas estuvieran en él; los cojines estaban esparcidos por todo el suelo, una película en la tv, y muchas palomitas a su alrededor; colchas y cobijas que asemejaban una cama, se arrinconaban en una esquina; donde Rachel, atentamente observaba "Juno".

En la cama, con una frazada muy delgada, Jane leía un libro de historia, mientras tarareaba alguna canción, que sonaba en su ipod.

Desde la muerte de la señora Coppola, Rachepasaba más tiempo en casa de su ojiverde amiga; de día reían, cantaban, gritaban; en fin disfrutaban, pero de noche sus mentes empezaban a divagar en sus propios pensamientos. Y se conocían tan bien que sabían, que amenos que la otra lo comentara; no tenían derecho a rondar en la mente de su amiga.

Los pensamientos de Rachel, la hacían de vez en cuando sonreír, a pesar de ser ella quien recientemente había perdido a su madre. En cambio, Jane, cambiaba su alegría diurna, por una pesada cara seria; capaz de hacer sucumbir, cualquier intención de alegría, por parte de la otra.

Negó con la cabeza, y se puso de pie. Se dirigió hacia el baño, y frente al espejo empezó a "examinarse".

Sus ojos verdes no estaban mal, la hacían lucir interesante, y más con ese cabello rojo, que le recordaba sus antepasados ingleses. Con sus gafas, se veía intelectual y misteriosa. Si se veía bien, no tenia mal cuerpo; claro no era el majestuoso que poseía Rachel, pero no estaba mal para una chica que únicamente jugaba soccer y de vez en cuando.

Si gozaba de todas estas cualidades, entonces por que se sentía tan mal, por qué no se veía como una chica atractiva, sino como el patito feo; y más cuando estaba al lado de Rachel, por ella todos los chicos volteaban a ver, y quedaban babeando.

En inteligencia si le ganaba a su amiga, de eso estaba segura aunque le dolía afirmarlo.

A ella no le costaba el estudio, con una leída y una repasada ya tenía; en cambio Rache… era otro asunto, tenía que leer y leer y volver a leer para que se le pegaran las cosas. Además era una fiel amante de la literatura e historia; quería estudiar historia, aunque eso no le dejara mucho para su futuro. Podía vivir lo que le restara de tiempo escuchando de Hitler, Gengis Khan, William Wallace… aunque no eran ni aire, agua o mucho menos alimento; para ella podían llegar a serlo.

Aunque también le agradaría viajar por el mundo, acompañada de su banda… una banda de rock como la que su padre había tenido en su años mozos. Porque detrás de esas gafas, y esos cabellos rojizos; una adicción a la música, y la aventura se escondían.

Solo le quedaba menos de un año en secundaria, y su futuro le atemorizaba. No como a Rachel o a Gus, que ya tenían bien decidido el suyo. Él, sería un gran chef, uno de alta categoría; y ella una decoradora de interiores… quizás en un futuro sería junto con su hermano, la dueña de la constructora Coppola.

Posó su mano en el estómago, y pensó en que se sentiría una vida allí… por que eso también era parte de un futuro, pensar en una familia. Realmente esas ideas de familia se tenían de niña, pero ahora estaban aflorando; y eso la hacia ruborizarse, aunque solo estuviera ella en el baño.

Hasta el día de hoy, no había tenido ningún novio; había salido con chicos, pero nunca nada formal. Sin embargo, si quería tener una familia, debía tener un marido era obvio… quiso vomitar de solo pensar en verse atada, a su edad, a un hombre o a unos niños.

No quería pensar en enamorarse, aunque sentía que su ajetreado corazón la maldecía por recluirlo de tal manera. Sabía que sus hormonas estaban a flor de piel, que de vez en cuando sentía algo, al pensar en la palabra amor; pero no quería, no por ahora, enamorarse.

Hundió su cara entre sus manos cubiertas de agua. Era una adolescente con sus problemas, y no quería dejarse morir por ellos.

Había sido lo suficientemente fuerte como para sobreponerse de cosas mayores, no iba a dejar que unos cuantos pensamientos de chica incomprendida la destruyeran.

Salió directo a su cuarto, con la cara aún mojada. Se detuvo un segundo antes de entrar, no quería imaginarse lo que podía pasar por la mente de Rachel: había salido aproximadamente, hace quince minutos, y volvía con la cara empapada en agua…

-¡Regresaste!

-Si, señorita…

-¿Qué te ocurre? ¿estabas mal del estómago?

-Jajaja, nooooooooo, solo pensaba.

-A ya entendía, crisis existencial de los adolescentes… ya he pasado por eso; te sientes incomprendida y te crees el centro del universo; y quieres que tu príncipe azul venga a salvarte.

-No tengo príncipe "azul"… y no me creo el centro del universo Rache, solo una adolescente con sus problemas y punto.

-Ok, no regañes…

Se escucharon las carcajadas por toda la casa.

Música para los oídos de la artista que se encontraba abajo…

Les gustó???

A mí sí...

Lo necesitaba, necesitaba indagar en Jane y en quien es ella...