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Historia 38840 — capítulo 4
Draco Malfoy seguía allí enfrente de aquel enorme armario negro, abría y cerraba la puerta; la primera vez la manzana había desaparecido pero a la segunda la manzana volvía a estar allí.
¿Que tenía Draco Malfoy entre manos? !Por lo visto debería darle la razón a Harry!
Ella pudo diferenciar aquel armario, era el armario evanescente, allá donde estuviera su gemelo allí podían aparecer al entrar y viceversa.
¿Con quien se intentaba comunicar Draco mediante al armario?
Granger no aguantó tanta curiosidad y se levantó de sus puntillas para elevarse un poco; caminaba encorvada y tapándose con todos los objetos a su paso.
Observaba en todo momento la espalda de su enemigo, Draco no dejaba de mirar el armario; maldito momento en el que no centró su vista por donde caminaba.
Un golpe llamó la atención de el rubio que desesperado y pálido se puso a buscar a quien le acompañaba; acabaría con aquel que hubiera decidido entrar en su sala, alzó su varita y con su agudo oído caminaba en dirección a Hermione.
Esta se quejaba en el suelo, se había golpeado el pie, justo en los dedos y aquello dolía bastante; se quejaba lo mas en silencio que podía. Observaba como el rubio se acercaba y ella se movía en dirección contraria.
Todo menos que la pillara allí, en aquella sala. ¿Como saldría de ese lío si la observaba allí? !Por Merlín¡ como deseaba ahora haber podido ir a aparición.
No dejaba de arrastrarse para evitar que la viera Draco.
¿Que podía hacer? Lo tenía encima, veía el puntapié de sus zapatos cerca de sus piernas. La idea más loca y autorizada se le pasó por la mente en un solo instante y la puso en juego.
Draco continuó andando y cuando creía que tenía a alguien atrapado allí bajo sus pies, preparada para morir sus ojos se petrificaron ante la imagen que menos se esperaba en aquella sala.
Cerca de un armario, apoyada con una mano hacia arriba se encontraba un mujer; lucía una camisa media desabrochada, y descalza jugueteando con sus pies en el frío suelo, como si no sintiera escalofríos.
Era Hermione Granger la que le sonreía en aquella situación tan excitante; el no para de extrañarse ¿Lo había seguido hasta allí? ¿Por que se ponía de esa forma? !Que no le dijeran que la Sangre sucia de Gryffindor andaba loquita por el¡.
-¿Que haces aquí Granger?- le preguntó al fin a la lejanía; para su sorpresa ella negaba solamente con su cabeza. -¿No te da juego Weasley?- intentó ofenderle pero ella solo esbozó una sonrisa- ¿Que clase de juego es este?- empezaba a enfadarse pero ella caminaba hacia él- ¿Quien te a mandado aquí, que es lo que as visto?.
-Me manda tu mente Draco Malfoy- le susurro cerca del lóbulo de su oreja-
-Como- se separó de golpe- ¿Mi mente?...-Ella solo afirmaba con su cabeza dejando caer su cuerpo apoyada por un armario; estaba tan destapada que empezaba a acalorar al joven Draco.- Pero eso es imposible, en esta solo puede estar lo que yo...-
-¿Deseas?- le interrumpió jugueteando con su pelo rizado.
-Yo no te deseo, Granger- empezó a reír mientras tocaba su cabello- siempre te e visto como algo odio y despreciable.
Granger solo se dejó escurrir más tumbando todo su cuerpo en aquel suelo frío, como su fuera una mujer inerte, algo que perfectamente podría salir de la imaginación de alguien, ni sentía ni padecía.
-Tapate- le rogó.
-Yo solo puedo hacer lo que tu desees- levantaba su pierna mientras la acariciaba- solo y exclusivamente lo que pase por tu mente Draco Malfoy.
El joven rubio se mordió el labio y dio un pequeño paso hacia ella; al fin y al cabo era una mujer, y vista de ese modo la hija de muggles no estaba nada mal; pero no, Draco paró en seco y la levantó con fuerza.
Ella solo intentó disimular todo dolor que pudiera causarle poniendo cara de gustarle cada uno de sus movimientos, cada uno de sus reproches, cada uno de sus gestos asquerosos. Jugueteaba con su cuerpo poniendo enfermo a el muchacho, que solo rogaba que ella se largara.
-Es ilógico- reía empujándole- tú te colaste aquí, yo no te deseo ni por asomo.
-Pero tal vez desees que yo te desee a ti- dijo dulcemente mientras tocó su pecho y el retrocedió.
-¿Por que iba a querer que una sangre sucia como tú estuviera enamorada de mí?- se cuestionaba extendiendo sus manos para que la castaña no se acercara.
-¿Y que mujer quieres que se te resista, mi hermoso Draco?- ella se acercaba a el erizandole el cabello de la nuca.
-Deseo que te largues de aquí- dijo el rubio con sus ojos cerrados al sentirla tan cerca; ella bajo su totalidad de asco hacia el joven Malfoy para salir de aquel apuro se puso en situación de besar aquellos labios de serpiente.
-Eso es- susurraba ella- pero mirame, mira mis labios, ¿que desea tu mente?.
El optó por separarse y ella afirmaba contenta mientras escurría su mano por su cuello ante la visión del rubio se deslizaba por el interior de todos los cachivaches de aquella sala asta perderle de vista.
Cuando al fin lo consiguió se vistió decentemente y salió de aquella sala sin hacer el mayor ruido; ella caminaba a toda prisa por el pasillo sin prestar la mínima atención hasta que chocó con sus dos amigos que la culpaban de estar en las musarañas.
-Dime que fuiste a el despacho de Dumbledore- dijo Harry mirándole con el ceño fruncido.
-Si, si claro- mintió- no se encontraba, salió a hacer unas cosas.
Sus amigos la miraban con poca credibilidad pero solo por un segundo, ella nunca les había mentido en algo importante ¿Por que lo iría hacer ahora? O como pensaba ella ¿Por que lo estaba haciendo ahora?.
-!Chicos¡- Ginny acudía hacia el trío cogida de la mano de Dean.
-Ginny- la miró Hermione ceñuda al ver la cara de Harry- tienes menos delicadeza que un erizo acariciando.
-Pero...-titubeó ella que no entendía- ¿que pasa?.
-¿Eh? !Nada¡- disimulo la castaña ya que Harry empezaba a enfadarse; no quería que ella lo supiera- que tengo cosas que contarte y ni lo notas.
-!Oh¡- miró a Dean- nos vemos más tarde, Mione me necesita, soy como su pañuelo de lágrimas.
La castaña la cogió de la muñeca y se la llevó cerca de los jardines a un pasillo no muy abarrotado de alumnos para contarlo todo lo que había pasado en esa sala.
-¿Y te creyó?- preguntaba ella miedosa.
-No lo se- cogía Hermione su cabello- solo espero que sí, por que de lo contrario...-
-Estás acabada- terminó la frase la pelirroja- si esta tramando algo, se lo contará a los suyos.
-Algo trama- afirmó ella al fin- pero cuando lo averigüe todo terminará.
-¿Seguirás pasando a la sala como su deseo?- tenía la curiosidad su amiga.
-¿!Que¡?- grito ella- ni loca, no tengo nada mejor que hacer que estar baboseando por ese imbécil- no dejaba de negar con la cabeza.
-Vale, vale- la tranquilizó ella- pero a la próxima vez que pases ten cuidado y me...-
Se quedó paralizada porque Draco junto a sus dos amigos y la babosa de Pansy detrás pasaban por ese pasillo hablando., riendo, y comentando sobre Mcgonagall.
Hermione se fue a dirigir la vista a un libro, sentía aquellos zapatos que hace unos minutos acercarse, ya se había alejado, ya se había adelantado, pero cuando levantó la vista el rubio aun le miraba con curiosidad evadido de las risas y los mimos de su amiga.
Ella no pudo hacer otra cosa que mirarle con odio y voltear la cabeza con desprecio; aquella dejó mucho mas confuso al joven Draco.