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Historia 38852 — capítulo 6
No me molestaba la fina llovizna cayendo sobre mi, tampoco lo hacia el frío exterior.
Había caído presa nuevamente de esa neblina blanca y brillante, que rodeaba los recuerdos de Bella en mi mente.
Podría quedarme aquí, estaba seguro de que en pocos días los helechos me cubrirían por completo. Sería un poco extraño que en este rincón del bosque ningún animal parara, los animales eran sabios y no se acercaban a nosotros, ningún pájaro anidaría en este árbol, tampoco se me acercarían alimañas de ningún tipo.
Me preguntaba, de manera lejana, si el musgo crecería sobre mi piel como si fuera una piedra más abandonada en el camino.
Eso me parecía bien, estaría cerca de Bella pero no la molestaría. Y al fin y al cabo ¿Qué son setenta u ochenta años? Si lograba sumergirme en mi letargo, en la niebla blanca y en los recuerdos, no sería tan malo. Y cuando el tiempo se llevara inexorablemente a Bella, yo iría detrás de ella, dejando esta existencia atrás.
No era un mal plan. Tenia la certeza de que cuando Bella dejara esta vida yo lo sabría. Era un pensamiento simple y totalmente cierto, algo en mi interior me lo diría y existir dejaría de tener sentido.
Sed.
Esa sola palabra me hizo ver lo absurdo de mi plan, nunca había soportado más de mes y medio sin cazar, y en esos intentos de autodisciplina la sed llegaba a enloquecerme. Sabía que tal vez fuera distinto ahora, pero no podía arriesgarme, y menos si Bella estaba tan cerca.
Me decidí, tenia que levantarme. Fue extremadamente extraño como mi cuerpo se resistía a mi decisión, tarde varios minutos en llevar a cabo el acto tan simple de levantarme.
Estaba totalmente mojado, pero eso no me molestaba, comencé a caminar, y me llevó varios pasos conferirle velocidad a mi marcha, lo que al final seco un poco mis ropas.
Clavé en seco en el momento que llegue al patio trasero de la casa de Bella. Mi cuerpo no me obedecía, y a decir verdad mi mente se mostraba por demás débil.
Había dejado que Bella y su presencia se convirtieran en una necesidad física para mi.
No necesitaba respirar, no necesitaba comer (al menos de manera literal y humana) no necesitaba moverme, no necesitaba la luz o el agua. No necesitaba ni necesito nada de aquello, siempre lo había hecho por costumbre o por placer. La única necesidad real que podía tener era la de saciar mi sed, pero en estos momentos no era comparable.
A Bella la necesitaba como no había precisado nada en mi vida, ni antes de convertirme y mucho menos después. En algún momento le dije que ella era exactamente mi propia marca de heroína, pero ahora me daba cuenta de que era algo más que eso, mucho más que una droga, era una medicina necesaria para afrontar cada día de mi existencia. Era… la sangre en mis venas, el fluido vital… me había devuelto la sensación de vivir. Aunque yo me empecinara en decir que esto no era vida, desde el momento que ella llegó a mí comencé a dudarlo. Y ahora yo intentaba privarme de ella, y como es obvio mi cuerpo ofrecía resistencia a tan absurda idea.
Desde que la conocí había pasado muy pocas noches alejado de ella, aun antes de que Bella me diera su consentimiento, yo ya me escabullía a suhabitación, verla dormir me resultaba fascinante, y escucharla hablar entre sueños era casi como leerle los pensamientos. Y lo reconozco, me alegraba en sobremanera ser parte integral de sus sueños, la manera en que ella me mencionaba y sonreía me llenaba.
Supuse que esta noche no sería agradable para ella… y yo no tenía porque estar allí.
La luz de su habitación estaba prendida a pesar de estar bien entrada la madrugada, Bella estaría agotada física y emocionalmente. Sólo quería asegurarme de que durmiera, que estuviera cómoda y abrigada.
Entre por la ventana como siempre, Charlie dormía sin dudas, y Bella también, aunque estaba tirada en el suelo, temblando y aun llevaba la ropa húmeda que tenia esta tarde. No pude evitarlo, maldije a Charlie por no asegurarse de que su hija estuviera correctamente acostada, una pulmonía era lo último que Bella necesitaba.
—No te preocupes —murmuré para mi mismo —Renné estará aquí en unos días.
Me acerque y en un suave y rápido movimiento la levante y la deje en la cama. Ella no se dio cuenta del cambio. Su pelo alborotado y húmedo caía tapando la mitad de su rostro. No dormía en paz, eso lo sabía y lo notaba en la expresión de sufrimiento de su hermoso rostro.
Suavemente le saque las zapatilla y las medias, sus pies estaban tan helados, que de no verla respirar y escuchar con toda claridad el sonido acompasado de su corazón, hubiera temido lo peor.
Mi tacto gélido no iba a ser de ayuda, así que simplemente lo deje, desabroche con cuidado su jean, y la libre de él. Nunca había reparado en lo hermosa que eran sus piernas, finas y pálidas, se notaban aun las cicatrices del ataque de James, pero no me detuve en eso… una sensación extraña se estaba apoderando de mi pecho, el frío y el vacío se disiparon, una especie de llama se había encendido.
¡Deseo! Sin lugar a dudas era eso, deseo de su cuerpo, deseo del amor físico que tanto pregonaba Emmet. Deseo de entregarme a ella y que ella fuera mía por completo.
Una parte de mí, la más sensata sin dudas, me hizo conciente de lo inmoral y enfermizo de estos pensamientos, así que intente encerrarlos en mi mente, en un esfuerzo un tanto torpe y fallido. Únicamente la desvestía para… ¿para que la desvestía? Ah, cierto, para que no se enfermara por la ropa húmeda.
Y si ver sus piernas me había afectado, cuando le quite el sweater y la camiseta… no pude evitar soltar un jadeo demasiado fuerte, el rostro de Bella se contorsionó levemente, pero no se despertó.
La llama del deseo ardía y me quemaba. Jamás la había visto en ropa interior, y era mucho mejor de lo que me había atrevido a imaginar o esperar, era como ver a una musa de la belleza, me indigno saber que ella no se apreciaba así.
No había previsto jamás que el deseo por su cuerpo pudiera quemarme aun más que la sed por su sangre… pero así era, y el control que precisaba para no tocarla, acariciarla, despertarla con un beso… no tomarla por completo, era mucho, mucho mayor de lo que había podido esperar.
Fuera de la vista, fuera de la mente resonó en mi cabeza.
Así que la levanté con mucho cuidado, sintiendo su calor, su respiración, su aliento suave y dulce. Tembló un poco al sentir mi brazo frío, abrí la cama y la acosté, la arropé con cuidado. Ella se puso de costado, dándome la espalda a mí y a la ventana en la cual me apoyaba, intentado tomar distancia de su calor. Ella temblaba aun, así que atravesé la habitación, en busca de otro edredón, apague la luz, y la tapé aun más, ella no se inmuto, y Charlie seguía durmiendo, sus suaves ronquidos resonaban en la habitación continua.
Volví a la ventana y espere. Pasaron varios minutos antes de que ella dejara de temblar, no dormía placidamente, porque se movía y retorcía como si en sus sueños estuviera corriendo, o escapando. Pero yo no podía hacer nada con respecto a eso.
No podía seguir aplazando indefinidamente mi partida, si ella despertaba y me veía, todo lo que ambos sufríamos iba a ser en vano, me quedaría y volvería a ser un peligro para ella. El fuego en mi interior que había despertado el deseo, se apagaba poco a poco y dejaba paso nuevamente al frío, al vacío y al dolor que ambos me producían.
—Adiós mi amada —dije en tono muy bajo encarando la ventana.
— ¿Por qué te vas? —balbuceó Bella.
Tendría que haber saltado por la ventana de inmediato, pero en lugar de eso me volteé con la esperanza de encontrar a Bella sentada en la cama. Al contrario, ella aun dormía, se había girado y su rostro se dirigía a mi, pero hablaba entre sueños, su respiración acompasada y el ritmo estable de su corazón me confirmaron que realmente dormía.
— Porque es la única manera de que estés a salvo —le conteste muy bajo, mientras me acercaba a la cama, y me ponía de rodillas cerca de su rostro.
—No —su ceño se frunció, y restregó su rostro contra la almohada —no me amas, nunca me amaste.
Así que eso era lo que pensaba. Eso explicaba porque había aceptado tan rápido toda esa basura que le dije en el bosque. Aparentemente no entendía lo mucho que yo la amaba y lo pequeña que era esa palabra para describir mis sentimientos.
—Te amo, Bella. Desde el primer momento que te vi y para siempre. ¿Es tan difícil creer y entender que este monstruo se enamore de un ángel como tú? —hable muy bajo, tenia mis dudas sobre si me escucharía, pero era algo que debía decirle, y esta parecía la única manera.
—No —repitió, negando con su cabeza, y haciendo un gesto de asco —no puede ser… no soy linda…
—Eres hermosa —la contradije en el mismo tono.
—Pero te vas — se dio vuelta, dándome la espalda, y me descubrí saltando sobre ella para verle el rostro.
—Me voy porque te amo tanto como para darme cuenta lo peligroso que soy para ti. —acaricie el aire sobre su rostro, el calor de ella me estremeció — Te amo lo suficiente como para creer que sanarás y vivirás de manera normal. Si existe el cielo, Bella, y puedo seguirte a él, entonces nos encontraremos y estaremos juntos para siempre.
—Me moriré… sin ti… no quiero vivir —respiro profundo —me… mataré.
— ¡No! —mi voz sonó más fuerte de lo que quería, ella se puso boca arriba, y tapo parcialmente su rostro con el brazo, pero aun dormía —Prometiste que no harías ninguna estupidez, no puedes… no debes, Bella. Me escuchas, no debes hacer nada en contra de tu vida. Que sigas viviendo es más importante que cualquier otra cosa —susurré a su oído.
Se dio vuelta, dándome la espalda, nuevamente salte sobre ella buscando su rostro, caí de rodillas frente a su cara.
—Bella —hable muy bajo —te amo, y necesito que sigas viva… que no te arriesgues.— lo pensé un momento —y eso implica que no te acerques a los quileutes.
—No —balbuceo.
—Eres terca aun dormida —suspiré. —no tienes idea de cuanto me cuesta alejarme Bella, irme de este modo, haciéndote creer que no te amo y que no me importas. Preferiría que fueras tú la que me dijera que ya no me amas, que soy demasiado peligroso para ti, que me deseas lejos… sería más fácil, más normal que el ángel huya del monstruo. Pero ¿no soy yo el más conciente de mi naturaleza? ¿No soy el que realmente merece sufrir? Yo no debería existir… por eso me voy… Si te he dicho alguna mentira, Bella, fue en el momento que dije que no te quería a mi lado, que no te amo… si algo debes saber, es que eso fue una blasfemia que me llevará directo al infierno.
Una sonrisa se dibujo levemente en su rostro, pero fue solo un instante, luego se borró y comenzó a sacudirse en la cama, su respiración se agito y su corazón comenzó a latir con furia.
—No te vayas, no me dejes, no te vayas —lágrimas empezaron a derramarse por sus ojos cerrados.
—Calma Bella —murmuré con desesperación.
—No te vayas, no te vayas… no me dejes.
Cada vez se alteraba más, así que pensé en algo que siempre la calmaba, tararear su canción, no importaba la situación siempre daba buenos resultados. Comencé suavemente, casi contra su oído, al principio pareció funcionar, pero unos segundos más tarde ella comenzó a retorcerse, como si tuviera un calambre, como si un gran dolor nacieran en su mismo centro.
—No, no, no. NO —el último fue un grito ahogado y desgarrador. Charlie se apresuro a la habitación intentando consolar a su hija.
Yo ya no estaba allí, al menos no mi cuerpo… pero mi corazón, eso era otra cosa.
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Por norma general no soy una persona cursi, así que no sé si el romantisismo me pega bien en este capitulo...
Por cierto, me quedo un poco pervertido Edward, pero solo un poco...
Espero que les guste y dejen RR!!!
Saribel.