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Historia 38852 — capítulo 8

El viaje a Filadelfia fue una lucha interna entre seguir el camino o enterrarme en mis recuerdos para sufrir en paz. Los recuerdos luchaban por entrar en mi mente, a tal punto que tuve que parar en la dársena, y dejarme llevar. Fue como prender una sala de cine, una brillante sala donde la imagen de Bella lo ocupaba absolutamente todo, veía claramente cada instante vivido con ella, y se repetía una y otra vez, menos de un año, tan poco tiempo juntos, y sin embargo tenia suficientes recuerdos, buenos y malos, como para pasar la eternidad.

La necesidad de estar quieto y dejar que mi dolor se apoderará de todo cuanto me rodeaba me tenia confundido, seguía sin entender tanto dolor y sufrimiento, tanto frío y vacío, y aun peor que eso, no entendía porque no podía controlarme como siempre lo había hecho, aunque de ser sincero eso también carecía de importancia cuando me dejaba llevar.

Llegue a Filadelfia al borde del atardecer, una llovizna suave caía sobre la ciudad. Usé por primera vez el sofisticado sistema de GPS, poniendo la dirección que Alice me dejo anotada, di todas las vueltas innecesarias que el aparato indicaba a las velocidades permitidas, con el solo propósito de mantenerme lejos de mi neblina y de mis recuerdos.

Al final llegué al lugar. Una de esas calles que mantienen todo con la arquitectura de principios del siglo pasado, la casa en particular estaba hecha según el estilo victoriano, y supuse… o mejor dicho supe al verla, que su parte mas antigua era de finales del 1800. Claro que el tercer piso lo habían agregado hacia unos 70 años, y la cochera no tendría más de 20 años. Aunque para cualquier humano la casa aparentaba estar igual a cuando fue erigida.

Abrí la ventanilla, el olor a comida humana me llego de todos los flancos, a dos casas iban a comer huevos y carne, la casa de la otra esquina tenia pastas en el menú, y de la casa a la cual me dirigía salía olor a guisado, supuse que para un humano sería delicioso, para mi solo era una mezcla de productos en franca descomposición.

Apague el motor, y esperé algún indicio de por qué Alice me había enviado allí. La casa estaba ocupada y era una zona demasiado poblada para nosotros, así que no pretendía que comprara la vivienda, aunque eso hubiera justificado la cantidad de dinero que había puesto en el bolso… exagerada incluso para nosotros que guardábamos miles de dólares en carteras, bolsos o bolsillos de pantalones.

Olfateé un poco más, el efluvio de una mujer mayor llegó a mí, tendría unos 70 años bien cumplidos… y aparentemente todavía le quedaba un buen trazo de vida. Me concentré intentando de ver cual de los murmullos era producto de sus pensamientos. Había varias mentes repitiendo música, alguien veía un canal de noticias… en Seattle se habían cometido varios crímenes dudosos. Y al final la voz que intentaba sintonizar.

No debí echarla de aquí, que importa si estaba con el novio. La imagen de una muchacha por demás cariñosa con su novio, me llegó de manera escandalosa. Necesito ese dinero… quien va a querer ahora la habitación… con toda la gente que rechace por esta niñata.

Así que esa era la sugerencia de Alice, que alquilara la habitación de la anciana, hasta la llegada de toda mi familia.

No era del todo un mal plan, la idea de Alice era que me mantuviera en acción, en movimiento… que no me dejara caer en mi dolor, por más que eso fuera lo más atractivo del mundo para mí ahora, sin contar con la idea de volver al lado de Bella. Pero rodeado de humanos no me iba a quedar otra opción más que fingir. Y por otro lado… ¿Qué tanto contacto debía tener con la humana? Me bastaba con fingir que salía para la universidad, y volver y esconderme en el altillo, allí nadie subía, lo podía ver, incluso desde aquí, y quedarme en paz con mi sufrimiento.

Como plan era casi tan malo como quedarme sepultado en algún cementerio… pero si Alice lo sugería, le daría en beneficio de la duda. Recompuse mi gesto, intentando parecer tan normal como me era posible… tome unos cientos de dólares, que guarde en el bolsillo trasero de mi pantalón, tomé el bolso, baje del auto y encaré la puerta.

Supongo que otra vez me tocará gastar los ahorros… suspiró entre pensamientos la anciana, toque dos veces. Quien será a esta hora.

Se apresuró a la puerta, la abrió y soltó un jadeo.

¡Dios mío! Un ángel, me morí mientras cocinaba…

Era una mujer alta y se la notaba enérgica. Sus ojos eran algo grandes y azules profundo, llevaba puestas unas gafas, y en líneas generales daba la apariencia de una abuela de cuentos, con un dejo de la nostalgia que solo saben expresar aquellos que han perdido lo más importante en sus vidas. A pesar del tiempo transcurrido, era fácil notar la mujer hermosa que había pasado sus primaveras entre risas y fiestas.

— ¡Buenas noches, señora! —dije respetuosamente, más bajo de lo que hubiera querido.

*Es muy lindo… ¿venderá algo? Desde ya que le aceptaré lo que sea, desde biblias hasta celulares…*se enrojeció ante su propio pensamiento. Debería contestarle de una vez. Se paso el trapo de cocina por el rostro, y parpadeo tres veces antes de proferir palabra.

—Buenas noches.

—Disculpe el horario —Pero, bombones como tú pueden molestarme a cualquier hora —pero tengo entendido que alquila un cuarto.

—Yo… —Quien le habrá informado… no puedo permitir que cualquier fulano entre en mi hogar, por más salido de la portada de una revista que sea.

—Vengo de —lo pensé un instante, de que lugar podía venir que me hubieran recomendado alojarme allí… solo se me vino una respuesta, al ver sobre el hombro de ella, la foto de una chica, que obviamente no era familia directa, en las playas de Los Ángeles —Los Ángeles, allí me recomendaron este lugar…

Seguro que fue Megan, tan buena chica.

—Megan —Lo sabía — me dijo que tal vez tendría libre una habitación, es solo por un par de semanas, mientras empiezo la facultad y mi familia se muda.

—Tengo una habitación… pero no suelo alquilarla a muchachos.

—Megan me lo dijo, pero también me dijo que tal vez haría una excepción. Desde luego que pagaré como si me quedara todo el semestre…

Con lo bien que me vendría el dinero…

—No hace falta, pagarás por el tiempo que te quedes, y nada más…

—Edward Carter —dije, ella me miró, esperando que extendiera la mano, pero me había olvidado de ponerme guantes… olvidarme de un detalle tan importante, solo era posible porque mi mente estaba totalmente ocupada por Bella.

—Soy Maharette McGraw —dio un paso al costado para que pudiera pasar.

—Gracias Sra. McGraw.

—Puedes llamarme Maharette, —me corrigió sonriente, guiándome por la escalera —la habitación esta preparada para albergar chicas, así que no sé si será de tu gusto.

Abrió la puerta de la habitación del segundo piso, todo era púrpura, y había dos espejos de cuerpo entero, un modular con cajones, un escritoriocontra la ventana, dos lámparas, la cama cuyo acolchado era púrpura con flores blancas, una puerta a la derecha.

—El baño —dijo Maharette, entrando en la habitación, y enseñándome la puerta —Sólo voy a pedirte que si deseas bañarte lo hagas ante de las nueve de la noche, es a la hora que llega mi sobrino, y le gusta bañarse antes de cenar.

—No hay problema con eso —dije dejando el bolso sobre una de las dos sillas.

Y cual será tu historia hijo, parece tan triste.

Mire de refilón mi reflejo en el espejo, si un humano se daba cuenta de mi desdicha, era mucho más visible de lo que pensaba.

— ¿Y cual es el precio por tan hermosa residencia de estudiante?

—Ah… eso… —cuanto le podré cobrar por solo unas semanas… si el auto que esta en la puerta es de él, no creo que tenga problemas financieros, pero tampoco quiero abusar.

—Que le parece —dije intentando apurar el asunto, no tenia ganas de perder tiempo con sus pensamientos, cuando los míos exigían toda mi atención. —Si le doy unos 700 dólares hasta fin de mes, y si me quedo más tiempo lo arreglaremos.

Dejo escapar un bufido.

Definitivamente es un niño rico, pero no debería aprovecharme de su falta de sabiduría con el dinero.

Genial, lo que necesitaba, que intentara regatearme hacia abajo.

—No creo que…

—Sé que puede sonar excesivo —dije, sacando el dinero de mi bolsillo —pero es simplemente una compensación por aceptarme aquí… y de los horarios un tanto extraños que puedo llegar a tener.

—De todas maneras creo que… —dijo, le puse el dinero en las manos, y lo contaba. Debería devolverle al menos 300 —es mucho por solo dos semanas.

—Pero usaré su cochera —intente sonreírle, pero creo que solo hice un gesto.

La cochera… da igual, al fin y al cabo solo ustedes la usan…

Ella estaba dudando, y yo ya me estaba hartando.

—Incluiré la comida —resolvió al fin Maharettet.

—Ya cené —respondí rápidamente —y no sé si mis horarios me permitirán comer aquí —agregué —no quiero ser una molestia.

—No será molestia, cuando estés comerás con nosotros —sentencio, tendría que buscar buenas excusas para sortear eso, no estaba en mi lista de cosas para hacer fingir que me gustaba tragar la comida humana.

—Gracias, es usted muy amable.

—Faltaba más…—se dirigió a la puerta. ¿No estará escapando de sus padres…?

No dejé que terminara su pensamiento.

—Espero que no le moleste que le de su dirección a mis padres, porque cuando lleguen desearan pasarme a buscar.

—No, no, no, eso estará muy bien.

Y al fin salió de la habitación cerrando la puerta detrás de sí. No acompañe sus pensamientos, obre mecánicamente, no era la primera vez que convivía con humanos, me dirigí al baño y abrí la ducha, moje mi pelo, me desvestí y cambie mi ropa por lo primero que encontré en la pila de ropa que me había preparado Alice, unos jeans negros, una remera blanca y un sweater negro, si lo pensaba Alice había estado recatada con la ropa que empaco.

Me senté en el borde de la cama, cerré los ojos y me deje llevar… allí estaba la niebla blanca y el rostro de Bella, el recuerdo era en mi auto, ella estaba contándome cada detalle sobre Phoenix, en sus labios las palabras cobraban vida y eran casi tan reales como si leyera su mente.

Abrí los ojos, una parte de mi continuaba irritantemente conciente de lo que sucedía a mi alrededor, debía cerrar la llave del agua, y guardar el auto.

Cerré la llave y baje para guardar el auto, entré apurado, quería hundirme, quería simplemente perderme y olvidar que existía un lugar fuera de mi mente.

— ¿Estaba bien el agua? —preguntó Maharette desde la cocina.

—Perfecta —me inquieto cuanto tuve que forzarme para soltar una sola palabra, al parecer todo lo que siempre había sido fácil y natural ya no lo era.

— ¿Saldrás temprano mañana? —preguntó, yo ya estaba en la parte alta de la escalera, supuse que los recorrí tan rápido que no era humano, salté para remediar el error, caí sin hacer ruido al pie de la escalera, y fingí que recién la comenzaba a subir.

—Sí —respondí al tiempo que ella asomaba por la puerta de la cocina, intente parecer cansado e hice mi imitación de un bostezo, lo suficientemente convincente para cualquier humano. —Desayunaré con unos amigos.

Me miró desde la puerta, con sus profundos y escudriñadores ojos, tratando de leer lo que no entendía de mí.

Que te habrá traído aquí, porque de seguro puedes pagarte un muy buen hotel.

—Bueno, entonces necesitaras esto —tanteo en la pared, y tomo un manejo de llaves —toma —me las extendió, las tomé con sumo cuidado para no tocarla.

—Gracias —musite.

—Hay ciertas… reglas en este hogar —dijo algo incomoda, me sorprendió, o algo muy parecido a eso, porque ya no sentía nada de manera absoluta, no haber escuchado sus pensamientos sobre eso.

—No se preocupe —dije, subiendo el primer escalón y poco dispuesto a escuchar que no debía traer chicas —no traeré a nadie, y obviamente no volveré en horarios poco decentes para una casa de familia.

—Bueno —Realmente no creo que sea de los que vuelven ebrios, o salen de juerga —supongo que eso esta bien.

—Estoy cansado —dije al fin, al notar que ella quería seguir hablando y hablando.

—Lo siento —se ruborizó —seguro que tuviste un viaje largo… descansa muchacho.

Ya quisiera yo descansar… pensé lúgubremente, subiendo la escalera a ese ritmo lento y tedioso de humano, una vez fuera de la vista, corrí a la habitación que ocupaba, no me moleste en prender la luz, no la necesitaba, me acosté en la cama, por simple costumbre, bien pudiera haberme quedado de pie contra la puerta trabada, o haberme tirado en el suelo, ambas cosas me eran igual de cómodas.

Cerré los ojos y la niebla, que ya estaba nublando mi vista, se apodero de todo, y allí estaba Bella, esto me causaba un enorme y aplastante dolor en el pecho, a duras penas reprimí mi gemido. El recuerdo era de cuando la lleve al claro que yo mismo había preparado para ella y para ese momento, aun antes de saber que pasaría.

Era una imagen hermosa, el sol le daba luz a su piel y a sus facciones, hacia que cada parte de ella luciera extremadamente viva. Recorría con sus dedos mi brazo, si me esforzaba lo suficiente podía sentir en mi mano su tacto ardiente, con su sangre burbujeando en su interior.

Me sumergí aun más en este recuerdo, saltando la partedonde ella me miraba con horror, por la pequeña demostración del nivel de mi monstruosidad, de la misma manera que lo haría con una película en sus partes aburridas. Ahora estaba con mi oído sobre su pecho, sobre su corazón, no necesitaba eso para escucharlo, en mi presencia hasta un humano hubiera podido escuchar el ruidoso ritmo del corazón de Bella, pero quería sentirlo, comprobarme a mi mismo lo mucho que me importaba cada latido dado, cada latido por venir, que la sola idea de que ese sonido se detuviera me causaba un profundo e irracional dolor, mayor que mi sed, mayor que mi deseo o que cualquier otra cosa que me hubiera hecho sufrir en mi existencia.

Y luego el mayor de los recuerdos, el mejor de todos en muchos sentidos y el peor en otros, nuestro primer beso… y la fogosa e inesperada reacción de Bella. Siempre me preguntaría si ella llego a imaginarse lo cerca que estuvo de terminar todo allí. Por un momento estuve convencido que eso era todo, que: o la mordería y su sangre fluyendo me volvería loco y no habría manera de detenerme, o bien, por mi afán de su cuerpo, la abrazaría con la fuerza que ella exigía y terminaría destrozándola en mis brazos. Ambas opciones aun más dolorosas que mi sufrimiento actual.

Y es que entendía plenamente que mi presencia en la vida de Bella la cubría de un manto de muerte, eso era lo único que yo podía significar: muerte; era lo único que yo podía darle: muerte… y nada más. Por eso me había alejado porque ella no debía de dejar de existir, ni ahora, ni cuando su alma sin tacha fuera a lo que sea que exista más allá, donde yo no sería un problema, porque no podría seguirla… estaba decidido a dejar esta tierra en el mismo momento en que ella lo hiciera, pero sabía que tal vez eso fuera todo para mi… mientras que Bella seguramente disfrutaría de algo más, esperaba sinceramente que fuera el cielo, la podía ver perfectamente como un ángel, aunque pensar en su muerte lograba descomponerme en el sentido más humano de la palabra.

En mi recuerdo el rostro de Bella se veía feliz y angelical, pero esto fue cambiando lentamente, la sonrisa se desdibujo en un gesto triste, los ojos se le anegaron de lagrimas y su voz sonó clara y acongojada en mis oídos.

—Vuelve, por favor… solo vuelve.

Abrí los ojos de golpe, ya amanecía un cielo gris y cargado se veía por entre el cortinado. Definitivamente mi cordura era algo en lo que podía dudar, según parecía nosotros también podíamos volvernos total y completamente dementes.

La voz de Bella había sonado tan real, y tan suplicante, con el mismo deseo que me embargaba. Y en realidad sabía que ese era el único motivo para haberla oído, era tan egoísta que intentaba encontrar un motivo para volver… y me dolía tanto que los motivos me sobraban… pero el motivo para alejarme era por el momento más grande que mi dolor.

Miré a mí alrededor con ansias de destruir algo… pero sería una actitud que me delataría, debido a que podía convertir en polvo a la gran mayoría de las cosas que había allí, así que simplemente me levante, intentando concentrarme en los pensamientos de Maharettet, me costo algo más de lo normal.

Estaba despierta en su habitación, y sus pensamientos iban dirigidos a su esposo muerto, era como un llanto y una oración, ¡Justo lo que necesitaba! Pero extrañamente su pregunta resonaba como si fuera yo quien la planteara.

¿Por qué sigo aquí si tú ya no estas a mi lado?

Por qué seguir existiendo si ya no podía estar más al lado de mi amada Bella, que más daba seguir existiendo o terminarlo todo. ¿Por qué aplazar lo que de todas maneras era inevitable? No pensaba en seguir sobre esta tierra más allá de lo que durase la vida de Bella, ¿qué más daba hacerlo ahora o en 70 años? ¡Cuánto más aliviador sería hacerlo ahora que en 70 años!

Llevaba tan solo 72 horas lejos de ella, y ya no sabía como enfrentar el siguiente minuto de mi existir, era imposible seguir. Creo que al tomar la decisión de dejar a Bella imaginaba cuan difícil podía llegar a ser, pero había esperado, casi deseado, que el saber que era lo correcto me ayudaría a sobrellevarlo, sin dudas un error de cálculos, nada podía ayudarme a sobrellevar la agonía que significaba para mí estar lejos de mi amada, haberme impuesto no volver a verla, haberla herido, haberla dejado sola, haberle mentido… todo era horrible, era una pesadilla, y que esa fuera la única manera de que Bella estuviera a salvo, no me ayudaba ni un poco, no me aliviaba, no me complacía, era tan solo algo más sobre lo que estar apenado.

Así que por qué seguir sufriendo aquí. Tal vez era el miedo a terminar sufriendo en el más allá, si acaso existía y no podía resignarme a que no existiera, tenia mis dudas sobre si el infierno podía ser más cruel y doloroso que mi existencia sin Bella, pero, desde ya, temía a esa posibilidad, aunque no dejaba de pensar en que sería lo que debía de tocarme.

También existía la posibilidad de la inexistencia, esa idea era casi consoladora, reconfortante… dejar de existir, convertirme en nada y estar rodeado de nada, me costaba creer en esa posibilidad, pero no negaré que era tentadora.

La opción del cielo quedaba por entero descartada, de ser que existiera, no importaba cuan misericordioso y benévolo fuera Dios, yo era un asesino y ese es uno de esos pecados que no tienen manera de perdonarse, la sangre de demasiadas personas pesaban en mis manos, criminales todos ellos pero aun así era sangre derramada, y no podía existir perdón para una criatura oscura como yo, sin importar cuantas buenas obras haya intentado hacer para y por Bella, seguía siendo un ser maldito, así que no valía la pena pensar en el cielo, allí nunca llegaría yo.

Podía terminarlo todo en tan solo un par de días… viajar a Italia y provocar a los Vulturis, una buena revuelta, y lo próximo seria que ellos terminarían conmigo, no daban segundas oportunidades, así que mi final sería rápido y precipitado… una excelente manera de no volver a aparecer cerca de Bella.

No, no debía hacer eso, al menos no ahora, le había pedido a Bella que no cometiera ninguna insensatez, y aunque no fuera igual en mi caso, yo tampoco debía hacerlo. Algo así causaría una gran tristeza en Carlisle y en Esme… quería intentar que mi decisión no los afectara.

Así que simplemente salí de esa habitación, caminando en silencio, pero procurando que fuera un silencio humano, baje las escaleras, tomé mi auto y conduje a las afueras de la ciudad, internándome en uno de los bosques, empezando así lo que sería mi interminable seguidilla de días y noches sufriendo por haber dejado a Bella.

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Espero sinceramente que les haya gustado el capitulo, son de esos que me cuesta escribir porque demoran la acción, pero que son necesarios para crear un contexto, una linea por la que se mueva el personaje...

Debo decir que de este capitulo estoy muy orgullosa de dos ideas, espero que les guste las mismas que a mi, y sobre todo que me dejen sus hermosos comentarios que tanto atesoro...

Saribel.