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Enceguecer en la oscuridad — capítulo 3
Bueno, yo actualicé y/o edité, los capítulos anteriores. Espero, que este les guste. Saludos y besos.
M&S
Hermione no podía entenderlo. Voldemort, les había dejado ciegos. Había sido, por castigo. ¿Pero acaso, era reversible? Ella no podría precisarlo. El punto era, que estaban sufriendo, por algo que quizás, no era su culpa. Bueno, sí lo era el hecho de ser mortífagos, pero ella sabía, que no tenían malas intenciones. O eso, esperaba.
- Esa es mi mano, Draco- suspiraba Hermione, cuando el joven, intentaba ubicarse en el tiempo y en el espacio.
- ¡Ya sé que es una mano! ¡Quítala entonces!
- Y esa, mi cara...
- ¿Qué demonios estás haciendo aquí, Granger?
- El profesor Dumbledore, me dijo que debía ayudarles hasta que recuperaran la visión.
- ¡Yo no necesito tu ayuda!
Hermione se alejó de él y el muchacho, se tambaléo ligeramente. Luego de verlo, regresó a él y sostuvo su brazo. Draco ladeó la cabeza y emitió un suspiro de frustración. ¡Cómo odiaba, no poder ver! Ella, se mantuvo allí, mientras él se ponía de pie.
- Sí necesitas mi ayuda- le indicó, con un suspiro. Draco, colocaba sus pies fuera de la cama.
- ¡Sólo ayúdame a pararte y cállate!- le dijo y ella, tiró de él con suavidad. Con una sonrisa suave, ella celebraba el hecho de que se pudiera levantar.
- Ya está. Ahora, explícame, por qué estás ciego.
- ¡El señor tenebroso me maldijo! ¡Dijo que yo no le era útil y me castigo! ¡Me dijo, que jamás volvería a ver lo que me hace débil! Y así es. Ya no puedo ver.
- El profesor Snape, también está ciego.
- Sí, lo sé.
- Los tengo que ayudar.
Hermione tomó el otro brazo de Draco, para ayudarle a caminar. Se detuvieron, ambos, junto a una silla, para que él pudiera tomar su bastón. Nunca lo había utilizado, pero ahora debía hacerlo. Lo colocó en sus manos, pero Draco lo dejó caer sin quererlo.
- ¡No, yo me agacharé y lo recogeré!
- ¡Pero, si tú no puedes ni ver!- le dijo ella, agachándose primero. Draco quiso agacharse y ambos, golpearon sus cabezas.
- ¡Fíjate en lo que haces, Granger!
Ella, negó con la cabeza y le entregó su bastón. Draco, con un suspiro, lo apoyó en el suelo. Hermione, tenía que soltarlo. Él, debía caminar por sí mismo. Supuso. Paulatinamente lo fue soltando. Draco, arrastraba los pies con torpeza, a lo largo de esa habitación de azulejos y de una cama con sábanas azules pasteles. Una típica sala de enfermería. La ventana silbaba, mal cerrada y el ruído se convertía en un chirrido molesto. Hermione, seguía bien de cerca a Draco, mientras éste, trataba de ser independiente. Al llegar a la puerta, Hermione no se percató de que estaba entreabierta y él, se había golpeado con la misma. Retrocedió, maldiciendo y tanteando el lugar con su bastón. Ella, se encargó de abrir la puerta, sin decirle que estaba mal cerrada. Eso seguro, le enfadaría. Tenía que ir con el profesor Snape. A ambos, debía ayudar. Debía quizás, encontrar una solución para el dilema, aunque no supiera como.
Draco, había salido de la habitación. A lo lejos, habían unas largas y tediosas escaleras. Hermione se imaginó a Draco, peleando por no querer ser guiado a través de ellas. Con frustración, intentó indicarle que habían escaleras. No podría de todas formas, subir, sin saber si seguía escalón o no. Tenía, que dejarse ayudar.
- No necesito tu guía, Granger
- La necesitas o si no, te caerás.
- Entonces, me caeré. ¡Pero no voy a depender de ti!
El joven de ojos grises y de mirada desenfocada, colocó sus manos en las paredes y comenzó a levantar un pie. Bien, no sabía donde estaba el escalón, pero no se dejaría convencer por Hermione. Él podría lograrlo. Nadie, le diría como hacerlo ni qué hacer.
Pero no tuvo éxito, al primer movimiento, sólo se cayó al suelo de forma estrepitosa. No permitió tampoco, que Hermione le levantara del suelo. ¡Nadie le vería humillado y derrotado! ¡Así no pudiera ver, él sería Draco Malfoy!
- Tendremos que estudiar juntos. Ya que no puedes ver las lecciones.
- ¿Qué sentido tiene, si no puedo ver lo que conjuro?
- Aprenderás a creer en la magia así, no la puedas ver.
Draco negó con la cabeza, cuando ya faltaban unas pocas escaleras. Hermione, le ayudó a subir y respiró con alivio, cuando estaban en el lugar indicado. La dirección. Allí, se decidiría lo que se iba a hacer a la larga.
Al entrar, estaba Snape allí sentado. No veía, así que para Hermione, representaba una especie de alivio en cierto modo. No podía criticarla, o intimidarle con su mirada. Sin embargo, aún así, su condición era deplorable. Al oír paso, volteó su cabeza, desorientado.
- Soy yo, profesor Snape.
- ¿Está Draco contigo?
- Sí- respondió Draco.
- El director no debería tardar.
Hermione asintió, sentándose en la silla que le correspondía. Ayudó a Draco a sentarse, aunque él no lo deseaba. Con un suspiro, permaneció mirándolos a ambos. Qué cruel destino.
- No nos mire, con lástima- le dijo Snape, de pronto. Ella, se sobresaltó.