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Historia 39420 — capítulo 6

¡Hola! Me perdonan la tardanza =), espero que lo disfruten.

Besos & Saludos.

-Septiembre-


Vaciaba el armario sin compasión, ropas y cualquier objeto salía despedido. Cogía una bolsa de terciopelo que se encontraba en lo más recóndito de el armario.

La abrió después de asegurarse que no había nadie en casa. Volvió a la bolsa y la abrió sin preámbulos.

Encontraba miles de papeles que no se molestaría en leer, una cartera que no contenía nada, un sobre que más tarde abriría y por ultimo algo que le hizo llevarse las manos a la cabeza.

Conocía muy bien esa clase ''palitos'' una verdadera varita mágica compuesta de ventrículos del corazón de dragón, sustancia mágica muy poderosa. Objeto de una bruja. Ahora cada vez le quedaban menos dudas y temía encontrar lo que se imaginaba.

Abrió el sobre y observó miles de fotografías de aquella niña de dieciséis años en Hogwarts con el famoso de Potter y los Weasley.

Lo guardó todo con la rabia acumulada y agarró su cazadora dejándola la casa atrás con un portazo.

Hermione servía una copa cuando pudo observar su mirada clavada en sus ojos marrones. Draco Malfoy había vuelto hasta allí con su burda mentira.

-Sirveme una copa- le ordenó el sentándose.

-Aquí la tienes- dijo al cabo de un rato.

Tomó un trago y debió escupir. Ella había mezclado mal las bebidas, una mezcla explosiva para cualquier garganta.

-Perdona Tom- dijo ella- me confundí, la botella no decía verdaderamente que llevaba dentro. Suele pasar, no sabes que puedes encontrarte...-

-Dentro de un armario- le cortó el a gritos por el volumen de la música.

-¿Que bobadas dices?- no podía entenderlo- me refería a que hay muchas mentiras sueltas, Tom- acentuaba el nombre.

-Suele pasarte mucho ¿Verdad?- le preguntaba- lo de confundir botellas digo.

-Sí- sonrió burlona- me creo que están hechas de una cosa y mas tarde me entero de que son totalmente lo distinto.

-Entonces tiene un gran parecido con las botellas- se levantó de la silla dando un trago a aquella bomba- Granger.

La jarra que tenía Hermione en la mano se cayó a sus pies. Lo miraba estupefacto ¿Como sabía su apellido? Nadie lo tenía claro en aquella ciudad, había preferido tantas veces no decirlo. ¡Maldito Draco Malfoy! Había vuelto para hacerle daño, para que le encerraran.

¡Maldita Granger! Había llegado hasta allí fingiendo ser una muggle para entregarle.

Ambos desconfiaban hasta de ellos mismos.

-Habla- gritó él cogiendo una copa y estampandola contra la pared.

-Malfoy...-alcanzó a decir con todo despectivo mientras él la miraba furioso.

-¿Por cuanto tiempo ibas a mantenerte en silencio, Granger?- le cuestionó, mucha gente ya los miraba por el espectáculo. Ella había salido de la barra y el jefe la observaba.

-Yo no mantengo nada en silencio- le gritó- supe esta mañana que eras el estupendo Draco Malfoy ¿¡Para que coño has venido hasta aquí!? Y no intentes colarmela otra vez con el trabajo porque a ti no te pega-

-Tu...-titubeaba mirándole de arriba a bajo- tu estas loca si crees que he venido aquí por ti.

-¡Que no me llames loca!- ella cogió un vaso de la mesa mas cercana y se lo tiró a la cabeza. Pudo esquivarlo y la gente empezaba a exaltarse.

-Pero mirate- le gritaba, unos chicos le paraban por su enfado- tirando vasos a la gente.

-Hermione- una voz se posaba detrás de ellos. Un hombre con bigote le daba una cazadora- coge a tus amigos y largate. Te dí una oportunidad más, no quiero verte más en mi local.

Hermione contempló furiosa a Draco y tras agarrar su prenda se marchó de allí. Draco salía detrás de ella caminando a paso firme.

-Ahora seguro le dirás a todos que soy un falso Tom para que me echen de casa-

-No quiero tenerte en mi casa-le aclaró.

-Pues tu me dirás bonita como lo vas a hacer, no tienes curro y no podrás pagarla sola-

-Eres una alimaña Draco- decía Hermione encendiéndose un cigarro.

-¿Por esto has dejado la varita?- le quitó el cigarro de la boca y lo tiró a el suelo.

Hermione le empujó y caminó hacia adelante encendiéndose otro. Pronto llegaron a el piso y Helena no se encontraba allí.

Hermione agarró una botella junto a un vaso y se introdujo en el cuarto.

Draco optó por coger otra y tirarse en el sofá.

Cada uno bebía con descontrol en una punta de la casa, ambos sabían que ocurría cuando bebían pero esta vez era diferente. Ya sabían de que pasta estaba echo cada uno.

Hermione no podía aguantar más sin salir al baño y cuando lo consiguió al volver a el cuarto Draco la pilló por banda.

-Quiero que sepas que ante todo en estos tres meses que hemos estado juntos no sabía quien eras- Draco hablaba enserio, de haberlo sabido se habría ido lejos.

-Yo tampoco lo sabía, pero con eso se demuestra lo cerdo que eres- reía por la cantidad de alcohol consumido- ¿Quien era la chica?.

-Pansy Parkinson- aclaró.

-¡Vaya! Las malas costumbres no cambian Draquito- golpeó su mejilla con palmaditas y se dirigía a el cuarto.

-¿Por que has venido a vivir aquí?- le preguntó el.

-¿Por que has venido tú?- contraatacó.

-¡Vaya, igual que en la botella, tú negaste confesar nada y yo negué hablar de mí!- Hermione afirmaba mirándole extrañada- ¿Recuerdas que pasó después?.

Draco le agarró la cintura y empezó a besarle. Ella se separó repentinamente y golpeó su mejilla con fuerza.

Como una loca segundo más tarde agarró su nuca y lo llevó hacia sus labios de nuevo.

Draco la llevaba hasta el sofá arrastrando con todo.

-No, no- negaba ella mientras su cuello era mordisqueado.

-¡Callate Granger!- le ordenó marcando su cuello.

-No me llames Granger.

Draco le agarró con fuerza tirandole a el sofá, quitó sus pantalones y cuando se disponía a hacer lo que de nuevo deseaban ella rompió en lágrimas.

-No, así no, por favor.

-Perdoname- reaccionó él, quizás fue bruto- debí ir más calmado.

-Con un Malfoy no.

Dicho esto salió hacia el cuarto a toda prisa llorando a mares. Se dejó caer en la cama y cerró sus ojos.

Una luz la devolvía a una habitación lúgubre, sin nada que adornase el ambiente. Una muchacha joven de apenas dieciséis años se encontraba en la cama abrazando sus rodillas. Podía reconocerse a ella misma desde afuera, parecía encerrada.

Un hombre de melena rubia larga entraba por la puerta, la joven miraba exaltada y pedía que le soltaran.

Pudo observar como aquel hombre le acariciaba de un modo distinto al que estaba acostumbrada llevando su mano hacia dentro de la cama.

La tumbaba en el suelo entre gemidos de dolor y llanto.

-Nadie se acercará pequeña sangre sucia- tocaba sus labios carnosos- estás loca. Las locas se imaginan cosas.

-¡No estoy loca!- lloriqueaba- Lucius, suéltame, tienes hijos un hijo de mi edad. No puedes hacerme esto.

-Tus amigos te han vendido- olía su cabello- ahora eres nuestra.

Volvía en sí, sudaba entre las sábanas de el piso en el que ahora vivía. Hermione empezó a llorar desconsolada al ver que el sueño era su adolescencia reflejada.