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Historia 39420 — capítulo 9
¡Perdon por el retraso! Aquí va nuevo capítulo.
Septiembre.
El suelo estaba frío y sus manos temblorosas. Recordaba las palabras de el doctor: *''Es doloroso, pero cuando no se quiere una nueva vida es preferible''*Hasta ahí todo bien. ¿Dolor? ¿Que significaba eso para ella? Dolor era todo lo que había tenido que soportar. ¿Pero hasta que punto sería capaz de matar a su bebé? ¿Estaba segura de que no querer aquella vida?, ¿Tendría culpa un nuevo ser humado de algunos pecados cometidos en el pasado?.
Pese a todo no podía permitirlo, aquel niño era de Draco Malfoy, su mayor enemigos, el hijo de el hombre que destrozó su juventud. Su pesadilla hasta el momento.
Sostenía aquellas pastillas mirándolas desde aquel suelo, solo quedaba un pequeño empujón y todo habría acabado. Respiraba profundamente y a eso se decidía.
La puerta se abría, pero fue inmune a los oídos de la joven.
-¿Donde está?- preguntó Draco mirando por la cocina.
-No lo sé- decía Helena mirando en el cuarto. Se quedaba pensativa, ¿Donde podría estar su amiga?- ¡El baño!.
-¿Que hace en el baño?- preguntó asustado.
-Una posibilidad es que esté meando- dijo torciendo la cabeza- en ese caso nos mandará a la mierda, y dos que esté apunto de cometer una locura.
Draco se decantó por la segunda con los antecedentes de la joven, corrió hasta allí y abrió la puerta bruscamente. Ella estaba allí insertando aquellas pastillas en su boca.
-¿Que demonios haces?- Draco se tiraba a el suelo de rodillas, tomaba la cara de la joven y la zarandeaba- ¡Escupe Granger!.
Ella golpeaba su pecho con los puños. Él no debería estar allí, debería estar con Pansy Parkinson formando una pareja feliz.
-¡No tienes derecho a quitarle la vida a mi hijo!- le gritaba sujetándole fuerte- ¡No os dejaré mataros mutuamente!- le aclaraba- ¡Escupe!.
Helena se mantenía en la puerta exhausta, con sus manos en los labios, no podía creer. Hermione intentaba suicidarse, tenía más de dos pastillas, tenía dos tipos de medicamentos, uno para el aborto y otro para acortar su vida.
-¡No puedes!- decía Draco desesperado, sus ojos empezaban a ponerse llorosos, no sabía como salvar la vida de la joven. Estaba incontrolada, estaba fuera de sí.
Draco le tomó fuerte el cuello con sus brazos y tapó sus orificios nasales, depositó su mano bajo la boca de Hermione y espiró que tuviera que respirar.
-¡Vamos, maldita sea! ¡Escupe!- rogaba mirando hacia el techo.
Se asfixiaba, lo escupía, las pastillas caían en manos de Draco que las tiraba dentro de la ducha para no perder ni un segundo para sujetar a su enemiga entre sus brazos. La apretaba fuerte, hundía su rostro en su melena alborotada y no sabía porqué. Tal vez era aquella pequeña vida que les unía, o tal vez era porque desde que había llegado allí ella era una Hermione totalmente distinta. Una Hermione que le gustaba, una Hermione que desaprovechó, una Hermione que quería recuperar tal vez.
-¡Suéltame!- le gritaba ella derramando lágrimas- ¿Quien te da derecho a meterte en mi vida?- se levantaba de el suelo y secaba su rostro.- ¿¡Que coño haces en mi casa!?.
-¡Salvar a mi hijo!- le gritó en contestación- ¡El es quien me da todo el derecho!.
Hermione miró fijamente a Helena desde aquella esquina de el baño. Había sido ella, era ella quien le había fallado esta vez.
-Hermione yo creía que...-
-¡Callate!- le ordenó- Hay que joderse Helena, ¿tu también?.
Salía de el baño golpeando todo a su paso. Su cabeza estaba sufriendo varios trastornos, temía volverse loca verdaderamente. Sujetaba su cabello con temor, y lloraba por seguir con vida. Acariciaba su vientre y daba gracias a Dios, no sabía que pensar, solo que era un niño inocente.
-Hermione- Helena pasaba el cuarto, no le dio tiempo a excusarse puesto que su amiga se encontraba en sus brazos.- Lo siento mucho.
-No- decía ella secando sus lágrimas- no tienes la culpa, hiciste lo mejor para mi.
-Él se alegró de tener un hijo- le confirmó. Hermione le miraba de nuevo, le desagradaban aquellas palabras- tal vez, no se, sal ahí y haz lo que sientas.
-Yo ya no siento- le decía a su amiga entre lágrimas.
-Se que ese tío te a hecho mucho daño- le aclaró- pero es el padre de tu hijo, al menos sal ahí y dale las gracias por continuar aquí.
Hermione fue obligada por Helena a salir de el cuarto. Le empujaba de su brazo y la plantaba enfrente de un Draco Malfoy que sujetaba su chaqueta. Los dejaba solos, se volvía a el cuarto.
Ambos se miraban sin decir nada, Hermione observaba su salón como si fuera la primera vez y Draco observaba su chaqueta.
-¿Ya te vas?- rompió ella el hielo.
-Sí- afirmó el tras un suspiro- ¿No?.
-Pansy te espera- le aseguró con un tono cortante- Gracias por todo Draco, pero se hace tarde, debes de irte.
Draco afirmaba girándose hasta la puerta, tomó el pomo y se quedó pensativo. Se giró sobre sí mismo y volvió a mirarla.
-¿Embarazada?-
-Eso parece- afirmó fijando su vista a el suelo.- Pero eso no quiere decir nada, hay muchas madres solteras en el mundo.
-Claro que quiere decir- le discutió- será un mago, deberá ir a el mundo del que te marchaste- ella se lamentó. No había caído en aquello- ¿De que huías Granger?. Tu vida era perfecta, eras una buena bruja y con los mejores amigos.
-No tienes ni puta idea Malfoy- le aseguró volviendo a sollozar- pero ni yo ni me hijo volveremos a ese mundo.
-Granger- se acercó a ella- un hijo es algo serio. No estoy en el mejor momento de mi vida, quizás debería quedarme aquí a ayudarte.
Sus ojos se clavaban los unos en los otros. ¿Como sería mezclar un color caramelo con un plata? ¿Como se había podido olvidar de esos fríos ojos a la hora de mezclarse con él? Llevaba la marca de su familia en los ojos. Pero no era uno de ellos, tenía un color, una luz, aquella pequeña luz que le vio cuando tenían dieciséis años. ¿Que tienes de especial Draco? Se preguntaba ella misma. ¿Que podía ver en el que le daba un trozo de confianza?.
''¡Quedate Draco, quedate aquí!'' ''¡No vayas con ella!'' Intentaba no mencionar esas frases que no sabían por que pasaban por su cabeza.
El sentir de el rozar de la mano de el rubio con la suya la despertó, estaba de nuevo en la realidad.
-¿De que huyes tu Malfoy?- le preguntó sin preámbulos.
-Eso no tiene nada que ver en esta conversación-
-¿Ves?- sonrió cínica- No podemos estar juntos, jamás nos contaríamos la verdad. ¿Como íbamos a criar a un niño en un mundo de mentiras?.
-Si lo dejas aquí será un mundo de mentira-
-¡Callate!- le rogó. No quería oír nada más, ese niño no sabría de magia. No sufriría dolores como los que ella tubo que sentir.
-Dímelo ahora Granger- le pidió- ahora que esperas ese hijo mio. Dime que me vaya y que no vuelva, dime que me vaya con Pansy y me iré.
Hermione afirmaba pensativa. ¿Que deseaba hacer? ¡Quería que se largara de allí! Pero ¿Que parte de su mente le contradecía? ¡Estúpidamente desquiciada!.
-Vete Draco Malfoy- dijo cortante- Vete con Pansy Parkinson.
-Esta bien- afirmó sujetando con fuerza la chaqueta- pero no me privarás de un hijo mio.
Se marchaba sin que ella pudiera rechistarle, sin que pudiera discutir de el asunto.
Había tomado una decisión, no quería tenerlo cerca, se marchaba.
Hermione quedó allí día a día con Helena. Ambas salían de paseo, miraban tiendas y de más. Todos los días quedaban con Alex y Chus.
-Hola preciosa- decía Chus abrazando a Hermione.
-¿Que pasa bombones?- preguntaba Raúl- ¿Y esas caras de cansancio? ¡Que tenemos una sorpresita!
-Me encantan las sorpresas- decía Helena aplaudiendo.
Caminaron con los chicos hasta el lugar indicado. Una cafetería, alguna cita, habían encontrado a alguien.
Allí estaba él de nuevo, tomando la mano de Pansy Parkinson, ya había pasado un mes no había sabido nada de él. Ambos se dirigían la mirada sin poder apartarla y Hermione no podía moverse de la puerta.
-Estoy cansada- decía mintiendo- mejor me voy a casa.
-Ven aquí- decía Chus tomando su mano. La sentó encima de él e hizo que apoyara su cabeza sobre el hombro de el joven- yo cuidaré a mi premamá.- ella se sonreía en el cuello abrazandoselo- ¿Tienes ya un padre para tu hijo? Yo me presto voluntario.
Sin comerlo ni beberlo una copa de un camarero que pasaba al lado de el joven se derramó sobre su cabeza. El camarero se disculpaba con Chus, no sabía que había podido pasar. Draco parecía no hacer mucho caso pero sonreía al ver a Hermione levantándose. Lo miró furiosa, había usado la magia.
Él besaba a Pansy como si nada, después le miraba a ella que quería reventar sin saber porqué y de nuevo la volvía a besar.
La tarde había acabado y Helena volvía a casa con su amiga. Hermione soltaba todas sus cosas molesta, se sentía furiosa. Puso sus ojos en blanco y comenzó a avisar a Helena de un profundo dolor en el vientre.
-¿Que? ¿Que?- se preocupaba su amiga- ¿Te duele mucho?.
-Sí- se quejaba ella- llamalé.
-Sí, llamaré una ambulancia.
-¡No!- le gritó- llama a Draco. Que venga a casa, que venga a ayudarme.
Helena obedeció rápida. Tras colgar y que Draco afirmara que no tardaba le ayudó a introducirse a la habitación, la postró sobre la cama y se preocupaba por ella.
-¿Estas mejor?-
-Todavía duele, ¿Va a venir?.
-Sí- aceptó- está de camino, voy a por un poco de agua para que te mojes los labios.
Helena salió despavorida, llenó aquel baso y volvió a el cuarto. Cuando entró vio algo fuera de sus posibilidades, la mujer herida se encontraba arreglándose frente a el espejo.
-¿A ti no te dolía el vientre?- preguntó con incredulidad. Hermione sonrió tímida, le habían pillado- Genial, es por Draco.
Ni ella misma sabía el porque pero si, aquello lo había fingido para tenerlo aquella noche con ella. A su lado, juntos.