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¡Enamorado de mi madre! — capítulo 7
Hermione, miraba a su alrededor, pero todo lo que veía era arena. Frustrada, miraba a Draco y el muchacho, se sacaba un cangrejo del pie. Lo pateaba y el pobre animal caía en una duna. Se escondía de él. Seguramente, como ella lo había hecho.
Con un suspiro, Hermione caminó hasta Draco y lo haló para que le acompañara a recorrer la isla. Estaba mojada y con mucho frío. Draco, no tenía varita y no sabía qué hacer. Hermione se dio un golpe en la cabeza con la mano al saber, que su "hijo" no tenía varita. Le dio un golpe con la mano, en la parte posterior de la cabeza.
Observaban que la isla en la cual habían quedado, era un archipiélago. Con un suspiro, Hermione se dejaba caer en la arena. No había más nada allí y muchos cocos también. Draco, pretendía tumbar uno de ellos, al hacerlo, le caía en el pie. Hermione, se reía al verlo brincar y maldecir al coco. Ambos, observaron al coco. ¿Una dieta de frutas todo el tiempo? Desfallecerían sin remedio.
El sol era inclemente y molesto. Hermione, se quitó su suéter y se lo ató en la cabeza para cubrirse del sol. Draco, encontraba aquello, algo sexy. Por supuesto, su madre, era propiedad de Snape. Pero, ¿Él tenía que enterarse? Seguro, enviaba a un equipo de aurores al rescate.
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Si queremos sobrevivir, debemos hacer un refugio.
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¿Pero, donde están los demás pasajeros?
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No sé, dormimos por medio día y quedamos aquí- le comentó Hermione, recordando que su balsa había estado a la deriva.
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¿Qué hacemos, mami?
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Nada, tenemos que esperar. Tú no tienes varita y yo, ya pensaré en algo. Trae troncos, para hacer una fogata.
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Enseguida, mamita...- le confesaba aquel jovencito y Hermione, sentía que su sangre hervía y muy pronto llegarían a Londres, del golpetazo que le daría.
Draco, regresaba con leña. Mientras la colocaba, una astilla se le había clavado en el dedo y él, había emitido un quejido.
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Necesito, que mi mamita, me bese el dedito- le dijo y Hermione negó con la cabeza y le arrancó la astilla. Draco, soltó un quejido más fuerte.
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¡Qué bebé eres!
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Me ha dolido- confesó y ella, sólo pudo suspirar y apuntar las maderas con su varita. Las llamas aparecieron y abarcaron, gran parte de lo que había recogido Draco. El joven, miró a su madre y esbozó una sonrisa.
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Estás muy bien entrenado. Ante una gracia, sonríes- le dijo ella y Draco, le miró con el rostro de pocos amigos.