← ¡Enamorado de mi madre! · de
¡Enamorado de mi madre! — capítulo 8
Hermione estaba tumbada en la arena, sobre una hoja de palma. Draco, miraba la bien formada apariencia de su mami. Hermione ladeaba la cabeza hacia él y se cubría con una palma, aereada. El frío, comenzaba a hacerse molesto. Con un suspiro, Draco intentó mantenerse caliente.
A mitad de la madrugada, le pareció que algo rastrero tocaba su pierna. Se levantó de golpe, pero ya era tarde. ¡Lo tenía entre los pantalones!
- ¡Diablos!- exclamó, brincando- ¡Estúpido animal!
Mientras brincaba, algo le pellizcó muy fuerte la entrepierna y se dejó caer en el suelo. Hermione al oír el golpe seco, se había levantado. Draco intentaba sacarse algo de los pantalones o...
-
¡Eso es asqueroso!- le gritó, mirándolo.
-
¡Tengo algo en mis pantalones!
-
Sí que lo tienes- dijo ella, utilizando una madera encendida para iluminarlo. Draco, siguió moviéndose y contorsionando el rostro.
-
¡No eso. Un insecto, animal o qué se yo!
Hermione suspiró y pensó. ¿Qué hacía? ¡No iba a meter sus manos dentro del pantalón de Draco! Buscó una varita y trató de hacer salir al animal.
- ¡Eso duele!- se quejó Draco- ¡Si no me vas a ayudar, no hagas nada!
Hermione sacó su varita y conjuró un protego. Hizo despegar a Draco, varios metros y al caer en la arena, el animal caminaba sobre su cara y se iba. Estaba muy confundido, para ser un pequeño cangrejo.
-
¡Te patearé!- decía Draco, caminando hacia el animal, pero Hermione le detuvo con una orden.
-
No tiene sentido- le dijo y Draco, le miró con rabia- acuéstate.
-
¡No me acostaré en la arena! ¡La próxima vez, será una serpiente!
-
Entre serpientes, dudo que se hagan daño- le sonrió ella con malicia y Draco se disponía a sentarse. Lo intentó, pero el pellizco del cangrejo en sus partes, le prohibía ese pequeño detalle. ¿Tendría que quedarse parado como un tonto?
-
¿Qué haces?- se quejó Hermione.
-
No puedo sentarme, por que...- dijo y Hermione entendió lo que quiso decir.
-
Tendrás que quitarte el pantalón y, colocarte algo frío que alivie tu...bueno, ya sabes.
-
¡No haré eso!- le confesó Draco y se sentó a la fuerza. Emitió un quejido y con un suspiro, intentó parecer estable.
-
Sí, no lo necesitas. Buenas noches.
Draco, dejó escapar una exhalación y se tumbó en la arena. Con una sonrisa, pensó que todo estaría bien en la mañana. Cerró los ojos y se permitió dormir. Bueno, al menos, el clima mejoraba y ya no estaba tan frío.
A la mañana siguiente, sentía que algo peludo estaba tocando su cara. Con un bostezo, abrió los ojos y retrocedió en la arena, al ver a un pequeño mono. El monito, tenía la varita de Hermione.
-
¡Regresa con eso!- gritó y Hermione, se despertaba.
-
¿Qué pasa?- decía ella, a lo lejos.
-
¡Ese animal, tiene tu varita!- gritó Draco.
-
¡Mi varita!- dijo ella, mientras corría tras él.