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Historia 40764 — capítulo 2

Aquella sala de nuevo se abría. Un nuevo día, el mismo jugador, las mismas intenciones.

Otra vez Draco Malfoy tocando su cabeza por la horrorosa cita de el día anterior, se sienta en aquel sillón. Mira las cámaras y espera una orden.

''Expón tu selección''. ¿Como lo haría? ¿Como podría? ¿Como sería la buena opción?.

-Hallá voy- decía tras un suspiro prolongado- me gustaría que fuera una Gryffindor- sonrió. Sí, eso era lo adecuado- que sepa proporcionarme todo lo que necesito, que aprenda mucho con ella. Que descubra cosas nuevas.

''Excelente elección, disfrútela''. Ya la tenía, seguro era ella. ¿Quien si no podía enseñarle cosas? ¿Con quien podría si no aprender?.

Salía con una sonrisa. Salió, para entrar con el gesto enfurecido pero aliviado a la vez. Se sentaba en aquel asiento.

-Sé que pedí alguien que me enseñara algo- resoplaba- pero no eso, no lo necesitaba. Granger no necesitaba humillarme. ¿Podemos verlo?.

Lo aceptaban, rebobinaban las cámaras para darle acción. Vería su cita, se segunda cita. Aquella que no miraba muy agradable, aquella que lo sonrojaba por culpa de su orgullo.

Segunda cita de Draco Malfoy:

Draco Malfoy caminaba hacia el jardín, allí se encontraría ella. Allí era la zona para encontrarse con todas las citas.

Caminaba hacia un banco donde observaba a una muchacha, una muchacha que conocía. Ella estaría detrás, la cita que esperaba estaría detrás de aquella muchacha.

Se acercó demasiado para comprobar que detrás de aquella tipa no había otra. Que aquella muchacha lo miraba, que se llevaba sus manos a la boca para aguantar la risa, que miraba sus pies.

-¿Que haces aquí zanahoria Weasley?- preguntó con desprecio a su acompañante.

-Creo que me describiste en la cita- decía riendo mientras se levantaba del asiento.- No sabía que buscaras citas furtivas con los Weasley, Malfoy.

-Muy graciosa- le contestó mirándola de arriba a bajo. ¿Que podía proporcionarle aquella muchacha?.

-¡Oh, tal vez esperabas a mi hermano Ronald!- bromeó ella haciéndole rabiar mucho más. Draco se daba la vuelta tras mirarla con odio.

Se iba. Claro que se iba, a quejarse directamente. ¿Porque permitían a los Weasley tener citas con la gente?. Él pensaba que ellos jamás podrían reproducirse, no. No más Weasley's.

-¡Vale, vale!- le llamaba ella- Ya no digo nada- evitaba reírse de nuevo- ¿Donde me vas a llevar?.

-A ningún lado- le aclaró.

-Esta bien- afirmó- entonces te llevaré yo.

Ginny Weasley tomó la muñeca de el joven. Lo arrastraba a la fuerza, lo hacía caminar por los jardines. Parecía buscar un sitio oculto de la gente, un sitio donde no los pudieran observar. Ginny saludaba a todos a su paso, mientras Draco Malfoy taba su cara y hacía pucheros.

¿Porqué él? ¿Cuando decidió jugar a esto?. No le gustaba este juego, ya no.

-Vale- dijo ella parándose- Cogeme la cintura.

-¿Que?- se asustó él- No pienso tocarte Weasley, que lo haga Potter.

-¿Eres imbécil?- ella arqueó una ceja resoplando para ella misma.- Bueno, que pregunta, sé que lo eres- tomaba la mano de el joven Draco para ponerla en su cintura- Te enseñaré a bailar.

-¿¡Como!?- gritó separándose ahora enfadado- ¿Como sabes tú que yo...?- para que preguntar, era obvio- Genial, ahora Granger se mofa de mí.

-Té equivocas- le cortó- Ella disfrutó con ese baile. No deja de contármelo- decía cansada tomando la mano de Draco de nuevo- ¿Quieres saber bailar, o no?.

Tenía dos opciones, salir de allí huyendo o resentirse y aceptar que aquello le haría bien. Quizás nunca era tarde para aprender a bailar, pero con ella no, con ella no quería bailar. Pero, quizás si no bailaba con Weasley nunca sabría bailar bien con Granger.

Trago saliva y se colocó en la posición que recordaba con Granger.

-Separados- le aseguró él.

-Tranquilo, no quiero que te arrimes- le aclaró ella mirando los pies- Primero el derecho- Draco movió y la pisó- ¡He dicho el derecho!

-He movido el derecho- se excusó él.

-Mí derecho- le regruñó.

-No me da la gana- discutió mirándola furioso- Moveremos mi derecho, primero yo y después tú Weasley- Ginny resoplaba. ¡Cabezón mayor!- ¡Y cuando yo quiera!- decía parado. Ginny le seguía mirando casada- Ahora.

Siempre tenía que tener el control, siempre tenía que quedar encima. Por supuesto sobre todo si era con aquella muchacha. Él era un Malfoy, había una clara diferencia.

-Bien, mueve tu derecho y después el izquierdo.

-El mio, ¿no?- preguntó para volver a quedar encima. Una mirada amenazante valió. Sí, era el suyo, si así se iba a quedar más tranquilo.

Ginny se movía, movía sus pies y poco a poco lograba que Draco mantuviera los suyos en su sitio. El joven Malfoy no dejaba de resoplar y bailar vagamente.

-No quiero seguir bailando contigo- decía Draco cansado.

-Tienes que hacerlo- le obligó.

-¿Que?- volvió a gruñir- Tú a mí no me obligas a nada, es más ¿sabes lo que te digo?, que bailas como un pato mareado.

-Habló el hurón que pisa como un elefante.

Discutían. Claro que lo hacían, eran las personas más incompatibles del mundo. Pero no estaban solos, alguien se presentaba enfrente de ellos. Miraban a Draco con desprecio y él por primera vez parecía alegrarse.

-¿Que está pasando aquí?- era Harry. Él había llegado hasta allí y los miraba extrañados.

-Lo mejor que podría haber ocurrido- aclaró Draco mirando a su enemigo.

-¿Que insinuás Malfoy?- preguntó pensando lo peor el joven. Se acercaba hacia él dispuesto a golpearle.

-¡Que te la lleves!- le gritó- ¡Llevatela lejos!- insistía- Eres la persona más pesada que e conocido Weasley.

-¡Las dos horas no han terminado!- le reprochó ella. Harry los miraba extrañados. ¿Que dos horas? ¿Que pasaba?.

-Pero que te calles, pesada- le dijo tranquilo resoplando- Aquí te quedas con Potter.

Draco se alejaba antes de que pudieran reprocharle algo. Por primera vez tenía que agradecer al enemigo. Gracias a Weasley había aprendido a controlar sus pies, pese a que nunca lo reconocería, y, gracias a Potter se había desecho de ella antes de tiempo.

-Por Merlín, que agobio de muchacha- aquel regruñir fue lo último que captaron las cámaras.

Las lucen volvían, otra vez dejaban que luciera la presencia de el joven Malfoy. Este miraba de reojo la pantalla. Le costaba hasta volver a aguantarla, pese a que estuviera detrás de una pantalla.

-Ni siquiera lo pregunten- comenzó a hablar- ¡No, no y rotundamente no!- aclaró- Antes preferiría ir a clases de baile muggle. ¡Por favor que alguien le compre un bozal!.

Con las mismas, con la única decisión, se levantó. No tenía nada más que decir, y así lo hacía. Mañana sería otro día, otro intento, otra cita. Solo le quedaban tres oportunidades y aquella odiosa máquina se lo recordaba con ímpetu. O pensaba de una buena vez una verdadera descripción o acabaría pidiendo citas con sus propios amigos.

Más tarde le daban paso a aquella muchacha, Ginny Weasley. Le hacía comentar su cita, su opinión y si creía tener una segunda oportunidad.

-Creo que Draco Malfoy sigue siendo tan mal bailarín como desde el principio- comunicó delante de todas aquellas cámaras- Harry nos interrumpió y creo que Malfoy buscará una segunda oportunidad para aprender más. ¿No es cierto?.

''No. Draco Malfoy solo aceptaría una segunda cita cuando tuviera un bozal apropiado para ti, así lo aclara él''.

No le dio tiempo a responder, a actuar de ninguna manera. Alguien entraba en aquella sala. Harry Potter la volvía a tomar por la muñeca sin apretar, solo para sacarla fuera, para quitarla de ese juego. Ella ya tenía chico, no necesitaba jugar a las citas, y menos con Draco.