Lágrimas en la noche — capítulo 2
ATENCIÓN!!!!, HE CAMBIADO EL CAPÍTULO 2, LOS QUE LO HAYAN LEÍDO, QUE LO VUELVAN A LEER.
Antes de nada, muchas gracias por los comentarios, no creí que en mi primer capítulo tuviera tantos comentarios, jiji, de verdad, muchas gracias, esto me ha animado a actualizar hoy, jiji. Bueno, os sigo invitando a que leais mi otro fic de Memorias de Idhún (si os gusta este libro, si no es así, pues nada, XD).
En los comentarios, he visto que ha habido alguna duda, y os aviso, ELIAH NO ES UNA VAMPIRESA, en una humana con un don desarrollado, que ya lo vereis. Y si, habrá vampiros, por supuesto, pero de momento no se les conoce, jeje, más adelante se verán.
Disfrutad del capítulo!!!!!!
Capítulo II Los Night
La joven conducía bajo el cielo claro de Septiembre, camino de aquel edificio que ya veía en la lejanía. Era un terrotirio con dos enormes pabellones de colores claros.
Llegó hacia el aparcamiento, y se deslizó con facilidad entre los coches para aparcar en el mismo sitio del año pasado. Salió del coche, abrochándose la chaqueta de color negro por el aire frío del lugar, mientras se echaba su mochila al hombro y cerraba el coche. Miró hacia el cielo. Como siempre, aquel pueblo estaba cubierto de nubes y con un temporal más bien frío. Aunque eso le gustaba, al contrario que a la mayoría de los estudiantes.
Se dirigió hacia la entrada del pabellón donde estaba su clase, y caminó hacia el recibidor del primer piso, donde, al ser tan pronto, apenas había alumnos y algún que otro profesor.
Se encaminó hacia uno de los tablones de anuncios, y ahí estaban las listas de todos los años. Miró la clase en la que la había tocado, y ni si quiera se entretuvo en ver quienes serían sus compañeros ni si le había tocado con alguien en particular, se limitó a mirar su clase y a caminar por los jardines del centro para hacer tiempo a que la campana que iniciara el inicio de las clases sonara.
El primer día de clases siempre iba antes porque si esperaba mucho todos los alumnos ocuparían el tablón de anuncios y no podría mirar las listas. Lo malo es que ahora debería esperar casi media hora a que las clases comenzaran. Pero tampoco le importaba demasiado. Se limitó a dejar su mochila sobre el césped y ella misma se sentó sobre él, haciendo que un escalofrío recorriera su espina dorsal debido a la frialdad de la hierba. Pero no se molestó, se almoldó a la perfección, y a los pocos segundos ya ni si quiera notaba el frío.
Miró a las nubes, y en su mente se empezó a desatar una batalla, recordando las palabras de su hermano. Sonrió amargamente. Sí, así era. Era una cobarde. No le incomodaba tanto no tener tantos amigos. A veces le molestaba y se sentía sola, pero ya se había acostumbrado. Pero, sin embargo, deseaba ser algo más normal, es decir, deseaba no tener aquel don, como lo llamaba su hermano. Ella nunca había pensado que era un don, siempre pensó que era una maldición, y se convirtió en una carga aún peor cuando sus padres murieron...
El timbre sonó repentinamente, y Eliah se sorprendió de que ya hubieran pasado los veinte minutos que faltaban y que no se hubiera dado cuenta de que el tiempo corría mientras sus pensamientos inundaban su cabeza.
Se levantó con lentitud, se colocó como las anteriores veces la mochila, y se encaminó hacia el pabellón de nuevo. Se coló entre los alumnos, que se apretaban para ir a su clase. Con dificultad, llegó hacia su clase, mirando de reojo a algunos compañeros que ya estaba ahí.
Caminó sin duda alguna hacia la última mesa del fondo, al lado de la ventana, como el año pasado. Se sentó con tranquilidad, y no se preocupó de que alguien ocupara el asiento que había junto al suyo (las mesas estaban de dos en dos, en parejas), pues el año pasado nadie se sentó a su lado, y dudaba de que eso cambiara. Su fama de rara y marginada se había extendido por el instituto.
Pronto, la puerta se cerró, y todos sus compañeros se sentaron deprisa pues el profesor ya estaba en clase. Eliah le miró sin demasiado interés. Debía de tener unos cuarenta años, tenía el pelo corto, negro y canoso. Sus ojos de color castaños opacados por unas gafas muy sencillas. Era de estatura media y más bien delgado, con un bigote del mismo color que su cabellos.
-Buenos días alumnos- saludó él con una voz algo grave pero amable, sonriendo- yo soy Albert Owen, y seré vuestro tutor y profesor de Matemáticas. Ahora pasaré lista.
El profesor empezó a recitar los nombres de su listado por el orden alfabético de los apellidos, como siempre. Ella no prestó demasiado atención, hasta que el profesor la nombró...
-Eliah Lakes- ella simplemente levantó la mirada para que él fijara su vista y asintiera, para volver a su tarea, y pronunció al siguiente de la lista- Jared Night.
Ninguno levantó la mano, por lo que dedujeron que el alumno simplemente no había venido a clase. Se acabó de pasar lista, y el profesor empezó a recitar el repetitivo discurso de cada año, hasta que unos suaves golpes a la puerta hicieron el silencio en la clase. La puerta se abrió, y pasaron una mujer, secretaria de dirección, y un chico de esa clase. Todas las miradas se posaron en él, sobretodo femeninas.
Era el ser más perfecto del universo. Era de contextura normal tirando a delgado, pero tenía un buen cuerpo. Era alto, de piel pálida, demasiado pálida. Rostro de facciones hermosas, parecían esculpidas en mármol. Nunca esa clase había presenciado semejante hermosura. Sus ojos de un verde claro parecían atravesarte, y su cabello castaño levemente desordenado..., era perfecto.
Eliah le miró también, pero no embobada, le miró con sencillez. Era guapo, realmente guapo, pero debía dar gracias por tener cerebro y no fijarse sólo en el físico de los chicos, ella buscaba algo más, aunque estaba segura de que nunca lo encontraría. Aunque ella sentía lo mismo que sus compañeros, sabía cual era la razón de que ninguna chica se le hubiera insinuado con una mirada sensual o con un guiño de ojos. Algo en él era extraño, algo que hacía querer apartarte de él, una misteriosa y poderosa aura que te decía que no debías acercarte..., aunque ella ya estaba acostumbrada al peligro, ya había sido más de una vez el objetivo de un ataque de su hermano. Esa era una de las razones por la cuál ella no había estado con su hermano en sus primeros años de licántropo. Había permanecido en un maldito internado hasta que el año pasado, en el cuál se puso a trabajar y mantenía una casa, a la cuál su hermano iba a visitar a menudo pues ya se controlaba realmente bien. Tal vez porque ya había sentido esa sensación, no tuvo miedo de él, aunque tampoco se iba a acercar a él, los chicos no le interesaban.
-Siento interrumpirle, profesor Owen, pero el nuevo alumno ha tenido que hablar con el jefe de estudios junto a sus hermanos- le explicó la mujer- por eso ha tardado.
-No importa, gracias Margareth- le sonrió a la señora, que salió de la clase, y luego el hombre se dirigió al muchacho- tú debes de ser Jared Night- el muchacho asintió, y el profesor miró a la clase- bueno, siéntate donde quieras y estate atento al resto de la clase...
Eliah se fijó en que caminaba hacia el sitio de su lado, y maldijo mentalmente su mala suerte. Observó como algunos compañeros se tensaban cuando pasaba a su lado, y al fin llegó al sitio de su lado, pero la joven no se tensó, por lo que Jared la miró de reojo, levemente extrañado por esa actitud tan relajada de la chica. Y Eliah lo supo, pero no le daría la satisfacción de sentirse intimidada, ella no era así...
La clase transcurrió normal, y en cuanto sonó el timbre, el chico se levantó. Eliah supuso que tendría clase en otra parte, y ella agradeció no tener que irse a otra aula para la clase siguiente.
No pudo evitar mirarle mientras abandonaba la clase , y luego se puso a mirar por la ventana. Al menos podría haberse sentado en otro sitio, había más sillas libres..., pero tenía la certeza de que lo hizo porque era la única que no se había alarmado de sobremanera con su llegada. A lo mejor no quería que su compañero de asiento lo tratara diferente, y, al menos, ella no le iba a tratar diferente, ella le trataría con la misma frialdad que a sus demás compañeros...
Las clases pasaron, y ni si quiera salió al recreo, se quedó en la biblioteca leyendo un libro para entretenerse. Volvió a clase, y durante las dos clases que siguieron también estuvo al lado de aquel extraño chico, pero no le miró, no le habló, no le tocó, a pesar de que sentía como él la miraba de reojo, no le hizo el menor caso.
La campana que indicaba la comida sonó, y todos empezaron a irse. Algunos traían comida de su casa, aunque otros, como ella misma, iban a la cafetería del instituto para conseguir su comida.
Se dio prisa para llegar de las primeras a la fila, y con rapidez cogió una bandeja y la llenó con una sandwich vegetal y un zumo de melocotón. Aquel día no tenía demasiada hambre.
Se sentó en una de las mesas redondas pequeñas, de las que eran para cuatro o así, y la ocupó ella sola. Abrió el bote de cristal de su zumo y desenvolvió el sandwich de su plástico, mientras oía los murmullos que, por primera vez, no eran para ella. Se giró, y vio a ese chico, Jared Night, acompañado de un chico y una chica, los tres caminaban con apenas comida, y se sentaron en una mesa alejada de los demás. Aunque no se parecían en el aspecto, los tres eran muy guapos..., no tardó en oír los nombres de todos ellos en varios alumnos que ya se habían informado.
Aparte de Jared, estabnN otros dos Night, sus hermanos, aunque estaba claro que no eran hermanos bilógicos, debían vivir en la misma casa y nada más. El chico más alto y un tanto musculoso se llamaba Blake, tenía el pelo muy rubio, un rubio muy claro, y sus ojos de un color azul oscuro, no eran como los ojos de Eliah, eran muy oscuros. La chica era de su estatura más o menos. Tenía el pelo corto y pelirrojo hasta por debajo de la nuca, con un flequillo ensombreciendo sus ojos verdosos, pero más oscuros que los de Jared. Ella se llamaba Kate. Los hermanos, diferentes entre sí, pero todos ellos pálidos y hermosos.
Eliah les miró, hablaban en voz baja, y no comían nada de su bandeja.
-Perdón- oyó una voz a su espalda. Ella miró a un pequeño chico, sería de primero, tímido, con gafas y pecas, pelirrojo y de ojos oscuros- no hay más asientos libres..., ¿me puedo sentar?
Eliah le miró. Notaba que había preguntado eso porque no le quedaba más remedio. Era tímido, nuevo y no conocía a nadie. Simplemente asintió, y el chico sonrió, sentándose y abriendo su sandwich y su zumo, feliz.
-No sé por qué dicen nadie debe juntarse contigo..., por cierto, soy Charly.
-Charly- le llamó ella, y él la miró- hazles caso..., haz amigos y no te recomendaría que te acercaras a mí.
-¿Por qué?- preguntó sin comprender, y Eliah se esforzó por sonreír, aunque se quedó en una media sonrisa.
-Es mejor así- dijo con sencillez- si no tienes ningún sitio donde comer, puedes sentarte aquí, pero será mejor si comes con amigos..., haz amigos.
-Lo intentaré- sonrió él, y Eliah suspiró, clavando su mirada en el intacto sandwich, y lo empezó a comer. Masticó el primer trozó, y miró al chico.
-¿Conoces algo de los Night?- le preguntó. No quería entrometerse con ellos, pero sentía curiosidad. El chico sonrió, y asintió- sé los nombres, y que son hermanos. Si tienes algo más...
-No son hermanos biológicos- le empezó a explicar el chico- viven con la hermana mayor de Jared, es el hermano menor de la mujer que les cría, creo que sus padres murieron hace años, y la chica ``adoptó´´ a los otros dos a pesar de ser joven. No tendrá más de treinta años. Ella y su hermano menor, Jared, deben llevarse alrededor de diez años o así. Él tiene diecinueve- Eliah se quedó pensativa. Él iba dos cursos adelantado, pero ella iba adelantado en algunas clases, por eso se lo había encontrado.- bueno, Kate es de su misma edad, y Blake es el mayor, va un curso por delante de ellos.
-¿Cómo lo sabes?- quiso saber Eliah, sorprendida, pero no lo dejó notar. Charly sonrió.
-La hermana mayor de Jared es la psicóloga de mi abuela, tiene algunos problemas- le contó- es la doctora Erin Night. A mi abuela le gusta bastante cotillear, así que estuvieron hablando mientras en la consulta.
-Ya veo- susurró Eliah, mientras bebía el último tragode su zumo, ya que su sandwich se lo había acabado. Se levantó, cogiendo su bandeja y la llevó hacia la barra, la dejó, y volvió a su mesa- me voy ya...
-Por favor- le pidió él- no te lo pediré todos los días, pero es el primero..., y no quiero comer solo..., no me hables, pero, por favor, quédate unos minutos mientras como...
Eliah le miró, y sintió lástima del chico. Resignada, se sentó en frente de él, y le observó comer sonriente. Hacía falta muy poco para hacer feliz a ese chico, y, descubrió, que era algo que le envidiaba...
Las clases pasaron, y, para su bien o para su mal, las dos clases siguientes no estuvo ni con ese chico ni con la tal Kate, que iba a su curso.
Salió de allí y se dirigió hacia su coche, empezando a conducir hacia la cafetería Tropius, donde trabajaba las tardes de lunes a viernes.
Muchas gracias a todos por leer, y dejad comentarios, por favor, que me lo he ganado, jeje.
Espero que os haya gustado, y quiero vuestras opiniones, jeje.
Cuidaos
Besos