Lágrimas en la noche — capítulo 22
PARTEIII
UN****MISMO DESTINO
Dos caminos…demasiado lejos para formar un mismo destino…pero demasiado cerca como para no permanecer juntos…
``¡¿Eliah?!, tú…deberías ser humana…´´
``Dejé de ser una niña antes de tiempo…dejé de creer en los cuentos de hadas y en los príncipes azules…porque fui una idiota…fui tan tonta como para creer que alguien era capaz de amarme…´´
``Yo te amé, te amo y siempre te amaré…´´
``Suena falso´´
``No lo es…´´
``Demuéstralo´´
``¿Cómo se puede querer tanto a alguien y no hacerla feliz?´´
``Yo estoy muerta desde hace mucho…desde que me abandonaste…firmé mi sentencia aquel día…perdí todo el día en el que confié en ti…´´
``Eliah…dame una segunda oportunidad…´´
``Tú no mereces una segunda oportunidad porque tú a mí no me diste ni si quiera la primera´´
``¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que sin él no existes?¿has amado alguna vez a alguien hasta el punto en el que ya no te importe lo que pase con el resto del mundo?¿hasta el punto de que estar con él ya es suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un instante?. Yo sí…´´
``Donde hubo fuego, cenizas quedan…mas no puedo esperar que me sigas amando, pues en tu corazón nunca hubo ni una mísera llama, a pesar de que en el mío hubiera un gran incendio que me ha consumido poco a poco y me ha matado por amarte´´
Capítulo I
Cuatro años, dos meses y cinco días
La joven cerró la puerta tras de sí para contemplar ante ella su nueva habitación.
Acababan de mudarse de nuevo. Esta vez había sido a un pequeño pueblo en la península de Olimpia, uno de los lugares con menos horas de luz del mundo, y estaba en el estado de Washington.
A las afueras, había un bosque, y en él una gran mansión que hacía décadas había pertenecido a los Night, y ahora ellos la ocupaban de nuevo.
A Eliah no le hacía gracia, pues en aquel lugar debía de haber estado Jared. Ella se limitó a decirle a Kate que quería una habitación que no hubiera sido pisada por él, y una de esas era la que le había sido concedida.
Era muy espaciosa, con una gran cama bastante cómoda, con un buen armario empotrado de madera clara, con las paredes totalmente blancas, un escritorio amplio y alargado, una gran estantería y un cómodo sillón sobre el hueco de la ventana.
Suspiró, y comenzó a acomodar su ropa en el armario mientras recapacitaba sobre lo ocurrido desde hacía años…
Cuando tuvieron que huir de aquella ciudad donde conoció a Kate y donde se transformó, fueron a una ciudad a Alaska. Ahí vivieron bien durante más de tres años y medio, fueron felices allí. Pero, como siempre, debían cambiar de residencia. Normalmente se podían permitir estar más años en un lugar, pero simplemente los animales de ese lugar habían emigrado a otra parte durante dos meses, así que debieron buscar otro lugar para poder alimentarse.
Al transformarse, no tuvo que dejar demasiadas cosas atrás, pues su vida nunca había sido sociable, las cosas que había perdido, había sido antes de transformarse. Y su vida como vampiro no le pareció mala, al contrario, no le molestaba ser vampira, ni si quiera le importaba tener que alimentarse de la sangre, lo único que lograba incomodarla era que su poder había crecido considerablemente. Al parecer, los impulsos de la energía mental que poseía habían aumentado demasiado, y ahora no sólo su telequinesis se había desarrollado a gran escala, sino que había adquirido otra habilidad mental. La telepatía. Era capaz de leer los pensamientos de los demás. Podía percibir lo que pensaban en ese instante o incluso, si tenía contacto físico, podía percibir pensamientos ya pasados.
En esos años, se había limitado a buscar razones para vivir, a olvidar el pasado, y a limitarse a ser la vampira que debía ser.
Había conocido a muchas vampiras y vampiros, y muchos de ellos, la habían invitado a pasar un tiempo con ellos, a conocerles, pero ella siempre los rechazaba con la máxima consideración posible. No podía engañarlos, el decirles que les podría querer era engañarlos y engañarse a sí misma, porque ella nunca más confiaría en el amor, no podía hacerlo, ya le había hecho el suficiente daño una vez.
Habían pasado casi cuatro años desde que se transformó, y exactamente, cuatro años, dos meses y cinco días, desde que él se fue, aún mantenía la cuenta…y le costó, le costó muchísimo trabajo encontrar algo que le diera la suficiente alegría como para querer mantenerse viva, si es que ella estaba viva aún. Pero lo consiguió.
-Ahí está-sonrió Eliah, girándose para ver lo que había oído acercarse abrir la puerta de su cuarto.
Entró un pequeño niño de tres años, de piel bronceada, cabello oscuro y unos hermosos ojos avellana heredados de su madre.
-Tía Eliah-la llamó el pequeño, alzando sus pequeños brazos para que le cogiera. Ella así lo hizo, abrazando contra su pecho al pequeño niño fruto del matrimonio de su hermano Dan con Kana-papá te espera abajo.
-Vale Kyle-le sonrió, dándole un sonoro beso en la mejilla-vamos a ver que quiere el pesado de tu padre-le dijo, ocasionando una sonora risa del pequeño.
Sí. Aquel pequeño ser era capaz de hacerla sonreír en todo momento. La había hecho olvidarse de todos sus males desde el primer momento en el que lo vio y contra todo pronóstico, no sintió sed de sangre al verle, sólo sintió el mayor cariño del mundo hacia él, y nunca intentó hacerle el menor daño.
Bajó las escaleras de la casa y se reunió en el comedor con su hermano, que la sonrió abiertamente. Acarició la mejilla de su hijo Kyle con dulzura, y él le sonrió, pero se abrazó con más fuerza al cuello de Eliah, dejando en claro que quería seguir ahí con ella.
-Le tienes muy consentido-bromeó él, y ella sonrió-bueno, como sabrás, tienes 18 años.
-Tengo 22-le corrigió ella, sonriendo con burla, y él suspiró-bueno, sí, en apariencia tengo 18…
-Pues por eso, te hemos matriculado, al igual que Kate-le advirtió, y ella asintió. Los vampiros no eran como los licántropos, ellos seguían creciendo y envejeciendo hasta los treinta años más o menos, y a esa edad se regulaba y algunos seguían envejeciendo unos años más, pero como mucho hasta los 40(es que no quiero que envejezcan ellos más), pero los vampiros dejaban de envejecer en el mismo instante en que eran convertidos. Por eso, su hermano ya aparentaba la hermosa edad de los 27 años, la edad que realmente poseía, pues tenía tres años más que ella.
-Está bien, aunque será aburrido, yo ya tengo hasta mi carrera-se quejó ella, y su hermano sonrió, sería demasiado aburrido para ella-¿algo más?
-Sí, dos cosas-le dijo, sonriendo-la primera es que Kate te espera en el jardín-le comentó-y la segunda es que me des a mi hijo que he quedado con Kana y como no le lleve para comprarle la ropa me mata.
-Está bien-rió ella, entregándole al niño, al que ya comprendía por qué se había negado tanto a soltarse de su cuello. Odiaba ir a comprar ropa con su madre. Cualquiera lo odiaría. Como buena madre, quería comprar absolutamente todo lo que pudiera para su hijo. Y tanto para Dan como para Kyle, aquello era un suplicio.
Simplemente le mandó una mirada comprensiva a su sobrino, y después se marchó hacia el jardín.
Allí se encontraba la joven pelirrosa, con la mirada perdida en algún punto del bosque, y con el móvil en la mano. Parecía que había estado hablando con alguien.
-Kate, ¿con quién hablabas?-le preguntó, al llegar a su lado. La chica se encogió de hombros, restándole importancia, aunque parecía más un gesto para no querer hablar del tema-¿para qué querías verme?
-Mañana empezamos las clases-le dijo ella, totalmente seria. Eliah asintió, pero algo le inquietaba. Kate estaba demasiado seria…algo ocurría.
-¿Qué ocurre?
-Nada-mintió ella, y la chica se colocó delante de ella, mirándola fijamente a los ojos.
-No me mientas Kate-le advirtió-somos una familia, quedamos en que no habría secretos.
-No puedo decírtelo.
-¿Por qué no?-preguntó ella, y la chica sólo bajó la cabeza.
-Sabes que puedo saberlo Kate, pero no me gusta utilizar mi poder-le recordó, y la vampira no contestó, parecía que el suelo era más interesante que cualquier cosa, y es que no podía enfrentar a la chica, como la mirara a los ojos, no podría seguir ocultándoselo, y no por su poder, sino porque no era capaz de mirarle a los ojos y mentir a alguien que era como su hermana.
Eliah la observó, y presintió sobre qué era el tema tratado, o, mejor dicho, sobre quien. Sólo había un tema que Kate no hablara con ella…
-¿Es sobre él?-preguntó, con voz llena de resentimiento, apretando con fuerza sus puños.
-Sí-asintió ella, y Eliah no dijo nada más, se internó en la casa, en su habitación, cerrando de un fuerte portazo la puerta, y se dejó caer, recostada contra la pared, llorando con fuerza, sin importarle nada más que su destrozado corazón.
Kate se quedó ahí, totalmente quieta. Lo sabía, sabía que había roto su promesa…pero no pudo seguir manteniéndolo en secreto. El hablar con Erin y saber que su hermano sufría, y el ver con sus propios ojos que Eliah sufría…era demasiado para ella.
Le había prometido a Eliah tiempo atrás que si le preguntaban por ella, dijera que todo iba normal, que no mencionara absolutamente nada de ella, pero él debía saberlo, debía saber que ya no tenían por qué estar separados, que ambos eran iguales, pero, desgraciadamente, Eliah le guardaba mucho resentimiento a Jared, y seguramente ella ahora sería el muro que los separaría, aunque, para solucionarlo, él debía enfrentarse a ella…y sería algo que, si salía mal, Eliah no le perdonaría nunca.
-Lo siento…Eliah…
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La joven se encontraba en clase, en su nueva y repetitiva clase. Al lado estaba Kate, con la que no había cruzado palabra desde la tarde anterior. Sabía que había hablado con él, que le había contado lo ocurrido, pero no sabía nada más, y esperaba que no le hubiera dicho nada más. Se sentía tan traicionada…la consideraba como a una hermana y ella…había roto su promesa.
La campana sonó, y ambas se levantaron con prisa, recogiendo sus cosas y saliendo por la puerta, sin mencionar palabra. Las clases ya habían acabado por ese día…
-Eliah-la llamó Kate-de verdad, creí que era lo mejor…
-¿Para quién?-preguntó, enfadada-si tenía remordimiento de conciencia era su problema, no deberías haberme metido.
-No era remordimiento de conciencia, al menos no sólo eso-le dijo ella-él te ama…si te abandonó fue por una buena razón.
-No justifiques sus actos, Kate, no paso por ahí-la advirtió.
La joven vampiresa decidió guardar silencio, y simplemente caminaron hasta el aparcamiento, aún vacío, pues todos los alumnos el primer día acudían a la fiesta de inauguración en el gimnasio.
Sin embargo, en cuanto dieron un paso, se detuvieron, notando su presencia…
Kate sólo suspiró, pues sabía que acabaría pasando…
Eliah alzó la mirada con algo de temor, y después sintió su cuerpo tensarse, y sus puños se cerraron con fuerza mientras intentaba controlar las lágrimas que empezaban a formarse tras sus párpados.
Allí, al lado de su coche, a unos diez metros de ella, se encontraba, mirándola con preocupación y sorpresa, Jared Night.