Lágrimas en la noche — capítulo 4
Muchas gracias por comentar y por leer mi fic, aunque en los últimos capítulos no han gustado a demasiadas personas, pero bueno, a las que han comentado se lo agradezco mucho, y espero que este capítulo guste más.
Bueno, no sé si quereis saber ya cual es el don de Eliah o si teneis ya ideas, jiji, ya me comentareis.
Espero que os guste este capítulo, se ira sabiendo más sobre el pasado de Eliah. Es un poco fuerte, porque la chica pasó por algo muy duro. Lo siento.
El capítulo es largo, no os podeis quejar!!!
Disfrutad del capítulo!!!
Capítulo IV Las peores pesadillas son los recuerdos
Eliah se encontraba en su habitación, tumbada sobre la cama, mirando al techo escuchando música. La casa era normal, una acojedora y campestre casa de dos pisos. En el piso de abajo había un baño, una cocina grande y un salón. También tenían un pequeño porche delantero y un jardín de atrás, junto a una cabaña que usaban de garaje. En el piso de arriba había un baño y dos habitaciones. La casa era sencilla pero acojedora. La habitación de Eliah era bastante sencilla, no le gustaban tanto los lujos. Tenía una cama de matrimonio, eso sí, con una colcha de color azul. Tenía un armario empotrado de madera clara, la ventana con cortinas blancas y un alfeifar. Tenía un escritorio con una silla, una estantería encima de este, un sillón negro de dos plazas, una mesilla de noche y un pequeño sillón de color morado de esos bajos.
En la mesilla de noche, la joven tenía un marco puesto boca abajo. En ese marco tenía una foto en la que salían ella, sus padres y su hermano cuando ella tenía doce años. Pero, sin embargo, nunca la miraba. No quería recordar el pasado, pero era algo inevitable. No hacía más que pensar en el pasado...
Una chica de unos ocho años se encontraba en mitad de la clase, atendiendo como siempre a la explicación de la profesora. Hacía días que se encontraba mal, que estaba cansada, su cuerpo lo notaba pesado, y, sobretodo, tenía horribles dolores de cabeza, sobretodo cuando se enfadaba o se entristecía. Y lo peor de todo, hacía días que había hecho algo..., algo extraño..., en aquella misma clase días antes.
Como días anteriores, fijó su vista detenidamente en el lápiz que tenía al lado, interrumpiendo su concentración en la pizarra. Pronto, más pronto que el anterior día, el lápiz empezó a deslizarse por la mesa con lentitud, sin ser ni si quiera visto por los demás alumnos.
Lo llevó hasta su mano, y miró al lápiz con detenimiento. Hacía meses que notaba que cuando tocaba algo empezaba a temblar dicho objeto, pero desde hacía días no sólo temblaba, sino que se movía. Y eso la preocupaba..., aquel extraño poder de mover las cosas con la mente..., era demasiado rara...
Todo empezó ahí..., los días siguientes se le hicieron muy pesados, y empezó a investigar sobre esa habilidad. Se llamaba telequinesis, y era una habilidad para mover cosas con la mente, objetos, y, a veces, personas y otros seres vivos.
Los años pasaron, y el poder de su telequinesis fue en aumento, sobretodo cuando ocurrió aquello a sus doce años...
-No quiero pensar en ello- suspiró la chica, apagando su MP4, y arropándose para poder dormirse. Esperaba no volver a tener las mismas pesadillas de siempre, pero no lo pudo evitar tampoco aquel día...
Una niña de unos doce años se encontraba paseando por el bosque, y se había alejado bastante de donde sus padres, su hermano y ella habían instalado el campamento.
Su hermano se había marchado también, y ella había ido a buscarlo, pero no le encontraba, así que se dio la vuelta y comenzó su regreso al campamento. Caminó durante unos minutos hasta que oyó un grito, y reconoció la voz de su madre.
Empezó a correr con todas sus fuerzas. Su pelo negro le tapaba de vez en cuando la visión, y sus ojos azules estaban llenos de lágrimas.
Llegó al campamento, y se quedó completamente paralizada. Las tiendas de campaña estaban destrozadas, la fogata se había extendido y los primeros árboles ya se quemaban, amenazando con provocar un gran incendio en el bosque.
Pero, lo peor de todo, era ver el cadáver de su madre ahí, tirado en el suelo, con la mirada perdida hacia el cielo, aquellos ojos azules como los de ella sin el brillo de la vida, su largo cabello pelirrojo desparramado por el suelo, con la ropa rasgada, una herida en el vientra, arañazos en los brazos y una profunda herida en la yugular por donde aún circulaba sangre, creando un gran charco a su alrededor.
Y su padre..., no podía ver a su padre, pues sobre él se encontraba un gigantesco lobo de pelaje gris y ojos negros, que levantó la cabeza para mirarla, y la chica vio sus colmillos chorreando de sangre. Y su padre, con la cabeza girada hacia ella, con su pelo oscuro desordenado y sus ojos tambien oscuros mirándola sin brillo, sin vida..., como los de su madre. Sus padres ahora sólo eran cadáveres.
Su cuerpo estaba paralizado, y ni si quiera notó como las lágrimas descendían como ríos por sus mejillas, inundándolas.
El cuerpo de su padre estaba aún peor que el de su madre. Con la yugular destrozada, heridas por todo el cuerpo, el abdomen destrozado, todo el cuerpo ensangrentado..., nunca había visto tanta sangre.
Aquella bestia pronto se aburrió del pedazo del pedazo de carne en el que se había convertido aquel hombre. Caminó con lentitud hacia la niña, que le miraba con horror pintado en el rostro, pero totalmente paralizada.
-¡Eliah!- oyó como su hermano la llamaba asustado, y como él se arrojó hacia ella para apartarla del mosntruo, que se lanzó sobre un chico de unos quince años, de pelo y ojos oscuros, igual a su padre. El hermano de la pequeña fue mordido por la bestia en el brazo izquierdo, y, ella, tirada sobre la hierba, sólo reaccionó cuando escuchó el alarido de dolor de su hermano, volviendo en sí, y cerró los ojos con fuerza, concentrándose en aquella criatura, elevándola por los aires, alejándola de su hermano, y cayó en uno de los fuegos que se habían formado en el bosque, en el que pronto nacería un incendio.
La pequeña abrió los ojos, y notó como su hermano la agarraba de la mano y empezó a correr mientras terminaba de hacerse un torniquete en el brazo sangrante.
-Papá, mamá...- sollozó la chica, pero su hermano no paró, siguió corriendo.
-¡Están muertos, no podemos hacer nada!- le dijo con seriedad, pero asustado- ¡les prometí que te cuidaría!¡y lo haré!
Todo se volvió negro, y en medio de la oscuridad se oyeron gritos, se vio fuego, sangre, y los cuerpos sin vida de sus padres...
Eliah abrió los ojos con rapidez, incorporándose en la cama con un pequeño grito de terror. Su respiración era entrecortada, y estaba sudando. Cerró los ojos con fuerza mientras se abrazaba las piernas con sus brazos y enterró su cabeza en ellas, llorando.
-Otra vez...¿por qué no puedo olvidarlo?- sollozó en voz baja para no despertar a su hermano, a pesar de que era tarde, pues él ya se había despertado, pero no se movió de su cama. En aquellas ocasiones su hermana lloraba sola, y no buscaba compañía. A pesar de lo mucho que él quería abrazarla, no era capaz de apaciguar su dolor... pero él también recordó lo que fue después de que salieran corriendo del bosque...
Los dos siguieron corriendo, hasta que se encontraron con más gente que los sacaron del bosque en sus propios vehículos, huyendo del incendio, que duró un día entero hasta ser apagado por los bomberos. Pero no encontraron el cadáver de la bestia, sólo encontraron los cuerpos carbonizados de sus padres y el cuerpo de un hombre de pelo largo, con músculos y bastante vello en el cuerpo...
La chica entró en la clase, y suspiró al encontrarse en una de sus clases avanzadas, pues allí, junto al asiento que ella ocupaba, se encontraba aquel atractivo y extraño chico.
Caminó hacia su asiento, sentándose en él, y sacó su estuche, su libro y su cuaderno, esperando que llegara lo antes posible el profesor, pues notaba la intensa mirada de aquel chico sobre ella.
-Eres extraña...- dijo Jared, y ella no respondió, siguió con la mirada al frente, intentando evitarle- no eres como los demás, las demás personas no se acercan a nosotros, nos tienen miedo, pero a la vez nos admiran..., eres muy extraña...
-Vosotros también, y no me meto con vosotros- le espetó ella, mirándole molesta, pero él sonrió, enseñando su dientes perfectamente blancos.
-No era mi intención meterme contigo, discúlpame- sonrió- pero sólo digo que siento curiosidad hacia ti. Aunque no debo acercarme mucho a ti.
-Sí, puedo ser peligrosa- dijo con ironía, pero en el fondo, era lo que pensaba. El chico rió con melancolía.
-Nunca he dicho que la peligrosa fueras tú- susurró, y ella le miró, pensando si, tal vez, él también podría poseer un don como ella. ¿Por eso lo decía?¿no era la única que podía hacer cosas extrañas?¿podría al fin acercarse a alguien sin temor a dañarle?
Eliah sacudió su cabeza, apartando esas ideas de su mente. No quería pensar en eso. Aunque siguió sintiendo aquella mirada sobre ella.
-¿Por qué me miras?- quiso saber ella, preguntándoselo directamente. Él la miró a los ojos.
-Tienes ojeras- susurró él- ¿te cuesta dormir?
-Tengo pesadillas- le respondió ella, sin querer darle importancia, pero era tarde, notaba como sus ojos se habían cristalizado por las lágrimas que sus párpados acumulaban, y era imposible que no se diera cuenta.
-A veces, las peores pesadillas, vienen dadas de recuerdos de momentos duros- comentó él, como sabiendo que había pasado por algo difícil- contarlo puede ayudar.
-No tienes ni idea de por lo que he pasado- le espetó ella, molesta- no te metas en mi vida.
En aquel momento, el profesor llegó, y la clase comenzó. No volvieron a hablar, y ella ni si quiera le miró, a pesar de que Jared en ningún momento dejó de mantener la mirada fija en ella...
Muchas gracias por leer, dejar comentarios por favor.
Cuidaos
Besos