← "Mis 5 dracos" · de
"Mis 5 dracos" — capítulo 2
El muñequito feliz
Hermione no podía entender, de dónde habían salido tantos ¡Dracos! Los miró a todos y a cada uno de ellos. Tan diferentes, tan iguales en cierta forma. Mientras los veía, pensó en algo. ¡Los iban a ver, también! Se levantó corriendo y hasta olvidó que tenía pijamas cortas.
-
¡Qué horrenda!- se quejaba el Draco, que parecía siempre malhumorado. Hermione, se cubrió con una sábana.
-
¡Pero si es, hermosa!- suspiraba el Draco feliz y el Draco llorón, afirmaba con una mueca de tristeza.
-
¡Es tan hermosa, que provoca llorar por eso!- decía, antes de echarse a llorar. El Draco nervioso, miraba al llorón con mucho temor. Seguramente, se podía deshidratar de tanto llorar. El estudioso Draco, observaba la situación con una calma insondable.
-
¡Dios mío! ¿Qué voy a hacer?- decía ella, metiéndose en el baño. Mientras se arreglaba con prisa, escuchaba las voces de sus cinco Dracos- ¡Cinco Dracos! ¡Y si el real, ve lo que he hecho! ¡Tenía, que querer conocer a Draco, tenía que querer conocer sus sentires!
Hermione salió y observó a los Dracos, que discutían. Se apegó a la puerta y respirando, trató de entender lo que había sucedio. Había, revivido a sus muñecos y ahora, los tenía frente a ella. ¡Un momento! ¡Faltaba un Draco!
-
Uno, dos, tres...- Ella, se alarmó al observar, que uno de los Dracos se había escapado. Pero, ¿Cómo?
-
Falta uno de ustedes- se quejó ella y los Dracos, miraron a su alrededor. Sí, faltaba uno de ellos. Pero, ¿Cuál era el que faltaba? Los miró y trató de dilucidarlo. Estaba el gruñón, el estudioso, el lloroso, el miedoso... ¡El feliz!
Se alarmó y decidió salir a buscarlo. Con una enorme mueca de nerviosismo, ella salía de la habitación, como una energúmena. Los Dracos, querían saber hacia donde iba, pero ella los había dejado encerrados.
- Bien, si alguien entra en el cuarto y ve a todos esos Dracos... ¡Ay de mí!
Hermione, caminaba hacia una dirección, pero el Draco feliz, caminaba hacia otra dirección. Suspirando, miraba todo, con absoluto detalle. Se cruzaba con muchas chicas y les daba unos amables "buenos días".
-
Algo pasa con Draco- decían las chicas- ¿Por qué sonríe, y saluda?- decía una joven de Ravenclaw a una jovencita de Hufflepuff.
-
¡Draco!- decía ella, aunque sabía que bien, podía encontrarse con el Draco real. De todas formas, tenía que encontrarlo- ¿Dónde estás, Draco?
-
¿Por qué pregunta por Draco. Srta Granger?- preguntaba Snape, que oía sus ruidosos gritos en las mazmorras.
-
Bueno, en realidad...- dijo, pero no sabía qué comentar al respecto. La ceja de Snape se ensanchaba más y más, conforme ella balbuceaba. ¿Qué quería con Draco? ¿Qué se inventaba?- Por que, la profesora Minerva, le dejó un recado.
-
¿Y lo llama, Draco?- preguntó Snape, con una sonrisa torcida.
-
Bueno... ¿Y cómo se llama?
-
¡Qué insolente es, Granger!- le dijo Snape con una mirada cargada de odio- ¡5 puntos menos por grosera!
Bien, sería mejor que lo encontrara pronto. Meditando, trató de imaginarse a un feliz Draco. Seguramente paseaba y saludaba a todos, con una enorme sonrisa. Incluso se lo imaginaba, haciendo obras de caridad.
-
¡Hola!- le decía Draco, a Pansy. Ella, le miraba con estpefacción.
-
¿Draco?
-
¡Sí! ¿Cómo estás?
-
Pues... bien... creo- le confesó ella y le miró con curiosidad. Temor, más bien- ¿Te sientes bien?
-
¡Fenomenal!- dijo, dándole un beso en la mejilla- Nos vemos pronto, lo prometo- Y acto seguido, se iba con su sonrisa.
Pansy, seguía su camino, con una sonrisa también. Hermione, tenía que encontrar a Draco, antes de que el mismísimo Draco, lo encontrara. Suspirando, se detuvo a descansar y, lo vio a lo lejos.
Charlaba con todo el mundo y ella, tenía que sacarlo de allí. Se apoyó en una columna y trató de llamarlo. Sus silbidos, no lo atraían en lo más mínimo. Con un quejido de frustración, caminaba hacia él y le sostenía de un brazo. Draco, se despedía de todos, lanzándoles besos. Los demás, estaban preoupados.
-
¡Me tuviste, dando vueltas, por todo el colegio!
-
¿A que no es hermoso?- preguntó con una sonrisa y sacó una flor- ¡Mira lo que te tengo!
Mientras caminaba, el verdadero Draco, miraba a todos con estupefacción. Todos le miraban y sonreían, muy amables. Incluso, Pansy, iba hacia él y le plantaba un beso en la mejilla. ¿Por qué?
-
¿Qué diablos pasa?- preguntó.
-
Eres tan genial, cuando estás feliz- le confesó Pansy y Draco, ceñudo, le miró.
-
¿Feliz?