← Paternidad · de
Paternidad — capítulo 19
Hermione suspiraba, al observar las caras de sus compañeros y allegados. Bien, ella nunca había mencionado que estaba embarazada de Draco, por temor a las represalias ¿Tal vez? o sería...por que tal vez, ¿No recordaba nada? Bien, al menos, ya todos lo sabían.
-
Así que, tú y Draco son...
-
¿Pareja? Bueno sí. Que nos amábamos, es otra cosa.
-
¿Ya no se aman?- preguntó Ron con confusión. Su voz, había salido, dubitativa.
-
Nosotros...- continuó ella, pero Draco negó con la cabeza.
-
Son temas, que no les conciernen- se quejó, de mala gana. Ginny quiso responder, pero la bebita había soltado un largo y pausado grito, alzando las manos. Hermione, bajó la cabeza y le sonrió con dulzura.
-
¿Quieres hacer algo, cariño?- la pequeña señalaba la mesa de postres con emoción, mientras brincaba- ¿Quieres ir a comer dulces?- le preguntó y la levantó del suelo- veamos si tienen comida para renos por allá...
Hermione se llevaba a su pequeña y Draco, permaneció de pie junto a los presentes, por un tiempo. Harry, no podía creerlo y Ron, creía estar en una dimensión paralela. En cuanto a Ginny, seguía como Minerva. Sin nada inteligente, qué decir.
-
No le des tanto dulce. Muñequita, es un poco hiperactiva- suspiró Draco, acariciándole la cabeza a la pequeña.
-
Draco...
-
¿Mmm?
-
¿Por qué nunca confesamos que estábamos casados?
-
Me temo que debe ser por el mismo asunto cliché de "Mi familia no me entiende"- dijo, dramatizando su punto- realmente, solo importa que estuvimos o estámos, casados. Además, de la muñequita.
-
Supongo. ¿Y qué le regalaremos a la muñequita?- preguntó Hermione con dulzura y la bebé, la miró con las manos llenas de pastel- ¡Más muñecos!
Draco suspiró y miró a su hija, que deseaba más pastel y era apartada de la mesa por su madre. Le sonrió y le entregó la nutria de peluche. Con eso, olvidó que el mundo a su alrededor, existía.
Ginny, ya tenía hijos. Lily Potter, era la más cercana en el rango de edad, a la hija de Draco. Ambas, siempre jugaban juntas. Hermione, estaba sentada en la mesa y sonreía, mientras hablaba con ella. Draco, la contemplaba desde una mesa, junto a Snape.
-
No puedes evitarlo; la amas...
-
Yo realmente...
-
La amas Draco, no puedes negarlo y no quieres admitirlo- resumió Snape con una mueca de desdén- personalmente, no sé, qué te encanta de ella. Pero, si es la persona que "tanto" amas, al menos deberías intentar llegar a una especie de acuerdo con ella. Es la madre de tu hija.
-
Profesor, no sabía que pensaba de esa forma.
-
Usualmente, concedería que te burlaras, pero no tengo humor para tus payasadas- dictaminó Snape y se levantó, cuando Dumbledore solicitaba su presencia. Lo último que dijo fue, "piénsalo". Bueno, Severus Snape, amó una vez en su vida.
Draco, suspiraba, mientras Harry y Ginny bailaban calmadamente. No supo por qué, pero el hecho de que Hermione, bailase con Ron, le provocó un deseo personal de bailar con su esposa. Se levantó y se detuvo al lado de la pareja.
-
¿Podría?- preguntó con una sonrisa a medias. Hermione, confundida, asintió en silencio. Ron, se la entregó y miró a Crhistine.
-
¿Quieres bailar, Crhistine?- le preguntó y la bebé sonrió, estirando sus manos. Ron, la sostuvo y comenzó a moverse lentamente.
Hermione, colocó una mano en la espalda de Draco, mientras la otra sostenía su mano. Ambos, bailaban al compás de una música pausada y suave. Hermione, quería saber el motivo de su desinteresado momento, pero era mejor no arruinarlo. Cuidadosamente, apoyó su cabeza, sobre el hombro de Draco y el joven, suspiró.
-
¿Estás cansada?- le preguntó de pronto y ella, negó con la cabeza y sonrió.
-
Es la primera navidad que recuerdo pasar, con mi hija- Draco iba a intervenir, pero Hermione continuó- con mi familia.
-
Espero, que sea la mejor de todas- le dijo, suavemente y ella, cerró los ojos con lentitud. Permaneció así, incluso sin haber notado que la canción había terminado. Ambos, permanecieron en silencio.
-
Draco...- había comenzado, pero su hija estaba frente a ella. Hermione, tenía lágrimas en los ojos y había empezado a limpiárselas con las muñecas, disimuladamente.
-
¡Quieres bailar, muñequita!- dijo su padre con una sonrisa- ¿Me ofrece una pieza?
Hermione sonrió, al verlos bailar juntos. Luego de ello, la pequeña bebita, quería que se les uniera. Hermione y su familia, por más pequeña que fuese, estaban bailando juntos. Parecían la familia feliz. La típica.
-
¡No puedo creer, que Hermione y Draco...!- dijo Ron, sobre el ruído.
-
Lo sé- le contestó Harry- pero parecen felices.
-
Hermione, dijo que ya no se amaban.
-
Nunca lo confirmaron- reafirmó Harry Potter.
La pequeña corría por todas las mesas y recibía los elogios de muchas familias. La de Luna, por ejemplo. Con su pequeño hijo que era muy parecido a su padre. Severus Snape, cruzaba el pasillo, cuando vislumbró al hijo de la pareja. Esperaba; que no fuese tan torpe como su padre. Mientras caminaba, Crhistine, le había seguido los pasos. No era muy complicado, las campanitas en sus astas, la delataban. De un momento, se había encontrado entablando una conversación con una niña de cinco. Poco hablaba. Dumbledore, se les unía y afirmaba que era una charla interesante, el por qué las nutrias eran tan llamativas. Severus creía, que al director le faltaba algo en su cabeza.
- ¡Hola muñequita!- decía su padre, cuando ella jugaba a las escondidas, con las sillas- ¿Dónde está Lily, muñeca?
Y se iba, inquieta como siempre. Hermione, estaba en la mesa, sola. Se levantó y se sentó junto a ella. Sonrió, Hermione, pero luego volvió a enseriarse. Sabía, que sobraba en todo eso y no quería aceptarlo. ¿Debía?
-
¿Sucede algo?- preguntó el joven y ella, negó rápidamente- ¿Te sientes mal? ¿Quieres irte?
-
Draco. Nosotros no somos nada. ¿No sería mejor, si saliera de tu vida y no sé, viera a Crhistine en algún momento?
Draco meditó lo que Hermione reflejaba y por cuestiones del momento, recordó lo que Snape había dicho. Debía considerarlo mejor. Ladeó la cabeza y miró a su hija, que jugaba con Ginny y Lily Luna Potter. ¿Era capáz de destruír; lo que se comenzaba a reconstruír? Estaba harto de rehacer el muro y recoger los ladrillos una y otra vez. El romance no había sido "¡Oh! ¡Hola Hermione, qué hermosa, tengamos hijos!" Había llevado años de conocerse o de incluso odiarse hasta la locura; o hasta amarse. ¿Y en ese momento justo, donde todo se había terminado, se podía volver a comenzar?
-
No creo que a la pequeña le guste- mencionó- está acostumbrándose a tenerte como madre.
-
No quiero incomodarte...
-
Hermione, ¿Por una vez en tu vida, podrías dejar de decir estupidéces? ¿No fui yo, quién te pidió que vinieras a casa? ¿¡No crees, que si me incomodaras, ya te habría dicho que te largaras!?
Ella, no dijo nada y permaneció en silencio. Suspirando, Draco admiraba a su pequeña hija que brincaba en todas partes. Ladeó la cabeza y observó a Ginny, que hablaba con su pequeña hija Lily. ¿Por qué Crhistine, no quería hablar? Mientras pensaba, lo asociaba a la discusión que él y Hermione habían tenido. Pero no, no tenía sentido. Ella era una niña que le encantaba sonreír y juguetear con todos. Aún así...
- Muñeca, no corras tanto o te sentará mal el alimento.
La pequeña, corría hasta su madre y se detenía entre sus piernas. Hermione sonrió y le acarició la cabeza. Ahogó un enorme bostezo y Hermione, sonrió con suavidad.
-
Presiento, que alguien está cansado. El reno de santa, se está durmiendo.
-
Es ya, noche buena- dijo- madrugada del veinticinco.
-
¿Te importa, si nos vamos a dormir un rato?- preguntó Hermione con suavidad- estoy exhausta.
-
No, las acompañaré.
Dumbledore asentía cuando se lo explicaban y les indicaba que podían usar el despacho del cuarto piso, que estaba desocupado. Draco, acompañó a su esposa y a su hija. Hermione, cargaba a la pequeña, que ya estaba a punto de dormirse.
-
Bien, las veré más tarde- agregó y Hermione, asintió-Buenas noches, para ambas.
-
¿Le dices buenas noches a papá, cariño?- suspiró Hermione y la niña, dijo algo que sorprendió a ambos padres.
-
Aios, aios- dijo, moviendo una de sus manos. Bien, eso era un progreso.
-
¡Muy bien muñequita! A ver, esas astas de reno- dijo, quitándoselas de la cabeza. Hermione la recostó en la mullida cama. Draco por su parte, comenzaba cerrar la puerta.
Apenas caminó diez centímetros, cuando escuchó el angustioso llanto de su pequeña. Caminó hasta la habitación y abrió la puerta con urgencia. Observó a Crhistine, que se había llenado las manos de sangre y estaba apoyándose en la cama. Hermione, estaba recostada y el misterioso brote, provenía de su cuerpo. ¿No la habían curado ya? Caminó hacia ella con urgencia y miró a su pequeña hija, que estaba asustada. Hermione, sonreía débilmente y mantenía una mano estirada; como si quisiera calmar su llanto.
-
¿Hermione?- preguntó, pero ella no le oyó. Sacó su varita del bolsillo de su túnica y tocó la herida con mucho cuidado. El borboteo se detuvo y Hermione, cerró los ojos lentamente. Luego de ello, le limpió las manos a su hija y las sábanas.
-
Ya muñequita. Mamá está bien, solo fue un golpe- si pudiera creérselo él mismo, daría cualqueir cosa. La pequeña, muy pronto dejó de llorar y regresó a la cama. Permaneció con ella, hasta que se durmió.
Se sentó junto a Hermione y la contempló en silencio. Ella, comenzaba a abrir sus ojos lentamente y a mirarlo. Draco, estiró su mano y le acarició el rostro, inconscientemente.
-
¿Estás bien?- le preguntó- ¿Qué ha sucedido?
-
No lo... sé...Pero, he... recordado algo.
-
¿Ah sí? ¿Qué cosa?
-
El accidente...
Hermione conducía con su pequeña hija. Draco, había amenazado con arrebatársela, con no permitirle verla más nunca. Se la llevaría para realizar una prueba de embarazo y demostrarle, que era suya, que ella no le había engañado. De Lucius, ya se encargaría. Con un suspiro, comenzó a sentirse mareada y exhausta. ¿Por qué?
Lucius, le había hechizado. Una maldición curiosa, que le hizo perder el sentido del volante y de su cabeza. Ahora, estaba maldita por ese hombre. Si le delataba, no importaba, ella moriría. Pero, no contaba con que Draco estaría con ella. Aún así, la herida era poderosa.
-
Mi padre es un...
-
Creo que... es todo lo que recuerdo.
Draco ladeó la cabeza y se imaginó a su padre, regodeándose de todos sus maleficios logrados. De todas sus conquistas y estupideces. Una ira indescriptible, calentó su sangre y luego, se heló al recordar lo que estuvo a punto de suceder con su madre.
-
¿Cómo está la pequeña?
-
Está dormida. Creo, que la asustaste.
-
Se resbaló cuando la sostenía. No pude aguantarla más y...
-
Descansa...- le dijo, mirándola con cierta calidéz- necesitas descansar. Por la mañana, hablaré con Snape, para que nos ayude con tu maldición.
Draco, iba a levantarse, pero sintió una extraña experiencia. Un cosquilleo en su interior y eso sentía; cada vez que iba a darle las buenas noches a su hija. Se inclinó hasta acariciar suavemente, con sus labios, los labios de Hermione. Susurró un buenas noches y le acarició la cabeza a su hija. Luego de ello, salió de la habitación.