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Paternidad — capítulo 20
Hermione estaba semi dormida, cuando se acomodó en la cama para seguir descansando. Entre abrió los ojos y observó a su esposo y a su hija. Seguramente, él, había llegado tarde al despacho. Ya amanecía, así que se dio un poco más de tiempo para dormir. Al poco tiempo, sintió el movimiento de su hija. Se acomodaba para dormir y también abrió sus ojos.
- Hola, cariño- suspiró ella, acariciándole la cabecita- ¿Cómo dormiste? ¿Bien?
Ella sonrió y negó con la cabeza, cuando la pequeña quería despertar a su padre. La levantó de la cama y decidió salir de la habitación. Al detenerse afuera de la misma; observó la gran cantidad de paquetes que habían en el suelo.
- ¡Mira cariño! ¡Regalos!- la niña, miró los paquetes con una mano en la boca- ¿Esperamos a papá?
Hermione y la pequeña, estuvieron en el despacho, esperando por Draco. No demoró mucho en despertarse. Al hacerlo, la pequeña corría hacia su padre con una sonrisa. Draco, pasó una mano por su cabeza y miró el lugar.
-
¿Por qué hay tantos paquetes?- preguntó, mirándolos con detenimiento.
-
Deben ser para Crhistine- mencionó Hermione, en el suelo- Tal vez, tenga una fábrica de muñecos muy pronto.
Draco asintió y se sentó en la silla del escritorio; de aquel despacho. Hermione, tomaba un paquete de colores brillantes y lo zarandeaba levemente; cerca de su oído con una sonrisa hacia su hija. Se lo ponía en las manos y le ayudaba a desenvolverlo. O a destrozarlo, realmente.
Ambos padres, esperaron a que su hija abriese todos los regalos que pudiese. Muchos también, eran para ellos. Hermione sonreía, ante los regalos tradicionales de la Sra Weasley. Incluso los de sus amigos. Mientras observaba a su hija, sintió un peso en su cuello y se volvió a ver hacia su esposo. Colocaba un hermoso collar en su cuello.
- Feliz navidad- le dijo y ella, no supo que decir. No tenía un regalo que darle. Draco se lo imaginó y negó con la cabeza- La navidad, no es solo regalar...
Hermione sonrió y cerró los ojos por un momento. Draco, permaneció allí, con sus manos sobre los muslos de Hermione. Esperarían, hasta que su hija admirase todos los juguetes. Apenas podía sostener tres en sus manos.
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Creo, que mi madre envió demasiado- se quejó- no debería mimarla tanto.
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Es una niña- mencionó Hermione.
-
La volverá caprichosa.
-
No lo creo. Para eso, estaremos nosotros- cuando dijo esa expresión, abrió los ojos lentamente. ¿Nosotros?
Se mantuvo en silencio y ello; le llevó a recordar la noche anterior. Mientras divagaba entre el pasado y el presente; recordó cierto asunto. Estaba en una situación similar. Ella, en una habitación semi iluminada. Sobre ella, estaba Lucius Malfoy y ella, ladeaba la cabeza para mirar hacia la puerta, cuando unos pequeños piececitos caminaban por la casa. Era su hija. Ella estaba observando toda la violencia que su "abuelo"; estaba imprimiendo sobre su madre. Despertó de golpe.
-
¡Draco!- chilló y el joven, se impactó. Ella, se dio la vuelta y le miró. Sus ojos estaban desorbitados y sus manos temblaban.
-
¿Qué sucede?- preguntó y hasta su hija, alzó la cabeza de los juguetes que miraba.
-
¡Recordé... recordé algo...!
-
¿Qué recordaste?
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Creo saber... por qué nuestra hija no habla...
Draco, la miró con estupefacción y la apremió para que ella hablase. hermione, se frotó los ojos con dos dejos y recordó más del asunto. Su hija estaba allí parada mientras su madre era golpeada, mientras su madre sangraba. Su hija, resbalaba torpemente, cuando Lucius Malfoy caminaba hasta cerrar la puerta en su cara.
-
Ella, ella estuvo presente cuando...
-
¡No es cierto!- le dijo él, con sorpresa- ¡No puedes...!
-
Sí. Tu padre le cerró la puerta en la cara. Pude escuchar cuando cayó al suelo y como lloraba. me llamó muchas veces, pero no pude ir a verla.
Draco se separó de su esposa y caminó hasta su hija. Se detuvo y la miró, mientras ella alzaba la cabeza y sonreía. Aún así, ella parecía tan feliz. Parecía tan cariñosa.
-
Pero, parece una niña normal.
-
Es muy probable que lo parezca. Quizá, se siente intimidada o simplemente, tiene miedo. Deberíamos...
-
¡Mataré a mi padre...!- mencionó Draco con ira, pero Hermione, sostuvo su mano con decisión.
-
Lo mejor será, ayudarla...Dice algunas cosas, lo que significa que ha ido mejorando- comentó, con la mirada sobre su pequeña. Jugaba con los muñecos- mírala.
Había un pequeño muñeco café que lucía como un perro, ella estaba muy feliz con su nutria y con su pequeño perro. Quizás, solo necesitaba un incentivo. Draco sin embargo, no podía pensar con coherencia. Debía buscar a su padre y hacerle pagar.
-
Espérame. Buscaré al profesor Snape para hablar de tu maldición y de mi hija.
-
No sé si...
-
Eso, es algo que mi padre me debe.
Hermione permaneció sentada, meditando. Su pequeña hija quería ir tras él, pero Draco cerraba la puerta de golpe. Eso, la paralizó y Hermione, recordó lo que Lucius le había hecho. Sonriendo, la llamó.
- Ven cariño, mamá está aquí- dijo y la pequeña caminó hacia su madre; con algunas lágrimas. Ella suspiró y no pudo evitar entristecerse por el mismo motivo. La sentó en sus piernas y le acarició la cabeza, mientras ella miraba a su nutria. Hermione, tenía una idea gracias a esa nutria. Quizás, le ayudaría a hacerla hablar.
Draco, caminó hacia el despacho de Snape y entró sin anunciarse. Severus, le observó con sorpresa mientras él rodeaba el escritorio y se detenía a un lado del hombre. Estaba encolerizado y capaz de cometer una locura.
- Necesitamos hablar y ahora mismo.