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Paternidad — capítulo 21

Severus Snape, no podía creer lo que Draco relataba. Bien, su hija no podía hablar y su esposa estaba bajo una maldición que le causaba una muerte lenta. Ladeó la cabeza y se imaginó, que su ahijado debía estar sintiendo mucha ira interna. Lucius, era un imbécil.

Hermione, estaba con su hija, en el despacho. Ella le miraba, mientras Hermione sostenía la nutria y con su varita la hacía animarse. La nutria se movía sobre la mesa, mientras su hija encontraba aquello, muy divertido. La haría hablar, hablándole con la nutria.

  • ¡Mira cariño, la nutria se mueve!- mencionó con una sonrisa- ¿Por qué no la llamas? Escuché que tiene un nombre. Se llama muñequita... ¡Dile! ¡Dile muñequita, ven!

Hermione esperaba que tuviera éxito. La nutria seguía a lo lejos y su hija quería alcanzarla. De todas formas, sus pequeños labios, no emitían sonidos.

  • ¡Vamos, llámala! ¡Dile, muñequita ven...!

  • Muequita, muequita...

  • Sí...- dijo Hermione y la nutria se detuvo, se arrastraba lentamente hacia su hija- ¡Allí viene! ¡Mira!

Hermione sonreía, cuando hacía que la nutria se moviera alrededor de la mesa, con su varita. Miró a su hija que esperaba al muñeco, con gran emoción. La miraba a ella y sonreía abiertamente con mucha ilusión.

  • ¿Le dirás hola a la nutria? ¡Mira, te está saludando! ¡Dile hola!

Mientras jugaba, Draco y Snape habían entrado en el despacho. La pequeña, le miró con una sonrisa y se bajó de las piernas de su madre, para ir hasta su padre y señalarle la nutria. Draco, esbozó una sonrisa.

  • Se está moviendo, ¿La viste? ¿Y cómo se llama?

Hermione esperaba oírselo, aunque en realidad solo estaba haciendo pruebas. Draco, suspiró y entendió que su hija no hablaría en absoluto. Pero, gratamente se equivocaba.

  • Muequita...- le dijo y Hermione sonrió, abriendo los brazos.

  • ¡Sí, se llama muñequita... como tú!- dijo y la pequeña, corría hasta sus brazos. Hermione, la llenaba de besos.

  • Granger, necesito hacerle unos estudios previos antes de determinar algo.

  • Sí. Entiendo, profesor Snape.

  • Al parecer, Lucius sabe muchos trucos. Lo conveniente sería que...

  • Lo buscásemos para averiguar, qué ha hecho.

  • Sí. Y en cuanto a la pequeña, quizá Albus pueda ayudarles.

Hermione suspiró y dejó a su hija con Draco. Ella, trataba de entender cómo se movía la nutria y por qué ya no lo hacía. Se la mostraba a su padre y le preguntaba con unos sonidos de su garganta que no llegaban a palabras o incluso, a letras. Draco, le miraba con una sonrisa y trataba de animarla a hablar.

  • Muñequita ¿Y de qué color es la nutria? Es marrón... ¿Puedes decir, marrón?

Ella le miraba y no decía nada, solo sonreía. La sentó en sus piernas y la dejó allí, jugar con su muñeco. Sería mucho más complejo de lo que creyó y simplemente; quería destrozar a su padre por lo que había hecho. No tenía razones que fuesen de peso, para arruinarle la vida de esa forma. Era una niña, era su esposa... ¡Lo mataría de tenerlo frente a él! ¡Aunque fuese su padre! Su hija, ladeaba la cabeza para mirarle.

  • ¡Papá!- le dijo, con una exclamación. Alzó la nutria sobre su cabeza y parecía divertida- ¡Papá! ¡muequita, muequita!

  • Sí, ¡Tú eres una muñequita, castañita y chiquita!- le dijo el hombre- y me encantaría, que pudieras hablar...

  • ¡Muequita maon!

  • Sí... ¡marrón! ¡Eso es...!

Hermione salió, tiempo después. Severus Snape, no tenía buenas noticias para Draco. El joven, le miró el rostro, sumido en profunda concentración.

  • Es una maldición extraña. Lentamente consume a la persona y la desangra. Es muy probable, que muera pronto. No le permite al cuerpo, regenerar la sangre que va perdiéndose. No descarto que el señor tenebroso; se la haya enseñado.

  • ¡Pero eso no es posible! ¡Debe de existir, la contramaldición!

  • No estoy seguro, pero deberías investigarlo. No debe quedar, mucho tiempo.

Draco asintió con vehemencia y Hermione, le miró con cierta preocupación. Sin duda, debía matar a su padre, por todos los males que había acometido. Lo buscaría y le haría pagar por todo lo que había hecho.

  • Iré a buscarlo. Dudo, que se niegue a verme.

  • ¡No hagas eso!- exclamó Hermione- ¡Está loco y no sabes, si puede...!

  • ¡No me interesa! ¡Él acabará con tu vida, él martirizó a mi hija! ¡Lo mataré!

  • Pues entonces, iré contigo. Me temo, que sé donde está.

  • Vamos a buscarlo.

La pequeña, caminó hasta su madre y le mostraba la nutria. Esperaba, que ella la hiciera moverse, como hacía un rato. Hermione suspiró y la levantó del suelo. Miró a su hija y luego a la nutria con una sonrisa.

  • Ella solo camina, si la llamas. ¿Cómo se llama?

  • ¡Muequita muequita maon!...- dijo, sonriéndole. Hermione, asintió en silencio.