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Paternidad — capítulo 22
Hermione sonreía, mientras su hija, estaba jugando con sus nuevos muñecos y ella, le hacía un peinado. Sus rizados cabellos, parecían resortes. ¡Rebotando de aquí a allá! Lanzaba los juguetes y los recogía "misteriosamente". Bueno, ya estaba en la edad de usar sus poderes, aunque no lo notase.
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Listo, cariño. ¿Te gusta?- decía Hermione, colocándole un espejo en frente. La niña sonreía, mientras miraba a su madre, a través del espejo- ¿De qué color es tu cabello Crhistine? Castaño. ¿Puedes decir, castaño?
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¡Castao! ¡Castao!
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Castaño. ¿Pues decirlo? C- A- S- T- A- Ñ- O...
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¡Casta... ño! ¡Mamá!- sonrió la niña, apretando su nutria entre sus brazos. Hermione sonrió y abrazó a su pequeña.
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¡Sí, castaño!- mientras sostenía a su hija, Hermione, no podía dejar de pensar en Draco y lo que acontecería. Esperaba; que tuviera suerte. Hiciera, lo que tuviera que hacer.
Draco, miraba hacia el horizonte frío. Suspirando, Severus Snape le señalaba el camino. No debían estar muy lejos de su destino. En aquel lugar, seguramente su padre se estaba ocultando. Un poco obvio.
El joven, puso el pie en el lugar indicado. Había más adelante, una masa que se revolvía en el suelo. Allí estaba, su padre. Por supuesto, que debía encarar a su hijo. Snape, ladeó la cabeza y le miró. Estaba hecho un real desastre.
- Veo, que ya me esperabas- dijo Draco con una voz arrastrada. Su padre, alzaba la cabeza. Parecía confundido y no tenía idea de lo que le rodeaba- Arreglemos nuestras cuentas pendientes.
Draco sacó su varita, pero su padre se levantaba del suelo con un gesto despreocupado. Ambos, se miraban, siendo separados por un escritorio. Con un suspiro, Lucius se dirigía a su hijo encolerizado.
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Si me matas, no salvarás a Granger.
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¡Déjate de juegos...! ¿Qué fue lo que le hiciste?
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Pues si me matas, nunca lo sabrás. No creo que te convenga, pasarte de listo.
Severus miró a Draco y luego, a su padre. Lucius sostenía su varita y el primer hechizo, se lo arrojaba a su hijo. Apenas consiguió esquivarlo y mirar a su padre con resentimiento. Su respiración estaba entrecortada.
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¿Cómo te atreves?
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¿Qué esperabas? ¿Qué me rindiera sin luchar? Te conviene, mantenerte a raya. ¿Cuánto tiempo le queda a tu esposita? Horas tal vez.
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¿Qué le has hecho?
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Como Severus seguro adivinó, una maldición. Ahora, su vida está en mis manos y yo decido si salvarla o dejarla morir.
Hermione miraba a su hija, que correteaba por todo el despacho, jugando a las escondidas con ella. Se había metido debajo de la cama, pero Hermione, le pellizcaba una piernita con suavidad y ella correteaba otra vez. Antes de continuar, ella se detuvo y se sostuvo el costado derecho. Seguramente, le sucedería de nuevo. Miró a su hija, su visión periférica se debilitaba conforme caminaba más y más. Su pequeña quería seguir jugando, pero su madre no se sentía bien.
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¡Déjate de juegos y dime qué debo hacer para salvarla!
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¿Debería? ¿Aún pretendes salvar a una sangre sucia como ella? A estas horas, debe estarse muriendo ya.
El dolor, era desgarrador. Hermione, trataba de mantenerse en pie, pero su cuerpo no respondía a ningún llamado. Sus pies, se doblaban lentamente y caía ella; de rodillas en el suelo. Su hija estaba allí, mirándola con atención. Lo último que vio su madre, fue su pequeña cabeza, antes de que la suya propia, diera con el suelo.
Draco, corría a través de los pasillos. Severus, se había quedado junto a su padre, mientras él regresaba bajo las risas de su porpio padre. Él tenía que salvarla, no podía dejarla morir por culpa de un ser como él. Abrió la puerta de par en par y observó a su hija que mantenía las manos sobre el rostro inerte de su madre. Se arrodilló para apartarla y le dio la vuelta a Hermione. Parecía inconsciente.
- ¿Hermione? ¿Me puedes escuchar, Hermione?
Su hija, lloraba estridentemente. Draco, ladeó la cabeza y la miró con un suspiro de frustración. No sabía, qué hacer a continuación.
- Tranquila muñeca, mamá estará bien. Todo, estará bien...
Se levantó, sosteniendo a Hermione y la tendió en la cama. No tenía idea de si podía encontrar algo que la curase. Suspirando, intentó encontrar una salida inmediata. El rostro de su esposa estaba blanco y su piel, comenzaba a enfriarse conforme pasaban los minutos. Tenía que regresar con su padre y pedirle la contramaldición o algo que la salvase. ¿Qué demonios podía hacer? No podía, dejarla sola y a su hija tampoco.
Mientras meditaba tuvo la idea de siempre. Buscar a Albus Dumbledore. Miró a su hija y le pidió que permaneciera dentro del despacho, que pronto regresaría por ella. Corría, sin respirar siquiera, por los pasillos de Hogwarts. Debía encontrarlo cuanto antes.
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Señor director, ¡necesito su ayuda con urgencia!- le dijo, respirando con dificultad. El director, asintió y caminó hasta el despacho. Hermione estaba tendida en la cama, mientras Crhistine lloraba sin cesar. Draco, la apartó de la cama y Dumbledore, analizó la situación con la calma inalterable que le caracterizaba. Draco sentía que el tiempo se agotaba y no podía esperar más. Debía buscar a su padre y además, Severus...
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Hermione está muriéndose- sentenció el anciano- ¿Sabes la contramaldición? Solo he visto ese hechizo una vez. Lord Voldemort, lo usó sobre sus padres.
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¿Conoce la contramaldición?
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Creo que sí, si mi memoria no me falla- mencionó el anciano director, preparando su varita. Draco, esperaba que tuviera éxito.
Dumbledore, pasó su varita lentamente, sobre Hermione. Tres veces y sin despegarla de su cuerpo. La contramaldición, parecía un largo cántico. Al principio, Draco, creyó que no funcionaría. Hermione, seguía luciendo como antes. Fría, muerta... Crhistine seguía llorando, aferrada a las piernas de su padre.
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Debería funcionar. La sangre, comenzará a recircular nuevamente...
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¿Cómo supo que...?
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Tom Ryddle la inventó. Él me dijo una vez, cómo funcionaba. Él pensaba implementarla en mí hace unos años. Pero, lo detuve a tiempo.
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¿Cree que estemos a tiempo?
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Tenemos que esperar.
Draco sabía que debía regresar con su padre, encararlo, pero no podía levantarse de la cama. Debía ver a Hermione, abrir los ojos, mirarlo. Suspirando, permaneció mirándola con fijeza, mientras su hija estaba mirando a su madre en la cama y trataba de hacerla reaccionar, tocándole la cara.
- No, muñeca. Mamá no se va a despertar aún, ten paciencia- le dijo, pero ella no quería apartar sus manos de su madre- Muñeca, hazme caso...
Permanecieron allí, por largo rato. Draco, la miraba con preocupación. Sentía que su respirar le abandonaría para siempre y todo, sería su culpa. Su corazón latía desesperado. Si la perdía, no tendría ninguna piedad con su padre. Bueno, ya no la tendría de todos modos.
- Hermione... despierta....- le susurró, a un palmo de su rostro- despierta...
La pequeña bebé, seguía esperando que su madre se despertara y la llamaba, sosteniendo su nutria. Draco, no tenía el valor para decirle que había muerto. Lentamente, sostuvo las manos de su hija, para apartarlas de las manos de Hermione, pero algo sucedió. Las manos de Hermione, no le permitieron apartar las de Crhistine. Hermione, volvía en sí.
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Hermione...- le dijo Draco, cuando sus párpados vibraron lentamente. Hermione miró a su alrededor y a su hija, que le brincaba encima, acostando su cabeza en su pecho.
-
¡Mamá Mamá Mamá!...