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Paternidad — capítulo 27
Draco miró a su alrededor. Su esposa y su pequeña, estaban dormida. Christine, daba vueltas en la cama y se acomodaba a su antojo. Sonrió mientras la contemplaba y decidió hacer el desayuno. Estando en ello, Hermione se despertaba con mucha lentitud. Miró a su pequeña, que seguía dormida y con una sonrisa, la cobijó y salió de la habitación. Draco colocaba la mesa, cuando ella emergió de la misma.
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Buenos días- dijo y le daba un beso en la mejilla- ¡Vaya, sí que has trabajado!
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La muñeca, se levanta muy hambrienta. Por eso la denominé, el pequeño dinosaurio castaño.
Hermione sonrió y se sentaba a desayunar, cuando la bebita, salía de la habitación, frotándose los ojos y bostezando.
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Mamá ¡Mamá!
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Buenos días, muñequita- sonrió ella y la pequeña quería montarse en la silla. Draco caminó hacia ella y la acomodó en la misma- ¡Papá!
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Buenos días, muñequita castaña- le sonrió- tu leche...
Hermione sonreía, mientras la pequeña movía sus pies y bebía la leche que Draco le había dado. Luego del desayuno, saltaba y brincaba por toda la casa. Hermione siempre creía, que el alimento le haría mal si seguía en ese estado. Draco en cambio, sabía que su hija era toda una guerrera. Realmente, había comido cosas más pesadas y ni daño le hacían. Sonriente ella se llevaba todos los juguetes de un lado al otro.
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Hermione, hay algo que debo decirte- le indicó Draco y ella, se levantó del sofá donde contemplaba a su pequeña y caminó hacia él.
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¿Qué ocurre?
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Creo que de todas formas ibas a saberlo, pero es mejor que yo te lo diga. Supongo, que hay que empezar el año con un buen pie. Intuyo.
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¿Qué ocurre?
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Hermione, quiero decirte...Que, quiero renovar mis votos matrimoniales. Sé que suena algo estúpido y que no soy así, pero ya que estamos formando una familia, que tenemos una hija- dijo y Crhistine le miró- sí muñequita, estoy hablando de ti...
Hermione no podía creerlo, miró a Draco mientras Crhistine corría hacia él con su nutria de felpa. Ella estaba segura, de que la relación no se compondría en lo más mínimo. Con un suspiro, Draco sostuvo a su hija, que le miraba con mucha atención. Luego, miró a su madre y sonrió.
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Pesas mucho, muñeca. Ya no estás para que te cargue.
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¡Mamá! ¡Mamá! ¡Ma ma má!- gritó la pequeña y ella, salió de su ensimismamiento. Con una sonrisa, Hermione le acarició la cabeza.
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¿Qué ocurre muñeca?
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Creo que a Crhistine, también le gusta la idea. Quizá suene un poco cursi- resumió- pero creo que es necesario que hagamos las cosas como se deben. Somos padres y aunque nos enamoramos, en circunstancias más allá de las "clásicas", es lo que dos padres deben hacer.
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Entonces...¿Lo hacemos por Crhistine?
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Te confesaré otra cosa. Lo hago por ella y por nosotros. Bueno, ¿Qué tiene de malo que yo quiera revivir, lo que éramos?
Hermione sonrió y Draco, hizo el intento. Ambos se miraron por un tiempo, hasta que Crhistine soltó un chillido y lanzó la nutria. Draco supuso que quería que la dejara libre. La colocó en el suelo y la observó correr por el pequeño animal de peluche. En poco tiempo, el salón estaba lleno de juguetes y casi no se podía caminar.
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Muñeca...¿Por qué lanzas todos los juguetes? ¿Por qué no guardas, los que no usas?- le preguntó Draco y la bebé tomó un puñado de ellos y comenzó a lanzarlos en la habitación principal. Draco negó con la cabeza y Hermione rió.
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Bueno, digamos que es ordenada a su modo- dijo Hermione, acariciándole la espalda, mientras ella mordisqueaba a la compañera de acción, la nutria.
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Bien, si pisas algo, será culpa tuya muñeca- le indicó Draco con una sonrisa y ella se rió de él. Hermione en poco tiempo, comenzaba a recoger los juguetes y a acomodarlos.
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Listo, para que papá no se enfade.
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¡Mamá!
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Dime...
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Mía mía mami- le dijo, mostrándole un oso negro.
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Es un osito negro. ¿Te gusta? ¿Quién te lo regaló?
Hermione le dio la vuelta y leyó la tarjeta. Se asombró al ver, quién lo mandaba. Era de Ronald Weasley. Con cariños, para la pequeña Crhistine. Sonrió y lo guardó con los demás muñecos. Ron tomaba las cosas, mucho mejor de lo que ella esperaba. Draco entró en la habitación y observó el orden.
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¿No fue la muñeca, cierto?
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No, fui yo- sonrió Hermion- aunque pronto, le enseñaré a ser organizada, tanto o más que yo.
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Eso sería digno de ver. Sobretodo de ti, que ordenas demasiado. Supongo que hasta clasificas tu ropa interior por colores.
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No es divertido.
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No era para que te rieras.
Hermione sonrió y Draco la contempló con una sonrisa a medias. la pequeña subía y bajaba del sofá y cantaba. Draco la contemplaba y sonreía también. Su pequeña hija crecía y pronto perdería el miedo a la interacción. Ladeó la cabeza, para mirar a Hermione que con una sonrisa suave, contemplaba a su hija, con mucha felicidad. Estaba acostumbrándose a tenerlas juntas y en realidad, ¿Para qué perderlas? Ladeó la cabeza nuevamente y observó a su pequeña que daba vueltas en el suelo. Sin duda, era más juguetona de lo que parecía. La diciplinaba bien y no escatimaba en su educación.
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Creo que alguien está muy hiperactivo.
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Muñeca siempre actúa así. Mi madre siempre pregunta, ¿Qué le das de comer?
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Bueno, así son los niños ahora. Siempre brincando y jugando por todas partes. No me extraña que a Dumbledore le agradara.
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Dumbledore está algo loco...- suspiró Draco y Hermione, asintió con mucha felicidad. La pequeña, caminó hacia ella y le entregó un muñeco.
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Mamá, comigo comigo...
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¿Quieres que juegue, contigo?
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¡Sí!...
Draco y Hermione se sorprendieron al escucharla hablar. Hermione asintió y se dejó arrastrar por la pequeña, hacia el salón. Estaba listo para casarse una vez más o simplemente, para estar con ella nuevamente. No importaba, eran una familia, aunque muy disfuncional en cuanto a ciertas cosas. La amaba, no lo iba a negar. Además, que estar casados era un buen soporte para la pequeña.