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Paternidad — capítulo 28
Draco estaba sentado en el sofá, mientras su hija iba y venía, llevando juguetes de un lado al otro. Hermione iba recogiéndolos por donde pasaba. Draco sonrió, cuando su hija hacía enormes garabatos sobre un papel. Un enorme dinosaurio de muchos colores. Salía corriendo, para dárselo a su madre. Hermione muy pronto estaba comentándole que lo montaría en la pared, junto a sus otros dibujos, si hacía más.
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Tenemos una pequeña, muy creativa.
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Sí, antes era eso o rayar las paredes- dijo Draco con un movimiento de su cabeza. Crhistine corría por más crayones y los arrojaba al suelo con diversión. Hermione sonrió y se sentó junto a ella para ayudarle a colorear. Ella le entregaba los colores.
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¿Quieres que use este?- dijo, mirando el crayón azul- Bueno ¿Qué vas a pintar, nubes?
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Las nubes no son azules- dijo Draco, mirando el dibujo.
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Ya las pintó azules.
Mientras Christine dibujaba, Hermione y Draco, discutían el nuevo plan de acción. Ahora que Voldemort sabía toda la verdad, debían estar preparados para combatir lo que estaba por venir. Bueno, a ciencia cierta, ya eso se esperaba. Más bien, se habían tardado demasiado en buscarles.
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Se supone que vamos a luchar, contra alguien que nos podría matar- mencionó Hermione y Draco asintió- pero nos matará igual, aunque no luchemos- Draco volvía a asentir- ¿Qué demonios vamos a hacer?
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En mi opinión. Huír no suena nada mal.
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¿Huír? Draco, no puedo creer eso de ti.
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Tenemos una hija, se supone que debemos pensar por ella.
Hermione no pudo evitar coincidir con él. Ladeó la cabeza hacia la pequeña, que seguía rayando toda hoja de papel que se encontraba. Estaba muy feliz, iba y venía, mostrándole sus dibujos, llenos de rayas y colores distintos.
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¿Qué es, cariño?- le preguntó Hermione.
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¿Serán rayas?- preguntó Draco, con una sonrisa suave y Hermione, le miró de mala gana.
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Eso es arte- dijo ella y Draco, asintió levemente- lo que la muñeca dibuja, es un hermoso arte. ¿No es así, muñeqita?
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¡Mamá! ¡Mia mia mami!- gritó- diujo diujo...
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¿Tú le enseñaste eso?- preguntó Draco y Hermione, le miró con cierta estupefacción. Bueno, estaba aprendiendo tan rápido como había dejado de hacerlo.
Hermione siguió pensando en el asunto familiar. Estando en la cama, exhausta de tantos quehaceres, se dejó caer y se dedicó a meditar. Realmente, ¿Qué otra opción que escapar, le quedaba a la familia Malfoy? Cada vez que decía "Malfoy" se sentía extraña. Como si una especie de cosquilleo la recorriese internamente. Bueno, nadie podía darse el tupé de decir "soy sangre sucia y estoy casada con un Malfoy, que odian como ninguno, a los sangre sucias". Ciertamente, la cuestión era que...Se casaron y se acostaron juntos. ¿O había sido al revés? Bueno, al menos sabía de quién era su hija y alguno que otro motivo, por el cual estaban juntos. Triste hubiese sido, no haberla encontrado nunca.
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Mami mami...- escuchó una vocecita a su lado y ladeó la cabeza, para mirar a la pequeña visitante sorpresa que tenía a su lado
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¡Hola muñeca! ¿Qué estás haciendo aquí, cariño? ¿Vienes a dormir conmigo, pequeña?
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Mami...mami- sonrió la pequeña y Hermione la acomodó a su lado, tapándola con las sábanas.
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¿Dónde está Crhistine? ¿Dónde estará?- dijo, fingiendo buscarla- ¡Aquí está!- le dijo, quitándole las sábanas. La pequeña rió- ¿Dónde está tu padre, cariño?
Hermione meditó, quizá estaba leyendo o había salido a alguna parte. Crhistine se acomodó en la cama a su antojo y su madre le contempló, mientras bostezaba. Muy pronto se quedó dormida, mientras Hermione la miraba. Con un suspiro, pasó a mirar el techo y preguntarse si todo iba a terminar en una odisea. ¿Por qué su torpe esposo, tenía que ser un Malfoy y haberse unido a la causa del señor tenebroso? Nunca podría descifrar semejante misterio. Miró a su alrededor por última vez y se preparó para dormir.
Draco en cambio, no podía dejar de pensar. Realmente debía de existir alguna forma de resolver ese dilema, sin recorrer a una batalla frontal. Bueno, su padre ya había dado el pre aviso y su madre, estaba en dificultades también. Miró lo que tenía a su alrededor y supuso que lo perdería pronto. De todas formas, lo material le preocupaba poco. Lo que importaba eran las vidas bajo esa casa. Sí, aunque él nunca pensase semejante cosa. Tener una hija, ayudaba a cambiar de parecer, acerca del asunto. Crhistine era muy pequeña aún, para sufrir la ira de su "señor tenebroso". Un peligro inminente, que podría acabar con su vida con tan solo mirarla. Eso no podría permitirlo, por más fiel que le fuera.