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Historia 41812 — capítulo 4
Draco sentía gran desesperación, se hundía en su soledad como quien se hunde en el mar en medio d una tormenta, se sentía tan pequeño en su enorme mansión, necesitaba de ella, necesitaba que lo quisiera, necesitaba de su amor y de esa ternura que tenía para todos, para todos excepto el.
¿Cómo puede ser posible que en unos instantes se pueda borrar el gran odio que le tuve durante ocho años de colegio? ¿Será cierto lo del amor a primera vista? No seas burro imbécil, tienes casi media de tu vida viéndola. Pero ¿Cómo pude amarla tan de repente? ¿Será que me ha hechizado? No seas mierda animal ¿Para que iba a hechizarme mi Hermione? ¿Mi Hermione? De mía no tiene nada, si en estos momentos debe pertenecer al traidor de la sangre de la comadreja ¿Traidor de la sangre? Traidor yo, por amar sus ojos pardos que me han hundido en la más cruel locura, por adorar sus rizos de seda ¡¡¡Merlín que mujer más bella!!!
Pero yo no me la merezco ni un poquito, quizás Weasley si se la merezca, si, él si se la merece, él es un héroe, yo un simple ser que a la final se cambio de bando, que casi lo mato a él, aunque no quería hacerlo. Yo un cobarde que no se pudo enfrentar a su padre, el un valiente que junto con el cara rajada y mi preciosa se enfrentó al señor oscuro, Yo una serpiente a la que ella por naturaleza Gryffindor tiene que odiar y el un león al igual que ella lo es. Cerca de mi no tiene futuro, todos odian a los Malfoys, cerca de el lo tiene todo.
¡Oh! Cruel destino, o vida ayúdame a olvidarme de mi vida, ayúdame a olvidarla a ella.
Así la pasaba Draco llorando amargamente, hundido en su cruel verdad.
En tanto Hermione había olvidado por completo que hoy debía haber sido su boda. Se encontraba envuelta en un mundo de máquinas gigantescas y algodón de azúcar, disfrutando con Harry a lo *muggle.*Olvidaba por completo que su vida en éste momento era igual a esa montaña rusa pero en la parte más baja. Y ya no lloraba, solo reía, con Harry, con su fiel amigo al que se le hacía increíble que sus dos mejores amigos hubiesen cancelado la boda.
Ronald no estaba triste, se sentía de lo mejor junto a Pansy, es que ella tenía ese algo que lo volvía loco, algo que la dulce e ingenua de Hermione no tenía. En sus ojos brillaba la picardía y la malicia que a Ron excitaba en gran manera, Pansy sabía controlarlo, para ella todo había empezado para fastidiar a Granger, pero ahora se había enamorado por completo de ese ser que era tan contrario a ella, dulce y atento, con su mirada de cachorro abandonado que hacía que cualquiera cambiara de decisión, ella amaba esa mirada, esa misma mirada que podría bien ser un mar tormentoso algunas veces.
Por la mente de Ron pasaban muchas cosas pero lo que más pensaba es que no le había pedido perdón a Herms y eso le inquietaba un poco, pues con esa inquietud no podía ser completamente feliz con la mujer que amaba y mostrársela a todos con orgullo.
Tenía que arreglar las cosas con la que fue su mejor amiga durante mucho tiempo, que aun lo había sido hasta hace poco y a la cual quería apesar de haberla traicionado. La quería demasiado pero en la forma en la que amaba a Pansy, pues, a Herms la quería como a una hermana y se sentía incómodo por hacerla sufrir, pero a pesar de su remordimiento se la pasaba de lo más lindo con Parkinson.
Draco estaba dormido frente a la chimenea de su salón de biblioteca, con sus ojos hinchados de tanto llorar, no quedaban sombras del gallardo muchacho al que Hermione había visto ya hace tres meses en el Callejón Diagón, tenía el cabello sucio, su barba estaba muy crecida, había adelgazado mucho, estaba deshidratado y le faltaba tomar un poco de sol, comía cada tres días, no se preocupaba lo suficiente por su aseo personal. Estaba en peor estado que aquellos días en la prisión de Azkaban, estaba muriendo. Si, el gran Draco Malfoy, ese chico orgulloso y engreído moría de amor por la sangre sucia de Granger.
Mientras tanto en el Ministerio de Magia Hermione no tenía la menor idea de que Draco estaba pagando todas la que le había hecho. El ministro había convocado a una reunión con los de su departamento, en la cual les encomendaba realizar redadas y revisiones de los lugares en donde alguna vez habían descubierto algún indicio de magia oscura, o aquellos lugares en donde los ex - seguidores de El Que No Debe Ser Nombrado se encontraban. La gran sorpresa se la dio Hermione cuando le dijeron que su revisión semestral sería en la Mansión Malfoy, en la cual vivía Draco Malfoy, pero no podía protestar aunque era la jefa de su departamento la tarea se la había encomendado el mismo ministro y era su obligación obedecer.
¿Cómo puede ser posible que con tantos lugares me haya tocado justamente revisar esa Mansión en donde vive el hurón oxigenado? Que vida tan cruel, pues, aunque ya he resuelto mi problema con Ron, claro, que sin llegar a ser los mismos amigos de antes y sin tenerle la misma confianza esto se ha arreglado un poco, y me siento feliz, además, creo que dentro de unos años podré perdonarle por completo y quizás pueda apoyarlo con lo de Parkinson pues se ve que la ama mucho. Pero justo me toca a mí ese lugar en donde me va a tratar Malfoy como la peor escoria. NO puede ser.
En la mansión Draco convulsionaba con altas temperaturas, estaba mal, claro, después de estar tanto tiempo frente a la chimenea apagada, con todos los ventanales abiertos y justo en invierno ¿A quién no le daba una pulmonía? ¿Qué más se podía esperar? No tenía defensas, no comía, no tenía fuerzas para hacer otra cosa que pensar en su Hermione.
Pero como el destino a veces no es tan cruel Hermione iba en su auto mugglerumbo a encontrarse con su enemigo para hacer su interrogatorio y su revisión del semestre. Al llegar a ella y después de llamar por largo rato no le quedó de otra que entrar a la fuerza con un simple Alohomora, pues, aunque en un pasado la casa estaba bien protegida el ministerio había ordenado quitar la protección y Draco había obedecido para sorpresa de Hermione.
Después de quince minutos en la mansión al llegar al salón de la biblioteca para revisar si aun tenían libros oscuros, encontró a Draco temblando del frío y ardiendo en fiebre, desmayado y muy débil después de su última convulsión.
-Merlín Malfoy ¿Qué te pasa?- Gritaba Herms - ¿Malfoy? ¡¡Malfoy dime algo por favor!!
¿Qué tendrá este? ¿Qué porquería se habrá metido? Oh, está tan desaliñado e indefenso, pobrecito, tiene sus labios súper resecos, y está tan flaquito. Pobre Draco ¿Draco? ¿Qué haré con el? No creo que aguante aparecerse. Lo llevaré en mi auto a algún hospital muggle, porque no creo que llegue bien a San Mungo, aunque quizás si le doy un poco de agua tenga más fuerzas.
*-*Malfoy voy a intentar aparecerme en San Mungo contigo, pero necesito de tu ayuda, necesito que tomes un poco de agua para ver si tomas fuerzas, Aguamenti- mencionó sobre una copa y su varita salió un chorro de agua que le dio al Rubio mojando e hidratando sus labios, mientras este movía sus párpados para mostrar unos bellos ojos grises.
-Draco por favor despierta- Le dijo con angustia.
-Her mio ne- Deletreo lentamente y con voz poco audible.
¿Dijo mi nombre?
- Hermione mi Amor…
Gracias a los que han comentado...