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Corazón Latente — capítulo 5
X: ¿Cómo está?-era una chica rubia, guapísima, mi sola presencia en esa habitación parecía una blasfemia, todos eran perfectos, increíblemente bellos y delicados. Detrás de la chica apareció un muchacho también rubio.
Edward: Rosalie ¿Por quien preguntas?-dijo extrañado
Rosalie: Por la muchacha.-dijo seca- Jasper me dijo que habíais venido muy esvarados.
Jasper: Os vi por la ventana-dijo rápidamente
Anne: De veras estoy bien. Muchas gracias por su atención, pero debería volver a casa, mi madre estará preocupada…
Carlisle: Ya la he llamado, dice que si estas con nosotros no hay problema alguno.
Anne: No quiero molestarles.
Esme: Tonterías.
Edward: Esme, yo la llevaré a su casa ahora-dijo secamente, me sorprendió el que no le dijera mamá hasta que recordé que era adoptado. Siempre conseguía descolocarme, no sabía si me quería llevar a mi casa por el mero hecho de que me sintiera a gusto y no tan cohibida o porque quería quitárseme de en medio.
Anne: Muchas gracias Edward-el me hizo un gesto y salimos por al puerta- Encantada de conoceros.
Entré en su volvo plateado, tenía frío y me puse a tiritar rápidamente. Edward puso la calefacción aunque no sirvió de mucho, entonces me extendió su chaqueta.
Anne: No hace falta de verdad, ya estamos llegando-él dejó al chaqueta en el asiento trasero y continuó conduciendo a gran velocidad. Casi daba miedo lo rápido que iba, pero no le iba a contradecir, mucho era que se hubiera ofrecido a llevarme. Pronto llegamos a casa y no sabía como despedirme, él tampoco decía mucha cosa-Bueno hemos llegado...
Edward: Si, eso parece. Anne ¿Qué haces aquí?
Anne: Ya te he dicho que me había peleado con mi madre.
Edward: Me refiero a Forks ¿Por qué as vuelto?
Anne: ¿Acaso te molesta mi presencia aquí?
Se quedo quieto, tan quieto que de nuevo parecía una estatua, estaba allí, sentado en el asiento del piloto, y yo esperando una respuesta, mirándole embobada como una tonta. Su posado era serio, así que me harté y le solté:
Anne: Muy bien, eso lo ha dicho todo. Me voy.
Abrí la puerta del coche para salir, y Edward me agarró del brazo.
Anne: Edward, suéltame por favor, me haces daño.
Él noto mi cara de dolor, así que me soltó. Fue un tirón brusco, pero yo salí del coche, y cerré la puerta dando un portazo, para que notara lo enfadada que estaba.
Cuando abrí la puerta de mi casa, mi madre estaba allí delante de la puerta, dando vueltas de un lado para otro. Cuando me vio, dijo:
Katherine: ¡Anne! Me tenías muy preocupada yo…
Pasé de largo para que me dejara en paz. Sin saber por qué, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos mientras subía las escaleras.
Cuando abrí la puerta de mi cuarto, corrí hacia mi cama. Ya me daba igual si me caía, si lo hacía, no me levantaría, no tenía intención de hacerlo. Me desparrame en la cama, con el corazón hecho pedazos. ¿Porque me sentía así, por un tío, que además ya estaba cogido? Supongo que sería por todo, y no solo por eso. Cuando ya no bajaban más lágrimas por mis mejillas, conseguí conciliar el sueño.
Por la mañana me desperté más temprano de lo normal. Bajé a la cocina y me hice unas tostadas, como era de costumbre. A los diez minutos, mi madre bajó las escaleras, cuando yo me disponía a subirlas para ir al cuarto de baño. Pasamos una al lado de la otra, ella sabía como estaba, así que no dijo nada. Entre al cuarto de baño y me cepillé los dientes y mi pelo enredado.
No tenía ningunas ganas de quedarme en casa. Así, que salí de casa y esperé al autobús.
Cuando por fin llegamos al aparcamiento del instituto, vi a Mike apoyado en su Suburban. Me disponía a avanzar hacia él cuando pude observar como Bella Swan, y Edward Cullen venían directos hacia mí. Oh no, eso si que no, empecé a andar para ir en dirección a Mike, pero la mano fría y firme de Edward me agarró el brazo, como ayer.
Edward: ¡Anne! Espera, tengo que darte esto -Extendió en su mano, el colgante de mi padre.Anne: ¡¿De dónde lo has sacado?! - Dije yo histérica.
Edward: Se te debió caer ayer, lo encontré en mi coche.
Bella: ¿Ayer? ¿Tu coche?
Edward: Bella, luego hablamos. -Le dirigió una mirada de suplica, y ella asintió con la cabeza no muy convencida- Bueno, ¿quieres tu colgante o no?
Estiré la mano, y él lo dejo caer en la palma de esta. Se derramaron lágrimas en mis ojos de nuevo, pero esta vez, miré hacia abajo, y solo pude susurrar:
Anne: Gracias.
Me marché corriendo, pero no hacia clase, sino hacia detrás del instituto, a la entrada del bosque, allí, me recosté en un árbol grande, y me descargué. Lloré desconsoladamente, no pasaba nada si hoy no ibaa clase, además, no me quería enfrentar a todas las preguntas que me harían al verme llorando, ya que tampoco podía parar.
Cuando sonó el timbre del fin de las clases me alarmé. ¿Cuánto había estado allí llorando? No lo sé, pero tampoco me importaba en esos instantes, cuando noté una fría mano rozando mi hombro, me sobresalté, y emití un grito desgarrado. Y allí estaba él, Edward Cullen.
Edward: ¿Estás bien? No te he visto en clase -Dijo con un tono algo preocupado.
Anne: Sí, estoy bien. ¿Cómo sabias que estaba aquí? -Dije aún sollozando.
Edward: Tienes preferencia por los bosques ¿No?-hice una especie de carcajada bastante falsa, lo cual él notó.
Anne: ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Bella?-dije seca mientras miraba al suelo y partía un palito que había en la hierva.
Edward: Se supone. Pero se ha enfadado y no me habla.
Anne: Seguro que se ha enfadado por lo de ayer. Siento mucho causaros molestias.-dije esta vez sinceramente y mirándole a los ojos. Seguía soltando alguna lagrimilla, pero ya nada del otro mundo, su presencia me tranquilizaba en ese sentido, creo que era en el único que lo hacía. Extendió su dedo hacia mi cara y quitó una de las lágrimas, su mano estaba helada, como un témpano.Rápido apartó la mano.
Edward: Perdóname, yo…
Anne: Edward, no hace falta que digas nada. La verdad es que la que debería hablar sería yo. Gracias.-Me miró extrañado, y no hizo falta que me formulara al pregunta- Por estar ahí, ayer, ahora, y la verdad es que siempre, cuando te conocí me pareciste un niño engreído y presuntuoso, y para acabar bastante maleducado he de decir, pero me has hecho cambiar de opinión.-le di un beso en la mejilla y me levanté. Aquel beso me había revelado muchas cosas de él. Siempre me pasaba lo mismo, a la primera muestra de interés que me mostraba una persona sabía algo de ella, normalmente solía intuir si era inseguro o así, pero con él fue diferente. Él me enseño que cargaba una gran responsabilidad a sus espaldas, que siempre le acompañaría, y un gran miedo, permanente ahí por el momento… Nunca habría dicho que Edward Cullen le podría tener miedo a algo, y si, se veía que tenía un punto débil, uno que hasta un ciego vería, Bella.
Fui corriendo hasta la parada del bus, pero lamentablemente llegué tarde y este se había marchado, el siguiente no pasaba hasta una hora y media más tarde. Me armé de valor y comencé a caminar, aunque un precioso volvo plateado se interpuso en mi camino, el conductor bajó la ventanilla y me dijo:
Edward: ¿Te llevo?
Anne: No hace falta-dije seca, ¿porque siempre me tenía que sacar de todos los apuros?
Edward: Vamos, no seas testaruda y sube al coche.-subí enfurruñada como una cría pequeña- Bueno, hace un día… lluvioso.
Anne: Si ¿No es genial?-dije con una sonrisa, me miró atónito- Adoro la lluvia, el frío me agrada, aunque unos pequeños rallos de sol en verano o en primavera también me llaman la atención-sonreí de la forma más natural que le había sonreído a Edward desde que le conocí, se me quedó mirando de forma extraña.
Edward: Anne, tu eres…
Anne: ¿Qué, extraña, rarita, estúpida? Supongo que un poco de todo-dije muy a mi pesar, sabía que no era como las demás, siempre había sido diferente, callada, reservada, solitaria, siempre había preferido la lectura de un libro interesante y escuchar música a una charla insulsa sobre un tema sin sentido alguno.
Edward: Quería decir especial.-dijo mirándome a los ojos de forma dulce…- ¿Por que piensas que eres de esa forma?
Anne: ¡Oh vamos Edward!-un escalofrío me recorrió al pronunciar su precioso nombre-¡Mírame!-dije señalándome.
Edward: Ya lo hago, y solo veo a una chica preciosa diciendo tonterías sobre si misma.
Anne: Edward, enserio, mi mejor amigo durante estos últimos ocho años a sido un libro. Extraña porque tampoco actúo como alguien normal, rarita porque así es como me debe ver todo el mundo, y estúpida: estúpida porque estoy deseando cosas inútiles-inútil… exacto, así se podía llamar a mi intento de relación con Edward Cullen, y frustrante, muy frustrante. Él me miró esta vez diferente, tenso, como si intentara resistir frente a algo. Su semblante era tan sumamente hermoso, nunca me había fijado tanto en sus preciosos ojos dorados, tenían un brillo especial aquella tarde. Y sus labios, finos y delicados, invitaban a acercarse a ellos lo máximo posible, no pude evitar no quitarle los ojos de encima, comenzaron a moverse pero no escuché sus palabras. Supongo que él se percato.
Anne: Perdona, ¿Qué decías?-dije intentando centrarme de nuevo.
Edward: ...