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Historia 42013 — capítulo 3
Sangre
14:10-Ya estábamos todos en la cafetería, bueno… casi todos. Por la puerta entraron James y Stephanie hablando fluidamente. Los miré con rabia. Ella cruzó mi mirada y se despidió de él. Se encaminó hacia donde yo y mis otros amigos estaban sentados.
-No te pienses mal. No pasa nada entre nosotros-Se limitó a decir.
-Claro que no-Susurré, pinchando una de las asquerosas coles de Bruselas con mi tenedor y poniéndome a hablar.
La verdad es que nadie estaba del todo tranquilo. Nadie sabía cuando saldríamos de allí y si nuestros parientes habrían muerto. Era toda una horrible incógnita.
Cuando terminamos de comer eran las tres con treinta. Volvimos al aula en silencio e intentamos comunicarnos con nuestros familiares. Como lo supuse nadie pudo hacerlo, no había caso.
Hicimos un poco más de tarea que, supuestamente decía el profesor, nos ayudaba a "desconectarnos de nuestros problemas".
Estudiamos unas tres, fastidiosas, horas más hasta las seis treinta, cuando la temperatura comenzó a descender más y más, calándonos hasta los fuesos, fue cuando se hizo de noche.
De acuerdo, sabía que pasaría algo malo cuando sentí que un escalofrío me recorría toda la columna vertebral.
Pero esta parte de la historia no es mía. Le sucedió a un chico nerd llamado Jeremy. Era muy bajito y siempre usaba la misma camisa a cuadros metida dentro de los altos, feos y anticuados pantalones caqui. Tenía unos enormes y cuadrados anteojos que se le resbalaban por la larga nariz cada dos por tres.
Todo comenzó cuando Jeremy levantó la mano y le preguntó al profesor si podía ir al baño. Éste, dedicándole una de sus más horribles sonrisas, le dijo que sí (Era su alumno predilecto, como no iba a ser). El niño se levantó de su banco y se dirigió a la puerta.
Subió por las escaleras hasta llegar al baño de los chicos y allí entró. Hizo lo que tenía que hacer (Ni piensen que les diré qué) y se dirigió al lavabo. Genial, no salía agua. Intentó otra vez. Nada. Intentó una vez más y, ahora sí, funcionó. Pero no salió agua, si no que del grifo manaba un líquido rojo... sangre
-¡Ahhh!-Chilló, con los pelos de punta.
Intentó cerrarla pero nada, la sangre seguía chorreando. Comenzó a marearse y a tener fuertes y múltiples arcadas. En el espejo, por un segundo, pudo ver lo pálido que estaba. Pero luego no pudo ver nada allí, pues del espejo, de las paredes, de los inodoros y de las ventanas comenzó a brotar gran cantidad de sangre que caía haciendo grandes charcos en el suelo.
Tuvo muchas ganas de vomitar y los anteojos se le cayeron en el suelo, por lo que no pudo ver mucho.
La sangre seguía cayendo a borbotones y salpicaba la planchada y prolija camisa y el anticuado pantalón con pequeñas gotas.
Los ojos de Jeremy se salían de las cuencas mientras miraba su atuendo ya casi empapado por el líquido y caliente fluido.
Quiso correr hacia la salida pero se resbaló con la sangre que fluía y cayó de bruces al suelo, manchándose la cara, las manos y el cabello.
Gritó fuertemente y pudo oír el eco de su voz a lo lejos.
Se quedó allí, yaciendo en el suelo, mientras la sangre seguía brotando de las paredes. Por un momento creyó que tenía alucinaciones o que estaba soñando… ¡Pero todo lo que ocurría era tan real! Podía sentir el sabor de ella en su boca, podía verla, olerla, tocarla… tan real, tan asquerosa, tan terrible…
Allí pudo ver, apenas, unos zapatos. Levantó la vista y, allí en la puerta, estaban parados el profesor y varios alumnos más detrás suyo (incluyéndome), mirando todo con ojos como platos.
-¿¡Qué haces ahí tirado en el suelo, Jeremy!?-Inquirió gritando el profesor y obligándolo a incorporarse, tirándole de los brazos.
-La sangre… la sangre-Llegó sólo a decir.
-¿Qué sangre? ¿Dónde?-Preguntó confundido.
-Por todas partes. Brotaba de las paredes. Sáqueme de aquí, sáqueme.-Suplicó el chico
Por más que él dijese que allí había sangre manando de las paredes, yo no podía ver nada. Nadie podía ver nada. El baño estaba como siempre, limpio, neutral y sin ni una gota de sangre. No lograba entenderlo. Quizás al final los rumores de que Jeremy estaba loco se habían confirmado.
-¡La sangre, quítemela! ¡Quítemela!
-¿¡Qué sangre, Jeremy!?-Gritó el profesor desaforado.
De repente el niño cerró los ojos, los abrió y se calmó. Pudo respirar fácilmente (era asmático), puedo hablar mejor y dejar de gritar. Se incorporó un poco más tambaleándose.
-¿Dónde…?-Comenzó el muchacho-¿Dónde está la sangre?
-¿De qué sangre hablas?-Preguntó el profesor.
-Había mucha sangre brotando de todos lados, me caí en ella ¿No ve? Estoy manchado-Dijo mirándose.
Pero estaba completamente limpio, ni una gota de sangre. Todos lo miramos extrañados.
-Lo juro, no estoy loco, fue horrible..
-Vamos al aula, Jeremy, creo que debes descansar un poco-Dijo el profesor encaminando la marcha de vuelta.