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Cuando las cenizas vuelan — capítulo 21

**Antes que todo, voy a dar gracias a quienes continúan leyéndome y comentando. Pero quiero llamar la atención de aquellos que están mudos y me tienen en favoritos. No soy de las que amenaza con "o me comentan, o dejo de publicar", pero algo que me anima, es leer comentarios y contestarlos. Creo que una de las bases para apoyar a un autor, son las palabras, así como yo les entrego este fanfiction. Por favor, anímense a contarme lo que piensan y sienten. He tenido periodos tan tristes este último tiempo, que una de las cosas que más me mantiene contenta, es que mis lectores me apoyen, ya sea criticando, dando una palabra de aliento, dándome ideas, o saludándome incluso.****Un fanfic comentado, hace a un autor feliz.****Ahora, ¡a leer! Un abrazo a todos. Disfruten de la vida y del capítulo.****XXI.**Olla de despecho

Sinceramente, no me gustaba Lockwood y apenas lo encontraba atractivo, pero me había subido el ego y eso me hacía sentir muy bien. No tenía idea qué significaba compartir con él, y si me ponía a pensar seriamente, nunca había conocido a ese soquete en lo más mínimo, salvo sus bromas de mal gusto,  pesadeces e insultos. ¿Cómo sería reír con él? ¿O bromear de buena gana? Debía intentarlo para saberlo, por eso había aceptado la cita.

         Ese pensamiento no me abandonó hasta la noche.

         —¿Te sucedió algo? —indagó mi madre al notar que cenaba en silencio… ¡Estaba cenando callada! Era una verdadera novedad. Debían darme un premio por tener el hocico cerrado más de cinco minutos.

         —No.

         —¿Te degradaron en el trabajo?

         —¡Ey! —di un golpe con el puño en la mesa — ¿Es que acaso siempre tiene que ocurrirme algo malo?

         Mi padre miró a mi madre de reojo y resopló por la nariz. Parecía que ambos querían contestar lo mismo. Era torpe, pero eso no significaba que siempre me tuvieran que pasar cosas malas.

         —Ya, bueno, no respondan. Estoy bien. Fui todo un éxito en las clases que di a principiantes metamorfomagos —mis padres se miraron el uno al otro, sonriendo —, así que, ¿qué podría ocurrirme?

         No, nada realmente malo, pero sí preocupante: Cerca de las once el patronus de Dumbledore llegó a mi alcoba, avisando que al otro día se celebraría una reunión a las siete de la tarde, en el mismo lugar de siempre, y si era él quien estaba citándonos, significaba que  sería una reunión general. Con Snape. Snape. Snape.

         Las tripas se me revolvieron otra vez y casi hizo que Lockwood se esfumara de mis pensamientos. La situación era tan extraña, que yo le seguía dando vueltas. Sabía que no me iba a enamorar de Lockwood, pero me llamaba la atención besarlo de nuevo. Por supuesto, el primer y único beso que me había dado con él no me había gustado, no lo había disfrutado ni un poco, pero las cosas podrían ser diferentes en un futuro.

         Amanecí con dolor de mandíbula, como si hubiese apretado los dientes toda la noche. Sabía que Lockwood no era el culpable de eso: él no me ponía nerviosa ni en lo más mínimo.

         —Por la sunga de Merlín, Tonks, no puedes llegar a estos extremos, es muy pronto. Debes relajarte —le dije a mi reflejo del espejo del baño antes de lavarme la cara para bajar a tomar desayuno.

         La verdad, es que durante el resto del día y la tarde, el espejo fue mi único gran amigo. Cambié mi físico y facciones un montón de veces, para intentar ver si podía verme un poco "más linda" de forma natural. Pero todo se notaba forzoso. Yo misma me sentía incómoda siendo otra, al menos que tuviera una razón importante para lucir de otra manera, como una misión de trabajo. Me quería tal cuál era. Sólo me gustaba colorear mi cabello.

         Tras cambiar incalculables veces la forma de mi nariz, de mi cara, el color de mi pelo —que quedó en rosado, como siempre —y el tamaño de mi boca —y el de mi busto, que en realidad no estaba tan mal para mi cuerpo, pero si me comparaba con esas muggles siliconadas, era más plana que una tabla —, me convencí que no tenía que por qué "lucir mejor" para Snape. Yo estaba bien así y, sinceramente, así le había gustado, si es que alguna vez le había gustado… ¡y ahí iba otra vez!

         ¡No podía desear tener algo con ese murciélago viejo de nuevo! ¡Nada! Además, me había quedado bastante claro el cuento con todo eso de la mamá de Harry Potter… Si tenía que lucir bien para alguien, entonces que fuera para el desaliñado de Lockwood.

         Y, de la nada, apareció el bueno de Remus en mi mente. ¡Remus! Él fue un muy buen consejero. Sí, me  hizo sentir muy bien esa vez. ¡El tendría la respuesta a todo esto! Pero, no podría sincerarme con él. No sabía si en realidad era malo el hecho que me gustara Snape o me daba vergüenza, precisamente por lo malo que era. En cualquier caso, era pésima idea contarle a alguien. Margaret lo supo, mi madre una vez lo supo, y jamás nadie podría enterarse de eso. Era un caso cerrado.

         Pensé en Kingsley. Él era mi amigo, aunque ya no éramos tan cercanos como antes. Estábamos en el mismo lugar de trabajo y, aún así, lo sentía lejano. Sé que podía contar con él en cualquier momento, pero no era el indicado para contarle esetipo de problema amoroso. Tampoco era un as en el amor, sólo había tenido a Margaret y ahora era amante de su trabajo.

         A las cinco me metí a la ducha y gasté media hora en ella. Habría estado más tiempo si mi madre no hubiese comenzado a gritar "¡Nymphadora, el agua no es gratis y vas a llegar tarde a tu reunión!".

         Llegué quince minutos antes a Grimmauld Place, con las mejillas coloradas. El calor de la tarde era una buena excusa para ello, pero los nervios de ver a Snape de nuevo, era una mucho mejor. Entré con cuidado para no despertar a la vieja bruja del retrato y pasé a la cocina, esperando ver a Kreacher o a Sirius, pero en cambio vi a Remus leyendo un libro muy concentradamente.

         —¡Hola! —saludé con efusividad. El mago pegó un salto, casi cayéndose de la silla.

         —¡Ah! Hola, Nymphadora —sonrió con amabilidad.

         —¿Nymphadora? —hice un gesto de asco. Me caía demasiado bien para insultarlo por insultarme llamándome así — No suena bien de tu boca. Dejémoslo en Tonks, ¿sí?

         —Realmente no entiendo cuál es tu problema con el nombre —comentó cerrando el libro, guardándoselo en el bolsillo y dedicándome una leve sonrisa.

         Hice un gesto dramático mientras me sentaba frente a él.

         —Nadie me comprende. Supón, por un segundo, que te llamas Nymphadoro; te dolería en el alma —alegué y soltó una carcajada—. ¿Y Sirius?

         —Fue a alimentar a Buckbeack. La reunión será larga por lo que parece, así que no podía esperar hasta después.

         —¿Y los Weasley?

         —Están limpiando una de las habitaciones del segundo piso.

         Asentí. Tenía ganas de ir al baño, así que era en ese momento o nunca.

         —Ya vuelvo.

         Salí de la cocina y volví al vestíbulo para ir al baño "limpio" del segundo piso. No esperaba encontrarme con Snape entrando, ni menos tan silenciosamente. Al principio creí que era una sombra.

         —¿Qué haces aquí? —inquirí, paralizada.

         Su pálido rostro se giró hacia mí. Frunció el ceño.

         —Vengo, obviamente, a una reunión. No vendría aquí si fuera por gusto —contestó con aspereza.

         —Ya, pero faltan diez minutos —expliqué doblando hacia la escalera con indiferencia.

         Pareció sorprendido, seguro vio mal la hora. De reojo vi que se fue a un rincón para esperar. Cuando volví, con la vejiga vacía, seguía allí, enfurruñado y mirando con recelo hacia la cocina.

         —¿Está Black allí adentro? —inquirió en voz baja.

         Asentí con la cabeza. Nos quedamos mirando por unos segundos.

         —No voy a caer en tu juego —farfullé como si continuara una conversación pendiente.

         Arqueó las cejas y expiró con fuerza.

         —No sé a qué te refieres, Nymphadora. ¿Me ves jugando ahora?

         Solté una breve carcajada.

         —Te crees especial, ¿no? —me miró con atención. Yo le devolví la mirada, furiosa. Luego, algo sucedió en sus facciones — ¿Lockwood?

         —¿Qué?

         —Caíste bajo. No puedes haber aceptado a salir con el mediocre de Lockwood.

         —¿Ah? ¿Cómo lo sabes? —por un segundo pensé que me había estado vigilando.

         Me ignoró, mirando hacia la puerta de la cocina que acababa de abrirse. Allí me acordé que sabía Legeremancia. Sirius caminó hasta nosotros y nos miró receloso.

         —Había escuchado ruidos… pero no había sentido el olor a mierda del lugar —gruñó mirando con odio a Snape.

         El aludido iba a contestar, pero justo se oyeron pasos de la escalera. La tropa de pelirrojos venía bajando completa, mientras Molly decía:

         —No sé para qué bajan, deberían quedarse en la habitación mientras tanto. La reunión va a comenzar pronto; no los voy a dejar participar.

         —Desconfías de nosotros, mamá, sólo venimos a… mira, está Tonks, ¡venimos a saludar a Tonks! —respondió Fred. Lo reconocí sólo porque llevaba un remendado chaleco rojo con una gran F amarilla bordada.

         —¡Hola! —saludé con una amplia sonrisa. Con eso, la tensión se rompió. Sirius fulminó con la mirada a Snape y regresó a la cocina, enfurruñado.

         —Ah, buenas tardes, profesor Snape —saludó Molly con amabilidad.

         Él se limitó a hacerle un cordial saludo con la cabeza, y también pude fijarme que los gemelos estaban haciendo un gesto de burla hacia Snape. Estuve tentada de reírme.

         Snape no se rehusó a entrar a la cocina porque, justo en ese instante, entró Dumbledore seguido de una tropa de magos, o sea  Arthur, Emmeline, Hestia, el sucio de Mundungus, el indiscreto de Dedalus, el paranoico de Ojoloco y, por supuesto, mi querido amigo, el morenazo Kingsley.

         Molly logró despedir a sus hijos del lugar sin gritar. Después pasamos a la cocina y comenzó la reunión. Dumbledore no pareció nada impresionado de la presencia de Lucius en el Ministerio. Solicitó a todos los que trabajábamos ahí, que tuviéramos mucho cuidado de relacionarnos demasiado dentro del lugar, si el rubio desabrido ese estaba frecuentando más que de costumbre, podría entrar a sospechar sobre todo si veían a Arthur Weasley conversando con Aurors, en especial conmigo.

         Estuve totalmente concentrada en la reunión durante la hora y media completa. No tuve elementos distractores, Snape también estaba enfocado en lo que se hablaba. Por supuesto que recordé, cuando acabó la reunión, lo que me había dicho. ¿Con que yo había caído bajo, no? ¿Qué se creía él para decirme eso? ¡No había nada más bajo en este planeta que haber estado con él! Por lo menos, Lockwood reconoció que le gusté aunque fuera a esas alturas de la vida. En cambio, él siempre me había mandado crípticos mensajes sobre lo que sentía por mí.

         Súbitamente, me picaron las manos. Tenía ganas de golpearlo por su descaro, pero me tuve que controlar porque estaba rodeada de gente.

         —Bien, comenzaré a preparar la cena —anunció Molly —. ¿Se quedará a cenar, profesor Snape?

         —No, gracias —respondió —. Sólo cruzaré unas palabras con el director antes de retirarme. Lo seguí con la mirada. Salió con Albus al vestíbulo. Me sentí ignorada, no me había lanzado siquiera una mirada durante la reunión.

         —¡Oh, Sirius! ¿No lavaste la olla del almuerzo?

         —La dejé remojando, tenía un montón de porquería pegada —contestó como si eso lo excusara de todo.

         —¿Y de qué te sirve la varita? —le dije yo y me contestó con una mirada de "quédate callada".

         —Lo mismo me pregunto yo —dijo Molly —.          Tonks, ¿puedes ir a botar el agua en las plantas de la entrada? Me da pena desperdiciarla. Tiene sólo un poco de comida.

         —¡Sí! No hay problema.

         Entonces, tuve una idea.

         —¡Winguardium Leviosa! —exclamé e hice levitar la olla por delante de mí.  Con disimulo abrí un poco la puerta y me fijé en dónde estaba parado Snape. ¡Perfecto! Justo  en el medio, al frente de la puerta.

         Salí con rapidez y, sí, tropecé, pero esta vez lo hice a propósito. Jamás habría perdido el control de la olla si no hubiese querido, sencillamente, se la lancé a Snape con "mucho" cuidado, para que pareciera un mero error de mi tropiezo. Dumbledore alcanzó a retroceder para no ensuciarse sus puntiagudas y lustradas botas.

         Por encima de mi cabeza sonaron unas voces de asombro. La olla no cayó fuerte, pero las cortinas del cuadro de Walburga se abrieron sólo un poco, dejando escapar un insulto en un susurro.

         —¡Oh! — exclamé, reincorporándome con rapidez. Snape estaba empapado del pecho hacia abajo con una mezcla pastosa de restos de comida. Se miró a sí mismo por una fracción de segundos antes de aniquilarme con la mirada — Los siento muchísimo, lo arreglo de inmediato —saqué mi varita y lo apunté. Snape sacó la suya también y, muy ágilmente, mandó a volar la mía.

         —No-te-preocupes — masculló y miró hacia arriba, donde todos los pelirrojos estaban observando junto con Hermione, agachados, lo que sucedía. —. Creo que será mejor que hablemos otro día, Dumbledore.

         —Sí, sí, no hay problema. Vamos. Buenas noches a todos.

         —Adiós —contestamos todos a la vez.  

         Snape y  Dumbledore salieron, cerrando la puerta con cuidado. Recogí mi varita y me asomé por la ventana, pero ya habían desaparecido. No pude evitar soltar una carcajada sonora, y esa vez sí Walburga asomó su cara de arpía para gritarnos unas cuantas palabrotas. Cuando logramos cerrar las cortinas —Sirius tuvo que salir con Remus a ayudar, como siempre —, los pelirrojos me felicitaron por haberme tropezado.

         —Mejor felicítenme por la puntería.

         —¿Por qué dicen eso? ¿Y qué le pasó al suelo? Es... ¿barro?

         —No —contesté con una amplia sonrisa de satisfacción —es la olla de agua que me mandó a regar Molly.

         En cosa de segundos le expliqué lo que sucedió. Sirius creyó que lo había hecho por él y me felicitó, diciéndome "gracias por apoyarme". Decidí dejarlo así y sólo atiné a decir un "también me cae mal".

         —Fue realmente osado lo que hiciste —me dijo Hermione, entre una mezcla de admiración y regaño una vez que ya estuvimos sentados en la mesa —. ¿Realmente te cae mal como dices?

         —No te imaginas cuanto —susurré —. En el colegio me hizo la vida bastante imposible, si eso puede explicar algo. Y ahora ya no estoy más en Hogwarts, y dudo que me expulsen de la Orden del Fénix por tirarle un poco de agua.

         —Y yo que pensé que sólo era así con Harry —respondió Hermione con desesperanza.

         —Por favor, Hermione —intervino Ron tomando un trozo de pan de la mesa —, es así con todos nosotros, yo también sufro las consecuencias de su odio.

         Se pusieron a discutir sobre si Snape era o no un idiota con todo el mundo. Yo lo dudaba: sí era muy desagradable, pero estaba segura que, cuando estuve en Hogwarts, conmigo se pasaba de la raya.

         —Puede que tal vez ya no estés en Hogwarts, pero creo que eso no es excusa para perder el respeto por un profesor —comentó Molly echando zanahoria picada a una sopa que despedía un agradable olor cuando me fui a lavar las manos en el lavaplatos.

         —Lo que sucede, es que yo nunca le tuve respeto —contesté a cambio. Los gemelos rieron, dándome unas palmadas en la espalda mientras tomaba asiento otra vez.

         —Me extraña que Severus no te haya mandado volando a ti — dijo Remus mirándome con preocupación, como si se imaginara lo que hubiese podido suceder si eso hubiera ocurrido —, estoy seguro que lo habría hecho con cualquiera que le lanzara una olla de sopa.

         —Estaba Dumbledore delante, imposible que lo hiciera —respondí.

         —Seguro que me habría tacado con o sin Dumbledore delante —apostó Sirius a cambio.

         Me encogí de hombros. Tal vez me tenía algo de respeto aún, o algún sentimiento por allí escondido…

Recuerden hacerme feliz :). Gracias!

PS: probablemente la próxima publicación sea el siguiente viernes.

PS2: para quienes estén interesados, EN PIE DE GUERRA III ya tiene su primer capítulo publicado.