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Cuando las cenizas vuelan — capítulo 28
**Bueno, mis muchach@s, aquí tienen el nuevo anterior capítulo! Como tengo tan, pero TAN mala memoria y soy tan, pero TAN despistada, no me di cuenta que tenía que subir este primero. Pero bueno, no es tan grave, porque no interrumpe en nada la historia. Sin embargo, es bueno que conozcan más aún otros hechos de la historia y los pensamientos de los protagonistas.****Un abrazo, disfruten, los amo!.****EDITO: chicas, y chicos, tuve que re escribir la parte final del pov de Severus porque cometí un GARRAFAL error! sí señores, me equivoqué xD, no sé si se habrán dado cuenta, pero a esa altura del año Bellatrix y los demás no estaban libres, así que tuve que inventar otra cosa... pero, aquella parte que estaba escrita, la utilizaré para más adelante, así no se pierde esa idea.**Un abrazo.
**XXVIII.**Deseos y negaciones
Creí que recordaba bien la textura de sus labios, creí que sabría lo que sentiría cuando me besara. Sin embargo, ninguna de las dos se cumplió cuando, esa noche, corrió por el callejón hacia a mí.
Lo que no creía, era conocerla bien, pero presentí que ocurriría algo, por eso me tomé todo el tiempo del mundo en retirarme. Quería que me alcanzara, y así fue. Y supe lo que sucedería cuando caminó hacia mí a paso decidido. Aunque, debo reconocer, que por un segundo imaginé que me abofetearía. Me lo habría tenido merecido si hubiese ocurrido así. No me estaba comportando como debía con ella. La estaba confundiendo, y era así porque yo estaba confundido. No era fácil lidiar con el fuerte sentimiento que me acompañaba siempre por Lily Evans, no era fácil lidiar con los recuerdos del pasado, de mi vida con ella, de mi vida oscura, de mi vida con Tonks…
Sus manos estaban frías cuando me tomó la cara, pero no me importó. Sus labios eran más suaves de lo que recordaba, y mi estómago dio tantas sacudidas como si hubiese vivido un primer beso, como si hubiese sido un adolescente.
No era correcto. ¡No estaba bien! ¿Por qué me sentía así? Me sentía como un traicionero con mis sentimientos. Esa noche prometí no acercarme más, o evitar la cercanía con Tonks. La iba a hacer sufrir tal como la primera vez.
Pues, no pude cumplirla. Comenzaba a aparecer en mis sueños, imágenes difusas de besos, miradas, lo que me confirmó que iba a ser imposible deshacerme de ella así de simple, de un momento a otro. Después de todo, habíamos vivido algo intenso, más profundo de lo que ella solía pensar. Me había conocido demasiado, más de lo que ella creía. Era la única persona, aparte de Dumbledore, que había descubierto tanto de mí. Pero, no sólo eso me atraía, era algo más. Era ese mundo paralelo que se creaba cuando estábamos juntos. Un lugar aparte, alejado de la realidad.
No había planeado hacer algo, pero cuando la veía, solía actuar más instintivamente, por las ideas que se me ocurrían en el momento, que por actos planeados. La situación, sencillamente, se dio para que termináramos metidos en el armario, besándonos apasionadamente. Su calor me llenaba, su lengua, su fino cuerpo, me hacía desearla más y más.
Yo sí quería estar con ella, pero mi mente estaba en esa lucha constante: mi vida, el riesgo, lo que yo había sido, un Mortífago, estaba latente. Y ella… ella era joven, una mujer digna de ser amada por alguien que no fuera yo. Bueno, precisamente, no la amaba, pero la quería. Le tenía cariño y, eso, era demasiado, demasiado para olvidarla, para dejarla, para no tocarla y para no hablarle. No quería abandonar sus miradas, pero tampoco quería arriesgarla demasiado a estar conmigo.
¡Todo era tan confuso! Pero estaba decidido a actuar según se dieran las cosas… No iba a privarme de nada. Yo seguía siendo un hombre y, ella, continuaba queriendo estar conmigo.
Tal vez, todo era tan atractivo porque era algo prohibido. No precisamente por la edad o porque yo había sido su profesor en el pasado. En la realidad, no estábamos hecho el uno para el otro, y no tendrían las consecuencias tradicionales de un amor como el de Romeo y Julieta. Todo se multiplicaba al triple si estábamos juntos. Yo era un agente doble, ella era la sobrina de Bellatrix Lestrange. O sea, nadie podía enterarse de lo nuestro, ni Dumbledore podía siquiera sospecharlo. Si alguien de su familia o sus amigos se enteraban, irían contra viento y marea para que nos separáramos. Si algún Mortífago se enteraba… bueno, era bastante obvio: me utilizarían para llegar a ella y a todos los de la Orden. Bellatrix Lestrange podía estar tras las rejas, pero aún quedaban Lucius y Narcissa, quienes, por supuesto, no eran para nada simpatizantes de aquella rama de los Black. Yo no podía permitirme poner en riesgo la vida de alguien más, no al menos de alguien que me importara. Si podía evitar daños colaterales, lo iba a hacer, sin embargo…
Esto era un secreto.
Como siempre, y en conclusión, era difícil negarse a lo prohibido. A veces, valía la pena correr el riesgo. Mientras nadie lo supiera, todo marcharía bien.
Mi intención no había sido acercarme tanto a ella, pero tampoco había imaginado que eso fuera a ocurrir. Me agradaba, y se notaba que yo le agradaba a ella, pero éramos demasiado diferentes para llevarnos así de bien.
No, no, tenía que admitir que no sólo me agradaba. Me gustaba Tonks, y mucho, lo suficiente como para admitirlo. No sabía si era por esa vitalidad que la llenaba, por su risa contagiosa, sus expresiones histriónicas, su manera despreocupada de andar o su ropa extravagante. Tal vez era todo eso, o por ninguna de esas cosas. Ni yo lo tenía claro, pero estar con ella me producía una paz infinita, lo que era totalmente opuesto cuando no estaba con su compañía y aún pensaba en ella. Era ahí cuando el agujero negro me tragaba y me obligaba a sumergirme en aquél mundo depresivo, en el que sentía que debía ser rechazado. No lloraba, tampoco pataleaba. Sólo me colocaba más reflexivo de lo normal. Sirius era el único que notaba mis cambios de ánimo, por eso intentaba actuar con normalidad cuando estaba con él.
—Tal vez sea esta casa la que te pone así —me dijo un día —. Lo comprendería perfectamente, ¡quién mejor que yo para saberlo! —hizo una mueca —. Si tuviera dinero, me iría. Pero gasté lo poco que me quedaba en la Saeta de Fuego que le di a Harry hace dos años.
—¿Te arrepientes?
—Claro que no. Tampoco me habría alcanzado para una casa. Al menos estoy consciente que esto es útil… aunque lo odie.
No, el lugar no me deprimía demasiado, además que los Weasley se establecieron ahí y lograron llenar los espacios vacíos. Y, claro, Tonks llegó muchas veces a hacerme compañía. Me hablaba sin trabas, pero me daba cuenta de cómo miraba mis cicatrices. No era con asco, ni tampoco con lástima. Era como si a ella le dolieran mis cicatrices, o sencillamente tal vez era curiosidad.
—¿Perteneciste a Gryffindor, no? —me preguntó un día, con expresión pensativa.
—Sí, ¿por qué?
—Tienes que ser muy valiente para soportar esto mes tras mes.
—Es sólo con lo que tengo que sobrevivir —contesté yo, sintiéndome abrumado. En realidad, no era ningún acto de valentía. Pero yo sabía que ella lo estaba diciendo con sinceridad.
No era la mujer más bondadosa, pero era muy buena para mí, por eso me enojé tanto cuando Sirius comenzó a molestarnos, hacia fines de julio.
No lo había hecho nunca, de hecho creo que le nació la idea sólo para olvidarse de sus cambios emocionales. O, sencillamente, fue el minuto infantil que solía atacarle a veces.
—Ya me preguntaba si te habías muerto —le dijo Tonks cuando Sirius dejó su guarida de depresión —. Bueno, en realidad no te diferencias a mucho de uno.
—Me gusta ese sentido del humor —contestó él —. Pero más me gusta esta extraña cercanía —movió las cejas con rapidez un par de veces con esa picardía que yo conocía a la perfección.
Debo reconocer que eso me causó gracia, de hecho, con Tonks nos miramos con tentación de risa. ¡Era ridículo! Pero cuando comenzó a insistir, me hartó.
—Bueno, debo añadir que, últimamente, se han acercado mucho ustedes dos…
—Ya basta, Sirius —gruñí con el ceño fruncido. Sé que Tonks me miró extrañada por mi súbito enojo.
Sirius alzó las manos e hizo un gesto de inocencia.
—Sólo es una broma, Lunático —contestó como si fuera el colmo de que me enojara por eso—. Está bien que sean amigos, no me importa.
No me molestaba realmente que dijera que "nos habíamos acercado", sino que con el tono que lo decía. No era fácil asumir que me gustaba… no cuando, como sabía, ella era demasiado para mí. Además, ¡qué vergüenza! ¿Cómo podría, alguien como ella, fijarse en alguien como yo? Hasta a mí me disgustaba la idea. No era algo agradable. El cuento de La Bella y la Bestia era una completa, total y fatal fantasía. Aunque, habían dos grandes diferencias: yo jamás podría volver a ser como antes y no tenía ningún castillo.
Sirius me interceptó después de que todos los invitados se fueran y que los demás se fueran a la cama a dormir. Yo estaba lavándome los dientes con la puerta entre abierta. Esa noche me quedaría allí.
Entró sin pedir permiso.
—¿Te ocurre algo? —me lanzó, con los ojos entrecerrados.
Yo solía ser el más perceptivo de todos, pero Sirius no se quedaba atrás. Se hacía el despistado, o a veces otras cosas llamaban su atención, pero esta vez no había dejado pasar mi actitud.
Escupí en el lavabo.
—Esa debería ser mi pregunta. Aunque, claro, sé la respuesta.
—Remus —intervino —, no me engañas. ¿Es por lo que dije? Me recuerda a esa vez que dije algo de Katherina, la chica de Ravenclaw.
Katherina había sido un amor platónico. Yo iba en quinto y ella en séptimo. Yo era un enclenque y ella tenía novio.
Luego, sin dar más vueltas, sentándose en la tapa del retrete, me lanzó:
—¿Te gusta mi prima?
—Es tu prima en segundo grado —contesté con evasivas.
—Eso da igual. ¡No puedo creerlo!
—No he dicho que me gusta —me defendí y continué lavándome los dientes, esquivando su inquisitiva mirada.
—Oh, claro, de veras que no te conozco hace más de veinte años. Eres un total desconocido —hizo una pausa —. Actúas con las pautas claves, Remus, mientras más me ignoras, sé más lo te sucede.
Me enjuagué la boca y me sequé con la toalla.
—Estaba lavándome los dientes.
—Otra excusa más. — hizo una pausa y me observó con atención — ¡Pero, vamos! ¿Qué tiene? No te estoy acusando. Te gusta mi prima, y no se ven mal juntos. Ella lo pasa muy bien contigo.
Le fulminé con la mirada.
—¿Es que no te das cuenta? Sirius, ¿se te ha olvidado lo que soy?
—No se me olvida ni en sueños. ¿Y qué? —agrandó los ojos.
—"¿Y qué?" —no podía creer lo que estaba oyendo.
—Haz algo, algún cortejo. ¡Necesitas a alguien! ¡Una distracción!
Me enderecé y lo observé con seriedad.
—No porque tú necesites a una mujer, lo necesito yo también. Y sí, está bien, no lo negaré, Tonks me atrae, pero no hay nada romántico tras ello. Así que no me incites a hacer algo que después se pueda lamentar.
—¿Como atacarla?
—Exactamente. Snape ya no me preparará más la poción. Dijo que su trabajo de doble agente le tomaba mucho tiempo, y que tendría que buscar arreglármela solo —mi amigo abrió la boca para protestar — No puedo hacer nada, no está obligado. Gasta un montón de dinero en materiales, no es una poción sencilla. Yo no tengo dinero para estar gastando en eso. Prefiero encerrarme con cadenas y candados, y ya.
—¡Ese cretino…!
—Olvidemos esta conversación. Sirius, por favor no vuelvas a insistir en el tema, no es algo para discutir. Tonks es una muchacha muy joven, y seguro que está viendo a otro. Yo estoy bien así. Me gusta disfrutar de su compañía de vez en cuando, pero nada más.
Sirius arqueó las cejas y suspiró.
—Creo que agregas gravedad al problema —me dijo —. Cuando los molesté, era más una broma que nada, pero, ahora que lo pienso bien, haberlos visto reír juntos, fue una linda imagen de los. En fin, ¡esta casa me deprime! Creo que haré algo de ejercicio antes de dormir…
Tracé en mi mente lo que dijo, y supe a lo que se refería. ¡Maldita sea! Realmente me gustaba Tonks, pero no haría nada. En el colegio me había acostumbrado a eso, así que podría volver a hacerlo una vez más.
El problema… el problema estaba en que yo ya no era un niño.
PS: chicos, aquí les dejo un video http://www.youtube.com/watch?v=HZoObOyBkI0 que creo que les puede causar gracia. Soy fan de este idiota, y aunque es chileno, creo que las verdades que dice se aplican a todas las personas. Un besote.