Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Cuando las cenizas vuelan · de

Cuando las cenizas vuelan — capítulo 34

*Mis amados lectores: siento la tardanza, estuve terminando mi informe de título, tesis, como le llamen, y ahora tengo que prepararme para hacer la presentación! D: estoy con los nervios de puntas porque me siento muy relajada xD, y eso está mal, muy mal, jajaja.**Chicos, no sé si les advertí, pero yo me guío de las fechas "verdaderas", así que no se pongan a sacar cálculos sobre el día de la audiencia de Harry, porque el día del libro y el de esta historia, no coinciden. Pero es un "detalle", fue Rowling la que se equivocó por no poner fechas coincidentes con los días de ese año, jejeje.*Ya, no le doy más la lata, vayan a leer!

**XXXIV.**Potter versus Ministerio

Como una buena Auror, yo estaba capacitada para un montón de riesgos y cosas monstruosas, pero me superé exponencialmente con el súper entrenamiento al más puro estilo de Ojoloco Moody. Pero, si hubiese sabido que un espíritu con instintos asesinos iba a tratar de matarme en el baño esa misma tarde, tal vez me lo habría pensado dos veces antes de ofrecerme a ayudar. Aunque, la verdad, fue bastante divertido. Tal vez hubiese sido voluntaria aún al tanto del riesgo.

         El baño apestaba a podrido cuando entramos y parecía un horno por el calor que guardaba. Era un baño enorme con un gran ventanal por donde se filtraba la potente luz del día. Las paredes estaban negras por los hongos y la humedad; la cortina del baño estaba cubierta de polvo y telarañas al igual que el lavabo y el retrete. Nadie en su sano juicio, incluso a punto de reventarse, se sentaría en ese excusado. Drómeda, por ejemplo, se haría en los calzones antes de colocar su pulcro y brillante trasero en ese trozo de loza.

         —Uf, si abrimos esa ventana, seguro que nos ayudaría un montón para deshacernos de ese asqueroso olor —dijo Ron frunciendo la respingada y pecosa nariz.

         —Sí, tienes razón —contesté, acatando esa instrucción.

         Fue allí, cuando abrí la ventana, que el espíritu hizo acto de presencia, apareciendo detrás de la cortina de la tina. Poseía un tenue brillo perlado, pero por lo demás se veía muy corpóreo. Tenía forma humana, pero se parecía más a un mono con barba y peluca.

         —¡Fuera de aquí! ¡Fuera de aquí! —nos grito aproximándose con un cuchillo que se veía tan sólido como nosotros.

         Si Ron no se hubiese asustado, yo no me habría sobresaltado y no me habría tropezado. O tal vez sí. Alcancé a lanzar un hechizo contra el cuchillo para que saliera volando, pero el espíritu alcanzó a agarrar a Harry por la túnica y estuvo a punto de ponerle las manos alrededor del cuello para ahorcarlo, pero algo le llamó la atención de pronto (probablemente mi cabello) y cambió de blanco, decidiendo estrangularme a mí. Sentí sus manos apretarme el pescuezo, haciendo que los ojos se me desorbitaran por la falta de aire. Sin embargo, como yo era una Tonks muy capaz de batirme con diez espíritus malignos, me las arreglé para hacerlo desaparecer, antes que Ron y Harry tuvieran un ataque de nervios por su evidente inutilidad al no tener permitido hacer magia: moviendo la mano con la que aferraba la varita, con dificultad, le di una estocada en la espalda lo suficientemente fuerte para que aflojara sus manos y luego, con más libertad, hice un encantamiento de desarme para mandarlo contra la tina.

         —¡Vete de aquí, hijo de la gran banshee! —le grité apuntándolo con la varita mientras me reincorporaba de la maraña de cortinas que había derriba con el golpe. Yo estaba agitada, jamás había sentido algo como eso, pero no podía negar que fue algo emocionante.

         El espíritu me miró e hizo un puchero, abatido: una de las maneras más efectivas de deshacerse de un espíritu indeseable, era dirigiéndose hacia él con una grosería. Lo había desarmado sólo para vengarme por tratar de asfixiarme.

         —Bueno—contestó con tristeza y desapareció.

         —Asombroso —balbuceó Ron, luego de recuperarse del shock, ayudando a su amigo a ponerse de pie. A Harry se le habían caído los lentes, por lo que había estado gateando un rato por el suelo tratando de encontrarlos.

         Esa tarde me quedé a cenar allí. Lupin había ido de compras durante la tarde, así que había llegado con un montón de cosas sabrosas para comer. Y, yo debía reconocer que Molly cocinaba de muerte. Mi madre también lo hacía, pero se me tornaba más difícil disfrutar la comida con una señora maniática de los buenos modales y la buena presencia en la mesa. En cambio, allí con los muchachos, podía hacer el ridículo y exponer mi verdadera personalidad sin problemas. También mientras más distracción hubiera en el ambiente, más fácil se hacía levantarle el ánimo a Sirius y a Harry. Todos estábamos en ascuas respecto a la decisión que iba a tomar el Ministerio, pero yo, en mi interior, estaba muy firme en mi pensamiento de "Potter triunfará". Más le valía, porque Dumbledore, entre líneas, siempre nos decía que sería el cuatrojos que nos salvaría el trasero a todos. Por lo tanto, mientras más aprendiera en Hogwarts, más asegurado tenía el futuro el mundo de la magia. Y, mientras eso significara ayudar a mi familia, entonces apoyaría a Harry en lo que fuera. De todos modos, en el poco tiempo que lo llevaba conociendo, le había agarrado cariño, así que le habría ayudado en lo que fuera de todos modos.

Para mi mala suerte, al día siguiente no pude salir temprano, a pesar de haber cumplido las 32 horas mínimas de trabajo.

         —Son treinta y dos horas "mínimas" de trabajo —insistió el morenazo de Kingsley encogiéndose de hombros —. No es mi culpa que te necesite. Y si tú presumes tanto que Ojoloco potenció tu habilidad con la magia al mil por ciento, entonces no me queda otra oportunidad que utilizarte.

         —"Utilizarme" suena muy feo, Shacklebolt —resoplé de mala gana.

         —Además, no es mi culpa que te toque la ronda tres días seguidos.  Pero, tal vez el domingo puedas hacer un cambio con Arthur. Y el sábado podrás entrar a las nueve.

         —Es sólo una hora más tarde —protesté.

         —Lo siento mucho. De verdad te necesito aquí.

         Suspiré.

         —A veces me pregunto si debí haber aprendido a tejer —dije mirando al cielo con dramatismo.

         —Imposible, jamás podrías aprender eso. Ahora, vete a trabajar.

         —¡Qué amigo más alentador!

         Aquél día no estuve tan ausente del Ministerio como el día anterior, así que fui presa fácil para don Cara Culo de León. Kingsley me había advertido que él trataría de cazarme en algún momento.

         Yo estaba delegando algunas labores a mis subordinados en mi oficina cuando apareció con una cara de amabilidad demasiado artificial.

         —Señorita Tonks —dijo aclarándose la garganta —, venga a mi oficina por favor.

Claro, como a Fudge no le funcionó, ha enviado a este viejo a sacarnos información.

—Espero que esté teniendo una buena mañana.

         —Por su puesto —sonreí.

En realidad se acaba de terminar mi felicidad, señor, gracias a usted.

—Tome asiento.

No me gusta tomar asiento, señor, me gusta el té.

—Gracias. ¿Será acaso que me volverán a ascender? —pregunté fingiendo ilusión con ojitos brillantes. Ah, cómo me encantaba fastidiar a mis superiores.

         —Siento que no sea eso, señorita Tonks —formuló una sonrisa muy estirada —. Sé que Shacklebolt está a cargo de usted y tal vez no debería ser de mi total incumbencia… Pero, me gustaría saber por qué el día lunes y martes no se presentó a trabajar —hizo una pausa en la que me analizó con sus brillantes ojos amarillos bajos sus peludas cejas desteñidas —. Hay rumores que dicen que se le vio con el Auror retirado Alastor Moody.

         —Bueno, Ojoloco es muy cercano a la familia —expliqué con total naturalidad —. Vino a buscarme porque supo que mi madre le había dado un ataque de pánico en mi casa producto de una plaga de cucarachas y, verá, no pude dejar a mi madre de lado. Por eso falté al trabajo. Ya sabe, es la única mamá que tengo.

         Rufus Scrimgeour alzó una ceja. Yo miré hacia ambos lados, como buscando la razón por la que me observaba así.

Esa es la peor historia de la existencia, pensé intentando no mostrar emociones en mi rostro.No se te pudo ocurrir algo mejor, ¿eh, Tonks?

         No supe si era mi propia voz o la de Margaret la que estaba regañándome en mi cabeza.

—En cualquier caso, ya me he puesto al día con el trabajo, señor Scrimgeour, así que todo está perfecto.

         —Bueno, sí, claro… en ese aspecto está todo perfecto.

         Se inclinó sobre el escritorio uniendo sus manos y dirigiéndome una mirada inquisitiva, dijo:

         —Usted sabía que Alastor Moody se le conocer por ser un individuo muy cercano a Albus Dumbledore, ¿no?

         —Eso todo el mundo lo sabe —contesté con tranquilidad.

         —Pues… Tal vez… —hizo una pausa —. Tal vez usted podría estar cumpliendo órdenes de Alastor Moody, ¿no?

         —¿Disculpe? Ni mi madre me da órdenes, ¿y va a venir un viejo con un ojo de vidrio y una pata de palo a decirme lo que tengo que hacer? —Respondí simpáticamente — Señor, no sé de qué me habla, pero Ojoloco es un amigo de la familia.

         —Claro, claro. Bueno, usted es un buen elemento, por eso se le ascendió también. Sería muy lamentable que la perdiéramos por tener malos contactos… digo, no está de más recordarle sobre el documento de fidelidad al Ministerio que se firmó respecto a Albus Dumbledore.

         —No tengo mala memoria —rectifiqué cínicamente.

         Se puso de pie y me señaló la puerta con cordialidad.

         —Puede retirarse. Espero que el resto del día sea de su agrado.

Idiota. ¡Toma mi súper patada psicológica en tu trasero!

         Durante la noche, mientras vigilaba bajo la capa invisible barata que cubría mi cuerpo, me percaté de algo en lo que no había pensado durante los otros días producto del cansancio y la distracción: empezaba con "S" y terminaba en "everus". Mi corazón se aceleró cuando su rostro apareció en mi mente. No nos habíamos comunicado ni visto en el cuartel de la Orden el día anterior. Me sentí extraña al recordarlo, como si me hubiese perdido un episodio. Digo, de habernos besuqueado sin inocencia alguna al no tener contacto de forma radical era algo que no habría deseado si hubiese estado consciente. No es que lo deseara en esos instantes tampoco. Mi estómago se encogió.

Si él no me escribe… entonces yo tampoco, pensé poniéndome el parche antes de la herida, muy picada. Pero me sentí un poco ingrata por no haberlo recordado antes. Si eso me hubiese pasado en séptimo año, habría estado un mes con conmoción cerebral aunque estuviera en periodo de exámenes.

¿Qué estará haciendo? ¿Habrá pensado en mí? ¿Habrá revivido en su pensamiento nuestro beso? ¿De verdad quieres estar conmigo? ¿O sólo será algo pasajero y sin importancia?

         Todas esas preguntas cruzaron por mi cabeza durante toda la noche, haciendo que cada vez me sintiera menos importante. Terminé del porte de una hormiga cuando dieron las cinco de la mañana. Una hormiga con mucho estilo, porque había acompañado mis pensamientos haciendo cambios a mi cabello. Finalmente, lo decidí dejar rubio y rizado y un poco más largo de lo usual. Quería sorprender a Shacklebolt, que llegó justo a tiempo para relevarme.

         —Te ves bien así. Un poco más madura —comentó con aprobación a mi nuevo estilo, sin haberse sorprendido en absoluto.

         —¿Cómo puedes reconocerme tan fácilmente? —pregunté decepcionada.

         —Tu cara sigue siendo la misma —comentó como si se estuviera dirigiendo a alguien con problemas cerebrales.

         —Déjame decirte que si yo te viera con el pelo largo, no te reconocería —me burlé con crueldad.

         Kingsley se tocó la coronilla con una mueca. Luego, sin decirme nada, se echó su capa de invisibilidad encima.

         Cuando me estaba alejando para irme, escuché que decía "A Margaret no le importaba" de manera muy sentida.

Ah, hombres. Es más fácil herirles el orgullo atentando contra su físico que las mismas mujeres.

         Tras ir al baño y lavarme la cara, decidí irme a Grimmauld Place para hacer apoyo moral a Harry y para tomar un sabroso desayuno preparado a lo "Molly". Ninguno de mis padres se levantaría a prepararme algo, en cambio, allá todos ya debían estar en pie por la audiencia del muchacho.

         Tal como predije, a las cinco y quince minutos estaban todos los adultos en pie en la casa de Sirius.

         —Buenos días a todos —saludé cuando entré a la cocina. Había olor a café, chocolate, bollos y tostadas. Se me hizo agua la boca.

         —Tu pelo está alegre, pero tu cara no —comentó Sirius mientras se balanceaba en la silla de la cabecera.

         Molly me sonrió aprobando mi apariencia de esa mañana. Claro, alguien como ella, prefería un cabello normal a una peluca rosada con un corte extravagante.

         —Estoy muerta —comenté, sentándome al lado de Remus, bostezando abiertamente —. Toda una noche de vigilancia… y muero de hambre.

         —¿Qué te servirás, Tonks? —preguntó Molly acercándome un tazón vacío.

         —Quiero un café, con todo lo que tienes preparado.

         Remus se volvió hacia a mí.

         —¿Todo bien en el Ministerio? No he visto a Kingsley.

         —No, no se ha aparecido y me debe unas revistas que me prometió —intervino Sirius —. Ya que ni siquiera puedo salir a comprar…

         —Bueno, ya sabes, es divertido mientras estás fuera. Pero cuando estás allí, estás como bajo presión. Y no lo digo por Kingsley.

         —Entiendo perfectamente lo que dices —comentó Arthur con preocupación—. Pareciera que todo el Ministerio nos tuviera el ojo encima.

         Asentí fervientemente con la cabeza bostezando otra vez.

—Resulta que todos, sobre todo Ojoloco, vamos a tener que andarnos con cuidado porque…

         De pronto, en la cocina, apareció un silencioso y preocupado Harry. Me dio algo de lástima. Él estaba peor que yo.

         —B-buenos días, Harry —le saludé bostezando por tercera vez —. ¿Dormiste bien?

         —Sí — me contestó automáticamente, demostrando todo lo contrario.

         —Yo no he pe-pegado un ojo —agregué tratando de hacerle ver que había personas peores que él, pero con otro bostezo que me dio escalofrío, salió muy deprimente —. Ven y siéntate…

         Estúpidamente derribé la silla contigua a la que moví para hacerle espacio. Estaba tratando de animarlo con mi amabilidad, pero probablemente lo estaba desalentando aún más. Nadie hizo mucho caso en todo caso a la silla. Con un movimiento de la varita la volví a su lugar.

         —¿Qué decías de Scrimgeour? —dijo Lupin retomando la conversación.

         Y le expliqué acerca del asedio de preguntas que habíamos sufrido mi amigo y yo.

         —…y tendré que decirle a Dumbledore que mañana no podré hacer el turno de noche, estoy demasiado  ca-cansada —agregué como quién no quiere la cosa, soltando otro bostezo

         Mi indirecta resultó: Arthur se ofreció amablemente a cubrirme ese día. Por lo menos, mi día domingo estaría intacto.

         Entre todos intentamos levantar el ánimo de Harry. El pobre muchacho parecía estar masticando inconscientemente.

         —Todo irá bien, Harry —le aseguré a Harry realmente esperanzada en mis palabras, golpeándole el brazo con suavidad.

         Finalmente, tras agotar nuestro repertorio de aliento, Harry se fue junto a Arthur Weasley.

         —En serio que soy capaz de ocuparme de Amelia Bones si expulsa a Harry —volvió a decir Sirius, realmente amenazante.

         La señora Weasley lo miró con los labios fruncidos, pero no dijo nada respecto a ese comentario.

         —No creo que sea necesario; de verdad creo que Harry saldrá de esta —expresé de corazón —. Pero en el mínimo caso de que no fuera así, dudo que tú estuvieras muy triste, Sirius —agregué con inocencia.

         Él me ignoró cuando dije eso, pero yo lo tenía tan calado como Remus. Ambos sabíamos que Sirius, en el fondo, se debatía entre el bien y el mal: que Harry quedara como un marginado, probablemente significara más compañía para él.

         —Todo estaba muy rico, Molly. Ahora, ¿quién sería tan amable de prestarme una de sus habitaciones para descansar un rato? A las nueve tengo que estar de vuelta en el Ministerio y no creo que sobreviva un minuto más.

         —Puedes ocupar la mía. Es la de invitados del tercer piso, a mano izquierda —dijo Remus.

         —Muchas gracias. Por favor, despiértenme a las ocho y con cuarenta y cinco —dije a Sirius y a su amigo —. Quiero tomar una ducha antes de irme.

         Sirius tuvo que tirarme un chorro de agua para hacer que despegara los ojos. Dos horas y cuarto no habían sido suficientes para descansar. Si no hubiese sido por la gratificante noticia de que Harry se había librado, habría seguido en estado zombie durante el resto del día.

         —¿Sabías, Tonks, que alguna vez fui un famoso cantante llamado Stubby Boardman? —dijo con entusiasmo una vez que estuve de pie. Sostenía una revista en sus manos.

         —¿Ah? ¿Enserio? —le quité la revista y lo leí rápidamente. De pronto, tuve un ataque de risa que me quitó todo el sueño — ¿Quién te entregó esto?

         —Arthur, pero me lo envió Kingsley.

         —¡Vaya! Quién diría que ese calvo tuviera tanto sentido del humor…

         Me dirigí al baño para alistarme.

         —¡Felicidades! —dije a Harry cuando, dos minutos antes de marcharme, lo vi entrar a la cocina con un aspecto mucho más saludable del que había tenido en la mañana — Ya me imagino la cara de Fudge al ver que no logró su cometido… Ay, pero qué ganas de pegarle un puñetazo en su pomposo rostro. En fin, ya me tengo que ir, si no Kingsley reportará mi atraso y me descontarán parte de mi sueldo. ¡Adiós!

         El resto del día fue muy tranquilo, salvo por el hecho de que me encontrara otra vez cara a cara con Lucius Malfoy. Se salvó de mí sólo porque estaba Fudge a su lado, pero la verdad es que me habría encantado patearles el culo a los dos. De todos modos, me alegré de que tuviera que quedarme tan sólo hasta las once de la noche vigilando. Elphias Dodge me reemplazaría durante el resto de la noche.

         —Ah… descanso absoluto —pensé cuando estuve metida en mi cama, cómoda, después de una suntuosa cena de bienvenida que me dio mi madre tas tantos días sin casi verle la cara. Sonreí en la oscuridad. Arthur me reemplazaría la siguiente noche, así que podía relajarme totalmente.

         Pasaron tres horas y aún estaba con la vista clavada en el techo, pensando en qué estaría haciendo Severus.