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Blood Ties — capítulo 6

Lucius despertó con la idea en su cabeza, de que su pesadilla apenas comenzaba y las circunstancias atenuantes, continuarían por el resto de su vida útil.

Que seguro ya no era mayor cosa, estando casado con Granger. Inspiró, mientras se levantaba de la cama. Una habitación pequeña, mucho más de las que ya se había acostumbrado.

¿Por qué Hermione Granger, parecía reacia a discutir con él? Al parecer, maquinaba algo más que simples insultos y miradas reservadas, cargadas de odio.

Granger tramaba algo. Se levantó pensando en ello, luego de un sueño detestable.

Al salir, Hermione estaba en el salón. El desayuno estaba servido en la mesa y ella comía sin mayores preocupaciones. No alzó la mirada, pero tampoco Lucius la contempló.

Miró donde se suponía debía estar sentado y se preguntó, si podían llevar una farza como esa por tanto tiempo. Si podían pretender sentarse en lados opuestos de una mesa y decirse a sí mismos, que eran una gran pareja.

Que eran un gran matrimonio. ¿Por qué el ministerio tenía que pretender ser correcto y protector?

Era todo menos eso. Y ella, lo sabía muy bien. E insistía en creerse sus cuentos. Quizá y solo quizá, si él decidía perderse del mapa...asesinarla...

El ministerio haría todo; menos encontrarlo.

— ¿Piensa quedarse allí parado o piensa comer?— escuchó a un lado y simplemente dejó de cavilar, para mirar quién le hablaba.

Como si no lo supiera.

— Comeré cuando quiera.

Hermione no contestó y al terminar, se levantó de la mesa. Antes de siquiera cruzar el pasillo hacia la cocina, Lucius Malfoy no había terminado con su conversación.

— Sabe que esto no tiene sentido. Que muy pronto comenzará a derrumbarse, Srta. Granger. Y yo no tendré paciencia, durante toda mi vida.

¿Era eso una amenaza declarada? Ella no contestó y en cambio, sonrió suavemente. No se preocupó en lo más mínimo por aquel predicamento. Si el ministerio quería su cumplimiento a cabalidad, pues que ellos fuesen quienes la protegiesen de alguien como él.

Para algo había accedido.

— ¿Me amenaza acaso, señor Malfoy?

— Advierto.

Hermione se permitió reír ante lo que acababa de escuchar. Inspiró y continuó su camino hacia la cocina. Miró los trastes sucios y se preguntó cuánto podrían tardar esas "manchas" en caerse.

Si él perdía la paciencia, ella podría perder la vida y algo más. Siempre había pensado que las políticas ministeriales eran pésimas. Y esa, era una de ellas.

De esas cosas pésimas que nadie pondría en papel, a no ser que fuera un ministro de pacotilla.

Su caso.

Para cuando salió, el desayuno continuaba para Lucius. No había agradecido por la comida, pero tampoco la despreciaba. Hermione se dijo a sí misma, que el perro arrepentido también necesitaba comer.

Había terminado en su habitación, cuando escuchó que Lucius se levantaba de la mesa. El desayuno estaba concluído y ella no sabía qué acontecería luego. ¿Qué debían hacer? ¿Mirarse las caras y sonreírse falsamente?

Ella podía hacer eso, hasta que se le cayeran los dientes y no sintiera sus mejillas. La sola idea de encontrarse en una misma habitación con ese hombre tan repelente, era suficiente como para desear que el mundo se la tragara.

Con todo y varita, de hecho.

Y se le ocurrió lo menos práctico. Preguntar por el desayuno. No pretendía hablar de condimentos ni de sobras, quizá buscar charla...

— ¿Le gustó el desayuno?

— Simple. Soso entre paréntesis.

Sí. Y era una idea estúpida, buscarle conversación. Hermione permaneció en silencio, mirándose e un vitral de uno de sus muebles. ¿Qué esperaba? Hasta los muebles hablaban más que él.

Hasta los muebles tenían más moral y dignidad, que él.

— En cuanto descubra qué han hecho con narcisa, iré con ella. Volveré a su lado y ni usted ni nadie; podrá detenerme.

No pretendía detenerlo, de hecho.

— Muy bien. Asumo que usted ya es suficientemente adulto como para decidir. Por mí está bien.

Otra vez la Hermione que nada asumía y a la que nada le importaba. Jugaba. Jugaba con su temple y en cuanto estallara...

Ella se enteraría de quién era Lucius Malfoy.

— Detecto en usted... ¿una pizca de miedo?— dijo Lucius y Hermione sonrió con suavidad.

— No. Puesto que yo no tengo algo de lo que arrepentirme. Así que... ¿por qué tendría miedo de lo que usted pueda decir o hacerme?

Touché. Ella había vivido más que él. Y... a plenitud.