Un romance de locos — capítulo 11
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Vamos, Rosali, alégrate un poco. - Me dijo Violeta por tercera vez.
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Sabes que, ya me harté de todo esto. Tenemos que hacer algo, ¡ya! - Sentenció Natalia.
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¿Pero que? Quieres que vaya y le diga: "Oye, James, ¿sabes que estoy completamente enamorada de ti?" - Dije irónicamente.
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Pues, no,- Me corrigió nuevamente Natalia - pero para este tipo de casos, en los que dos personas se gustan hay que recurrir a dos cosas: A: Gritarles en la cara, (y pienso que esa es una excelente idea) y B...
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¿B? - Pregunté yo.
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Y el B: - Ahora hablaba Katrina, nuestra nueva amiga. - Celos.
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¿Celos? - ¿Me estaban cargando o qué? - ¿A qué te refieres con celos?
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Me refiero - Continuó Katrina. - , a que te busques un chico con el cual estar muy "bonita" - Cuando dijo eso pestañó varias veces mirando para arriba - , le haces ojitos, y así James se pondrá celoso.
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¿Y crees que eso funcione? - Le pregunté.
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Pues, si. - Dijo ella. - Estoy segura de que con él, sí.
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Bueno, está bien. - Acepté. - Pero, si esto se pone feo, lo cortamos, ¿entendido?
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Entendido. - Dijeron las tres, con una sonrisa radiante, bueno, yo estaba sonriendo también.
Nos levantamos del césped y, mientras bajábamos las escaleras, hacia las mazmorras, para ir a la clase de pociones, ideábamos un plan grandioso para hacer que James me "registrara".
Al llegar, Violeta y yo nos sentamos al lado de James (eran nuestros lugares) y él me sonrió, pero, yo no le sonreí a él, sino que le dediqué mi sonrisa tierna (el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra) a Sebastian Lawrence, el chico que estaba a nuestro lado. Se sorprendió, pero me devolvió el gesto.
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Hola, Rosali. - Me dijo James intentando llamar mi atención.
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Ah, hola, no te había visto. - (Claro que sí, como no ver esos ojos.) El plan estaba resultando genial; que mala que soy.
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Muy bien. - Dijo el profesor. - Hoy vamos a hacer una sencilla poción para hacer crecer el cabello. Abran sus libros de texto en la página 79 y comiencen. No quiero llamarles la atención, - Claro que quería, el muy sinvergüenza. - así que eviten hablar con cualquier persona que no sean sus compañeros.
Violeta y yo fuimos al armario de ingredientes y tomamos las cosas que decían en el libro.
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¿Voy bien? - Le susurré, ya que había más chicos en fila detrás nuestro.
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Perfecta. Oh, el que sigue es Lawrence. - Me guiñó un ojo.
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Hola Sebastian. - Lo saludé. - Linda túnica.
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Es la de siempre.
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Si, pues... se ve mejor con esta luz.
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Pero, si estamos en las mazmorras.
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¿Y que tiene? - Dije tomando tres dientes de Grifo, y me di cuenta de que había terminado. - Bueno, adiós.
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Adiós.
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¿Cómo te fue? - Me preguntó Violeta.
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¿Con qué? ¿El pelo de banshee? - Preguntó James.
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Con Sebastian Laurence. - Dijo ella sin prestarme mucha atención. - ¿Te ha invitado a salir?
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¿A salir? ¿Él? - James estaba enfureciéndose.
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No, todavía, pero lo hará.
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¿Él?
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Si, James, él ¿Porqué? ¿Acaso estás celoso?
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Pff, ja, ¿yo? ¿Celoso de él? - Asentí. - Claro que no. Es un bueno para nada.
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Para tí.
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No puedes salir con él. - Me dijo, más bien me lo... ¿ordenó?
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Ja ¿Disculpa? ¿Y tú quién eres para prohibírmelo?
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Emm... pues, tu mejor amigo.
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¿Y?
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Pues eso.
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¡James! - Le regañé. - ¿No has prendido el fuego? - Dije enojada haciéndolo yo misma.
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Hoy le tocaba a Violeta.
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No. Hoy te tocaba a tí. - Le dije. - Y deja de meterte en mi vida.
Me dedicó una mirada de pocos amigos que me hizo sentir mal y luego comenzó a cortar en tiras piel de dragón.
Mi plan estaba resultando genial. Era la hora de la comida y estábamos en el Gran Salón.
Yo caminaba por un costado de la mesa de Gryffindor, cuando accidentalmente - en serio fue accidente, pero me vino como anillo al dedo - me choqué con Sebastian.
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Hola, ¿cómo estás? - Me dijo él.
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Bien, ¿y tú?
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Bien, no te veo desde...
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Pociones. - Concluí. Se rió y asintió.
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Oye,- Dijo él - iba a invitarte a salir, pero recordé que...
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Estas saliendo con Evelyn Lie, ¿cierto? - Lo había olvidado hasta ahora; cómo lo arruinas, Lie ¬¬.
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Si, - Dijo apenado, pero su semblante cambió. - pero no por mucho.
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Ah, ¿no? - Eso no me lo esperaba.
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No, ya verás. - Y se fue a la mesa de Slytherin.
Yo me senté en la mesa de Gryffindor junto a James, por que no podía evitar hacerlo, y entonces, para mi suerte, escuché unos gritos:
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¡¿Que tu qué?! - Le gritaba Evelyn Lie (N/A: Puaj!) a Sebastian, con los ojos saltones, como por la sorpresa. - No puedes, Sebas, no puedes, ¿es una broma, no?
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Lo lamento Evi - ¡Puaj! ¿Acaso dijo "Evi"? - Pero no quiero seguir saliendo contigo. - Le explicaba el muchacho con voz moderada, tranquilo.
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¡Te vas a arrepentir, Sebastian Jeremy Lawrence! - Chillaba ella hecha una furia, pero él ya no la escuchaba. Caminaba por el pasillo para salir de allí.
Entonces la suerte volvió a iluminarme - Dios, ¡no se cómo lo haces! - y él me dijo al oído derecho - donde estaba sentado James - :
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Te espero en el lago a las cinco.
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Hasta entonces. - Le dije y le sonreí hasta que desapareció.
Suspiré, no por que él me gustaba - que no - , sino por la felicidad de un trabajo bien hecho y miré a James.
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Ah, hola. - Le repetí sonriendo. Nunca en la vida lo había visto así. Estaba tieso, pero su cara consumida por la furia. Trató de cotrolar su voz, que le salió muy débil.
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¿Qué rayos has hecho? - Susurró. Pero luego la furia se apoderó de él y gritó: - ¡Vas a salir con un Slytherin! - Se hizo un silencio general en la mesa de Gryffindor, y todos me miraron.
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Si, ¿por qué? - Dije intentando no odiarme a mí misma. Como había dicho James: ¿qué rayos había hecho? ¿Acaso estaba loca o qué? No podía ser verdad. Suspiré e ignoré la cara de James, para tomar mi copa y servirme jugo de calabaza. Todos habían retomado sus conversaciones.
Algo me tocó el hombro.
Era Violeta, que me mostraba su apoyo. Natalia y Katrina me miraban con expresiones de culpa, pero no dirigidas a mí, sino a ellas mismas. Alexander, Angus Forks, Berny Fringe y Seth Maine (los compañeros de habitación de James) me miraban decepcionados. Me sentí peor.
A las cinco yo ya estaba en el lago y en ese momento llegó Sebastian, pero, él no fue el que captó mi atención.
Me quedé totalmente petrificada y, como se dice, se me cayó el alma (y el corazón) a los pies
Continuará...