Un romance de locos — capítulo 12
Entré en la clase de pociones con Alexander y nos separamos. Él estaba con Angus y Berny, y yo con Rosali y Violeta.
Esperé a que llegaran. Cuando lo hicieron saludé a Violeta, me respondió y le sonreí a Rosali, pero ellano me sonrió a mí.
Seguí su mirada para ver a quién estaba dirigida, y que sorpresa me llevé al ver a ¿Sebastian Lawrence?
- Hola, Rosali. - Dije, como para llamar su atención.
Ah, hola; no te había visto. - Me respondió con indiferencia, algo muy anormal en ella. Pensé en decirle algo, pero el estúpido profesor Crowell nos interrumpió:
- Muy bien. - Dijo. - Hoy vamos a hacer una sencilla poción para hacer crecer el cabello. Abran sus libros de texto en la página 79 y comiencen. No quiero llamarles la atención, - Ja. - así que eviten hablar con cualquier persona que no sean sus compañeros.
Una larga fila se formó en la entrada del armario de ingredientes. Rosali y Violeta estaban casi al frente. Llegaron al principio y fueron tomando los ingredientes mientras conversaban. En un momento Violeta volvió caminando a la mesa, pero Rosali se quedó hablando con un chico. Alcé la cabeza para ver mejor y de nuevo era ese Lawrence.
En el momento en que Violeta se sentó, Rosali comenzó su camino de retorno.
-
¿Cómo te fue? - Le preguntó Violeta.
-
¿Con qué? ¿El pelo debanshee? - Pregunté sarcasticamente.
-
Con Sebastian Lawrence - Dijo Violeta cortante, sin darle importancia. - ¿Te invitó a salir? - Un sentimiento de furia apareció de repente dentro de mí.
-
¿A salir? ¿Él? - Pregunté entre divertido y enojado.
-
No, todavía, pero lo hará. - Aseguró ella.
-
¿Él? - Pregunté de nuevo, casi riendo. ¿Estaban hablando del inútil de la fila de al lado?
- Si, James, él ¿Porqué? ¿Acaso estás celoso? - Replicó ella, escrutándome con los ojos.
-
Pff, ja, ¿yo? ¿Celoso de él? - Asintió. - Claro que no. Es un bueno para nada.
-
Para tí. - Reprochó.
-
No puedes salir con él. - Le dije, aunque sonó más como una orden.
-
Ja ¿Disculpa? ¿Y tú quién eres para prohibírmelo?
-
Emm... - Estuve a punto de decir "tu novio", pero me di cuenta antes de que fuera tarde. - pues, tu mejor amigo.
-
¿Y?
-
Pues eso. - No sabía que decir. En otras circunstancias, "novio" hubiera sido más correcto, pero aquí tendría que explicar por que había dicho novio, y eso sería admitir que estaba enamorado de Rosali, y eso, era algo que nunca haría. Ella me sacó de mis pensamientos.
-
¡James! - Me gritó. - ¿No has prendido el fuego? - Y comenzó a prenderlo ella.
-
Hoy le tocaba a Violeta. - Me defendí, pero sabía que era mentira. No lo había prendido por que estaba muy ocupado espiándola.
-
No. Hoy te tocaba a tí. - Me dijo. - Y deja de meterte en mi vida.
Puse cara de resentimiento, aunque me dolió hacerlo y me puse a cortar los ingredientes.
Luego de la clase (hicimos bien la poción y Berny se llenó de pelos cuando la probó), fuimos al Gran Salón los cinco chicos, Violeta,Natalia y Katrina. Rosali se había quedado en las mazmorras guardando sus libros y dijo que no la esperáramos.
Luego de cinco minutos de habernos sentado, ella penetró en el Gran Salón y caminaba hasta nosotros, mirando la comida, distraída y chocó con ese inútil, que iba mirando al techo, ¿Que rayos tienes en la cabeza, Lawrence?
Hablaron durante un momento y ella se sentó junto a mí y comenzó a servirse pastel. Seguro me había perdonado. Unos gritos me sacaron de mis pensamientos:
-
¡¿Que tu qué?! - Reconocí la voz de Evelyn Lie ("La mentira", como le decíamos Rosali y yo), en la mesa de Slytherin. Ella era la novia del idiota de Sebastian. - No puedes, Sebas, no puedes, ¿es una broma, no?
-
Lo lamento Evi - Que chico cursi... - Pero no quiero seguir saliendo contigo. - Se veía tranquilo, a diferencia de la otra, que estaba hecha una furia.
-
¡Te vas a arrepentir, Sebastian Jeremy Lawrence! - Gritó, aturdiendo a todo el Gran Salón, mientras su ex novio se iba, sin escucharla.
Sin más se acercó hasta la mesa de Gryffindor y le susurró a Rosali al oído, justo donde estaba yo, que escuché perfectamente:
-
Te espero en el lago a las cinco.
-
Hasta entonces. - Respondió Rosi y lo siguió con la mirada. Luego suspiró. Seguro estaba muy enamorada de él. La angustia me invadió, seguido por un enojo inevitable.
Al parecer ella no se había dado cuenta de adonde se había sentado. Me miró y dijo:
-
Ah, hola. - Dijo, de nuevo, sonriéndome. Cuando volví a hablar, lo hice casi en un susurro.
-
¿Qué rayos has hecho? - Susurré. Pero no me contuve y grité: - ¡Vas a salir con un Slytherin! - La mesa de nuestra casa quedó en silencio y las miradas se cruzaron en nuestra dirección, como cuchillos.
-
Si, ¿por qué? - Dijo. Parecía indiferente aunque estaba seguro de que se sentía culpabla. ¿Cómo rayos podía? Eso iba contra las reglas, y me sacaba de mis casillas (eso no tenía que ver con las reglas). ¿Un Slytherin? Puse cara de asco y decepción, mirándola con desprecio por un momento y con desilusión luego.
Me ignoró suspirando y se sirvió jugo.
La mesa volvió a su habitual barullo. Pude sentir como todos miraban a Rosali.
Terminamos de comer y fuimos a Historia de la Magia y, por último, a encantamientos.
Había escuchado a las chicas hablar bajo mientras salíamos de comer, y había captado una parte de la conversación:
-
Oigan, creo que me equivoqué. - Dijo Violeta. - Lo de los celos no fue buena idea: Rosali se siente culpable, los chicos están enojados con ella y, por sobre todo, James está lastimado. ¿Vieron su cara? Convencerla fue un gran error.
-
Tu no lo propusiste, fui yo. - Aclaró Katrina, con culpabilidad. - Y todas la convencimos.
-
Cierto. - Admitió Natalia.
-
Pero yo lo pensé. - Dijo Violeta. - Fui la primera en pensarlo.
Creo que definitivamente no funciona.
Se hizo un silencio.
-
Ya les dije yo. - Dijo Natalia, intentando hacerlas sentir mejor. - Una buena patada, unos gritos en la cara y listo. Así se dan cuenta de que los dos se quieren y no pueden esconderlo más.
-
Creo que tienes razón. - Reconoció Violeta.
-
Tal vez hubiera sido lo mejor. - Admitió Katrina.
-
Es. - Aclaró Natalia. - Sigue siendo. Voy a buscar a Alex.
Había tenido tiempo para pensar (en Historia). Había sido bueno enterarme que yo le gustaba, realmente bueno, pero ¿Así que Rosali quería darme celos? ¿Había tratado de hacerlo sin importarle la ley del hielo entre los Gryffindors y los Slytherins? ¿O el decepcionar a toda la casa? ¿O a sus amigos? ¿O incluso lastimarme a mí?
Bueno. Si ella quería darme celos, ¿por qué no podía yo darle celos a ella? ¿Por que no una cucharadita de su propia medicina? Así veía como me sentía yo. Iba a darle celos, y sabía perfectamente con quién.
Busque Evelyn Lie y le pedí que saliera conmigo. Al principio no quiso, pero cuando le dije que tendría oportunidad de vengarse de su "Sebas", aceptó sin pensar.
Así que a las cinco menos cinco de la tarde ya estábamos en el lago. El tiempo era horrible. Nos quedamos un rato mirando al rededor. Luego, a las cinco la tomé de la mano (que asco) y me puse a hablar con ella de estupideces como su materia favorita y entonces llegaron.
Lancé al aire una fuerte risa falsa, pero convincente, y evité mirar a Rosali y Sebastian. No lo logré. Pude ver a Rosali petrificada, con los ojos inexpresivos y la cara en una mueca triste y, como si ella controlara el clima, comenzó a lloviznar.
Se recuperó y tomó de la mano a Sebastian, lanzando una mirada frívola a nosotros y riéndose.
- Ven. - Le dije a Evelyn. - Ahí vienen, vamos a caminar.
Ella obedeció y allí nos cruzamos. Rosali y yo nos lanzamos miradas desafiantes y ella habló:
-
Hola. - Dijo con indiferencia.
-
Hola. - Le respondí tajante. Evelyn y Sebastian se miraban tristes. Al parecer separarse no había sido una buena decisión y ninguno parecía contento con ella.
-
Rosali, ¿puedo hablarte un minuto, a solas? - Dije recalcando las últimas palabras.
-
¿Me disculpas, Sebas? - Pidió ella. Él la miró y asintió, soltándole la mano y fue con Evelyn mientras nos alejábamos.
-
Ya se lo que haces. - Le dije cuando estuvimos parados al lado del Árbol Feliz.
-
¿De que rayos hablas?
-
Se que intentas darme celos, Rosali. - Le aclaré. La lluvia se hizo más espesa y nos comenzamos a mojar. Pudimos notar que Evelyn y Sebastian se iban al castillo. Al parecer pensaron (con mucha razón) que era mejor no interrumpirnos.
-
Claro que no. Yo he notado como tú intentas darme celos a mí. - Dijo ella.
-
¿Qué? Eso es mentira. - Me negué rotundamente a dejar de actuar.
-
Admítelo. - Dijo ella, desafiándome. - Admite que estas enamorado de mi e intentas darme celos.
-
Claro, ¡cuando tú admitas que te gusto! - Grité y un poco de mi arrogancia se escapó. - No puedes resistirte, ¿no?
-
¡¿Cómo has podido?! - Gritó ella y de repente sentí que el agua me golpeaba fuertemente la mejilla izquierda. Rosali me había pegado una bofetada.
-
¡¿Así que así es como los muggles solucionan los problemas?! - Pregunté burlándome, y perdí todo control de mi personalidad. - ¿O es que te gusta el trabajo bien duro? ¡Tal vez el Sombrero Seleccionador se equivocó y debías ir a Hufflepuff.
-
¡¿Acaso estás diciéndome que no debería estar en Gryffindor?! - Me gritó ella. - ¡Tú eres el cobarde que no se anima a admitir sus sentimientos! - Ella estaba furiosa, al igual que yo. Los dos chorreábamos agua, de la tormenta que se había venido encima.
-
¡Yo no debo admitir nada!
-
¡Eres un arrogante! ¡Tal y como describiste a tu abuelo! ¡No se como rayos Lily lo soportaba! - Esa gota rebalsó tanto mi vaso que ya nada me importó y le solté todo muy rápido:
-
¡Lily nunca quiso admitir que estaba enamorada de James, igual que tú! ¡James si le dijo a Rosalinda Acuentes que estaba loco por ella, pero ella era demasiado arrogante para aceptarlo!
-
¡Eso no hubiera pasado si James Sirius Potter lo hubiera admitido desde que nuestras manos se tocaron! - Hasta que no terminó de pronunciar esa palabra no me di cuenta de qué había pasado.
Habíamos admitido, los dos, que nos gustábamos. (N/A: Tampoco habían notado que desde que Rosali le pegó la cachetada Natalia, Violeta, Katrina, Seth, Alexander, Angus y Berny habían estado escuchando todo).
-
¡¿Tu también lo sentiste?! - Pregunté.
-
¡Pues claro! Fueron como mariposas en el estómago. - Nos fuimos acercando más.
-
O una corriente eléctrica. - Propuse yo.
-
Si. - Dijo débilmente. Estábamos bajo la lluvia con nuestros labios a escasos centímetros de distancia y entonces...
-
¡Al fin! ¡Ya era hora! - Gritaron Alexander y Natalia.
-
Pensamos que tardarían siglos. - Repuso Alex.
-
O que necesitarían un grito en la cara y una patada en el...
-
¡Natalia! - Violeta la calló antes de decir la última palabra.
-
Oigan, hay que hacer tarea... ya saben, mañana es viernes y tenemos Astronomía, hay que revisar los mapas...
-
¡Rosali! - Gritaron todos. - Ya basta de estudiar.
-
¿Que no recuerdas lo que pasó? - Preguntó Violeta.
-
Oigan, nada es razón para interrumpir los estudios, recuerdenlo.
Y a regañadientes fuimos todos a terminar los mapas de Astronomía.