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Un romance de locos — capítulo 13

  • Rosali, despierta. Hola, ¿hay alguien ahí? Vamos levántate. - Me decía una voz suave, e inconfundible.

  • James, ¿qué haces en el cuarto de chicas? - Balbuceé, todavía medio dormida.

  • Ese es un punto importante. - Me respondió y sentí que me acariciaba la mejilla. - No estás en el cuarto de chicas.

Abrí de repente los ojos y recorrí con la mirada la Sala Común. No había nadie.

  • ¿Que rayos hago aquí? - Pregunté confundida. - ¿Y dónde está todo el mundo?

  • Te quedaste dormida en el sillón mientras leías esto. - Me respondió, mostrándome el "Libro reglamentario de hechizos, nivel 1". - Y no hay nadie por que son las ocho de la mañana y es sábado. - Me respondió con voz dulce. - Ah, por cierto: Felíz Cumpleaños.

Me miró a través de esos anteojos de montura circular y me entregó un paquetito.

  • ¡Gracias! - Le dije mientras lo abrazaba. Cuando nos separamos, tomé el paquetito y lo abrí.

  • ¡Me encanta! ¡Es hermosa! - Le dije mientras observaba la pequeña pulsera de plata.

  • Mi madre me ayudó. - Me informó. - Ah, si. Falta el toque final.

Sacó de su túnica un dije en forma de corazón de color rosa muy claro, de una piedra que no reconocí, y lo juntó con la pulsera.

  • ¿Quieres que te ayude? - Me preguntó, tomándola. Extendí mi brazo derecho y me la puso.

  • Es hermosa, en serio, gracias. - Le dije observándola, y me agarró curiosidad. - ¿Qué piedra es?

  • Se llama Turmalina. Dicen que está en todos colores. Algunas veces se junta más de un color, - Me dijo, bastante emocionado. - y esta variedad en especial es muy difícil de conseguir. Se llama Paraiba, y tiene colores más claros.

  • ¿Y para qué sirve? - Pregunté, ya que, por lo que yo sabía, todas las piedras tienen poderes.

  • Pues... eh... dicen que es una de las más positivas y permite la concentración eh... y ayuda para la tristeza y la melancolía. Ah, y también dicen que sirve para los traga libros - Dijo mirándome divertido. - , así que es perfecta para ti.

  • ¡Oye! - Me quejé y le propiné un golpe en el hombro, tal vez con demasiada fuerza.

  • ¡Auch! La compré en rosa porque sabía que era tu color favorito. - Me dijo. - Pero si me golpeas no te durará mucho.

  • Lo siento. Gracias, de nuevo. Me fascina.

  • ¿Qué dices si vamos a desayunar? - Me preguntó.

  • Me parece una idea genial. Me muero de hambre.

Ya se lo que pensarán: ¿Por qué rayos no se besan, o se dicen piropos cursis y vomitivos o se miran con ternura? (Oh, esperen, eso si que pasa.) Pues les responderé que tal vez se deba al hecho de que él no ha tenido el valor para decirme que quiere que sea su novia. O, tal vez sea por que estamos muy bien así; no lo sé muy bien, realmente.

Pero me parece que deberíamos concentrarnos en el tocino, los huevos, las cinco tostadas con mantequilla, el jugo de calabaza y la avena que en este momento estoy masticando (el jugo no) en el Gran Salón, este diecisiete de enero, junto con mi mejor amigo (y el chico más hermoso, tierno, arrogante y divertido de todo Hogwarts) y mis amigos.

  • ¿Acaso tienes la lombriz solitaria, Rosi? - Me preguntó James, al mirar lo mucho que estaba comiendo. - Pareces mi tío Ronald en Navidad. - De repente puso los ojos en blanco y supuse que lo estaba imaginando. Una mueca apareció en su rostro y se estremeció ante un escalofrío. - Que bien que ya no trabaja en Hogwarts. - Agregó.

  • Era muy buen profesor, pero Madame Hootch ha vuelto. - Dije para luego masticar una tostada. Las semanas que tuvimos Vuelo se veían muy lejanas en mi cabeza.

  • Oigan - Comenzó James. - ¿No les parece raro que hasta hora no hayamos tenido el primer partido de Quidditch del año? ¿Por qué sera? - (N/A: Creo que tal vez tenga que ver con el hecho de que la bonita e inteligente autora se ha olvidado del Quidditch al estar pensando en maneras de juntar a James y Rosali, pero voy a hacer como que todo fue una casualidad.)

  • Es una buena pregunta. - Dijo Alexander apuntando a James con el tenedor (sin malas intenciones), para luego dirigir su mirada a mí. - ¿Qué rayos te pasa hoy, Rosali? Estas engullendo como un puerco todo lo que tienes a tu alcance, ya pareces Angus.

  • ¡Oie! - Se quejó el chico con la boca llena. - ¡Do ez ziedto!(N/A: Dijo: ¡Oye, no es cierto!)

  • Por si no te fijaste. - Le dije a Alexander. - No he tocado la mermelada. - Intenté defenderme, ya que odio la mermelada; me repugna.

  • Se que no te gusta, Rosali. - Dijo él. - James nos ha hartado durante horas, hablando de "lo que le gusta a Rosi", " Los pasatiempos de Rosi", "Los no pasatiempos de Rosi"- Dijo enumerando con los dedos y revoleando de aquí para allá los ojos. - Me sorprende que no nos haya matado de aburrimiento. Cuando terminó de hablar creí que me había salido del cuerpo, como el profesor Binns, pero desgraciadamente seguía allí y él comenzó a enumerar tus colores favoritos por orden de importancia. - James se ruborizó y yo lo miré, con expresión sorprendida, pero divertida. - Me sorprende más que no estar muerto, que no hayas ido al profeta a pedir una columna que se llame "Los gustos de Rosalinda Acuentes, de la A a la Z".

Puse los ojos en blanco y le lancé a James una bonita mirada asesina.

  • ¿Rosalinda? - Repitieron algunos de los que estaban a mí al rededor, incluyendo a Katrina, Natalia y Violeta.

  • ¡Le has contado! - Le susurré a James, furiosa. - Gracias por mi regalo de cumpleaños. - Dije viendo como varios de los presentes se reían. - Y no me refiero precisamente a la pulsera. - Me la saqué y la dejé encima de la mesa. Me levante y me fui (no sin antes golpear a James en la cabeza) del Gran Salón.

Caminé (en realidad corrí) hacia el Árbol Feliz y me senté en él. Recordaba, como si hubiera sido hace una semana (como lo fue), la bonita pelea entre James y yo, que acabó casi con un beso. Pero él no me pedía que fuera su novia y eso no me proporcionaba alegría, exactamente. Suspiré.

  • Ah, James. - Dije abrazando mis piernas con los brazos mientras ponía la cabeza en las rodillas. - Como duele amarte.

Un muchacho de cabello azabache y ojos chocolate, en los que yo siempre me perdía, se sentó a mi lado y me contempló con rostro triste y culpable. Una de sus manos me acarició la mejilla.

  • No sabes lo difícil que es para mí. - Suspiró. - No puedo decirlo. Simplemente no puedo. No tengo el valor suficiente...

  • Claro que lo tienes. - Le interrumpí. - Pero por alguna razón no puedes.

  • Lo sé, y lo lamento muchísimo. - Su voz derrochaba angustia.

  • No te preocupes. - Le dije, y dejé de agazaparme, mirando nuevamente esos ojos, malditos, en los que yo no dejaba de perderme, mientras unas lágrimas surgían de mi rostro - Puedo esperar el tiempo que sea necesario. - Y me recosté sobre el árbol.

Él me secó las lágrimas y me rodeó con sus brazos, acunándome contra su pecho y acariciando mi largo y enmarañado cabello. Posé mi cabeza en su pecho y lo miré. Él me imitó.

  • ¿Tu me amas, no es así?

Suspiré. Ya no tenía por que ocultarlo.

  • Desde siempre. Desde esa vez en que bajaba de las escaleras de tu casa, y nuestras miradas se cruzaron por primera vez. - Sonreí y lo recordé...

- Lily, ve a tu cuarto y tráeme tu taza. - Dijo Ginny desde la cocina.

- Espera que tengo que ir al baño. - Dijo Lily acelerada. - Rosali, ¿puedes ir a buscar mi vaso al cuarto? - Me pidió Lily.

- Claro - Respondí y me dirigí a las escaleras. Llegué al cuarto de Lily y tomé su vaso del escritorio rápidamente. Bajaba las escaleras cuando la puerta se abrió. De ella entró un muchacho. Alto, de pelo negro y ojos color chocolate. Cuando lo vi me quedé paralizada. Su belleza era inmensa. Sus ojos brillaban radiantes y me envolvieron en un perfume de jazmines y felicidad inmensos. Luego de dejar las escobas se volvió hacia el frente. Me vio y se quedó tan quieto como yo. El silencio era incómodo, y, a pesar de que me sentía segura y con maripositas en la panza, no articulaba sonrisa. Entonces, para nuestra suerte, llegó Lily y rompió el incómodo silencio.

*- Hola James, ella es Rosali.*Irá contigo a Hogwarts. - Explicó Lily.

- Hola - Dije yo con una tímida sonrisa.

- Hola - Dijo James tendiéndome la mano. Se la tomé.

  • Lo recuerdo perfectamente. - Dijo él. Por unos minutos se quedó callado, pero luego habló:

  • Rosali, si en serio me amas, podrías usarla. - Me mostró la pulsera. - Aunque no pueda decirte muchas cosas todavía, esta pulsera es el claro símbolo de cuanto te quiero. - Le tendí, nuevamente, mi mano derecha y él me puso la pulsera. Luego me acarició la mano, en la cual descansaba un bonito anillo con una flor rosada. - Este corazón, - Dijo con voz dulce. - es mi corazón y te lo entrego. Ahora te pertenece a ti, y tú debes cuidarlo. Se por ese anillo que llevas en el dedo - Tocó el anillo. - , que tu eres la persona más importante de mi vida. - Entrelazó su mano con la mía, haciendo que las dos juntaran mi anillo con uno verde que tenía él. - Y que te amo.

Nos quedamos allí, con la mano entrelazada y acurrucados hasta que llegaron Natalia y Alexander.

  • Ja, yo sabía que se iban a reconciliar. - Dijo Alex.

  • Yo no los perdoné todavía. - Dijo ella. - Me quedé con ganas de gritarles en la cara y darles una patada, pero por alguna razón, la historia cambió y ustedes se dieron cuenta solitos. - Dijo enojada (N/A: Se suponía que iba a ser así, pero después me di cuenta de que ellos podían arreglarlo sin la patada en c***)

  • ¿De qué me perdido? - Preguntó Seth, que recién llegaba junto con todos los demás. - ¿Ya le has dicho que la amas?

  • Si. - Dijo sonriendo James. - Y hasta le he entregado mi corazón. - Dijo levantando mi muñeca a la vista de ellos, para mostrar la pulsera. - Simbólicamente, claro. Ah, - Agregó. - Me olvide (bueno, no me olvide, solo no quise) mencionar que es también una de las más poderosas piedras del amor y creo que funcionó.

(N/A: Por supuesto! Se suponía que Rosali le iba a mandar a Isabella una carta contándole todo, y ahí se iba a enterar, cuando Isa buscara en Internet, que era del amor!)

Los siguientes once días pasaron muy bien. Cuando llegó (por fin) el cumpleaños de James, lo sorprendí con un regalo que me había costado bastante.

  • Wow, ¿que es esto? - Preguntó él al ver mi bonito regalo.

  • Es la guía del juego de Quidditch para los buscadores profesionales. Tiene todos los modelos de escobas descriptos, tácticas, jugadas, posiciones, reglas, infracciones y todo lo que pueda necesitar un buscador. - Le dije mientras él ojeaba el pequeño libro de cuero escrito con la mejor letra que me fue posible (tengo buena letra), y varios dibujos copiados laboriosamente.

  • ¿Para qué me lo das? - Preguntó él. Lo miré con una expresión de: "Tienes que estar bromeando"

  • Para que crees que te lo doy, Jamie, piensa.

  • Eh, ¡no me digas Jamie! - Se quejó él.

  • Tu me dices Rosi, así que yo te digo Jamie, ¿si? - Dije sin esperar respuesta y seguí hablando. - El próximo año, cuando te elijan buscador para el equipo de Gryffindor, por que sé que será así, me lo agradecerás. - Decía todo esto mientras recorría la Sala Común (al menos donde estabamos nosotros) - Seguro que el Amago de Wronski te saldrá de maravilla, ya verás. Aunque espero que sea así, por que no quiero que mi nov... - Me paré en seco y me callé al instante. Puse los ojos en blanco. A James se le elevó la comisura de los labios, formando una sonrisa torcida (N/A: Esto ya parece Twilight XD) - Mi mejor amigo se rompa el cuello. Y no te rías - le ordené. Él soltaba carcajadas que hacían que todos nos vieran. - Y, ¿te gusta mi regalo, o no? - Pregunté un poco enojada.

  • Me encanta. - Me dijo mientras me daba un beso en la mejilla. Estoy segura de que si me hubiera besado en los labios nos habríamos quedado años y todo el mundo lo notaría. (N/A: Muy probablemente).

Esos días con James fueron como un sueño. Nada pudo amargarme la vida, ni siquiera Evelyn Lie y, antes de que nos diéramos cuenta, nuestros cumpleaños habían pasado, y junto con ellos el resto del año.

Fin