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Un romance de locos — capítulo 15

Hola, quiero decirles que este capítulo lo empecé yo, pero en un momento de la pelea me bloqueé (¬¬). Así que varias expresiones que dicen Rosali y James después no son mías.

Quiero agradecer a Picky (Victoria) y al usuario isa_todo_corazón_12 (http://www.potterfics.com/perfil/21744), que es mi mejor amiga Guadalupe, que también participa en esta historia como Isabella. ¡Las adoro chicas!

Lo último que agrego es que voy a reescribir toda la historia para sacar los errores y a partir de ahora Rosi cambia a escribirse Rosie, pero lo demás es Rosali o Rosalinda (no Rosalind ni nada). El único capítulo que voy a modificar es Hogwarts, así que tal vez deberían leerlo de nuevo, yo les digo cuando esté actualizado.

Gracias, ahora los dejo leer

Maripositaas

Querido James: Estoy segura de que puedo ir, aunque mis padres no lo han arreglado. Seguramente mi padre convenza a mi madre. ¡Me encantaría ir a tu casa, ya quiero ver a Lily otra vez! Claro que si, hay que arreglar la fecha, supongo que mañana podría ser. Si pueden traerte aquí, mejor, así tomamos el autobús. Si, es cierto hay que ir a comprarlos. También te extraño, y muchísimo. No puedo soportar ni un día más sin verte. Espero que podamos vernos mañana.

Yo también te amo, ¡ni te imaginas cuanto!

Rosalinda Acuentes

Leí la carta por segunda vez, aunque lo que me interesaba releer era el "ni te imaginas cuanto".

  • Genial. - Dije sonriente.

  • ¿Qué es genial? - Me preguntó mi padre, que acaba de entrar en la habitación con un ejemplar de "El profeta" y una rana de chocolate. - Toma, te traje esto.

  • Gracias. - Dije y abrí el paquete. Mordí rápido la rana y miré el cromo al tiempo que mi padre se sentaba en un sillón enfrente de mí.

  • ¿Quién te tocó? - Inquirió desviando la vista del periódico hacia mí.

  • ¿En serio quieres saber? - Le pregunté y miré el cromo. Esa frase se usaba con frecuencia al comer ranas de chocolate.

  • Yo la tiro. - Dijo él y se la dí. Sacó su varita, claro que no iba a levantarse, e hizo flotar la figura en miniatura de Harry James Potter hasta la cocina. - Y, ¿qué era eso tan genial? ¿Te contesto Rosali?

  • Si. - Dije rebosando de felicidad y le entregué la carta. No me preocupaba que mi padre leyera que Rosali me amaba. - Y me dijo que mañana me puede enseñar el mundo muggle, ¿puede ser? - Le pedí.

  • Si, no hay problema. Ahhh... ya entiendo por que estás tan feliz "Te amo, ¡ni te imaginas cuanto!" - Me ruboricé al tiempo en que mi mamá entraba con Lily en la sala.

  • ¿Quién ama a quién? - Preguntó mirándonos, y le sacó a mi padre la carta. Puede que me molestara un poco porque es mi madre, y las mujeres siempre se ponen locas por esas cosas. - Ahhh... - Repitió como mi padre. - Por eso estás tan sonriente. Si, bueno, supongo que por el "yo también" tu fuiste el que le puso te amo primero, ¿no?

  • Ajá. Bueno, ¿puedo ir mañana al Londres muggle, ¿eh? ¿puedo?

  • Ya te dije que si, James. Por mucho que me cueste decirlo, yo te llevaré. - Mi padre dijo esto no muy felíz.

  • Tranquilo, amor, no creo que te encuentres a Dudley o alguien así. - Lo consoló mi madre.

  • Si, supongo que tienes razón. - Dijo él. - Mañana irás, mándale la carta a Rosali.

  • ¡James y Rosali, sentados en un árbol: B-E-S-A-N-D-O-S-E! - Cantó Lily.

  • ¡Cállate, Lils! - Le espeté y me fui a mi cuarto para responderle a Rosali.


  • ¿Ya llegamos? - Pregunté por décima vez.

  • ¡No, James! ¡No llegamos! ¡Yo te aviso! Ni siquiera hemos cruzado Privet Drive, y Mongolia está a unas cuadras después.

Luego de varios minutos mi padre anunció:

  • Ya llegamos. - Y bajamos del auto (yo corriendo). Nos miramos y los dos vimos un pequeño defecto: Nuestro cabello estaba desastrosamente despeinado. - Déjame intentar... - Estuvo por tocar mi cabello, pero se arrepintió. - No, no tiene remedio. Tenemos el mismo cabello indomable.

Tocó la puerta y aparecieron los nervios. ¿Y si los padres de Rosali no me consideraban apropiado? ¿Si la apartaban de mí? Tal vez no querían que su hija estuviera con un mago, sino con un muggle. No tengo nada en contra de ellos, pero el que se enamore de Rosali tendrá que vérselas conmigo...

Se abrió la puerta y allí apareció la madre de Rosali, supongo.

  • Buenos días, emm, ¿Harry Potter? - Preguntó como para comprobar que no se equivocaba.

  • El mismo, mucho gusto. - Y se estrecharon las manos.

  • ¿Y tú eres James, no? - Preguntó mirándome con una sonrisa. - Rosali nos ha hablado mucho de tí. - Super, espero que no les haya dicho que la llamé muggle.

  • Si, hola. - Y también me apretó la mano, tal vez más fuerte de lo que hubiera querido. Mientras me frotaba la acalambrada mano la señora Acuentes dijo:

  • Por favor, pasen. Rosali baja en un minuto. - Entramos a la sala. Y ella gritó: - ¡Rosali! ¡Baja ahora mismo! ¡Hace una hora que saliste del baño! - Me miró y me dijo. - Si quieres puedes ir a buscarla. Es la segunda puerta de la derecha.

  • Bueno, gracias. - Y entonces comencé a subir las escaleras. En la puerta que me habían indicado se oían pasos acelerados y la dulce voz de Rosali estaba más acelerada:

  • Sal de ahí Flaggy, ¡llegará en cualquier momento! Tengo que tener todo. ¡NO! ¡Flaggy, dame mi varita! ¡No es un juguete! ¡Maldito gato, torpe! No se para que gastamos tiempo en ese negocio si James tenía a Knewig, no veo la hora en que te vayas y yo tenga una lechuza. ¡Sal de aquí! Ja, cobarde, te fuiste abajo de la cama. - Conteniendo la risa por muy poco toqué la puerta y entré, cerrando a mis espaldas.

  • ¡Ya bajo! - Gritó y, al verme agregó: - Oh, lo siento. - Nos miramos unos segundos y ella fue la que reaccionó. - ¡JAMES!

Se abalanzó sobre mí y me abrazó estrujándome los huesos. Yo le correspondí y nos balanceamos. Estuvimos unos minutos abrazados y luego nos separamos. - ¡No sabes como te extrañé! ¡Me moría de ganas por que vinieras! ¡No puedo creer que estés aquí! - Y me besó en la mejilla, muy cerca de la comisura de los labios. Al percatarse de esto, se ruborizó. - Lo sie-siento.

Me tomé un momento para observarla: Estaba un poco despeinada, seguro que por intentar sacarle a Flaggy la varita. Tenía puesto un pantalón vaquero (jean) con una remera suelta de distintos tonos de rosa con maripositas estampadas y unas zapatillas de lona violetas. Su cabello estaba más largo y ella había crecido al menos cinco centímetros, pero yo seguía siendo más alto por un cuarto de cabeza. Por fin hablé:

  • No hay problema. - Y cambié de tema. - Oye, ¡lindo cuarto!

  • ¿Qué? Oh, em... ¡gracias! Si, está un poco desordenado. Espera un minuto, ya vuelvo. Quédate aquí.

Y me dejó solo unos momentos y yo los usé para inspeccionar su cuarto. La cama estaba a un lado, el escritorio frente a la ventana, y a la izquierda había un tocador. Miré la mesa de luz. Tenía una lámpara de noche y una foto de sus quichicientas mil amigas. Encontré a Rosali en un extremo. Estaba sonriente. Era muy obvio que la foto era muggle, ya que no se movía, y tenían lo que pensé que era su uniforme del colegio. Una chomba blanca con un escudo de cuatro letras y una pollera escocesa. Rosali tenía un moño en la cabeza. Su cara era despreocupada. Debía de haberla tomado un año antes de ir a Hogwarts. En el escritorio había una cosa blanca que se abría, como una cajita. A su lado estaba lo único mágico que al parecer había en la habitación: Una pluma, unas hojas de pergamino agarradas por un sujetapapeles, un ejemplar de "El Quisquilloso" y una foto, que sí se movía, donde estaban ella, Violeta, Natalia y Katrina, riendo, tomadas de los brazos. Rosali volvió más peinada y arreglada y me dijo:

  • ¿Bajamos ya o qué?

  • Si, claro. - Ella tomó su mochila (la misma que llevaba a Hogwarts) y bajamos. Sus padres y el mío reían en la sala.

  • Hola, Rosali. - La saludó mi papá. - ¿Cómo estás?

  • Hola, señor Potter. Bien.

  • ¿Se van a ir ahora o esperan? - Preguntó su padre.

  • Ahora. Caminaremos hasta la parada de autobús.

  • Que se diviertan. Adiós.

  • Adiós. - Dijimos los dos.

El caminar resultó bastante más duro. Eran varias cuadras hasta una plaza al lado de la autopista y ahí estaba la parada. No había casi nadie, solo una mujer gorda con un vestido negro y un anciano con un niño.

  • ¿Y qué hay que hacer ahora? - Pregunté.

  • Esperar, James, esperar. ¿Acaso nunca te has subido a un autobús? - Negué. - ¿Y el autobús noctámbulo? - Volví a negar. - Bueno, no importa, yo te guío. - Y me tomó la mano. Los dos ignoramos ese cosquilleo en el estómago y ella miró para adelante mientras yo observaba al rededor. Luego de unos cinco minutos (que se me hicieron eternos) divisé a lo lejos la silueta del gran autobús rojo de dos pisos. En un costado de arriba decía: "Londres". Esperé a que subieran los demás y ayudé a Rosali como todo un caballero. Lo malo es que no duró mucho, pues casi me caigo encima del muchacho que venía atrás mío. Rosali pagó el boleto y yo no sabía que tenía que pagar el mío. Me ayudó a poner las monedas. Me confundí varias veces. Todos nos miraban como si yo viniera de un pueblo donde ni autobuses había. Nos sentamos en un lugar y Rosali me fue diciendo algunas cosas que podríamos hacer. Cuando ya no encontramos de que hablar (el viaje era algo largo) ella se puso a escribir. Intenté ver que escribía pero no lo conseguí.

  • No mires. - Me dijo ella. - Es privado.

  • Pero si somos nov... - Como me había pasado a mí meses antes, el día de mi cumpleaños, ella comenzó a reír y me ruboricé.

  • No te rías. - Le pedí.

  • Ahora te tocaba a ti. - Me respondió. - Como somos ese género raro... casi novios pero mejores amigos... no sabes que decir. Debemos encontrar un término. - Suspiró y volvió a escribir en su diario.

  • Bien. Tú escribes en tú diario, yo escribo en el mío. - Saqué mi diario de cuero de la mochila y luego pensé que sería raro sacar una pluma de águila en un autobús y ponerme a escribir en mi diario.

  • ¿Tienes un diario? - Me preguntó, extrañada. - No sabía. A ver... - Quiso agarrarlo, pero no pudo por que lo saqué de su alcance.

  • ¡No! Te lo muestro si tú me lo muestras.

  • Está bien. - Los dos tomamos el diario del otro. Lo abrí y leía la bonita letra de Rosali escribiendo: "Este diario es propiedad de Rosalinda Acuentes, y cualquiera que lo lea sin permiso será sometido a un hechizo de piernas de gelatina"

Sonreí al ver la amenaza de mi amada. Estaba por cambiar de página cuando algo me detuvo. ¿No debería esperar hasta que ella y yo fuéramos novios? Allí podríamos compartir todo. La miré. Ella tenía la misma idea. Miraba con una expresión de culpa mi nombre escrito en él. Nos miramos, y al mismo tiempo en que nos devolvíamos los diarios decíamos:

  • Tal vez luego. - Yo agregué: - Rosali, ¿no tendrás otra de esas... cosas? - Inquirí señalando lo que ella usaba para escribir.

  • ¿Hablas de las lapiceras? Si, toma. - Buscó y me dio una. - Que bien que yo uso la rosa. Esta es azul. Mira, se una así. - Y me mostró.

El resto del viaje nos pasamos escribiendo. Me moría por que ella estuviera en casa, así estaría más cómodo. ¡Los asientos de autobús te dejan el trasero cuadrado! En fin, cuando llegamos a Londres nos bajamos y comenzamos a caminar. Entramos a un montón de negocios con cosas rarísimas el último fue uno de... de... bueno elect... electri... ah si, electrínico, creo que se escribía así.

  • Oye, ¿tú tienes una de estas cajitas en tu casa, no? - Pregunté señalando lo que antes había visto en su escritorio. Esta caja era negra, a diferencia de la otra.

  • ¿Cajita? ¿Cuál cajita? ¿Hablas de las notebooks, no? - La miré sin comprender. - ¿La "caja" blanca que estaba en mi escritorio? - Asentí. Ella se echó a reír como loca. - Esa no era una cajita. ¿Recuerdas esas computadoras que vimos hace un rato? Bueno, son lo mismo pero más pequeñas y se pueden llevar a todos lados.

  • ¿Cómo es eso? ¿No necesitan los cosos esos de la pared que les dan energía? - Ella me miró, sonrió y me tomó de la mano.

  • Ven, voy a mostrártelo bien. - Y fuimos al mostrador. Ella le pidió al hombre un "batería" y me explicó como funcionaban esas notebooks. Luego de terminar la explicación salimos de allí y nos dirigimos al bar donde Rosali solía ir con sus amigas. Al fin llegamos. Era un hermoso bar con terraza, muy parecido a Florean Fortescue, que también tenía mesas adentro.

  • ¿Dónde nos sentamos? - Le pregunté. Miré al rededor. Todo era muy tranquilo, y lo único que parecía fuera de lugar eran unos chicos de nuestra edad que hablaban muy fuerte, casi gritando. Me pregunté por qué no los habrían corrido.

  • Ahí. - Dijo ella señalando una mesa en la terraza, bastante lejos de los chicos esos. Al parecer ella ni cuanta se había dado de que estaban allí. Nos sentamos y se nos acercó una camarera.

  • Buenas tardes, bienvenidos a Flowers & Honey - Nos entregó unos menús.

  • Gracias. - Dijo Rosali y la camarera se fue.

  • ¿Y? ¿No vas a mirar el menú? - Me preguntó mi amiga.

  • Emmm, si, pero no entiendo que es cada cosa.

  • Ah, si. Lo siento. Yo te explico. - Y me explicó. Al final terminé pidiendo un capuchino (café con chocolate y leche, era muy rico) y ella un batido de fresa. Cuando terminamos saqué mi monedero y dije:

  • Oye, Rosie, me dieron dinero muggle y no tengo la más remota idea de como usarlo, ¿me ayudarías a contarlo?

  • Si, mira estas son diez libras... - Y me ayudó a pagar los batidos. Cuando nos fuimos a ella se le ocurrió una idea.

  • ¿Te gustaría ir a ver mi viejo colegio? - Preguntó.

  • Claro, no hay problema. ¿Dónde está?

  • Por allí, solo dos calles más.

  • Tú me vas a matar por todo lo que caminamos. - Me quejé.

  • ¡No es tanto! Yo caminaba el doble que tú antes. - Llegamos al colegio. Era un gran edificio de piedra, principalmente, y muy viejo. Allí había unos chicos. Tardé dos segundos en darme cuenta de que eran los mismos que había visto en el bar. - ¡Oh, no!Vamos, James, vamonos de aquí. - Me dijo, tirándome de la mano, que seguís entrelazada con la suya, pero era muy tarde ya.

  • ¿Rosali? - Preguntó uno de ellos. El de cabellos castaño claro y ojos oscuros. - ¿Rosali Acuentes? - Ella se rindió y le dijo con voz desafiante:

  • Crabbent, hola. Si me disculpas... - Intentó irme pero él la detuvo preguntando:

  • ¿Quién es este? - Ella me iba a hacer callar, pero yo no iba a dejar que ese... idiota me hablara así (una vez más saco mi lado tonto).

  • Disculpa, ¿"este" dijiste? Yo no soy este, soy él. - Dije y apreté los puños, así que también la mano de Rosali. - Lo lamento, Rosie.

  • No importa - Dijo, y en serio no le importaba por que no mostraba signos de dolor. Que fuerte que es. La amo. - , solo vámonos, ya, James.

  • Jajaja, ¿James? Lindo nombre, ¿este es tu nuevo novio Rosali? - Dijo mirándome con superioridad, ¿pero quién rayos es este idiota?

  • Como te atreves a hablarme así. Suena como si hubiera salido con cientos de chicos, y los dos sabemos, Crabbent, que no es así. - Dijo, interponiéndose. Ella si que sabe defenderse. Ojalá le pegue como me pega a mí. - Aunque en el pasado, si he salido con cualquiera. - Dijo desafiante otra vez.

  • Si, claro. Soy lo mejor que te pudo pasar. - Dijo, y yo lo entendí.

  • ¿Éste es el tal "Nicholas Crabbent" que tanto odiabas? - Le susurré al oído. Ella asintió y lo miró con asco.

  • Y como puedes ver, es insignificante. - Agregó. (N/A: Esto se le ocurrió a una de mis amigas, y quedó genial. Gracias Guady)

Nicholas, que había escuchado lo último, miro a Rosie como si no entendiera.

  • ¡¿Le es dices insignificante al hijo del dueño de tu cafetería favorita?! - Le preguntó a Rosali, sin mucho éxito, ya que ella no le iba a dar ni la hora. Jajaja, Rosali es mía, muggle idiota.

  • Sabes, Crabbent, no me interesa volver a esa mugrosa cafetería. En Londres hay otras veinte por aquí cerca, y los batidos no saben a calcetín, ¿sabes? - Con paso decidido dio media vuelta y me tomó por el brazo.

Diez minutos después estábamos en el autobús. Yo, imaginando que al muggle le pasaban cosas horribles y Rosali, por su parte, despotricando y atrayendo las miradas de los otros muggles.

Luego volvimos a su casa y de ahí, a la mía.

Sinceramente, el Londres muggle, es más interesante de lo que yo pensaba.