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Un romance de locos — capítulo 16

Tener a Rosali en casa fue, probablemente, lo mejor de las vacaciones. Ok, la Saeta es genial, pero, por muy extraño que pueda sonar, el amor le gana al Quidditch, ¿no? Realmente no estoy muy seguro. Espero que Rosali no lea esto, por que me voy a ganar otra bofetada, y bien sabemos que Rosali pega bien. Ah, si: Les aconsejo que nunca le digan muggleo le insinúen que lo es, por que no lo van a pasar bien.

Volviendo al tema: Volvimos del paseo por Londres y de encontrarnos con ese idiota Crabbent y Rosali fue a buscar su baúl y ese "maldito gato torpe" (como ella le dijo), que se supone que es Flaggy. Subimos al auto y viajamos hasta casa. Le mostré a Rosali dónde estaba cada cosa, de nuevo, por las dudas de que lo hubiera olvidado.

Mientras yo no estuve, mi madre ordenó mi cuarto, así que no quise quedarme allí mucho. También le mostramos el jardín. Quedó encantada con el gacebo que teníamos allí.

  • Es precioso. - Dijo mirándolo con admiración. ¿A mí no me mira así, pero al trozo gigante de madera, si? Gracias Dios.

  • Si, realmente lo es. - Dijo mi madre, que acababa de llegar. Mi papá estaba con ella y le rodeaba la cintura con los brazos. Los dos, al igual que Rosali lo miraban con esa admiración tan peculiar. Me pareció raro, ya que era solo un gacebo.

  • ¿Por qué lo miran así? - Pregunté luego de unos segundos. - Ni que fuera nada especial. Ni siquiera es mágico.

  • Pero es como si lo fuera, o al menos fue. - Dijo mi madre sonriendo.

  • Es muy especial, James. - Dijo mi padre, con la misma cara de alegría.

  • Oigan, ¿qué pasa aquí? ¿Qué tiene de especial este gigantesco trozo de madera?

  • ¡No le digas así! - Me reprendió mi madre, y lo abrazó. (n/a: u.u, que rarito). - No es solo un trozo de madera, es un símbolo.

  • ¡¿De qué?! - Pregunté al borde de la demencia. ¡¿Alguien me puede explicar rápido que rayos tiene de importante esta astilla gigante?!

  • Tú, sabes, James, tú sabes. - Dijo mi padre. Rosali nos miraba callada.

  • Eh... no. La verdad es que ni idea tengo.

  • Oh, es... cierto. - Dijo mi madre. - ¿Nunca se lo contamos, Harry?

  • Creo que no, Gin. - Dijo él y me miró, luego miró a Rosali y dijo: - Bueno, entonces, creo que ya es el momento. Vamos adentro que les explico. - Dijo e hizo un movimiento como invitándonos a pasar adentro para el relato. Llegamos a la sala de estar y mi padre llamó a mis hermanos. - ¡Albus, Lils, bajen que tenemos que contarles algo! - Se volvió a nosotros y agregó: - Enseguida vuelvo.

Mis hermanos bajaron y se sentaron en los sillones que estaban enfrente del de mi madre y mi padre, que usaban solo ellos.

Papá volvió a los dos minutos con una gran vasija de piedra y la puso encima de la mesita ratona.

  • Esto es un Pensadero. - Nos dijo a todos. A mí nunca me lo había mostrado. - Sirve para rememorar los recuerdos o pensamientos. Te los sacas, los sumerges aquí y los revives.

  • Pero, ¿cómo puedes sacarte lo pensamientos? - Inquirió Rosali.

  • Pues, tomas tu varita y te la pones en la sien así. - Dijo tomando su varita de acebo y pluma de fénixy colocándosela cerca de la oreja. - Luego retiras el pensamiento y lo pones en el Pensadero. - Una cosa plateada comenzó a surgir desde el interior de la cabeza de papá, como un hilo plateado, que se hizo más largo a medida que mi padre alejaba más la varita. Cuando lo sacó todo lo volcó en la vasija. El hilo se desintegró y comenzó a describir finos remolinos pequeños.

  • ¡Dios mío! - Exclamó Rosali. - Es hermoso, señor Potter.

  • Si, muy lindo, Rosali, pero ¿qué les parece si entramos a mis recuerdos y los de Ginny para averiguar qué significa el gacebo.

  • Podremos revivir la historia del Árbol Feliz, Lily. - Dijo mi madre. A Lily le brillaron los ojos y asintió rápidamente varias veces.

  • Me parece que deberíamos empezar por 6º año. - Le dijo mi padre a mi madre.

  • Quinto. - Corrigió ella. Era un año menor que mi padre.

  • Da igual, Gin. - Dijo él y sonrió. - ¿Por el partido final de Quidditch?

  • Si, eso sería genial, pero antes ponlos al tanto. - Dijo ella.

  • ¿Por qué no lo haces tú? - Preguntó él, es broma.

  • Harry... - Usó el mismo tono de advertencia que mi padre solía usar conmigo.

  • Era broma, amor. Adoro revivir los momentos felices. - Sonrió más ampliamente.

  • ¿Y? ¿Cuándo nos van a contar? ¿O es que ya no quieren? ¡Quiero saber por qué es tan importante ese gacebo!

  • Ahí va, James, no seas impaciente. - Me reprochó mi padre. - Bueno. Les cuento desde el principio y luego les muestro el Pensadero, ¿si? - Asentimos y mi madre se acurrucó al lado de mi padre, poniendo su cabeza en el pecho de él, que la rodeó con sus brazos. - La historia comienza así: Yo me enteré de que era mago igual que tú, Rosali, a través de mi carta de Hogwarts, pero a diferencia de ti, no fueron cuatro magos los que me demostraron la magia (es muy raro que se haga de hecho, pero Mc Gonagall nos pidió ayuda), sino que fue Hagrid, el guardabosque. Bueno, no viene al caso, la cuestión es que la primera vez que vi a esta hermosa mujer que ahora mismo está sentada a mi lado, - Dijo sonriéndole a mamá, quien le devolvió el gesto. - fue en la estación King Cross.

  • ¡¿King Cross?! - Preguntamos Rosali y yo a la vez.

  • Si. James, tu ya lo sabías, te lo contábamos de pequeño. - Dijo mamá.

  • ¿Ah, ¿si?

  • Ajá. Bueno volvemos a la historia. Ella se enamoró de mí, pero yo fui un inútil y no le presté atención, hasta sexto año. Cada vez que la veía sentía algo raro, pero no me atrevía a decirle nada a nadie por que Ron era mi mejor amigo y el hermano de Ginny, y si descubría que yo amaba a su hermana me hubiera colgado del tejado de la torre de astronomía.

  • Pero, ¿lo descubrió, no? Es decir, tuvo que darse cuenta de que ustedes salían, no. - Rosali estaba encariñada con el relato y prestaba mucha atención.

  • No, en realidad, no, por que no salíamos cuando él lo descubrió. - Continuó mi mamá. - De hecho, él lo supo en el mismo momento que yo.

  • Pero... - Rosali iba a replicar, pero papá señaló el Pensadero y dijo:

  • Ahora es donde entramos a ese momento, desde que a mi me castigaron y no pude jugar como buscador en el equipo de Gryffindor. Ginny tomó mi lugar.

  • ¿Y ganaron? - Pregunté queriendo saber si mi madre había atrapado la Snitch.

  • Espera y verás. Ahora, uno por uno vayan metiendo la cabeza dentro del Pensadero. Rosali, tu primero.

Entramos uno por uno y nos vimos todos en el pasillo del séptimo piso, donde estaba el retrato de la Dama Gorda.

  • ¿Dónde estamos? - Preguntó Lily. Albus parecía igual de desconcertado.

  • En Hogwarts. - Dijimos mis padres, Rosie y yo al mismo tiempo. - ¿Y el partido? - Agregué yo, pensando en que no estábamos afuera.

  • Ya terminó, y yo estoy volviendo de mi castigo. - Dijo mi padre. - Ah, ahí estoy. - Dijo señalando a un muchacho de cabello negro azabache despeinado y ojos esmeralda. Era igual a Albus, pero se notaban los cinco años de diferencia. - Me encanta este piso. Ojalá pudiera ver el tapiz de Barnabás el chiflado enseñando ballet a los monstruos. - Agregó mirando para un extremo del pasillo.

Entonces el Harry de 16 años llegó frente al retrato y preguntó:

  • ¿Quid agis?- Esa debía de ser la contraseña. Ella lo miró y le contestó: "Ya lo verás" y luego se abrió para dejarlo pasar. Nosotros entramos antes que él. Mi padre, joven, se quedó boquiabierto al ver el gran festejo. Era más que obvio que habían ganado. Algunos lo arrastraron hacia el interior de la sala mientras otros gritaban.

  • ¡Ganamos! ¡Ganamos cuatrocientos cincuenta a ciento cuarenta! ¡Ganamos! - El que gritaba era mi tío con dieciséis años.

  • Presten atención, ahora viene lo importante. - Dijo papá señalándose a él de 16 años.

Todos miramos. Mi madre corría hacia él. Había que admitir que era realmente hermosa a los 15 años, yo también me habría enamorado. Al llegar junto a mi padre le rodeó, supongo que por primera vez, el cuello con los brazos y, precipitadamente, frente a todas esas personas, mi padre la besó.

Todo quedó en silencio y ellos se quedaron un rato largo besándose. Me sobresalté al escuchar un ruido y miré a un costado. Detrás de mi madre, un alumno acababa de romper un vaso con la mano. Mis padres se separaron (por fin) y comenzaron a oírse silbidos y ridículas risitas de nerviosismo. Mi padre miró al chico del vaso roto y siguió mirando. Una chica tenía cara de asco y...

  • ¿Es esa la tía Hermione? - Pregunté mirando a una muchacha que sonreía como yo cuando me pudieron en Gryffindor.

  • Ajá. Y ahora busco a Ron para ver si me va a colgar desde la torre. - Explicó mi padre. Mi otro padre encontró a Ron al

que parecía que le habían pegado en la cabeza. Harry lo miró con una expresión que denotaba angustia. Pero mi tío, en cambio, puso cara de "Sin no hay más remedio..." Mi padre miró a mi madre (los dos jóvenes), le sonrió y le señaló el orificio del retrato. Ella lo siguió y la sala comenzó a desvanecerse. Estábamos de nuevo en la sala.

  • ¿Y? - Preguntaron mis padres. - ¿Qué les pareció?

  • Es lo más hermoso que he visto en toda mi vida. - Dijo Rosali con una sonrisa.

  • Por ahora. Por que Harry y yo tuvimos que separarnos por culpa de Voldemort. - Me estremecí. - James, no tienes de qué asustarte. - Me dijo y volvió a la historia. - En las vacaciones de verano antes de que yo empezara mi sexto año y Harry él séptimo sabíamos que no iba a asistir más a Hogwarts por una misión secreta que al parecer le había encomendado Albus Dumbledore, el anterior director de Hogwarts. Pero yo lo amaba y no lo iba a dejar irse tan fácilmente. Así que, cuando cumplió la mayoría de edad y todos le obsequiaron algo, quise darle un regalo también. - Esta vez fue ella quien se sacó un pensamiento de la cabeza y lo puso en la vasija. Lo tocó y apareció la sala de La Madriguera, pero vista desde arriba.

De nuevo nos sumergimos y aterrizamos en el piso superior de la casa. Se escucharon unos pasos de gente que subía. Eran mis tíos, Ron y Hermione, y mi padre. Mi tía habló.

  • Dame eso. Lo pondré con el resto del equipaje. - Su voz era alegre. Tomó los regalos de Harry y siguieron subiendo. - Ya tengo casi todo preparado. Sólo me falta que el resto de tus calzoncillos terminen de lavarse, Ron. - Nos reímos todos, pero mi tío se atragantó con algo que estaba comiendo, aunque casi no se oyó por que fue interrumpido al abrirse una puerta del rellano del primer piso.

  • ¿Puedes venir un momento, Harry? - Era la inconfundible y dulce voz de mi madre. Ron se detuvo en seco, pero Hermione lo tomó por el codo y lo obligó a seguir subiendo la escalera. Mi padre entró en el dormitorio y nosotros lo seguimos.

La habitación era la de una típica bruja adolescente. Había pósters de las Brujas de Macbeth, de Gwenog Jones y la ventana abierta dejaba ver la carpa de las fotos del casamiento de mis tíos, Fleur y Bill.

  • Feliz cumpleaños. - Dijo de repente mi madre.

  • Ah... gracias... - Respondió mi padre, un poco distraído, pues mi madre lo miraba fijamente, pero a él le costaba mantenerle la mirada.

  • Que vista tan bonita - Murmuró señalando la ventana. Se veía tan patético que yo me reí. Todos me miraron mal y Rosali me pegó en la cabeza y me dijo que me callara, pero mis padres de jóvenes ni se inmutaron. Mi madre estaba diciendo algo:

  • No se me ocurría que regalarte

  • No hacía falta que me regalaras nada. - Pero ella ni lo escuchó y siguió diciendo:

  • Tenía que ser algo útil y no demasiado grande; de lo contrario no podrías llevártelo. - Ella se acercó un poco - Y entonces pensé que me gustaría regalarte algo que te ayudara a acordarte de mí, por si conoces a alguna veela cuando estés por ahí haciendo eso que tienes que hacer.

  • Me temo que ahí afuera no voy a tener muchas oportunidades de conocer a nadie, la verdad. - Dijo mi padre. Automáticamente supe que hablaba del Innombrable y de cuando salió a destruirlo.

  • Eso era lo único que necesitaba oír. - Y lo besó. Él respondió al beso, poniendo una mano en su cabello y otra en su espalda. Solo habían pasado tres segundos cuando un ruido los sobresaltó y mi tío apareció en el umbral de la puerta, la cual acababa de abrir de una patada, pegándole a mi padre, el de ahora, que estaba junto a ella. Harry y Ginny de diecisietey dieciséis años se separaron igual de sobresaltados que nosotros.

  • Bueno... Lo siento. - Dijo mi tío con un tono bastante significativo. Se escucharon pasos desesperados y mi tía apareció:

  • ¡Ron! - Le reprochó sin aliento detrás de él. Pasaron unos segundos y Ginny le contestó:

  • Bueno, feliz cumpleaños de todas formas, Harry.

Él la miró, pero ella miraba hacia la ventana, de espaldas. De un momento a otro mi padre del presente se acercó a la vieja Ginny y la miró a la cara.

  • Ja, yo sabía que algún día tenías que llorar, Gin, y me pasé muchos meses preguntándome si habrías llorado este día. - Dijo mirando a la "ella" de ahora, quién le sonrió.

  • Lloro menos que tu. - Dijo mi madre sonriéndole y tocándole la nariz al decir la palabra "tú" para luego retirarla al segundo.

  • Hasta luego - dijo el viejo Harry.

  • Vamos, esto ya está. - Y volvimos a aparecer en el salón para volver a sentarnos en los sillones.

  • ¿Y en todo este besuqueo, dónde queda el gacebo? - Pregunté. Ya me estaba hartando.

  • ¡James! - Me reprendió mi madre. - ¡No es besuqueo, es el amor! Cuando te enamoras, lo entenderás. - Y no pudo evitar mirar de reojo a Rosali, quien carraspeó y dijo:

  • Entonces, ¿que pasó?

  • Pues terminamos casándonos, Harry venció a Voldemort y yo me casé con él, en una boda doble, junto a Ron y Hermione. - Se extrajo un recuerdo más. - Ya casi terminamos. Ahora entraremos en la boda, o mejor dicho, después de la boda.

Se repitió el proceso y todos caímos en el jardín de La Madriguera, dónde se encontraban un grupo muy grande de personas. Había sillas por doquier, un largo pasillo y gente esperando. Me di cuenta que quienes esperaban eran mi tío y mi padre, con trajes, parados en un gacebo igualito al de casa (N/A: Algunas veces James puede ser bobo. Como decía un capítulo de B.T.R: James es 40% idiota) Entonces salieron de adentro de la casa Ginny y Hermione jóvenes. De repente la imagen cambio. Ya no había sillas ni gente, solo estaban Harry, Ginny, Ron y Hermione.

  • Oigan. - Dijo Ron. - Hermione y yo lo estuvimos pensando, y no tenemospatio, así que pensamos que… ustedes deberían quedarse con el gacebo. Considérenlo como un regalo de bodas.

  • ¡Gracias! - Dijeron mis padres, y luego mamá continuó. - Es genial y muy hermoso. Supongo que quedará bien en el jardín, ¿no te pareceHarry?

 - ¿Y ahora entienden de dónde salió ese gacebo? - Preguntó de repente mi madre, sobresaltándome.

  • Emm, no. - Dije yo, que tenía una vaga idea pero no estaba seguro.

  • Oh, por Dios, James. Algunas veces tu estupidez me sorprende tanto... - Dijo Rosali, negando con la cabeza, y luego se dirigió a mi madre - Así que el gacebo del jardín fue su altar en su boda junto con el señor y la señora Weasley, quienes luego se lo obsequiaron como regalo de bodas.

  • Exactamente.

  • Si. Gracias, en serio. - Dijo mi padre jóven. - Hablando de regalos, creo que deberían abrir los suyos. Ginny y yo decidimos que deberían ser dos, uno para cada uno, y los entregaremos separados.

  • Creo que ya debemos irnos. - Dijo mi madre un poco nerviosa, como si no quisiera que nos enteráramos de nada más, mientras mi otra madre jóven decía:

  • Si, exacto. Ven Hermione, el mío está arriba.

Luego de cinco minutos volvimos a estar en la sala, sentados.

  • Ya quedó todo claro, ¿no? - Preguntó mi padre mientras abrazaba a mi madre.

  • Pero, no estuvimos con el Árbol Felíz. - Dijo Lily con los brazos cruzados y el ceño fruncido. - ¡Yo quería ver ese recuerdo!

  • Tal vez otro día Ginny. - Dijo mi madre. Se levantó y fue con mi padre a la cocina. Lily fue a su habitación y Albus tomó un libro.

Yo me giré para decirle algo a Rosali, cuando descubrí que ya no estaba. Supuse que estaría en el jardín. Salí afuera y, en efecto, allí estaba ella, sentada, contemplando las estrellas, ya que había oscurecido.

Continuará... en el otro capítulo.