Un romance de locos — capítulo 7
Mis amigas: Isa: Isabella, Lucy: Lucía, Alma: Ailén, Alice: Candelaria, Valentine: Valentina, Michael: Micaela, Victoire: Victoria, Florence: Florencia.
El tren estaba llegando a la estación. Dentro de unos pocos minutos vería a mis padres. No podía aguantar la felicidad. Estaba... hiperactiva y todos lo habían notado...
- Rosali, para ya. - Me dijeron mis amigos.
Habíamos viajado en el mismo compartimiento Natalia, Violeta, Alexander, James y yo. Escuchamos como el tren iba deteniéndose. Cuando nos dejaron bajar, yo saludé a Nati y Violeta con un beso en la mejilla, a Alexander con un abrazo, y a James con otro abrazo, el cual duró un poco más que el de Alex. Luego tomé mi baúl y me fui rápidamente. Al cruzar el andén 9 3/4, seguida de Violeta y James (Natalia y Alexander no habían tenido ganas de apurarse), me llevé una gran y espléndida sorpresa. No solo estaban allí mi mamá y mi papá, sino que también mis nueve mejores amigas: Melody, Lucy, Valentine, Victoire, Florence, Alma, Alice, Michael e Isa.
Tiré mi baúl y corrí para abrazarlas, una por una. Al parecer las extrañé más de lo que pensaba, ya que, no pude contener la emoción y me eché a llorar. Me consolaron y me sonrieron. James se acercó para despedirme y para saludar a mis amigas, como todo un caballero. El chico perfecto. Esbocé mi sonrisa tierna una vez más.
Cuando salimos de la estación tuvimos que tomar el subterráneo (ya que veíamos un poco difícil que doce personas pudieran caber en un auto de cinco).
Caminamos hasta casa y cuando estuve parada frente al número 3 de la calle Magnolia no pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro. Podría haber pasado los últimos cuatro meses en Hogwarts, pero mi casa siempre seguiría siendo mi hogar.
Resulta ser, que mi mejor amiga Isabella (cuando no), les había rogado a mis padres que las dejaran quedarse a dormir a las nueve chicas, y, con lo generosos que son (y con lo insistente que es Isa) las habían dejado. Como desde hacía mucho no pasaba iba a tener una fiesta de pijamas.
Estaba bastante emocionada y feliz. Sabía que dentro de algunas horas íbamos a enfrentar una charla de chicas, pero la felicidad de tenerlas aquí conmigo vencía cualquier incomodidad.
Comimos hamburguesas, luego vimos una película de terror y, al final, con dulces, música y todo lo necesario subimos a mi habitación.
Nos acomodamos abriendo varias bolsas de dormir en el suelo y nos acostamos, algunas en la cama y otras al rededor. Entonces, Isabella, Lucy, Florence y yo (que estábamos en la cama) nos miramos.
-
Charla de chicas - Dijo Florence.
-
El momento de la verdad. - Apuntó Lucy.
-
Y la vergüenza. - Agregó Isa.
-
Tampoco es para tanto - Dijo Alice.
-
Si, por que ti nunca te gusta nadie. - Se quejó Michael.
-
Y a ti te gustan todos - Repuse yo. Ella se ruborizó.
-
Es que los hombres son irresistibles. - Dijo defendiendo su postura.
-
Para ti, Michael, para ti. - Dije dándole una palmaditas en la cabeza, como broma.
-
¿Y a ti no te gusta nadie? - Preguntó Alma, mirándome con cara de "no te hagas la desentendida, eh". Que bien me conocía ella. La miré con cara inocente y dije:
-
En Hogwarts no me gusta ningún chico, solo me encanta un chico. - Como esperaba todas se acomodaron cerca de la cama y me miraron.
-
¿Cómo se llama? - Preguntaron todas, excepto Lucy, que dijo claramente:
-
Chicas, ¿que acaso no les parece obvio? - Todas la miraron incrédulas. Todas menos yo, ya que como lo esperaba, ella lo sabía. Mis amigas me conocían muy bien. - El chico de la estación, James Potter. Vi como lo mirabas, Rose, y hasta pusiste tu carita tierna, esa que usabas con el chico de sexto que tanto te gustaba.
-
¿Cómo se llamaba? - Preguntó Melody.
-
Nicholas - Dijo Valentine y yo di un pequeño saltito. No había pensado en él desde hacía mucho tiempo - Lo recuerdo, y creo que todavía sientes algo por él.
La miré con cara de resignación. Recordé al chico y le dije la pura verdad.
- Ya no me gusta más. - Me enojé cuando me miraron afirmando lo contrario - ¡En serio! Pasado pisado. No he pensado en él en un buen rato, y eso significa que ya no siento nada por él y... - Imaginé su rostro y lo confirmé - No, no me produce nada imaginarme su rostro. Nicholas Crabbent quedó en el pasado. Ahora me enfoco en un nuevo amor y ese es James Potter.
El otro tema quedó olvidado y volvimos a James.
-
¿Cómo lo conociste? - Preguntó Isa.
-
Pues... - Y de nuevo les conté la historia (que ya habían oído) del callejón Diagon, pero no me salté la parte de James (como antes habías hecho) y yo, al pie de la escalera y las maripositas en el estómago. Claro que por no haberles dicho antes sobre el tema y saltarme esa parte me regañaron.
-
¡¿Porqué no nos dijiste?! - Preguntaron furiosas.
-
Pues, pensé que no era nada...
-
Y ahora lo amas, ¿no es así? - Preguntó Florence.
-
Exactamente. - Aclaré. Me miraron sin comprender. - Si, lo amo, ¿acaso ustedes nueve tienen algún problema?
-
Pues no, pero, Rose, ya sabes lo que digo - empezó Lucy, pero yo la detuve, ese versito ya me lo sabía de memoria.
-
Si, que el "amar" es un término importante y no debes usarlo a menos que estés totalmente segura de ello. Pues, sabes que yo también lo creo, pero, aunque solo he conocido a James cuatro meses, se que lo amo y puede ser algo apresurado, pero es cierto.
-
Bueno, si tu lo crees así...
No hablamos más de la situación. Cambiamos de tema y cuando estuvimos exhaustas, nos dormimos.
Los siguientes días en mi casa fueron aburridos e iguales: Me levantaba, desayunaba, leía, iba a la casa de Isa o ella venía a la mía, hacíamos estupideces, mirábamos televisión, almorzábamos, hablábamos, veíamos más televisión, jugábamos con la computadora, etc.
Cuando llegó Navidad la pasamos (como todos los años) la familia de Isa con la mía, en una de las dos casas (este año en la suya), y a las doce en punto abríamos los regalos. Mi regalo fue un libro: "The Host", en castellano, La huésped. Comencé a leerlo esa misma noche. Al principio era confuso y aburrido, pero después se volvía más interesante (aunque seguía siendo confuso). Muchas veces me hizo llorar, y yo me preguntaba si James podría llegar a quererme. Mi mente fue hacia el recuerdo, hacía ya mucho tiempo atrás, dos años, el muchacho del que habíamos hablado, Nicholas Crabbent. Lo recordé. James y él no tenían cosas en común, excepto que los dos me habían enamorado, pero a uno ya lo había olvidado. Estaba segura que sería la última vez que pensaría en Nicholas, ya que, desde ahora, mi mente se basaría en James, James Sirius Potter Weasley y lo mucho que yo lo amaba.