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Un romance de locos — capítulo 8

Mi hermosa Navidad: ¬¬

Estábamos por llegar a la estación. Rosali nos tenía a todos locos (a mi por varias razones). Caminaba de un lado a otro y estaba... irritante. Yo podía quererla mucho pero algunas veces (como ahora) se ponía insoportable.

Cuando llegamos a la estación bajamos Rosali, Violeta y yo, ya que Natalia y Alexander (como cosa rara) no querían apurarse.

Bajamos esperando ver a nuestros padres aunque Rosali vio algo más. No solo habían venido sus padres sino también sus quichicientas mil, digo, nueve amigas. Esperé a que las saludara, mientras yo buscaba a mis padres, Albus y Lily. Los encontré. Saludé cortésmente a las amigas de Rosali. Ella me dedicó una sonrisa a la que yo respondí, seguramente, con cara de idiota, lo cual es malo ya que me estaban mirando. Luego de ello me dirigí a donde estaban mis padres.

Los abracé. Mi mamá me tomó por sorpresa y me estrujó en sus brazos.

  • Oh, Jamie, mi bebé, no sabes cuanto te extrañé.

  • Mamá, no me digas Jamie, tengo once años.

Luego abrecé a mis hermanos y volví a mi vida del irritante de la familia (N/A: La arrogancia que tanto adoramos):

  • Oye, Albus, estás más bajo, ¿te has encogido o qué? - Le pregunté. Me miró con esa cara tan aburrida, típica del tío Percy, y me respondió:

  • Yo también me alegro de verte, James.

Miré a mi hermana. La abracé nuevamente y le sonreí:

  • ¿Cómo has estado, Lils? - Ella puso cara enojada, para comenzar uno de sus berrinches.

  • No me llames, Lils, ¡solo mami y papi pueden llamarme así!

  • Lo lamento Lils. - Dije intentando molestarla, cosa que siempre lograba.

  • James... - Me advirtió mi padre. - No empieces.

  • A ti no te gustaría que te llamara Jamie, ¿no? Cómo lo hace mamá. - Preguntó desafiante mi hermanita. Fruncí el ceño y me acerqué más a ella.

  • ¡No me llames así! - Le susurré. - Odio que me digan Jamie. Solo mamá lo hace.

  • Vamos, hay que volver a casa. - Dijo papá interrumpiendo a Lily, que iba a hablar.

Salimos de la estación, subimos al auto y comenzamos nuestro viaje a casa.

  • ¿Cómo te ha ido estos últimos meses en Hogwarts? - Preguntó mi madre. - ¿Qué te parece?

  • Me ha encantado. Es lo máximo. ¿Sabían que el tío Ron y la tía Hermione estuvieron el primer mes de clase? - Dije mirando a mis hermanos con una sonrisa de suficiencia.

  • Si, nos habíamos enterado. - Dijo Albus. - Lo mencionaste en tu primera carta.

  • Oh, lo había olvidado. Lo siento. - Dije haciéndome el inocente, cosa que nadie se creía.

Llegamos a casa antes de lo pensado. Metimos dentro el baúl y a Knewig. Luego subí a mi cuarto rápidamente, evitando a mi madre y me encerré. Miré mi cuarto como hacía cuatro meses solía hacerlo. Todo estaba exactamente igual, a excepción de que, claro, mi madre había ordenado (¬¬). A la izquierda, al fondo, mi escritorio, a su lado la ventana, a la derecha mi cama y la mesita de noche con las fotos de mi familia. Observé el estante que iba de un lado a otro de la habitación, en la pared del escritorio, arriba de este. Había pocos libros (de los cuales solo había leído dos), más fotos, cuadernos viejos, juguetes de mi infancia y muchos cromos de magos.

Bajo el escritorio estaba la caja llena de cromos de "Harry James Potter" que le había mencionado a Rosali, y al lado del escritorio estaba mi preciosa y amada escoba, la cual había extrañado mucho. La tomé y la abracé. Estaba allí desde la última vez que había ido a la Madriguera, un día antes de irme a Hogwarts.

De repente tocaron a la puerta. Yo dije "Pase".

Mi padre entró. Me miró y ladeo la cabeza a un lado, como pensando que rayos hacía. Me miré. Seguía abrazando la escoba. Con cuidado la dejé al lado del escritorio, apoyada en la pared.

Me indicó a que me sentará. ¡Oh, no! Aquí viene. Lo hice.

Me miró y me sonrió.

  • James Sirius, creo que estas en edad para saber algo. (N/A: O.O, no, ¡¡¡la charla!!! XD) - Lo miré asustado. - No te preocupes, no es nada malo - (N/A: Jaja, se lo creyeron) Suspiré. - Esto debe de suponer un peso en ti, y, créeme que lo siento, pero... tu madre y yo... pensamos... que ya es tiempo de que... madures.

  • ¿Ah? - Le pregunté confuso, ladeando la cabeza.

  • Si, James, esas bromas y juegos infantiles..., ya eres grande para ellos, y no estoy diciendo que no me gusten, por que si, son lo característico de ti, pero te pedimos que poco a poco vayas dejando esas bromas.

Lo miré. Sus ojos estaban tristes. Él sabía que yo no quería y que no iba a ceder fácilmente. Y no. No. James Sirius Potter Weasley no cambia por nadie (tal vez por Rosali...), pero no.

  • ¡No! - Le grité - ¡No me van a cambiar! ¡Yo soy como soy! ¡Este soy yo! ¡Soy así! ¡No me pueden cambiar! - Me tiré en la cama y puse la cabeza en la almohada.

Me desperté en la oscuridad ¿Ya era Navidad? Busqué en mi baúl el calendario que Rosali me había hecho para organizarme. Conté los días desde que había llegado hasta hoy en mi cabeza. Si, efectivamente, hoy era Navidad. Bueno, no exactamente, más bien Nochebuena. Suspiré.

A mis padres ya se les había pasado la idea de cambiarme. Además, ¿que no era el tío George así de infantil? Era dueño de una cadena de negocios para productos de chascos y esas cosas. ¿Y no era exitoso? Si, si lo era. Además, ¿no tenía una familia con la tía Angelina, Roxanne y el pequeño Fred?

Quise recordar como era todo antes. Yo había sido el primero. El consentido desde antes que todos nacieran, había divertido a toda mi familia, nunca había hecho un berrinche, bueno, tal vez cuando era bebé, pero no era caprichoso. ¿Y querían cambiarme?

Desvié mis pensamientos hacia otro lado. Tenía hambre. Me sentí alagado de que fuera periodo de navidad por que siempre desayunábamos estupendamente, luego de perdernos el almuerzo. Me levanté sin poder ver nada. Tropecé con varias cosas, pero al fin pude llegar vivo a la puerta. La abrí, la luz me cegó un poco, bajé las escaleras y pude oler el desayuno. Tocino y huevos, solo faltaban los panqueques y la miel y sería mi desayuno favorito.

Escuché el sonido de un frasco al abrirse en el momento en que llegué a la cocina. Miel. Mamá estaba preparando mi desayuno preferido.

  • ¿Eso es...? - Empecé a preguntar acercándome a mi mamá.

  • Tu desayuno especial, si. Y le añadí jugo de calabaza. Espero que te lo comas todo, eh, Jamie. - Me desordenó el cabello. - Ve y siéntate que ya te llevo el desayuno a la mesa.

Me senté y vi que en la mesa estaban Lily y Albus, frente a dos platos. El de Lily tenía tostadas con manteca y canela, en forma de corazón y Albus estaba junto a un plato de cereales de frambuesa y mora (Puaj).

Mamá me trajo el desayuno a la mesa. Lo miré con los ojos abiertos. Me apenó no poder comerlo en ese momento, pero, por una cuestión de respeto, había que esperar a papá.

Él entró a la cocina luego de haber pensado en eso. Con una sonrisa, besó a mamá en los labios y nos abrazó a todos. Siempre estaba feliz en Navidad.

El resto del día transcurrió muy divertido. Ya que era "Día de juegos familiares" y jugábamos un juego de mesa al mediodía, reemplazando el almuerzo.

A las siete en punto llegamos vestidos elegantemente a La Madriguera (siempre lo festejábamos ahí).

Allí me encontré con Rose y Hugo, los cuales se juntaron con Lily y Albus, Victoire y Ted, que estaban muy cariñositos juntos, Roxanne y Fred. Molly, Lucy, Dominique y Louis, por su parte, estaban con la tía Audrey y la tía Fleur. El abuelo Arthur y todos los tíos, además de los pequeños, ayudaban a poner la mesa, mientras que la abuela Molly y la tías terminaban la cena.

Cuando todo estuvo listo nos sentamos a comer.

  • ¿Cómo te está yendo en Hogwarts, James? - Preguntó el tío Ron, luego de engullir un gran trozo de pavo.

  • ¿Cómo están tus notas? - Preguntó mi tía Hermione.

  • ¿Cómo está tu expediente? - Preguntó mi tío George.

  • Bien, muy bien y limpio. - Respondí.

  • Pero, ¿cómo puede ser? - Despotricó tío George. - Completamente limpio? - Asentí - Es decepcionante. Yo confiaba en que lo mancharías el primer día.

Nos echamos a reír.

  • ¿Jamie? - Preguntó mamá. - ¿Ahora puedes contarnos quien es esa personita especial? - ¡Rayos! Yo sabía que pasaría esto, pero, lo había olvidado. Toda mi GRAN familia me miró.

  • No, James, tu madre quiso decir: ¿A qué niña tengo que matar? - Agregó tío George.

Nos reímos (aunque no había mucho de que reírse, puesto que era verdad) y me incitaron a que hablara.

  • Pues... bueno... yo... - Paso 1: Siempre opta por ocultar ;) - ¡No me gusta! ¿Quién les dijo eso?

  • Lo lamento, pero es que un pajarito me dijo que estabas coladito por una chica - Dijo mi madre. - Y fue la carta que le mandaste a tu padre.

Trágame tierra.

  • ¿Qué carta? - Dije "sin saber" de lo que estaban hablando. Me miraron con cara de "eres tan obvio", mi tía Hermione con cara de "eres tan estúpido" - Oigan, ¿les gustaría que los encarara toda su GRAN familia así y los presionara sobre su vida personal?

  • ¡Soy tu madre, James Sirius, y tengo todo el derecho del mundo a meterme en tu vida personal!

  • ¡Pero yo ya crecí! - Le grité - Tengo que hacer mi propia vida.

  • Gin, tiene razón. Él ya creció, deberíamos dejarlo tranquilo, ¿no crees? - Preguntó mi padre mirando a mi madre, la cuál le lanzó la mirada asesina, y le hizo cambiar de idea. - O, tal vez ella tenga razón.

¡Que patético que es el famoso Harry Potter! ¡Manipulado por su esposa!

  • Agrrr. - Paso 2: Cuando no te sirva el paso 1, di la verdad ¬¬ - Si, me gusta una chica. La amo, si así lo prefieren. Listo, lo dije, ¿cuando comemos? - Nadie respondió esa duda, por que estaban muy ocupados acosándome con estúpidas preguntas. Una me llamó mucho la atención.

  • ¿Cómo se llama la desafortunada? - Preguntó mi tío George en broma.

  • ¿Es Rosali Acuentes, no es cierto? - Preguntó la tía Hermione.

  • ¿Cómo lo sabes? - Le pregunté. Ella se puso nerviosa y miró a mi mami mientras balbuceaba la palabra "intuición".

No fue tan malo como yo creí.

¡FUE PEOR!

Lo mejor fue la comida (como siempre deliciosa) y los regalos.

Mi Navidad desperté y mi atención fue captada por una escoba de carreras nueva "Barredora 5000", una caja de chascos (cortesía de mi tío George), un asqueroso libro de Transformaciones (gracias a mi tía Hermione), y además de los regalos de los demás (una caja, tinta que cambia de color, otro libro de Quidditch) junté veinticinco Galleons y seis Knuts.

Luego volví a Hogwarts con Rosali, Alexander, Natalia y Violeta.