Un romance de locos — capítulo 9
La nieve de enero caía elegantemente y cubría de un blanco purísimo todas las superficies posibles.
Salimos fuera del castillo, Alexander, James y yo, porque teníamos una misión: Visitar al guardabosque.
A James le habían escrito una carta sus padres, regañándolo por no haber ido todavía, y James se había disculpado y había mandado a través de Knewig, su lechuza color blanco con manchitas negras, una carta a dicha persona. El hombre se llamaba Rubeus Hagrid, pero le decían Hagrid.
Caminábamos por el césped, cubierto de nieve, con sombreros y bufandas doradas y rojas.
Llegamos, evitando el sauce boxeador, a una pequeña cabaña.
James tocó dos veces, hubo un golpe y alguien con voz grave preguntó "¿quién es?"
- James Sirius Potter - Dijo mi amigo. La puerta se abrió con un golpe más, y todos tuvimos que levantar la vista.
Había un ¿hombre?; no se había si podíamos decirle "hombre", ya que el término "gigante" era más acertado.
Tenía un saco de piel, tal vez de topo, y casi toda la cara cubierta de su barba y pelo color azabache.
Nos miró a los tres, y, al ver a James (que estaba en el medio), sonrió.
-
¡Eres igual a tu abuelo! - Dijo él con una su grave - Gusto en conocerte.
-
Hola, Hagrid, ellos son Alexander y Rosali.
-
Ah, si. Harry me habló de Rosali - Dijo levantando y bajando las cejas. James puso los ojos en blanco y Hagrid cambió de tema. - Pasen, que está nevando fuerte.
Subimos los escalones de madera y entramos en la cabaña.
Era una sola habitación donde había una mesa, una cama, una chimenea y algunos armarios, etc.
-
¿Quieren té? - Preguntó.
-
Claro. - Dijeron James y Alexander. Yo asentí.
-
Siéntense. - Nos invitó - Están en su casa. - Tomó un caldero, lo lleno de agua y lo puso en la chimenea. - ¿Como está tu padre, James? - Preguntó. - ¿Cómo va el trabajo?
-
Bien, todo bien. Ya sabes, no hay muchos magos tenebrosos hoy en día. - Hagrid asintió.
-
¿Magos tenebrosos? - Pregunté sorprendida. - ¿Qué es tu papá?
-
Es el jefe del cuartel general de Aurors, en el Ministerio de la Magia. Él captura magos tenebrosos.
-
Ahh, no lo sabía. - Le respondí.
-
¿Quieren? - Preguntó Hagrid sacándo del fuego un tarro y ponéndolo sobre un trapo en la mesa. El aroma fuerte me hizo saber que eran: Caramelos de café. - Tu padre y tus tíos los comían siempre aquí. Un día descubrí que a ellos les parecían duros, así que los he ablandado al fuego.
Tomamos uno cada uno. Estaban realmente deliciosos.
Cuando volvimos al castillo era hora de comer. El Gran Salón se estaba llenando. Nos sentamos, como de costumbre, James, Violeta y yo a un lado y Natalia y Alexander al otro, pero, a nuestro lado vino otra persona:
Katrina Lucciano se acercó a Nati y le dijo:
- Hola, ¿Puedo sentarme aquí? - Le dedicó una sonrisa. Nati asintió. Y se sentó. Nos miró a mi y a ella, luego a Alex y James, y luego volvió a nosotras. - Lamento haber sido tan seca, pero, Amalia decía que era mejor no hablar con ustedes. Lo sé - Dijo al ver nuestras caras -, es una ridiculez. Por eso me he separado de ella. No es una verdadera amiga.
Cenamos y luego nos fuimos a la sala común.
James había bajado una tabla de ajedrez mágico y me invitó a jugar.
Alex veía, mientras que Natali y Violeta charlaban con nuestra nueva amiga, Katrina.
James y yo estábamos tan concentrados en el juego, que hasta que no terminamos el cuarto partido, no nos dimos cuenta de que eran las doce menos cinco.
Toda la sala estaba desierta. Éramos los únicos que quedaban allí.
-
No puedo creer que sea tan tarde. - Dije mirando nuevamente el reloj. Y, entonces vi el día que marcaba: Tres de enero. - ¡Faltan dos semanas para mi cumpleaños! ¿Cómo no me dí cuenta antes? - Me preguntaba.
-
¿Cumples el diecisiete de enero? - Me preguntó James. Asentí. - Yo cumplo el 28.
-
No lo sabía. - Dije. - Tendré que improvisarte un regalo.
-
Igual que yo. - Dijo y siguió hablando, pero yo ya no lo escuchaba. Veía solo oscuridad.
De repente aparecí de nuevo en la sala común. Había un armario grande de madera y atrás se escuchaban sonidos.
- ¡Rosi! ¡Rosali! ¡Rose! - Una voz me gritaba. Sentí que me sacudían suavemente pero con fuerza. Abrí los ojos y volví al presente. James estaba tirado en el piso con mi cuerpo medio desmayado en su regazo, con una mano en mi espalda y otra en una mejilla. Suspiró aliviado. - ¿Qué te ha pasado? Estábamos hablando y, derepente te tumbaste en el piso y perdiste el conocimiento.
Parpadeé.
-
El armario. - Dije con la voz débil. Un segundo después.
-
¿Eh? - Preguntó confundido.
-
¿Me ayudas a levantarme? - Le pedí con un hilo de voz. Él no dijo nada, pero igual me levantó y con cuidado me puso en una silla.
-
¿Te sientes mejor? - Preguntó preocupado.
-
Si - Le contesté. - ¿Me das mi mochila?
-
Toma - Dijo haciendo lo que le pedía. La abrí y busqué mi botella de agua. Tomé cinco largos tragos y la guardé nuevamente.
Me levanté y recorrí con la vista la sala común. Allí, al otro lado de la ventana, había un gran armario de madera, que siempre estaba cerrado, según decían.
Caminé hasta allí y lo examiné por unos segundos; luego le pedí ayuda a James para mover el armario.
Me miró raro:
-
¿Para que rayos quieres correr este viejo armario? - Dijo ayudándome.
-
Ya verás.
Corrimos el armario con bastante dificultad y me quedé con la boca abierta. Detrás del mismo había una puerta vieja y pequeña.
Tiré del picaporte, pero no se abrió.
Saqué mi varita del bolsillo y apunté diciendo: "Alohomora"
La puerta se abrió y dejó a la vista un largo túnel oscuro. Sonreí y miré a James. Él me miró asustado.
-
¿Cómo has...
-
Las visiones. - Dije sonriendo.
Me saqué la túnica (¡abajo traía ropa!) para no rasgarla y la tiré a un lado. Miré a James.
-
¿No vienes? - Pregunté.
-
No creo que sea una buena idea...
-
Vamos, ¿o acaso el pequeño Jamie tiene miedo? - Me fulminó con la mirada.
-
No estoy asustado. Solo que no sé adonde conduce este pasadizo.
-
Ya sé, trae el mapa.
-
Está en mi cuarto.
-
¿Y? Vamos, yo te espero.
-
Ok, pero no te vayas.
-
No. - Luego de cinco minutos él volvió con el Mapa del
Merodeador. Apunté con mi varita. - Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. A ver... Gryffindor, la sala común. Estamos en una torre. La más alta es la de Astronomía, así que, supongo que, por la distribución de los salones de clase y la distancia recorrida del más cercano hasta esta torre... - Pensaba yo señalando varios puntos con mi varita. - ¡Aquí! - Dije hacíendo sobresaltar a James. - Y, mira, aquí estamos nosotros, pero no hay ningún pasadizo señalado. O sea que nunca fue descubierto por Los Merodeadores. Bueno, vamos.
-
¿Qué? - Preguntó él. - ¿Adonde vamos?
-
Entremos en el escondite. - Dije yo, con obviedad.
-
¡Ojala tuviera la capa de mi padre! - Se lamentó.
-
Si, que mal, - Dije sin prestarle mucha atención. - Vamos.
Y nos metimos por el túnel oscuro.
Continuará...